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Full text of "Minerva de la juventud española / por Juan Manuel Ballesteros. Tomo 6."









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í^-^^/í^, Q-Ari 



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Mv. 



MINERVA 



DE LA 



JUVENTUD ESPAÑOLA 

POH EL LICENCIADO 

D. JUAN manü:el ballesteros. 

Individuo de la Real Academia de Ciencias natura- 
les y de la Real Sociedad económica de amigos del 
pais de Madrid: Socio correspondiente de las Rea- 

- les Academias de medicina y cirujia de Barcelona, 
Cádiz, Sevilla y yalladolid; Médico 2.^ del Real 
Colegio de Sordo-mudos de esta Corte» 



TOMO V. 




MADRID : IMPRENTA DE LA BIBLIOTECA GENERAL. 

1834. 




EFEMÉRIDES. 



DICIEMBÜE. 



JL/iciembre en latín Decemher , era como su nom- 
bre lo indica el décimo mes del año, instituido 
por Rómülo, el undécimo después que Numá 
reformó el Calendario; y el duodécimo despaes 
de las mudanzas que introdujeron los decemvi- 
ros. Los aduladores del emperador Cómmodo, 
gue habian intentado diedicarle el mes de No- 
viembre, quisieron dedicar el de Diciembre á 
^na querida suya. El emperador tenia en un 
anillo retratada á esta muger en traje de ama- 
zona , y por esto el último mes del año recibió 
el nombre de Amazona^ pero no le conservó, 
quedando el de Diciembre , á pesar de que no 



(4) 

corresponde al lugar que este meiS ocupa eii el 
año. 

En este mes celebraban los romanos las fies- 
tas saturnales. Macrobio atribuye su invención 
á los griegos con el objeto de recordar la igual- 
dad que reinaba entre los hombres en tiempo de 
Saturno. Durante las saturnales los señores no 
tenian poder sobre los esclavos, estos obraban 
y hablaban con plena libertad, y aun cambia- 
ban los vestidos con sus amos. Las saturnales se 
establecieron en Roma el año 2 Sy de su funda- 
ción^ y duraban siete dias, durante los cuales 
todo era placer y alegria ; los tribunales y es- 
cuelas estaban cerrados , no era permitido decla- 
rar las guerra ni ajusticiar un criminal , ni ejer- 
cer mas arte que el de la cocina. Se enviaban re- 
galos unos y otros, dándose suntuosos convites; 
los esclavos tenian permiso para decir todo lo 
que querían , y para jugar con sus amos que te- 
nian que servirlos á la mesa. Durante las satur- 
nales se hadan sacrificios á Saturno con la ca- 
beza descubierta , porque el tiempo todo lo des- 
rw¿r<? ; habia combates de gladiatores porque los 
romanos estaban persuadidos que la efusión de 
sangre humana podia solo honrar á un Dios que 
habia devorado á sus hijos, y hacerle propicio á 
los votos de los mortales. 

El cristianismo celebra la fiesta de Navidad 
d del nacimiento de Jesucristo el 2 5 de Diciem- 
bre. Esta época ha sido en diferentes pueblos y 
durante mucho tiempo la del principio del ano. 




ORIGEN DE LOS AGUINALDOS. 



~...«4<t>»«>»-> 



G, 



randes instituciones han perecido ai paso 
que , usos mas ó menos frivolos han llegado has- 
ta nosotros atravesando casi tres siglos ; para 
encontrar el tipo primitivo es preciso remon- 
tar hasta la fundación de Roma. Entre los ro- 
manos, los mas supersticiosos de todos los pue- 
blos, estas costiimljres eran originadas de ideas 
también supersticiosas. Ovidio pregunta á Jano 
el objeto de los saludos y favores de las calendas 
de Febrero , y le hace responder : « Que los pre- 
sagios se forman sobre las primeras cosas que 
se hacen 5 que se ven , ó que se oyen.'' En efecto, 
el primer vuelo del ave y su primer grito eran 
consultados por el augur, y por lo mismo creian 
que el primer dia del año los Dioses prestaban 
í>ido mas fácilmente á las plegarias de los hom- 
bres. 

El conde de Cailus nos ha conservado dos 
monumentos curiosos de los votos que los ro- 
manos hacían recíprocamente por su felicidad. 
Son dos vasitos de tierra cocida; en el primero 



(6) 

se lee: «Yo te deseo un año nuevo feliz y afor- 
tunado/' Y en el segundo: *' Deseo un año nue- 
vo feliz y afortunado á mí y á mi hijo/' Asi re- 
sulta que en los votos de felicidad los romanos 
no se olvidaban de sus hijos ni de sí mismos. 

A las felicitaciones ibaii unidas las visitas 
y los regalos, que consistían en higos, dátiles y 
miel, que por su dulce sabor son el emblema 
de la felicidad. Los clientes ofrecían á sus patro- 
nos una sencilla moneda de cobre , pero con el 
tiempo la sustituyó una de oro \ y los regalos 
también se envolvían en láminas doradas. 

Estas ofrendas anuales trasmitidas de gene- 
ración en veneración tuvieron el nombre de Stre- 
nce^ y Nonio Marcelo refiere la etimologia.El 
primer dia de un año, que entonces era el pri- 
mer dia de marzo, Tacio, rey de los Sabinos, 
asociado á Rómulo en el gobierno de la nueva 
ciudad , recibió un presente que miró como el 
agüero mas feliz. Eran unos ramos, cortados en 
un bosque consagrado á Strenna , Diosa de la 
fuerza. Tacio, lisongeado con este regalo que su 
valor y fuerza merecía, quiso que se renovase 
todos los años, dándole el nombre de Strence^ en 
invocación de la Diosa. 

Los romanos , persuadidos de que el emplea^ 
del primer dia del año decidla de todos los demas^, 
no le pasaban enteramente descansando. Los ar- 
tistas y trabajadores bosquejaban ó emprendian 
alguna obra solo para alejar el presagio de pasar 
un año en innaccion. 



(7) 
i4 DE DICIEMBRE. 

ASESINATO DE GASPAR HAÜSSER. 



JLl 26 de mayo de 1828 un habitante de 
Nuremberg en Baviera, salía de su casa á dar 
un paseo, y al tender la vista delante dé sí vio 
á corta distancia un joven vestido de aldeano en 
una postura muy singular. Estaba de pie dere- 
cho, pero dando traspieses como un^borracho, 
y haciendo esfuerzos para andar sin poder diri- 
gir el movimiento de sus piernas , y perdiendo 
4 cada paso el equilibrio. Se acercó á él y le 
entregó sin detenerse una carta, cuyo sobre lei- 
do por el Nurembergés vio que estaba dirigido 
á un oficial militar, que viviendo precisamente 
por donde él hacia ánimo de pasar condujo alia 
al joven, aunque con suiílo trabajo. Salió á abrir 
un criado, y el joven desconocido le entregó la 
carta pronunciando estas palabras: Ae sechtenc 
moeht íh wahn wie mes votta Wahn is. — - Qué 
queréis? Qaién soi^? De dónde venís? Fueron 
preguntas que él no entendió ni contestó mas 
que repitiendo las dichas palabras. Sus piernas 
parecía que se doblaban por esceso de fatiga, y: 
mostraba sus pies llorando como para espresar 
un gran dolor. Daba también á entender con sus; 



(8) . 

gestos que tenia sed y hambre; le presentaron 
carne, mas apenas llegó un pedazo á la boca 
cuando se vid acometido de espasmos convulsi- 
vos y le arrojó temblando ; algunas gotas de cer- 
veza le hicieron contraer todos los músculos del 
rostro , y únicamente comió con ansia un peda- 
zo de pan, y bebió con delicias un vaso de agua 
clara. En tanto procuraban inútilmente obtener 
algunas noticias de su persona y llegada ; pero 
él escuchaba sin entender, miraba sin ver , y 
movia los pie^ sin^saber andar. Su lenguaje se 
componia de gemidos mezclados con lágrimas y 
de soíiidos ininteligibles confundidos con las pa- 
labras r^n/^ nahn &c. que repetia muy amenu- 
do, y que parecian significar: "yo seré soldado 
de á caballo como lo era mi padre." Le consi- 
deraron como una especie dé salvage, y en tan- 
to que llegaba el capitán, le Uevaroi) á la cua- 
dra, donde se tendió sobre la paja, quedándose 
profundamente dormido. Cuando vino el capi- 
tán y le mandó traer, costó mucho trabajo el 
dispertarle. Contémpíló los brillantes colores del 
uniforme con una satisfacción pueril, y empe- 
zó á repetir sus consabidas^ palabras que, como 
después se supo, rio téñian alguna significación 
particular para él, sino que eran sonidos que le ' 
habián enseñado como áuri papagayo, y los pro- 
nunciaba indistintamente para espresar sus ideas, 
sus sensaciones y sus deseos. 
-i^La letra dirijida al cajlitan, no cóntenia acla- 
raciones precisas sobre aquel ente singular. El 



(g) 
que la había escrito decía ser un poLrc artesano 
con diez hijos. El portador de la carta decía ha- 
ber sido depositado en su casa el 7 de octubre 
de 181 2 , y no había vaelto á salir. Se le habría 
dado una educación cristiana, enseñándole á leer 
y escribir. Como el joven quería ser soldado y 
el pobre artesano que no podía introducirle ea 
la carrera, le había conducido á Nuremberg de- 
jándole bajo la protección del capitán. Esta car- 
ta escrita en alemán de un modo capaz de irii- 
pedir toda averiguación, concluía con estas du- 
ras palabras. " Si no podéis encargaros de el, 
abandonadle á la caridad publica. " En una pos- 
data latina, evidentemente de la misma mano, 
aunque se decía escrita por una jovencita , indi- 
caba que aquel mozo había nacido en 3o de 
abril de 181 2, y había sido bautizado. Que su 
educación había durado hasta los diez y siete 
años, en cuya época debía entrar en el sesto re- 
gimiento de caballos ligeros, al qiie su padre, ya 
difunto , había pertenecido. 

Este concurso de incidentes raros infundía 
{Sospechas al capitán, que determinó poner al es- 
tranjero en manos de la policía. En el cuerpo 
Ae guardia adonde le condujeron, le hicieron las 
preguntas acostumbradas, pero no respondió 
lilas que con^su insignificante frase reuta &c. 

Para ver sí sabía escribir , le pusieron delan- 
te plumas, tintero y papel, haciéndole señas, que 
se sirviese de ellos. Entonces la satisfacción se 

pintó en su isemblaníe ; tomó h pluma con bas- 



(ro) 

tante acierto^ y escribió en caracteres legibles el 
nombre de Gaspar Hausser^lEsta. circunstancia le 
hizo pasar por impostor, y le mandaron condu- 
cir á la torre que sirve de prisión á los ladrones 
y vagabundos. Aunque la distancia era corta, se 
mintió desfallecido, y no pudo llegar sino gimien- 
do á cada paso. 

Gaspar Hausser era de una estatura alta y 
bien formada, el pecho ancho, su cuerpo muscu- 
loso y robusto , simétricamente proporcionado 
en todas sus partes. Su rostro no tenia nada de 
particular escepto la parte inferior, que siendo 
ítn poca prominente le dabé^ un aire de seme- 
janza con el bruto. Dentro de poco tiempo ceso 
de pasar por un idiota o por un impostor. Ade- 
mas su dulzura ,^ sa sumisión y su buen natural 
disiparon la idea de que hubiese sido criado en 
medio de las selvas , enteramente estranjero á 
las cosas mas ordinarias y á los diarios acciden- 
tes de la vida. Tenia horror á todos los trajes, á 
todos los usos necesarios y cóniodos; en fin su 
naturaleza física y moral manifestaba unos fenó- 
menos tan singulares, que todos no podian me- 
nos de conjeturar que habia pasado la primera 
parte de su vida en una estrecha prisión separa-r 
do de todo trato humano ; que empezaba á vivir 
ya al medio de su vida , que iba á ser hombre 
sin haber sido niño. 

, Gaspar fue desde este momento un objeto de 
publica curiosidad, y asunto de estadio para to- 
dos los vecinos de Nuremberg. Gaspar cscitaba 



(") 

mas que Gui-iosidad. Su estado era enteramente^ 
diverso del de un hombre social, estranjero á 
todo, indiferente á todo , muerto á todo, era sin 
embargo el lazo que unia á muchas personas. 
Una multitud dé personas acudia á visitarle á la 
torre. Por la noche dormia sobre la paja, y de 
dia estaba sentado en el suelo. No queria mas 
alimento que pan y agua, pues salo el olor de 
los alimentos mas simples le indisponia ; una 
sola gota de café ó de vino mezclada en su agua 
le ocasionaba vómitos y sudores. Cuando vio la 
vez primera una vela encendida , admiró muy 
a<legre el brillo de la luz, y fue á agarrarla con 
los dedos sin desconfianza hasta que quemándo- 
se los retiró llorando y dando un grito. Recibia 
las visitas de los estranjeros sin timidez ni em- 
barazo, se acercaba á ellos con seguridad , y pa- 
recía tener placer en verlos; pero daba la prefe- 
rencia á los que venian mejor vestidos. 

Asi que todos se convenciera^ de que Gaspar 
Hausser era un hombre hecho y derecho sin sa-* 
ber hablar, ni obrar , ni ofeservar, le traslada-^ 
ron á otra parte de la torre donde habitaba el 
carcelero con su familia, y alli empezó su edu- 
cación. Su primer maestro fue un chico del car-? 
celero , muchacho de once años que cobró mu-^ 
dio cariño á Gaspar. Era una tarea agradable 
para el doctorcillo, y al mismo tiempo lisongea- 
b* su amor propio al verse superior por su sa- 
ber á aquel robusto y corpulento mVio. 

Hasta pasados algunos dias no oyó el ruido 



He las campanas. El asorabro que esto le cansa 
se hizo visible por la mtjuietud de sus miradas? 
y la agitación de sus miembros , á la que suce- 
-^ dio la apatía y silenciosa meditación. Algunas 
temanas después desfdó por bajo de las Tenta- 
Bas el acompafíamiento de una boda precedida 
áe ona tropa de músicos , y permaneció inmóyil 
escuchando; sus ojos y oidos seguían la dismi- 
jaEucion de los sonidos coftforme se iban alejando, 
y ya habian cesado de oirse cuando aun perma- 
mecm en la misma postura como para no per- 
der la vibración de las últimas notas. Cuando ya 
salia á la calle, hallándose en una parada junto 
á la música del regimiento, al dar los primeros 
golpes del tamboron hubiera caido convulsivo 
al suelo á no haberle detenido los que estaban á 
su lado. Gaspar conservó esta estrema delicade- 
za de sentidos, y esta irritabilidad fisica hasta 
que supo comer carne. 

• Tenia un oido tan delicado, que un dia que 
se paseaba en el campo , oyó á mucha distancia 
les pasos de diferentes personas, distinguiendo á 
Bnos de otros en el modo de andar. Como le erí^^ 
señasen un ciego que gozaba en este particular 
de unas facultades mas amplias que tas suya^' 
respondió que su oido habia sido mas penetran- 
te, pero que desdé que habia empezado á comer^ 
carne ya no distinguía los sonidos con la misma 
precisión. Se notaba en el, asi como en los niños, 
afición á los objetos brillantes. Un caballo de 
cartón que le presentaron , fue recibido con lá- 



grimas y caricias , señal de que Gaspar cotiser* 
yaba algunos recuerdos, y todos sus pensamien- 
tos y cuidados se concentraban en aquel juguete* 
Lo que le hizo muy penoso su nuevo moda 
de existir , fue el sentido del olfato. Muchas co- 
sas que son inodoras para nosoti^s , exhalaba» 
un olor muy fuerte para el. Las flores de mas 
delicioso aroma exhalaban según su dictám<eu 
un hedor insoportable, que obraba penosamente 
en sus nervios. A escepcion del olor del pan ^ al 
que estaba acostumbrado en su prisión^ todos 
los demás olores le eran mas ó menos desaígra- 
dables. Preguntándole , ¿ cuál prefería ? respon- 
dió que ninguno. Los paseos le fastidiaban por- 
que siempre le conduelan á prados esmaltados 
de flores, á plantíos de tabaco, ó á la sombra de 
nogales. A larga distancia y solo por el olor de 
las hojas del árbol, distinguia los perales de los 
manzanos &cV Los diversos ingredientes emplea- 
dos en la pintura de los muebles, y en el tinte 
4e las telas , hasta sus plumas y tintero pro-, 
ducian en su olfato una sensación dolorosa. Le 
hacia huir de la mesa solo el vaho de vino de 
Champaña. El olor que mas le incomodaba era. 
el de la carne fresca, y en jeneral respiraba los 
malos olores con menos aversión que la mayor 
parte de nuestros perfumes, 
. En cuanto al sentido dfe la vista, no habia 
para él ni crepúsculo ni noche. Se observó quq 
de noche iba á todas partes con la mayor segu- 
ridad, rehusando Ueyar luz á los parajes mas 



oscuros. En los crepúscalos veia mejor que en 
la mitad del dia. Una vez , después de puesto 
cl sol, leyó el número de una casa á la distan- 
cia de ciento veinte pasos, cosa que no podia 
hacer en medio del dia. Otra vex ya oscurecido 
enseñó á su maestro un moscón que habia cai- 
do en uiaa telaraña á un lado del camino. Etí 
fin en la comipléta oscuridad distinguiá los co- 
lores mas oscuros eomo el azul y verde. 

Cuando llegó el invierno ée alegró mucho al 
ver caer la nieve, y le gustaba mucho ver Ic^ 
tejados tan bien pintados, bajó prontamente ál 
patio para cojer un poco de aquella pintura 
blanca, según el decia, pero volvió al momento 
ál lado de su ¡preceptor , retorciéndose los dedos, 
llorando y gritando que la pintura blanca lé 
habia mordido la mano. 

Una serena noche del mes de agosto de 1825 
fue cuando su maestro le hizo ver por la vez 
j^rimera Ids brilantes resplandores de las es- 
trellas. No puede describirse cual fue el asoilibro 
de Gaspar al verlas, no podia apartar sus ojos 
de aquel espectáculo , contemplando con mu- 
da admiración los diversos grupos que le ense- 
baban í señáfeiido las estrellas mas brillantes y 
observando la diferencia de colores. Después es- 
clamó de repente: «Oh! es la cosa mas bonita 
que he visto en el mundo!.. ¿Pero quien ha co- 
locado allá arriba esas luces sin numero?... 
¿ Quien las enciende? ¿ Quién las apaga? Como 
le respondiesen que nunca í»e apagaban sino que 



séniejántós al éo\ brillaban con faego continua, 
contestó: « Oh! quién ha podido haiper eso>> y 
pennaneció inmóvil, con la cabeza inclinada y 
coiho absorto en una grave y profunda medi- 
tación- 
No podia dar sino noticias muy escasas de su 
vida pasada. Todos convenian en que habia vi- 
vido, según e'l decia, en un aposento bajo y es- 
trecho que él llamaba, su caja, en la que nun- 
ca habian penetrado ni el ruido, ni la luz. Pa- 
rece que la dimensión de aquel sitio no le per- 
toitiá estenderse ni aun para dormir , pues se 
véiá obligado noche y dia á permanecer con la 
espalda arrimada á la pared , y las piernas ten- 
didas híM^izontalmente delante de sí. Todas las 
máfianás encontraba á su lado un cántaro de 
agua , y un pan. A veces el agua tenia mal gus- 
to, lo que provenia sin duda de una infusión de 
Ojpió. Se acordaba quie en estos casos , después 
"de haber bebido no podia estar con los ojo^ 
abiertos y sucumbia prontamente a un sueno 
forzado. Al dispertar sé encontraba con la cami- 
sa mudada , ]^ cortadas las unas. INunca ha- 
bla visto la cara del hombre que le traia de co- 
Hiér y beber, y solo le habia oido pronunciar 
aqüelks palabras : Reuta ivaJiñ &c. que Gas- 
par ft^^tSá ma<|mnalmehte. En aquella prisión 
^labia dos caballos de madera y cintas, y toda, 
la diversión de Gaspar cuando estaba despierto, 
era atarlos y desatarlos y hacerlos andar, sus 
dias se pasaban en e3t^ monotonía, sin deseos. 



ski necesidades, sin haber estado enfermo, pueá 
solo un dia sintió un ligero dolor. 

No teniendo idea del tiempo , tampoco podia 
darla de la duración de su prisión. No se acor- 
daba de haberse hallado en situación diferente 
ó en otro lugar. El hombre ^ asi llamaba á sa 
guardián, nunca le habia hecho mal si no es 
una vez que le dio con un pedazo de madera que 
habia en el cuarto, porque habia metido mucho 
ruido con el caballo. Poco tiempo después el 
hambre trajo una mesita, y poniéndosela delan- 
te es tendió un papel, y agarrándole la mano por 
detras le hizo trazar ciertas figuras con un lapiza- 
plomo. El contraste de aquellos trozos negros en 
el papel blanco, cautivó la atención de Gaspar 
que se dedicó á imitarlos. Otra vez el hombre le 
hizo poner de pie derecho y procuró ensenarle 
á andar; después le tomó á cuestas y le saco 
fuera de la prisión. Gaspar asi que estuvo en 
contacto con la luz y el aire perdió el conocimiert- 
to , por lo que no podia dar señas de su viaje , 
solo sí se acordaba que el hombre habia desa- 
parecido dejándole en la mano la carta que le 
habian encontrado. 

Fácil es concli^ir de aqui que Gaspar servia 
de embarazo á los qp.e le custodiaban con tanto 
secreto. La fuerza de la edad no le permitia es- 
tarse quieto, y era preciso emplear ^l castigo pa- 
ra reprimir la petulancia de sus movimientos. 
--¿Mas por que' no procuraban deshacerse de el 
por otros medios? — ¿Por qué no habian estia?- 



( 7^ 

gaido en su origeti aquella misteriosa existencia? 

Hablan esperado que terminaría una vida 
oscura en alguna casa de locos de Nurembergj 
d que iria á vejetar y morir á los campos. 

Gaspar era objeto de mil conjeturas , todos 
los periódicos anunciaban sus progresos mara- 
villosos, y que trataba de escribir su historia. 
En esta época , y probablemente porque no pu- 
diera acabar este trabajo , hicieron una tentati- 
va para asesinarle cuando se hallaba en casa del 
profesor Daumer , escapo con una ligera herida 
en la frente; pero tuvo que padecer muchos diás á 
causa de la estrema sensibilidad de Sus nervios. 

A poco de esta tentativa de asesínate, cuyo 
autor fue imposible descubrir , el conde de Sta-^ 
Bhope adoptó á Gaspar, y le hizo conducir á 
Anspach á casa de un hábil maestro, confiándo- 
le á su cuidado ínterin le hacia pasar á Ingla- 
terra para libertarle de nuevas persecuciones^ 
Gaspar permaneció tranquilo muchos años , pe- 
ro su enemigo secreto no le habia perdido de 
vista. En la mañana del i4 de diciembre de 
1 833 al salir de los tribunales se acercó á él un 
estranjero , embozado en una gran capa , y dijo 
que tenia que hablarle para hacerle revelaciones 
importantes. Gaspar se escusó por el poco tiem- 
po que tenia antes de comer, pero le citó para 
después de mediodía en el jardín de palacio. El 
desconocido ya le estaba esperando, sacó de de- 
bajo de la capa algunos papeles, y mientras que 
Gaspar los examinaba le dio dos puñaladas en 



:í 



el corazón. Las heridas no fueron inmediata-p 
mente seguidas de la muerte; el infeliz tuvo 
fuerza suficiente para llegar hasta su casa y^ca- 
yo al entrar, habiendo pronunciado estas pala^ 
l^ras..*. Jardín de palacio... bolsa.... Üz...i monu- 
mento, y espiró. El maestro envió inmediats^ 
rnente soldadoái de, policía al monumento de 
IJzen en el jardin de palacio, donde encontrar- 
ron una bolsitade seda, color de violeta, y den-- 
trQ de ella un pedazo de papel , en el que estaba 
escrito de letra contrahecha: "Haussier os dirá 
porqué he venido aquí y quién soy.... si no lo 
hace asi, salareis que vengo de la frontera de 
Pabíer,a junto al rio de.... He aquí las iniciales 
de mi nombre: M. L. O." Gaspar al morir dijo 
gue aquel hombre era el mismo que habia aten- 
tado á su vida en Nuremberg. 
. Esta víctima infeliz exhaló el último suspiró 
en la noche del 17 de diciembre. Aunque Lord 
Stanhope ha prometido 5 000 florines de recom^ 
pensa al que descubra al asesino , tódavia no sa 
han tenido noticias ciertas de la vida y muerte 
4e este ser misterioso, (i) El entierro de Gas- 



> 1^4) Hasta la presente nada se sabe de fijo acerca de Gaspar 
Hausser^á pesar de las continuas noticias y nóvelas ique for-' 
jan los periódicos alemanes con su nombre. En Bamberg- remi- 
tieron ün pliego cerrado' á casa del notario Hósthattsen dicien- 
do que Gaspar era hijo natural del Czarowitz Constantino,' 
muerto del cólera en 1831. Aunque esto fuese asi ;, no se. sabe k 
que atribuir su asesinato; pues Gaspar Hausser por su nacimien- 
to ilegítimo no podía causar recelos á la política del gobierno 
ruso. 



par Hausser se verificó e 1 26 de diciembre con 
grande acompañamiento del pueblo. Todos ma-» 
nifestaban profundo dolor; la simpatía era ge- 
neral ; sus virtudes y amables cualidades anda - 
ban de boca en boca. Su último maestro, el 
doctor Fuhrmann, pronunció sobre su tumba 
una oración fúnebre en la que recordó las últi^ 
mas palabras de la víctima. Le habian pregun-^ 
tado si perdonaba a sus enemigos, y respondió: 
«Ya he pedido a Dios que los perdone á todos; 
por lo que hace a mí en particular , no tengo á 
quien perdonar, pues nadie me ha hecho mal/* 

MORAL EVANGÉLICA. 

Amor del prójimo. ==: Perdón, de tas injurias* 



D 



ios nos ha mandado creer en Jesucristo su 
Hijo y que nos amemos los unos á los otros. De 
Dios mismo hemos recibido este mandamiento; 
el que ama á Dios , debe amar también á sa 
hermano (aqui la palabra hermano no está to- 
mada en el sentido ordinario, sino que designa 
á toda criatura humana, siendo todos hermanos 
en religión e' iguales á los ojos del Supremo Le- 
gislador). Si alguno dice: yo amo á Dios y al 
mismo tiempo aborrece á su hermano, es un 
mentiroso, pues sí aborrece á su hermano que 
tiene á la vista, ¿cómo ha de amar á quien no 



ye? Qoerldos , amémonos unojs á otros por<|ue 
la caridad proviene de Dios, y todo hombre que 
ama, ha nacido de Dios y conoce á Dios. El 
que no ama no le conoce porque Dios todo es 
amor. Si Dios nos ama, debemos también amar- 
nos unos á otros; si nos amamos los unos á los 
otros Dios permanece en nosotros, y su amor 
reside perfectamente en nuestros corazones. To- 
do hombre que aborrece á su hermano es un 
homicida, y ningún homicida tiene consigo la 

vida eterna. 

' El que ama asa príSjimo cumple toda la ley, 
porque los mandamientos de Dios: No comete- 
rás adulterio ; no datarás ; no robarás; no le- 
vantarás falso testimonio; no desearás nada per- 
lenecieñte al prójimo, y otros semejantes están 
compendiados en estas palabras. ''Ama á tu pró- 
jimo como á tí mismoy El afnor que se tiene al 
prójimo no permite que se le haga mal; y asr 
elamdr es el cumplimiento de toda ley. No so 
mos mas que unniismo cuerpo y una alma, es- 
tamos llamados á una misma esperanza, no hay 
mas que un solo Dios, una fe, un bautismo, un 
Dios padre de todos,, que está sobre todos , que 
estiende á todos su proyidencia, y que debe re- 
sidir en todos. Que vuestra caridad sea sincera 
y sin disfraz,' que el afecto que tengáis á vues- 
tros hermanos cu haga tener cuidado de mani- 
festaros unos á otros aquella ternura qne pro- 
viene del fondo del corazón. Que haya entre vo- 
sotros una perfecta unión de sentimientos , una 



bondad complaciente, una amistad de hermanos, 
ana caridad indulgente acompañada de dulzura 
y humanidad. Ayudaros unos á otros por medio 
de una caridad espiritual, dándoos muestras de 
honor y de deferencia permaneciendo unidos en 
los mismos sentimientos y en los mismos afec- 
tos. Alegraos con los que se alegran y llorad coii 
los que lloran, sed caritativos y prontos á ejer- 
cer la hospitalidad. Vivid en paz en lo que sea 
posible con todo ge'nero de personas. Desechad 
toda cólera, toda vocería, toda ira, toda mur-r 
muracion y toda malicia. Sed buenos unos con 
otros, llenos de compasión y de ternura perdo- 
nándoos mutuamente como Dios nos ha perdo- 
nado en Jesucristo. No os venguéis ni volváis 
mal por mal ni ultraje por ultraje , sino respon- 
ded con bendiciones. Bendecid á los que os per- 
siguen, bendecidlos y no prorrumpáis en impre- 
caciones contra ellos. Al contrario, &i vuestro 
enemigo tiene hambre dadle de comer,, y si tie- 
ne sed dadle de beber. No os dejéis vencer por 
el mal , sino trabajad para vencer el mal can el 
bien. 

Instrucción de un sokbo-mubo. 

Mr., el abate Tamet, director de la casa del 
Buen Salvador, ha presentado á la academia de 
Caen un joven sordo-mudo, al que ha conse- 
guido hacer hablar correctamente. Muchos miem- 
bros le han dirigido por el intermedio de su sabio 



(3.) 

maestro varias preguntas sobre su edad y estu- 
dios, respondiendo á todas sin embarazo con 
aquella voz sorda y forzada que se diria salir 
de un autómata, si no advirtiesen lo contrario^ 
el trabajo del pecho y de los órganos vocales. 
Mr. Tamet ha dado algunos detalles del modo 
de que se vale para obtener éste resaltado j di- 
bujando una boca abierta y uña lengua en todas 
las posiciones necesarias para la emisión de los 
diferentes sonidos. Algunos le cuestan mucho 
trabajo, al sordo-mudo especialmente las voc- 
éales nasales y la m qué son las que pronuncia 
menos distintamente 5 pero en cambio dé la pa- 
labra , que solo se puede mirar como un prodi- 
jio del arte, se sirve con sama facilidad de la 
escritura, pronunciando con menos trabajo lo 
que acaba de* escribir, y corrigiendo las faltas á 
una señal del profesor. Es un joven de 1 8 años, 
sobrino del cardenal Lufare; su esterior es agra- 
dable , sus ojos vivos, y sii fisoiiomía anuncia 
mucha inteligencia. No oye ni aun el ruido de 
los truenos, y únicamente dice que cuándo pasa 
un coche siente un ruido bajo de sus pies. 




Jt^ Áaj/ /^Ja^^^e^ (X^92^ ¿^^ ¿:í^ ^ 



e^Zy^'¿:^ef7y¿yyay . 



(23) 

MAURICIO, 

O no hay placer como el de aliviar á los pobres. 



ü, 



na bella tarde del mes de setiembre Mr. Intori 
y su hijo Mauricio salieron de "Leicester á pa- 
searse por la campiña. Apenas habían andado tres 
millas enti^tenidos con diversos objetos ^ cuando 
se encontraron en una montaña que oft-fecia la 
vista mas bella de la comarca; estaba cubierta 
de fresco césped y de árboles, cuyas hojas aun- 
que algo secas dejaban distinguir los ricos dbíieá 
de Pomona, deque estaban cargados. Se sentaron 
para observar en todas direcciones las bfelíteáá 
de que tan liberal se ostentaba la naturale7.a^ y 
Mauricio lio dejo sin pesadumbre aquel lagai* 
encantador para bajar á la pradera. 

De repente la escena cambió: una nube som- 
bría oscurecia los ^ayos del sol, y bieti pronta 
empezó á llover, — " Que hemos de hacer p^apá, 
dijo Mauricio: no hay aqui ningún sitií> dí>iPídé 
ponerse al abrigo/' - — Verdad e«, respondió Mrl 
Inton , mejor haremos en volver ii^imedíatanii^n-^ 
te á casa porque la noche se va echando eWi- 
ma.'^ Mauricio arrimado á su padre á qftién ilfe^ 



(24) 

vaba asido del brazo , sostuvo aunque impacien- 
te por algún tiempo el asalto de la lluvia; pero 
no estando acostumbrado á las inclemencias del 
tiempo, y sin tener idea de lo que padecen los 
desgraciados sin asilo , no tardó en fatigarse llo- 
rando, y quejándose de su suerte como si tuvie- 
se que sufrir las mayores desgracias. 

Siento mucho, dijo Mr. Inton, que tengas va- 
lor para quejarte de un suceso de tan poca im- 
portancia : sabes que en cuanto estemos de vuel- 
ta en casa , podrás mudar de vestido , y encon- 
trarás buena lumbre para calentarte. Compara 
tu situación con la de otros muchos, y aver- 
güénzate de esa flaqueza que te hace verter lá- 
grimas , millares de hombres están espuestos al 
aire sin saber como tú cuando tendrá fin su mi- 
seria: no tienen casa para descansar á su vuelta, 
ni padres que les acompañen, ni madres que los 
criden y los amen, ni amigos que tomen parte 
en sus penas, ni criados que los sirvan, ni me- 
sas que los ofrezcan abundantes manjares; están 
solos en el universo, y se ven privados hasta de 
lo mas estrictamente necesario. No dudes que 
esta misma noche existen algunas personas des- 
graciadas, entre ellas. muger«s tan interesantes 
para un hombae sensible, que no tendrán mas 
lecho que el pie de un árbol o una miserable 
ehoz;a, al través de la cual se abrirán paso el vien- 
to y la lluvia. 

Pero esas gentes , replicó Mauricio , es bien 
seguro que no están contentas con su estado, y 



(25) 

qm si pudieran se proporcionarían mas alivio. 

No hay duda , hijo mió ; pero sino está en su 
mano aliviar la fatalidad de su posición saben á 
lo menos sufrirla [sin jquejarse. Su situación por 
deplorable que sea, dejaría de parecerlo si lle- 
garan á preveer el fin de su miseria , mientras 
que tu te juzgas infeliz , teniendo asegurados t<>- 
dos los medios de felicidad. Llorando y murmu- 
rando , no se disminuyen los males de la vida; 
con un noble valor que da firmeza al alma , es 
con lo que se resiste á las pruebas de la adversi- 
dad y el infortunio ; en lugar de dejarse abatir, 
es preciso procurar soportarle , alejándole al 
mismo tiempo. Los poseedores de estas cualida- 
des, son los que han llegado al mas alto gradó 
de gloria á que los hombres pueden llegar. AI 
paso que leáis la historia, y vayáis observando 
el mundo , aprenderéis que la paciencia , elj va- 
lor y una suerte de abnegación de sí mismo, ha 
elevado á los que han poseido estas virtudes so- 
bre la suerte común de los mortales. 
: Aqui Mr. Inton ceso de hablar, y caminaron 
en silencio hasta una pobre casilla V cuyas pare- 
des de tierra parecia que á cada momento iban 
á venir abajo á impulso del viento. Asi que lle- 
garon Mr. Inton llamó á la puerta, y salió á 
abrir un muchacho de la edad de Mauricio, pero 
cuyo vestido anunciaba una estrema pobre- 
za. — "¿Queréis permitirnos, le dijo Mr. Inton, 
que nos pongamos al abrigo en vuestra casa du- 
rante algunos momentos ? " ~ Sí señor , con mu- 



(^6) 
clio gusto, pasen ustedes adelante.» — Entraron 
á una pieza en la que había par todos muebles 
una mesa rota y una cama cubierta de andra-^ 
jos. En ella estaba tendido un hombre que pa- 
recía enfermo : muchos chicos medio desnudos 
Jugaban en el suelo, mientras que una muger de 
media edad asaba castañas. Al entrar los estran- 
jeros se volvió hacia ellos , y haciéndoles una re- 
verencia les dijo sentía^ no tener sillas que ofre^ 
corles, pero qne eran dueños de sentarse en el pie 
dfe la cama. Mr, Inton la dijo: ** parece que sufrís 
muchas incomodidades, buena muger. ¿Vuestro 
inarido, está enfermo?" 

—Somos muy desgraciados señor; ya hace un 
iiies que mi marido no se levanta de la cama* 
Es albañíl, y estando sudando en mangas de 
camisa por darnos de comer , cayó un aguacero 
que le constípdr, y ahora ha venido á parar en 
uua fluxión del pecho. Dios «abe lo que será de 
nosotros, pero regularmente moriremos sin te-^ 
ner pan que comer. 

— ¿Pues qué no puede trabajar ninguno de 
vuestros hijos ? 

—Guillermo el mayor, que es este que V, ve 
aquí, no tiene mas que nueve años, y solo sirve 
J)ara traernos leña, El rico señor no sabe lo que 
el pobre padece, y cuando ve una familia redu-* 
cida á pedir limosna, cree que lo debe á su ma-^ 
la conducta. Esto no lo digo por usted, señor; 
pero os aseguro que mi marido y yo hemos tra-*- 
Ifajade cuanto hemos podido para sostener nues^ 



(27) 

trá familia , y que $i Dios no nos hubiera en* 
viado esta aflicción, no nos veríamos en el caso 
en que estamos. 

— ¿No habéis dado parte á nadie de la en- 
fermedad de vuestro pobre marido ? 

— ^ Hemos llamado al doctor Armer que ha 
Tenido una vez y mandó algunos remedios ; pe- 
ro viendo que no pod riamos pagarle no ha vuel- 
to mas, ni ha enviado nada. Señoríto , dijo en- 
tonces á Mauricio , estáis mojado y parece que 
tenéis frió, vaya acerqúese V. á la lumbre. Gui* 
llermo, echa un pocb de leña seca. 

Mauricio que estaba tiritando aceptó la pro- 
posición con alegria , y siguiendo el consejo dé 
su padre; se quitó el vestido, y le puso á secar. 
La lluvia continuaba, y Mr. Intoh envió al ma- 
yorcito de los chicos á avisar trajesen su coche. 
Mientras que le traian él enfermo hizo por sexir 
tarse en la cama mostrando á las claras sus pa- 
decimientos en su aire abatido y rostro pálido 
y flaco. Miró á sus hijos con la espresion del 
dolor, las lágrimas corrían por sus mejillas y sé 
dejó caer sobre la cama. Mr. Inton tomó pajrte 
en sus penas , y como conocía la causa y podia 
aliviarla un poco , sacó veinte rs., los únicos que 
llevaba en la faltriquera, y entregándoselos á la 
buena mujer la dijo , que vendría al otro dia á 
ver si podia serles lítil. I^a mujer que nunca ha- 
bía visto tanto dinero junto le manifestó su 
agradecimiento esclamando bañada en lágrimas. 
«Queridos hijos ya tendréis que comer. ¡Oh] 



(28 

seSor qíiíerá Dios que no conozcáis lá ra'iséria,^ 
aun cuando hubieseis de sentir la alegria que 
Bae hacéis esperimentar ! 

El coche de Mr. Inton no tardó en llegar, 
j subiendo con su hijo le dijo por el camino: ¿Iff 
ísfen, cuál es mayor desgracia , la tuya por ha- 
ier sufrido un poco la lluvia , ó la de aquellos 
pobrecitos que sufren aun cuanto hay que su- 
frir en la vida? Mauricio, confuso con esta pre- 
gunta, respondió al instante, que ciertamente 
aquellos pobrecitos eran mas infelices. 

Pues siendo esto asi, contestó el padre, cuan- 
¿0^ veas W padecimientos de tus semejantes, no 
te avergonzarás de tu flaqueza que no sufre el 
vms^ lijero inconveniente. Este es efecto harta 
jfirecuente de la prosperidad, dejar sin enerjia 
á los que gozan de ella. Tranquila acerca de 
las: calamidades inseparables déla pobreza, se en- 
trega á todas las frivolidades, como si ser perezo- 
so^ é inútil fuera privilejio de los que la fortuna 
fevorece. ¡Que' tristes y culpables prerrogativas! 
Esíos ricos no tienen sentimiento sino para sí 
propios, y piensan que el érden de la natura^ 
Icxa debe invertirse á su arhitrio. La menor 
contradicción les parece una prueba difícil de 
sosíener.^ Considerando los bienes criados solo 
para si, no solo se olvidan de los que carecen 
de ellos , sino que si tienen el disgusto de en-» 
contrarío^,, íes desprecian y huyen de ellos co«- 
mosi tuvieran una enfermedad contajiosa. Des* 
,]^es de haber pasado asi la YÍda, bajan al se^ 



pulcro síh dejar persona que bendiga su mem^ 
¡ ria , porque es imposible ser estimado ó ama^ 
si no se conoce la beneficencia ó la amisiaá, 
lias mezquinas distinciones del rango som des- 
preciables á los ojos de la sabiduría; los «Sj^íri- 
tus débiles son los qu<i hacen caso deellaS;, y el 
apetecerlas indica un alma ignoble y conrom— 
pida.. La fuerza del talento y la bondad del co- 
razón es la que hace adquirir una honrrosa 
elevación sobre ios demás. Se desprecia al Ixomt- 
bre que no es dueño de sí mismo , y el qu« lím 
tiene piedad con el prójimo ni afición á nadie se 
priva de los mas puros placeres de la vida. ¿Qué 
mayor delicia puede hater que contribuir á ía 
felicidad , no digo de los que nos rodean, sino ife 
aquellos á quienes se va á buscar con este ob|e^ 
to? Dar de comer á nuestros semejantes qiie 
tienen hambre, procurar un asilo á los infelices 
que no le tienen, sustrayendo á los enfermos 
de los padecimientos que tienen que soportar 
en su miserable lecho. 

í En verdad papá, dijo Mauricio, queme que- 
jaba sin motivo, pero desde ahora en adelante 
yo me corregiré y cuidaré de mí, y de los p(^ 
bres infelices. 

Tanto mejor, hijo mió, contestó su padre jlm 
Hiadre y yo te amaremos mas, y créeme, la ma- 
yor felicidad délos niños, es el merecer el amor 
desús padres. 

Al otro dia por la mañana Mauricio, asi que 
estuvo vestido corrió á la cabana seguido de su 



padre y encontró á la pobre familia de muy 
diferente modo que la víspera. El enfermo mas 
aliviado estaba sentado en la cama , y tenia en 
las manos una taza de caldo, y la buena muger 
preparaba á sus hijos un abundante desayuno 
de pan y de leche. Recibiendo a Mauricio con el 
mayor respeto le dijeron , que aquellas mejoras 
eran debidas a la generosidad de su padre* Sa- 
có entonces su bolsillo lleno de dinero , y pre- 
sentándosele á la buena muger la dijo, con la es- 
presit)n de la benevolencia , esperaba que con 
aquella suma se aliviaría completamente sa 
suerte y veria restablecerse bien pronto la salud 
de su marido. Aquel dinero era el fruto de las 
economías de Mauricio para comprar un bonita 
relox. El enfermo á vista de aquel tesoro ines-: 
perado levantó las manos ál cielo pidiéndole en 
silencio bendijese á su bienhechorcito. La mu^ 
ger no cabia en sí de alegría , y los niños ro- 
deando a Mauricio articulaban espresiones de 
agradecimiento. 

Esto pasaba en la casilla cuando Mr. Inton 
entró á contemplar aquella escena interesante. 
El aire angelical de su hijo se comunicó á sus 
propias facciones, y estrechándole en sus brazos 
le manifestó/ los sentimientos de afecto y de ad- 
miración (|ue le inspiraba lo que le habia con- 
ducido á aquel lugar. Mauricio nunca habia es- 
perimentado tal felicidad, habia sido siempre muy 
avaro de su dinero para con los demás, y pró- 
digo para satisfacer suspropios caprichos. Reco^ 



(3i) 

noció que el placer de dar, no es fugitivo, cuan- 
do gracias á sus beneficios vid al marido de pie 
derecho; á la muger y á los hijos provistos de 
las cosas necesarias á la vida , y vestidos de mo- 
do que no tenían gue temer al frió, que río tar- 
do en hacerse sentir* 

Desde este momento su conducta camtió to- 
talmente; ya no fue aquel niño que solo se ocu- 
paba de sí mismo , sino que inquietándose por 
las desgracias de los demás, y apresurándose á 
á mitigarlas cuando nopodia hacer que cesasen, 
gozaba de la pura felicidad que produce la ge- 
nerosidad acompañada de la benevolencia* A me- 
dida que iba socorriendo á los infelices adquiría 
fuerza para soportar los males inseparables de 
la humanidad : cuando llegó á las grandes dig- 
nidades en su edad madura, fue uno de aquellos 
ejemplos que prueban que aquel es feliz que 
une la belleza de la virtud al esplendor del ran- 
go. Nunca olvidó el instante en que por prime-^ 
ra vez entró en la cabana del pobre, y no pa^ 
só un dia sin que diese gracias á la providencia 
de haberle inspirado tales deseos , y haberle 
puesto en posición de satisfacerlos- 




EDUCACIÓN física. 

ARTICULO 5P 

De la agricultura^ 

TI 

Xxemos pasado revíiSta á casi todos los ejercí-» 
cios de que se componía la gimnástica antigua 
y todavía falta otro al que solo pueden dedicar- 
se los jóvenes criados en el campo, cuya aire 
tienen la facilidad de respirar. Esté ejercicio es 
el cultivo de un jardinito en el que habrá árbo- 
les, arbustos, legumbres y flores distribuidas 
en diversos cuadros. Los padres ó ipiaestros para 
dar á los discípulos una idea de la agricultura, 
les harán seguir* con atención los pasos del la- 
brador e#la siembra, la siega, las vendimias y 
otras tareas : en seguida debe entrar el conoci- 
miento de los instrumentos aratorios, y á e|eiu-» 



(33) 
pío de un Serrano, de un Curio, do un Quinto 
Cincinato y tantos grandes hombres de Roma 
y emperadores de la China: se les hará trazar 
algunos surcos á fin de que si están destinados por 
sus talentos á gobernar un dia la nación, tengan 
al menos una idea justa del arte, sin el cual la 
nación no puede existir, y que sepan compade- 
cer y respetar á los infelices espuestos á todas 
las injurias del aire, y condenados á las fatigas 
para procurarles el primero y mas necesario de 
todos los alimentos. 

Si de lo que acabamos de esponer resulta que 
una salud constante, una constitución vigorosa 
y órganos bien ejercitados, facilitan estremada- 
mente las operaciones del espíritu dándolas se- 
guridad: ¿cómo á pesar de esta convicción suce- 
de que la mayor parte de los padres y maestros 
particulares cuidan tan poco las virtudes del 
cuerpo que en toda educación esmeráfla deben 
ir á par con las del alma? ¿Cómo sucede que li- 
mitan á un simple paseo por semana y á algu- 
nos juegos en un patio cerrado, los ejercicios de 
sus discípulos, y esto casi siempre hasta los doce 
y quince años? ¿Cómo sucede que muchos pre- 
ceptores al encargarse de la educación de un jo- 
ven creen haber cumplido con su obligación 
dándole cada dia algunos elementos de latin, de 
griego, de geografía, de matemáticas &c. , deján- 
dole por otro lado hacer cuanto le da la gana, 
lo que á veces trae menos> inconvenientes que 
estarle continuamente regañandb y reprehen- 



diendo en todos sentidos? No es , dirán sin em- 
bargo, ana alma ó cuerpo particular el que hay 
que formar, sino un hombre, y esto procediendo 
de buena fe' no se puede formar con semejante 
rutina. Los preceptores ilustrados que cuenten 
con alguna esperiencia y acierto, que pronun- 
cien y digan si la mejora de la especie humana, 
que pende siempre de la educación que se recibe, 
se podrá conseguir por los espedieiítes de que 
usan algunos. 

Entretanto, ojalá que nuestras reflexiones ha- 
gan nacer algunas medidas útiles, y por consi- 
guiente una dirección mas arreglada de los pri- 
meros años de los niños, que en las casas parti- 
culares se e«tá al alcance de seguir, especialmen- 
te en lo que toca á la educación física , cuyos fru- 
tos, después de concluida la educación, perma- 
íiecerán mas bien que la parte moral, espuesta 
en el gran mundo á todo el choque de las preo- 
cupaciones, de los errores y de los vicios: corre- 
rá mucho peligro de alterarse y corromperse. 
Precaver todos estos peligros, facilitar los me- 
dios de responder á la confianza de los buenos 
padres, disipando sus tiernas solicitudes, dirigir 
á la vez hacia ua fin útil y loable las facultades 
corporales y espirituales de un niño, del que 
debe hacer un hombre, que siendo el amigo de> 
las gentes honradas, cuente con bastantes re* 
cursos en su carácter ps^ra rio embarazarse con 
las asechanzas de los malévolos: he aqui la de- 
licada y honorífica empresa que está á cargo de 



(35) 
un preceptor que anhela formar individuos útiles 
á la sociedad. 

En cuanto á los medios de desempeñar esta 
interesante tarea ya hemos dado á conocer al- 
gunos; existen todavia otros cuya indicación ser- 
virá en cierto modo de respuesta á una pregun- 
ta que muchas familias renuevan sin cesar y 
que espondremos en los artículos siguientes. 



economía doméstica. 

Modo de reconocer la mezcla de lana y algodón 

en los tejidos. 

Se han propuesto muchos medios para recó- 
tiocer la me>xla de algodón en muchas telas que 
se venden por de lana pura. Mas como estas no 
^staia al alcance de todos los q[ue quieren ejecu- 
tarlos^ damos el siguiente que todos pueden em- 
plear. Después de haber desfilachado la tela se 
la espolie á la llama de una t^^ela, y los hilos de 
algodón se quemarán y desaparecerán con rapi-^ 
dez; pero los de lana formarán al quemarse un 
glóbulo carbonoso que se apagará asi que se le 
prive del contacto de la llama, y exhalará un olor 
fe'tido y característico de la lana, como sustancia 
animal en combustión. Asi será fácil apreciaí* 
las cantidades de lana y algodón que entran en 
la tela sometida á esta operación. 




EL ALCÁZAR DE SEGOVIA; 



1 



H 



-acia la estremidad occidental del cerro en que 
está fondada la antiquísima Segovia, se elevan 
con imponente magestad las nobles torres de su 
fuerte Alcázar. Las piramidales puntas en que 
terminan , y la arquitectura laboreada del edi- 
ficio , están en perfecta armonía con el azul y 
despejado cielo que las cubre. No se pueden 
contemplar los muros de este Alcázar en los que 
aun se perciben restos de nuestra antigua gran- 
deza 5 sin sentirse penetrado de una grata me- 
lancolía; pero si por la tortuosa y lapídea es- 
calera se sube á la plataforma del mas elevado 
torreón , entonces desaparece con la vasta y ri- 
sueña perspectiva , que desde alli se descubre. 
Al frente Segovia con sus apiñadas y enne- 



(37) 
grecidas casas , sus numerosas torres góticas, 

entre las que descuella la gigantesca de la cate- 
dral. Las vetustas y desmoronadas murallas en 
las que aún se conservan lápidas y veslijios de 
los romanos , asi como se conservan sus laure- 
les en la Historia. Si se dirije la vista á la iz- 
quierda se domina el ámbito de los arrabales de 
la ciudad, que forman pintoresco anfiteatro por 
aquella parte del valle. En lo más profundo dé 
este guia el Eresma , el sosegado curso de sus 
aguas en las que reflejan los rayos del astro del 
dia, y por último , la vista descansa con placer 
en el apacible cuadro de los huertos y alamedas 
que coronan la ribera. Si se para la atención en 
el mismo edificio , apenas hay en él parte algu^ 
na que no sirva de recuerdo :• allí se percibe la 
ventana por donde quiso escaparse el flamenco 
Montigniayudado.de sus paisanos ; mas acá el 
elevado pabellón donde cayó el rayo que ame- 
nazó la vida de don Alonso el Sabio , y acullá 
la alta ventana desde donde, es tradición popu- 
lar, cayó despeñado el Infante don Pedro , hijo de 
Enrique II, por descuido del aya que ío cuida- 
ba , la que quiso espiar con su vida tamaño des- 
cuido arrojándose en pos del Infante. 

— Muchas memorias han desaparecido con 
motivo de las alteraciones y reparos que ha te- 
nido en tiempos posteriores este grandioso edi^ 
ficio. Hoy dia está ocupado por los caballeros 
cadetes , y casi ha perdido el prestigio de su an- 
tiguo esplendor. Para hablar de él adecuadamen- 



(38) 
ta es ¡preciso írastadarse á la época nen qme se 
reania en él la flor y nata de la iM^bleza cás-^ 
tellana. 

lí. 

Bajo las altas bóvedas y los dorados artesones 
en los que luce toda la escrupalosa laboriosidad, 
yi filigrana del gusto gótico. En aquellos espá— 
ciosos salones del Alcázar , cubiertos de primoro^ 
sais alfombras , se paseaban y reunian todos los 
caballeros , hijosdalgo , y cuántas personas de su- 
posición componían la corte le D. Juan el II de 
Gaatilla. Era en el año de i432 , y sus trcyp^ 
siempre invencibles a la m^orisma acababan de 
conseguir bajo isu: nkando la célebre victoria de 
la Higuerita.iiEsta^era la causa por qué toda la 
corte concurría á felicitar al Monarca, y á ewSto 
se debia que ofreciese tan magnífico espectáculo 
el Alcázar; en cuyas antesalas se disputaban la 
preferencia la seda, el terciopelo, y el tisú dé óró^ 
En el salón principal , cuya decoración es la mM 
suntuosa, pues sobre las últiiiías molduras de lá 
cornisa se representan de escultura, al tamaño 
natural, las efigies de los Reyes de Oviedo, Leoil 
y Castilla, alli la escena era mas solemne. 

A la cabecera del salón, y en un trono cuyáá; 
gradas cubría un tapete de terciopelo carmesí; 
rodeado de todo el prestí jio y condecoraciones dé 
la soberanía se mostraba D. Juan H bajo un ele- 
gante pabellón bordado de oro de caistillos y leó-< 



( „. 

«es. A la derecha del Monarca , y en ademati or- 
gulloso, se veia el favorito D/ Alvaro de Luna, 
que envanecido por hallarse en todo el lleno de 
su privanza, estaba muy ajeno de creer que su 
cabeza rodaría algún dia bajo la cuchilla del ver- 
dugo, y se mostraba con altivez á los señores 
que ocupaban lo restante del salón. Estos, deseo- 
sos de que nadie les sobrepújase en magnificen- 
cia, se habian presentado con trajes resplande- 
cientes, cambiando la pesada cota por la ligera 
seda; pero á pesar de esta mudanza, siempre os- 
tentaban aquellas frentes graves y austeras de 
castellanos, que ni se alteraban á vista del peli- 
gro , ni cedian en la alegria y regocijo de la paz. 
Contribuida á la solemnidad la presencia en 
Segovia de una cuadrilla de éstranjeros nobles, 
cuyo gefe habia solicitado hablar al Rey, y pro- 
poner una empresa delante de sus caballeros. El 
Rey, amante en estremo de las empresas caba- 
llerescas , recibió afectuosamente al paladín es- 
tranjero , que hablo en estos términos. -- - '' Muy 
poderoso y esclarecido señor: yo soy Micer Ro- 
berto , señor de Balse en Alemania. Ansioso de 
la gloria , y aviniéndome mal con la ociosidad y 
regalo de mi pais, le abandoné en busca del pe- 
ligro y de los fechos de ventura. Noticioso de la 
gentileza y esfuerzo de vuestros caballeros en- 
derecé mi camino á esta su corte, solo por me- 
dir mis armas con ellos , considerando que de 
tal fecho me resultaría prez assaz cumplida. " Y 
luego vuelto hacia los caballeros , continuó 



— '^Con el beneplácito de sa Alteza, si alguno díe 
vosotros quiere romper lanzas conmigo , yo lo 
tendré' á gran ventara*/' — y descalzándose na 
guante, lo arrojó junto á las gradas del trono. 
No bien hubo hecho esto , cuando varios caba- 
lleros se precipitaron sobre el guante ; Bazan, 
Zuñiga, Pimentel, Ledesma, Quiñones, Man- 
rique de Lara , y otros , pero fue mas dichoso el 
joven D. Juan Pimentel, Conde de Mayorga y 
primoge'nito de la casa de Bena vente. Este logró 
asi el guante , y levantándole del suelo dijo al 
estranjero: — '*Si el Rey mi señor me concede su 
permiso , lo que tarde en tomar las armas , tar- 
dareis en quedar satisfecho señor caballero. " — El 
Rey entonces tomó el guante de manos del Con- 
de de Mayorga , y devolviéndosele al estranjero 
le dijo:-- ''Señor de Balse : ya habia llegado á 
nos la fama de vuestras proezas y mis honrados 
caballeros como veis , tienen á merced el con*- 
tender con vos. Yo huelgo de ello ; pero el con- 
tentamiento en que agora nos hallamos, non per- 
mite se lleve la pelea á todo trance de muerte. 
Las armas corteses bastarán á decidir quien es 
mejor caballero. Yo me digno presenciar el com- 
bate , y señalaré la liza y el dia en que si Dios 
fuere servido , se ha de verificar á vista de estos 
mis alcázares. 



III. 

Un espacioso palenque estaba formado al 
pie de las murallas del Alcázar por la parte del 
rio cuya frescura mitigaba los ardores del sol 
ya caminando hacia el Poniente. El inmenso 
gentio que habia bajado de la ciudad contem- 
plaba con admiración el tablado de los reyes; 
resplandeciente con las colgaduras de franjas do- 
radas y mas que todo con la magnificencia de 
los trajes de las personas que le ocupaban. A 
loa lados se elevaban dos vistosas tiendas de 
campaña en las que se hablan de armar los dos 
adalides, y por todo el palenque se veian caba- 
lleros y hombres de armas que brillaban á los 
rayos del sol. Al armonioso compás de una mu- 
sica guerrera entro en la liza la primera cua- 
drilla, á cuyo frente iba el caballero alemán mon- 
tado en un poderoso caballo. Llevaba una ar- 
madura tan bruñida que parecía de plata, y so- 
bre el yelmo una águila imperial en actitud de 
desplegar las alas ; pero en el escudo no llevaba 
blasón ni divisa alguna como caballero aven- 
turero. A sus lados, y en calidad de padrinos, 
iban el condestable D. Alvaro de Luna y don 
Kodrigo Alonáo Pimentel, condfe de Bena vente 
jrupadre del contrario el conde de Mayorga. Es- 
te se presentó en un fogoso bridón ricamente 
enjaezado. Sobre la armadura llevaba una so- 
brevesta flotante de terciopelo morado con fle- 



eos y alamares de oro, y de lo alto de la cimera 
se desprendían airosamente muchas plumas blan- 
cas. Llevaba esmaltadas en el escudo las armas 
de sus mayores , y debajo una letra que decia. 
<f A los míos me parezco. y> Le acompañaban de 
padrinos el conde de Ledesma y el adelantado 
D. Pedro Manrique de Lara , siguiendo detras 
muchos escuderos con armas, y volantes con 
caballos del freiio. Después que hicieron el aca- 
iamientoá los Monarcas y pasearon la liza con 
gallardo ademan y gentil continente, los jueces 
del campo les asignaron los puestos partiéndoles 
el sol, y reconociendo si sus armas y pertrechos 
estaban con arreglo á las leyes del torneo. Con- 
cluidas todas las ceren^onias resonó en los aires 
el b^licoestruendo de los clarines y los dos cam-r 
peones partieron uno contra otro á todo .el cor- 
rer de los caballos, pero sin que se encontrasen, 
y lo mismo sucedió en la segunda carrera. Don 
Juan Pimentel , al tiempo de bajar la lanza la 
segunda vez, conoció le seria imposible arran- 
car á su contrario de la silla^ y llamando á los 
jueces del campo les hizo presente como el caba- 
llo que llevaba Micer Roberto impedia que le 
encontrase por llevar la cabeza tan erguida, que 
era forzoso dar primero en ella, lo que no esta- 
ba bien visto según la usanza de la caballeoffit 
JE.1 alemán contentó á estas xazoíies,- — i< Qué co^ 
aquel caballo acostumbraba entrar en iides, y noii 
Jo trocaría por cosa ninguna.» Visto que noque- 
ria mudar el caballo, Pimentel, volviendo las 



riendas al suyo, le dijo: — «Sea en buenhora, pe- 
ro si hubiere falla de encuentro, vaya á vuestro 
cargo. » En seguida tomaron la parte del campo 
5üficSentev y héeba la señal vinieroh á encontrarse 
con nunca vi^ta furia en medio de la arena. La 
lanza del alemam choco en el escudo de Pimentel, 
pero la de este vino á estrellarse en la cabeza del 
caballo enemigo, saltando al aire las astillas, y ha- 
ciéndole bajar las ancas alsuelo; con tan fuerte 
sacudida , que el ginete hubo de venir á tierra 
muy mal parado. El alemán, algo corrido de su 
caida , se levantó inmediatamente y puso mano 
á la espada, mas Pimentel no se apeó del caba^ 
lio , y los padrinos le hicieron envainarla, pues 
siendo el combate con armas corteses o embota-^ 
das , ya estaba decidida la ventaja. Poco satisfe^ 
chos los alemanes compañeros de Micer del mof- 
do con que se habia terminadola contienda, cen- 
traron en el palenque para continuarla. Acudiérok 
presurosos los castellanos árecibirlos, y como tan 
aventajados en aquellos tiempoá en este género dé 
ejercicio siempre llevaron lo mejor del tórned. 
Por último, D. Juan I[ sumamente compíácidc^ 
y satisfecho de aquellas fiestaáf que eransu gusi 
to favorito , viendo acercarse la noche lanzó sqi 
bastón demando á la arena ^ con lo cual se re^ 
tiraron á un tiempo los bravos combatientes. 



(44Í 

w. 

Cuatro volantes llevaban asidos de la Brida 
cuatro briosos caballos ricamente enjaezados, y 
dos pajes llevaban en dos azafates dos primo- 
rosas piezas de brocado , la una de color azul, y 
la otra carmesí. Tal era el presente que el Rey 
D. Juan hacia al caballero alemán Micer Ro- 
berto, señor de Balse , el que no quiso recibirlo, 
diciendo á los que lo llevaban: — «Non quisié-» 
ra que el Rey mi señor tuviera por ultraje que 
non reciba nada de tanto merecimiento como me 
dispensa ; pero os ruego le digáis que antes de 
salir demi patria hice juramento sobre la cruz 
de esta espada de no recibir presea de ningún 
potentado del mundos Que si nos permite á mí 
y á los mios traer sobre nuestra cota el collar 
de la orden de la Escama lo tendremos á gran 
merced. » Agradóle al Rey la propuesta del ca- 
ballero, y dio orden para que juntándose todos 
los plateros de Segovia trabajasen á toda prisa 
los dichos collares. Hechos estos con celeridad 
increible, Gonzalo Castillejo, maestre sala de 
palacio, llevando consigo dos pajes con bandejas 
cubiertas fue á presentarlos al señor de Balse, 
uno de oro para él y los de plata para sus com- 
pañeros. Fue tanto lo que agradeció esta jenero- 
sidad, que al despedirse del Rey le prometió acom- 
pañar á sus tropas en la entrada que iban á ha- 
cer por tierra de moros , donde él y los suyos 



(45) 

se mostrarían merecedores de aquella condeco- 
ración. En consecuencia de alli á pocos días el 
Rey D.Juan II de Castilla veia desfilar sus hues- 
tes, que acompañadas de los alemanes, marcha- 
ban á la frontera de Granada, abriéndose paso por 
entre la muchedumbre que ocupaba la plaza de 
armas, la Reina y sus damas lo observaban des- 
de la galeria, y el céfiro ligero hacia ondear el 
estandarte de Castilla que tremolaba en el tor-? 

reon mas elevado del Alcázar. 

/ 

jF. Fernandez VUlaórílle* 




maaam 



EDUCACIÓN PRIMARIA DE LAS NIÑAS. 



o 



ARTICULO 7 
Relaciones de la maestra con las' discípulas* 



-...•««<^»»—- ' 



JLla n^áéstfa debe empegar ptr conocer y estu- 
diar á fondo el carácter de la joven confiada á 
sa cuidado. Establezca reglas fijas para el em»- 
pleo del tiempo, el trabajo que haya que hacer, 
y los deberes que desempeñar, haciendo conocer 
á las niñas la justicia y l^i utilidad de lo que se 
le exige, pues toda arbitrariedad las desagrada 
é indispone. Vale mas precaver las faltas que 
castigarlas; pero si alguna vez llega este último 
caso , procúrese que la discípula reconozca por 
sí misma la lejitimidad del castigt), pues si no 
está convencida, el castigo no la corregirá; no 
obedecerá por la fuerza de la razón sino por la 
de los golpes. Déjese correr las lágrimas que ha- 
ce verter el orgullo , pero enjúgense las del ar- 
repentimiento. 

Nunca se deje de animar y mostrar satisfac- 
ción á una discípula que se ha portado bien. Si 
una discípula se arrepiente sinceramente de una 
falta grave solo vista de alguno , guárdese el secre- 



Harizarse con la vergüenza , y perdería la mora- 
lidad para siempre. Si la falta fuese pública y 
de tal naturaleza que causase escándalo d pudie- 
se corromper la inocencia y la pureza de las 
otras alumnas , no se tituvee eii enviar con sus 
padres á la que la ha cometido, sin dejar igno- 
rar á sus compañeras los motivos de este castigo, 
á fin de que pueda servirles de ejemplo- Mués- 
trese firmeza con las discípulas, y se tendrá me- 
nos ocasión de castigar: esto nunca se debe ha- 
cer por mal humor o por venganza, sino con la 
mira de corregir y mejorar de un modo mater- 
nal y proporcionado á la falta. 

La maestra debe saber por sí misma, mas 
bien que por sus áiscípulas , lo que se pasa en 
la clase, vigilando con cuidado todas las accio- 
nes, todas las disposiciones díalas jóvenes, por 
que ninguna es indiferente á su felicidad, que 
debe ser el fin de la educación. La exageración d 
mala dirección de una buena cualidad puedq 
convertirse en un defecto, y asi es preciso arre- 
glar la conducta. Evítese el esceso en todas las 
cosas , procurando que sean dulces , sin debili- 
dad; firmes, sin terquedad; confiadas, y no cré- 
dulas ; que tengan emulación y no envidia ; dig- 
nidad y no orgullo; sensibilidad sin exageración; 
economia exenta de avaricia; generosidad sin 
disipación ; discreción sin fingimiento ; una hu- 
mildad y modestia igualmente distantes de la 
jactancia y del atrevimiento. 



La influencia recíproca de las dlscípulas me- 
rece mucha atención para corregir sus malas 
inclinaciones; si desespera el conseguirlo, que la 
maestra aleje de su establecimiento á la discí- 
pula, cuyo efecto contagioso sea funesto á las 
demás. Por otra parte, por el intermedio de 
prudentes discípulas se puede ejercer una in- 
fluencia que presente ejemplos de virtud y haga 
escuchar sabios consejos. 





LOS PERROS CELEBRES. 



V, 



asco Nuñez de Balboa ^ descubridor del mar 
del Sur, tenia un perro, que según refiere Ovie- 
do en su historia de Indias, era de un instinto 
tan maravilloso, que asi conocia al indio bravo,, 
como al manso , del mismo modo que los sóida-' 
dos de la espedicion. Guando se escapaba- algún 
indio ó india de los que acompañaban á los es- 
pafioles, fuese de dia d de noche, en diciendo 
al perro, ido esj búscale^ partia en su busCa y 
por maravilla se le escapaba ninguno. Asi que» 
lo alcanzaba , si el indio se estaba quieto, lo asía 
por la muñeca 6 por la mano y lo traiá Cí^ñidá- 
mente, sin hacerle ningún daño, sin ápretar^los 
dientes; |)ero si se-ponia en defensa , lof hacia 
pedazos. Era tan temido de los indioá, que si 
diez españoles iban con el perro , iban mas se~4 
guros que veinte sin él. Este perro se llaniaba, 
LeoncicOy de color bermejo, el hocico negro y 

4 



(5o) 

mediano, pero muy recio y doblado* Gano á 
Vasco Nuñez mas de dos mil pesos de oro, por- 
que se le daba tanta parte como á tin compa- 
ñero en el oro y los despojos que se repartían; 
y en verdad que lo merecia mejor que algunos 
españoles soñolientos. Tenia muchas cicatrices 
de heridas recibidas peleando con los indios; Se 
cree que de miedo ó enyidia le dieron venenog 
del que murió. 

Un comerciante ^ llamado Palaizeau, partió 
un dia á caballo á cobrar quinientos francos 
que le debía un corresponsal á algunas leguas 
de su casa. Después de haber cobrado sus fondos 
volvia tranquilamente á su casa seguido de sa 
perro llamado Mutfi, En cierto paraje del cami- 
no se apeó para que el caballo descansase, y 
para sentarse él un rato á la sombra de espesos 
árboles. No queriendo separarse de su dinero co- 
locó el saco que lo contenia, bajo de su cabeza 
como si fuese una almohada, y se quedó dormidoé 
Al cabo de una hora despertó frotándose los ojos, 
y viendo que la noche se acercaba montó preci- 
pitadamente en el caballo sin acordarse remota- 
mente de su dinero. 

Mutfi ^ que habia seguido todos los movi- 
mientos de Su amo, y habia visto que se dejaba 
él dinero, inquieto y agitado procuraba detener 
al cabaMo, poniéndose delante de él, ladrando , 
saltando hacia su señor, tirándole de la ropa y 
haciendo todos los esfuerzos para impedir que 
caminase. Pálaizeau; sumerjido en sus reflexio- 



nes, contihtlaba su camino, contentándose con 
alejar al perro con algunos latigazos. Mí//^, fu- 
rioso al ver despreciados sus avisos, pierde el 
gúfrimierito y gruñe reiteradamente, da arremé-* 
tidas al caballo, y al fin se agarra con los dien- 
tes fuertemente al pescuezo, á ver si de este mo^ 
do conseguia detenerle. 

Paláizeau se quedo admirado al ver la con- 
ducta de sil perro i^egulármente tan bueno , pa^ 
tífico y sumiso. Desde luego le ocurrió le habría 
acometido algún acceso de rabia, y viendo qiié 
se dirigía á un arroyuelo en el que bebia ansioM. 
sámente, esclamó. ~ ** Dios mió, ya no me qüe-¿ 
da duda ninguna; mí perro está rabioso, y ar-^ 
mando una pistola, encajó dos balas en la cabe- 
to del pobre Mutfi. En seguida para apartarse 
de aquel triste espectáculo , nietió espuelas al cá** 
bailo, y después de un corto gaíope se puso á 
reflexionar Sobre el doloroso sacrificio qué hábiá 
tenido qué hacer con un animal tan querido Pa-^ 
^andó de Una reflexión á otra , se le ocurre va- 
gamente que no lleva consigo los quinientos fran-- 
tos, y dándose una palmada en la cabeza, sé 
acusa de su indiscreción. 

; El pobre Paláizeau se estremeció no solo por 
la pérdida de su dinero, sino pdr la miiérte de 
sil perro, cuya conducta , esfuerzos , ladridos y 
cólera comprendia en aquel momento. Lloró su 
fatal error, y ise decidió á volver al sitio éri que 
había dejado su dinero a pesar de la poca espe-^ 
í'anza qué tenia de eacóntrarle. Asi que llega, sé 



ijueáa petrificado en su puesto al ver un lasti- 
moso espectáculo. Mutfi^ el escelente Mutfi^ aun- 
que herido mortalmente , había tenido fuerzas 
suficientes para llegar hasta ^1 talego del dinero, 
y habia hecho esfuerzos para llevarle á casa de 
su amo. El lienzo rasgado en algunos parajes 
manifestaba la inteligencia y valor del pobre 
animal que habia querido morir tendido sobre 
Cil saco como para ocultarle á los pasajeros. 

Un persa llamado Yezid , rogaba continua- 
mente al cielo que le concediese un hijo: al fm 
tuvo uno, y dio gracias al Ser Supremo, hacién- 
dole grandes ofrendas. Noche y dia estaba al la- 
do de la cuna contemplando á su querido hijo. 
IJn dia que la madre quiso ir al baño, dejó la 
criatura al cuidado de su padre , encargándole 
jao llegase á la cuna. 

Apenas habr^ salido Borana, cuando su ma- 
rido recibid orden de Hormisdas, que reinaba en 
la actualidad, por la que le enviaba á llamar. El 
diferir el cumplimiento de la Real qrden era 
muy arriesgado, y por esto Yezid partió aF ins- 
tante d.ejando por guarda de su hijo á un perrQ 
criado en la casa. A poco rato se presentó una 
gruesa serpiente, dirijiéndose hacia la cuna. El 
perro que vio en peligro al niño, se precipitó 
sobre el animal , y asiéndole ppr la parte poste- 
rior d,e la cabeza , le mató. 
. Cuando Yezid volvió de la corte, el perro re- 
gozijado por lo que acababa de hacer, salió á re- 
cibirle y acariciarle, pero el amo al verle la ho^ 



(53) 

ca ensangrentada creyd que habla devorado á m 
hijo , y sin hacer reflexiones , escuchando solo á 
su desesperación, dio tan fuerte e^olpe con su bas- 
tón al fiel animal que le tendió muerto á sus 
pies. 

Apenas el persa penetro en sn habitación, 
cuando tío la serpiente muerta y á su hijo bue- 
no y sano. Entonces se apoderaron de él ios re^ 
mordimientos al ver su imprudencia é ingrati- 
tud con el pobre perro. Mientras que se lamen- 
taba asi entro Borana , y conociendo la causa de 
su dolor, le reprendió el haberse dejado dominar 
tan pronto de la cólera. El confesó su falta, su- 
plicándola no añadiese sus reconvenciones á las 
que él mismo se hacia, y no habiendo ya reme- 
dio. — " Es verdad, respondió ella , que las ad-- 
vertencias son de ^ninguna utilidad en el caso 
presente V pero es precisó i'eflexionar para evitar 
otras desgracias. La vergüenza y arrepentimien- 
to son las consecaencias de la mucha precipi- 
tación. '* El persa se aprovechó del escelente con- 
sejo de su müger, y no cometió imprudencias 
semejantes. Elevó en su jardin un monumento á 
la memoria de su perro, y para qae le renovase 
con frecuencia la memoria de su falta. 

Estos sucesos y otros que o« refireréen lo Su- 
cesivo, queridos niños, os harán conocer que es- 
tos pobres animales son casi siempre víctimas 
de los servicios que nos hacen» 



(5^ ) 

biografía. 



-...««o»»***-> 



Faustina Maratti^ hija de Carlos Maratti, pin- 
tor célebre, esposa de X B.Zappi, abogado y 
pintor distinguido de Imola. Esta muger fue cé- 
lebre por su talento para la poesía. Sus versos 
impresos en la cpleGcion de los Arcades han si-* 
do también impresos por separado. 

Dona María Isidora Guzman y la Cerda j por 
sus talentos y erudición , merecid que la univer'» 
sidad 4^ Alcalá la confiriese el doctorado con 
dispensa Real. La Academia de historia, la so-* 
ciedad vascongada y la sociedad patriótica de Ma'-» 
drid la contaron entre sus individuos, 

Vitoria Colona , marquesa de Pescara f una de 
las mugeres mas célebres de la Italia. Poseía la 
lengua latina, y escribía en la suya lo mismo en 
verso que en prosa, juntando á estos dones de 
espíritu las mas raras virtudes. Después de la 
rpiuerte de su esposo Francisco de Avalos, mar-« 
ques de Pescara, no quiso aceptar las proposicio-^ 
Bes de Qtros príncipes que solicitaron su mano, 
ocupándose de la historia , literatura, y particu-^ 
larmerite de la poesía italiana. Finalmente , se 
retiró á acabar sus días en un asilo religioso y 
murió ep 154.7» Tua'O relaciones con los hom- 
bres mas célebres de su tiempo que en sus obras 
la han alabado unánimente por sus virtudes, ta^ 
lentos y hermosura/ 




CURIOSIDADES DE NATURALEZA. 



Pérdida del Ródano, Se llama asi la momen- 
tánea y brusca desaparición deteste rio al' lle- 
gar á Seissel, donde se abisma súbitamente, y 
no vuelve á aparecer hasta pasadía una lengua. 
En España él Guadiana ofrece el mismo fenó- 
meno, desapareciendo en terreno arenoso y pan- 
tanoso para volver á salir mas eabiindante. Tam-*» 
bien se verifica en el Eufrates eil Asia , y el rio 
del paso del Norte en el año de 1752 precipito 
toda su masa líquida por una simanuevaráente 
formada, y no volvió á aparecer hasta el pro- 
montorio de San Lázaro. Estos fenómenos son 
fáciles de esplicar. El rití encuentra un banco de 
rocas sólidas, bajo las cuales se estiendeh sus- 
tancias de menos resistencia , y las aguas so^ca- 
yándolas se abren un caminó subterráneo mas ó 



(56) 
menos largo hasta que las rocas han concluido. 

Calzada de los Gigantes, Este es el nombre 
que se da en Irlanda á una columnata de Ba- 
saltos, que ademas de internarse en el mar, se 
prolonga en la cosía por una multitud de pris- 
mas que se elevan gradualmente en forma de 
anfiteatro, presentando á la vista una especie de 
escalera gigantesca , cuyos escalones no puede 
subir pie humano. 

Campos de fuego. Cerca de Bation (Rusia de 
Asia) hay una llanura de una versta cuadrada, 
y de este espacio de terreno sale continuamen- 
te un gas inflamable. Los Guebros adoradores 
del fuego han edificado muchos Atechgohs (asi 
llaman á sus altares), y en uno de ellos han fijado 
un tubo por cuyo orificio superior sale una lla- 
ma mas pura que la del espíritu de vino. De una 
avertura horizontal de la roca salen llamas que 
ofreqen de noche un bello color azulado. 

Fuentes intermitentes. Hay fuentes cuya 
agua sube y baja alternativamente. Es raro que 
estas alterriativas sean perfectaniente regulares 
con relación al tiempo que media entre el ascen- 
so y descenso, ó la abundancia y la escasez. Hay 
muchas de estas fuentes en el reino Lombardo 
Véneto; la de Colmar en los Alpes que se eleva 
ocho veces por hora, una hay en el Cantón de 
Berna de doble intermitencia , una anual, y otra 
periódica. 

El puente de Are. Es un arco de sesenta me- 
tros de ancho, y veinte y cinco á treinta de al-? 



(5;) 

to, taladrado en el espesor de una roca caliza que 
corta transversalmente un delicioso valle del de- 
partamento de Ardeche en Francia. Se ha pre- 
tendido que esta ruptura de la roca , habia sida 
terminada por ]a ^mano del hombre ; pero el he- 
cho es evidentemente inadmisible, pues aun hoy 
dia no se puede pasar el puente sino agarrán- 
dose constantemente á las asperidades que le co- 
ronan , y á pesar de esto desde el tiempo de los 
romanos sirve de paso del Cevennes al Ví- 
varais. 

Roca trémula de Castres. Esta roca forma 
Tina masa de 36o pies cúbicos de forma irregu- 
lar, semejante á un huevo aplanado, y descansan- 
do sobre su estremidad mas aguzada. Su peso se 
cálcala en 600 quintales, y reposa en el borde 
de un gran peñasco situado en el pendiente de 
una colina del departamento de Tarn. Por con- 
siderable que sea esta masa , basta la fuerza de 
un hombre para comunicarla un movimiento de 
vibración que se repite seis ó siete veces de un 
modo sensible. Se pretende que esta roca ha 
servido de altar á la antigua religión de los 
druidas. 

Conchas de la Turena. En Grecia , en Espa- 
ña, Italia y otros muchos paises, casi no se ca- 
mina sobre otra cosa que por bancos de conchas 
y restos de producciones marítimas; pero en nin- 
guna parte se conocen masas tan considerables 
y tan compactas como en los Faluns de Turena. 
Están formados de un banco continuo de con-^ 



(58) 
chas de nueve leguas cuadradas de su{>erficie so^ 
bre yeinte pies al menos de espesor; calculando 
la masa en 170 millones de toesas cubicas. 
• Fuente de Sant-Alíre. Este manantial ferru-^ 
ginoso de Clermont Ferrandr, spnede competir 
por su transpariencia con el cristal más puro , y 
á pesar de eso sus aguas contienen una cantidad 
considerable de carbonato de cal. Por medio de 
una acertada dirección por unos canalillos seha-^ 
een caer las aguas en forma de lluvia fina so-t 
bre nidos de pájaros, racimos de uvas, ramille^ 
tes de flores, raiñas de vejetales animales dise- 
cados u otros objetos , los que van cubriendo de 
un sedimento calcáreo tan fino, que en nada al^ 
tera las formas. La mayor parte de los curiosos, 
al ver los objetos disfrazados de este modo creen 
que iestán petrificados. Este fenómeno de las 
aguas incrustantes d las que depositan sedimen^ 
tos calcáreos en todo lo que tocan es bastante 
fi'ecuente , y se renueva en Tours , Toscana, 
Garlsbad y Guancavelica en América, 

Las menturas de un distraído. 

La distracción entre las personas mayores esi 
resultado de alguna profunda meditación , qué 
absorviendo todo nuestro entendimiento, nos 
impide prestar á las acciones ordinarias de la 
vida la atención suficiente para distinguirlas,, 
entregándose á ellas sin confusión y sin error. 
Otras veces es debida á un vicio que proviene 



.,. (50) . 

dé titia gran movilidad en las ideas, quehacien-- 

do que nos ocjapemo^ de muchas á la vez, las 
tomemos frecuentemente unas por otras. Entre 
Io$ i^iños la distracción proviene de un aturdi- 
miento que los hace incapaces d,e reflexiones. Yo 
he oido decir, y aun he leído, que las personal 
di/straidas son por lo general de mucho talento? 
pero no lo creo. La distracción, aunque no es- 
cluya el entendimiento, está muy lejos de su- 
ponerle. De todos modos, amiguitos, yo voy á 
cpntaros la historia de Tomas Taran vana, el mu- 
chacho mas distraído de todo Madrid, y al que 
iBolo quiero señalar con el mote que le han dado 
ms compañeros y vecinos. Como espero que se 
corregirá , no quiero declarar su apellido de fa^- 
milia, S los que no le conocen, y que se reirian 
de él si le conociesen. Gomienzoí mi historia. 

Tomas Taranvanaes un muchacho bueno y 
rohusto, de diez años de edad, y pertenece á 
una* honrada familia. Su padre exige de él que 
se levante todas las mañanas muy temprano , y 
asi «3i que á las seis en punto va la criada todas 
las mañanas á despertarle, desde la puerta de la 
escalera que conduce á su cuarto le grita : " Se- 
ñor Taranvana,.. Taranvana." -- Ola , he ea-- 
balleroj ¿qué se ofrece? responde Tomas frotán- 
dose Jos ojos.— '*Aqui no hay ningún caballero, 
3oy yo que vengo á decir á V. que se levante que 
ya son las seis en punto.— ¿Quién te lo ha dicho? 
-Nadie mas que el relox.~¿Y cómo está?-¿Quién 
^ rtílox?— No, mi mamá.--- Sin novedad.--- Tanto 



peor. — ¿Tamto peor que vuestra mamá esté bue-^ 
na?— ¡Oh! no, que sean ya las seis y tenga qistó 
levan tarme.—ConcJuido este diálogo la criada ^ 
retira, y Taranvana, olvidando lo que acaba de 
pasar, se queda sentado sobre la cama, y al ver 
las moscas que hay sobre las cortinas de la ca-^ 
ma cree que son manchas de tinta, visto que n& 
se menean, llama á la criada para saber quiénr 
ha manchado de aquel modo sus blancas corti- 
nas. Justina, Justina.— -Señor, responde la cria- 
da. — ¿Quién ha echado, tinta en mis cortinas? 
— ¿Pues que la hay?-— ¿Que si la hay? tres^ 
cuatro, ocho , doce, quince manchas, ven á ver- 
las. — La criada sube y al descorrer las cortinas 
hace volar á las moscas.— Galla, calla, las man- 
chas de tinta vuelan.--Si son moscas. — Es ver- 
dad, tienes razón ; mira aqui una en mi mana» 
izquierda; voy á matarla; y Taranvana se da 
mía gran palmada con la mano derecha, que- 
dándose admirado de que la mosca no haya caí-* 
do con el golpe, porque la mosca es una mancha' 
de tinta. La criada se marcha riyendo como 
una loca, y encargando á Taranvana que íset 
levante pronto, le deja sobre la mesa una taza 
de leche que toma todas las mañanas. En tanta 
que la leche se enfria, Taranvana se viste á 
cree vestirse; pero como está pensando en c^tra 
cosa todo lo hace al reve's : agarra la casaquilla 
en vez del pantalón y mete las piernas por las' 
mangas, y al ver que no pueden entrar esclama 
ámit ado: jCaánto han engordado mis pieraas 



(6i) 

iSesdft ayer que me entraba al pantaloh con tan^ 
la facilidad! Hace esfuerzos de diablo, tira una, 
doíí y tres veces, se pone mas encarnado que 
un pabo, tira con mas fuerza , y al fin la manga 
revienta. Gracias á Dios que ha entrado, dice Ta- 
ranvana, áe ha rasgado, pero sírvame ahora para 
bajar, que luego mamá me dará otro. Ahora 
pongámonos la casaquilla, y agarrando el pan-- 
talon se admiro de que los brazos entrasen tan 
fácilmente. Galla, esclamo, ¡cuánto han dismi- 
nuido mis brazos desde ayer! antes tanto tra- 
bajo para meterlos, y ahora entran como si fue- 
ra en un saco de harina. Vaya, poco me impor- 
ta , con tal que logre vestirme. En esto oyó la 
voz de su padre qne decia: Tomas, Tomas, que 
se va haciendo tarde y no sabes la lección , mira 
que me voy á enfadan — Tomas, qne temia y 
amaba á su padre , se apresuró á vestirse , pero 
con tal precipitación que añadida á su distrac- 
ción natural, aumentaron singularmente la ri- 
diculez de su traje. Se puso una toballa por cor- 
batin, y agarrando el pañuelo del cuello, cre- 
yendo fuese la toballa, empapó una punta en la 
taza de leche y ^e lavó laxara con ella. Hecho 
esto echó mano al orinal que estaba sobre una 
silla, creyendo fuese la taza de leche; pero gra- 
cias que reconoció su error á tiempo oportuno. 
Tomas, Tomas.— Ya bajo papá, al instante voy. 
jAh! Dios mió, ¿dónde está mi gorra? vamos, 
ya la encontré , y agarrando una papalina de su. 
madre se la encaja en la cabeza. Taran vana 
busca sus íMipatillas de piel^ y creyendo ver una 



(63) 
cft el suelo, hace esfuerzos para entrar el pie; 
pero la zapatilla se agita y dice: miau^ irtiüm^ 
TTíz^zM, porque era un gato que le araña las pier^ 
lias y echa á correr. Taran vana siguiéndole lle- 
ga al cuarto de sus padi^éá y entra para ahrazai*^ 
los y darles los buenos di^s;* pero su padre le to^ 
ma en hrázos, y colocándole delante de uñes-* 
pejo le dice:— *'Mira,iníra, y dime el Hoínbre 
de ese aturdido. 

«Es el gato, esclama Taran yánay que úsmé 
el dolor de los arañazos. » 

Después de haberle vestido contenientemen- 
te, ^\y. padre le envió por los libros diciéndolei 
«Vas á estudiar la kccion, y cuando la sepá¿ 
yo te la tomaré.» Pero Taran vana en lugar dé 
traer su libro trajo unaí esfera del gabinete de 
su padre. Al fin trajo las fábulas de Sámaniego, 
y sentándose junto á una mesa, se puso á estu- 
tudiar coiiio un cuarto de hora, durante el cual 
abrió una caja dé obleas, y se las estuvo comien^' 
do una á una, creyendo fuesen pastillas. «Pa-^^ 
pá ya me se la lección. » Vamos á ver , ven<*a 
el libro y empieza amigo mió. Allá voy, respon- 
de Taranvana, pero como está pensando ea 
otra cosa, dice: 

Llevaba en la cabeza.... 

Muy cargado de leña un burro Viejo...- 

Sin duda alguna que se hubiera ahogado..- 

pon las plumas de un pabo..*. 

Un maldito gorrión asi decia.... 

A las once y aun mas de la mañana.... 

Cantando la cigarra..... 



(63) 

¿Qud diablos me cantas tu? eselama el padre* 
arrojando el libro sobre la mesa. Yo no canto, 
papá , ¡ si digo la lección ! Estás pensando en 
otra coáa, Tomas > eres un distraido, saltas de 
un verso de una fábula á otro de otra , eres un 
atolondrado que me darás mucho que sentir» 
Tomas, viendo á su papá enfadado, tomó una 
buena resolución , y recitó un par de fábulas de 
seguida. Su papá le abrazó recomendándole la 
atención, pero esto no podía* durar una hora* 
Cuando la criada fue á avisarle de que habia 
venido el maestro de música, le encontró en el 
jardinito plantando árboles dé un modo muy sin-* 
guiar, las hojas bajo la tierra, y las raices al 
aire libre. Mientras que el maestro busca en el 
libro el trozo de música que corresponde, Ta-* 
ranvana frota las cuerdas del violin con el ar^ 
co, pero .por el lado de la madera, quedándose 
muy admirado de que no resulte sonido ^ y al 
fin hace saltar una de las cuerdas. Remediado es- 
te accidente y buscada la lección del dia , que 
era un bonito rigodón^ dijo el maestro, que le 
acompañaba con su violin. Vamos á ver..... á 
una. Pero Taranvana que es muy dócil tocó el 
uMambrú se fue á la guerra.^\ Luego en el sol-* 
feo equivocó un si por un re y y un sol por un 
mi. Al maestro de música sucedió el de dibujo, 
que le mandó copiase un ojo. Al instante, res- 
pondió Taranvana, y en efecto al instante dibu- 
jó.... un monigote sin ojos, pero con grandes na-* 
rices y pipa en la boca. 



Llega la hora de Gomer , y Taran vana coge 
con el tenedor la sopa muy caldosa, y agarra la 
carne con la cuchara. Por tomar el vaso del 
agua agarra la vinagrera y hace un gesto hor- 
rible al llegarla á los labios. 

Le sirven algunos sesos fritos, y creyendo que 
es cosa de fruta , los agarra y se los guarda en 
el bolsillo. De los espárragos se come lo blanco, 
dejando lo verde, j Pobre Taranvana ! Sus pa- 
dres al pronto serien, pero luego se enfadan, 
y la buena madre llora por tener un hijo tan 

distraido. 

Por la tardé lo llevaron á dar un paseo, pe- 
ro como ya tiene diez años y no necesita que le 
lleven agarrado de la mano, la criada se sentó 
en un banco de piedra dejándole que corretease 
por alli , después de haberle encargado que no 
se alejase mucho. Está bien amigo mío, responde 
Taranvana, reuniéndose á jugar con otros niños, 
pero como está distraido, lo embrolla todo y 
no sabe lo que se hace, si corre, va á dar de 
hocicos contra un árbol, y si juega á la pelota, 
va á dar con ella á los anteojos de un miope , y 
se los rompe. Cuando se despide de sus compa- 
ñeros equivoca los sombreros, y ó bien coge uno 
que se le queda en lo alto de la cabeza, como un 
solideo de cura, ó coge otro que le baja hasta la 
barba Si ya os he dicho que es el muchacho 
mas distraido de todo Madrid. Fatigado de ju- 
gar se enjaga el sudor de la frente con una pun- 
ta del pañuelo de una señora que encuentra á 



t65) , 

SU lado , y al querer sentarse lo ejecuta brusca- 
mente encima de una pobre TÍeja que tenia un 
perrillo sobre las rodillas; la vieja levanta el 
grito , el perrillo ladra y muerde á Taran vana 
que corre como si estuviera loco. 

Ya que se tranquilizó, se quedo parado de- 
lante del estanque, y como el agua estaba tan 
tranquila que parecía un mármol, creyó que es- 
taba travada, y dice: «Ea, voy á correr patines.» 
Y sin mas ni mas se tira sobre el hielo, pero se 
hunde hasta las narices, y de buena ó mala ga- 
ña dá un par de sorbos de (iquella agua salada 
y turbia por haberse^ agitado el fondo , con la 
caida de Taranvana. Este se levantó estupefac- 
to, con los ojos cerrados, y la boca abierta. 
Acudieron su criada y varios curiosos , y saca- 
ron á Taranvana del estanque con los cabellos 
pegados á la frente, y chorreando agua por to- 
das partes que parecía una regadera ambulante. 
Le llevaron á casa por entre una multitud de cu- 
riosos que se reian,y señalándole con el dedo de- 
cían: No se ha visto cabeza mas desorganizada 
que la de ese chico. 

^ Al llegar á casa le desnudaron, enjugaron y 
metieron en la cama, sienapre pensando en otra 
cosa, pues preguntaba por que' hacian aquello. A 
penas se habia metido en la cama , cuando apagó 
la luz y empezó a dar voces. Justina, Justina. 
Acudió la criada diciendo: qué le sucede á V.-Que 
no has puesto almohada en la cama, y que está 
hoy mucho mas chica que ayer. — Vaya, siempre 

5 



(66) 
será algana de las que V- acostiímlra., Sutio 
con una pal matoria en la mano, y encontró á 
Taranvana tendido sobre la cama, sí, pero no 
á lo largo , sino á lo ancho. Se lo hizo ver ri- 
yendo á Taranvana , que contestó. Es verdad, 
por estome sobraban por un lado los pies, y por 
otro la cabeza. En fin Taranvana se durmió , y 
aqui concluye mi historia. 

Buenas noches , señor Taranvana, buenas no^ 
ches, dormid bien y correjios si podéis de vues- 
tra distracción* No tenéis mala índole, señor 
Taranvana, no ciertamente, amáis á vuestros 
padres , respetáis á vuestros maestros , y cuan- 
do encontráis un pobre le dais parte de vuestro 
dinerillo. Esto está bien, señor Taranvana, pero 
si continuáis no prestando atención á lo que ha- 
céis y siendo tan distraído se burlarán de vos 
en el mundo, y seréis harto infeliz/Ahora que 
es tiempo, adoptad el me'todo de preguntaros, 
frecuentemente. ¿Qué es lo que voy á hacer aho- 
ra? ¿Que' es lo que me han mandado ? ¿Deque 
se trata? X remediareis vuestra distracción. Si 
asi lo hacéis , seréis un muchacho recomenda- 
ble; yo os lo aseguro. Buenas noches, dormid 
bien, señor Taran van^a. 




LOS MUCHACHOS DE LA CANDELA 



-..••««^>»*»>« 



Vende candela en el prado^ 
Pa^ en seguida á ratero 
Calzas le ponen de acero 
Y muere al fin garrotado. 

Glosa. 



Hijoí de padre tahúr 

Y de madre cigarrera 

Que anda á oscuras la carrrera 
Para pescar un albur; 
Si un seco y eterno «agur » 
Solo recibe el cuitado 

Y en el mundo abandonado 
Se dejan con sangre fria 
¿Qué ha de hacer? -Yo le diría 
Vende candela en el prado. 

2 

Quien ya con la mecha en mano 
Anda el ochavo pidiendo , 
Mil bastonazos sufriendo 
Del elegante soprano : 
Si su ejercicio villano 



(68) 
Ni honor le dá ni dinero 

Y en este suelo rastrero 
Ninguno vive del viento 

¿Que' hace desnudo y hambriento? 
Pasa en seguida á ratero, 

3 

Un ladrón que ha de brillar 
En el mundo; desde chico 
Debe hurtar el abanico 
Debe el bolsillo asaltar. 
Mas suele á veces andar 
También escondido el cuero 
El alguacil tan severo 

Y la suerte tan mohina; 

Que al revolver de una esquina 
Calzas le ponen de acero. 

Carga con ellas a Oran 
Por mandato de golillas 
Recibiendo en las costillas 
Palos en cambio de pan. 
Si al cabo suelta le dan 
Sin darle un oficio honrado 
¿Que' emprende^ pobre , viciado 
Rústico y duro de chola ? 
Roba, asesina viola 

Y muere al fin garrotado. 



SOBRE LA EDUCACIÓN 

de las mugeres. 



No puede mirarse sin dolor el empeño con 
que algunos padres de familia , conducidos de la 
preocupación mas bárbara y grosera, prohiben 
á sus hijas el estudio de las ciencias humanas, 
con notable perjuicio de ellas mismas ; y lo que 
es mas, de la sociedad civil, que por este co- 
mún abuso ve lastimosamente embrutecida la 
mitad de los miembros que la constituyen. 

En efecto, las tristes mugeres desde su tierna 
edad están condenadas á las sombras de una per- 
petua ignorancia. Hay muchos padres que pal- 
pitan , y aun se llenan de horror al ver que sus 
hijas tienen la capacidad de raciocinar. No es 
esta una exageración , sino una constante ver- 
dad, de que no puede dudarse. Creen ellos ne- 
ciamente , que si se lima en los primeros años 
el entendimiento de las niñas , vendrán á hacer- 
se luego mas libres y joviales de lo que corres- 
ponde á su sexo. Esta errada consideración es la 
causa de que les prohiban el adornar su enten- 
dimiento y perfeccionar su razón : siendo á veces 
tan tiranamente escrupulosos en esta parte , que 
si las oyen usar de alguna bella ocurrencia en 
la conversación, se abrasan de un furor, que 



(7o). 
frecuentemente suele terminar en castigo. Lo 

cual no es otra cosa á la verdad, que estinguir 
las luces de aquellos hermosos injenios en el mis- 
mo instante que empiezan á brillar. Ve aquí 
una distinción crupl inventada por el capricho, 
ó para decirlo mejor , por la preocupación y por 
el error. 

La verdadera ciencia, á nadie puede traerle 
daño : la estupidez y la ignorancia , sL Muchas 
mugeres se pierden por la falta de noticias y de 
conocimientos. No habiendo estudiado el cora- 
zón del hombre , ignoran de consiguiente los 
grados de iniquidad y de malicia de que es sus^ 
ceptible. Este mismo entorpecimiento no les de- 
ja prevenir las asechanzas de los perversos , y 
ellas no conocen el peligro, hasta que ya lo han 
esperimentado. No tienen mas apoyo para resis- 
tir á las invasiones, que la vista y cuidado de 
sus padres. Si este auxilio les falta , se quedan 
como un ciego que ha perdido la guia en medio 
de un camino escabroso. ¡Desgraciada de la que 
llegue á caer! La ignorancia es tenaz en los es- 
travios, y no hay consejos ni persuasiones que 
basten á contenerla. 

El barón sabio oye, combina y elije lo mejor. 
Ama la ciencia porque la conoce; y la conoce 
bien , porque es sabio. El estudio de las ciencias 
ha despejado su talento , ha hecho sensible su 
corazón , y ha civilizado sus costumbres. 

De estos preciosos beneficios carece lastimo- 
samente la muger, porque una preocupación 



(70 

inveterada , le ha prohibido el paso al conoci- 
miento y posesión de las ciencias. 

Cualquiera que observe la educación que se 
da á las jóvenes, las creerá destinadas para compa- 
ñeras de los cafres ó de los hotentotes. El in- 
feliz á quien le toque una muger de esta clase, 
no piense jamás consultar con ella sobre ningu- 
na materia, porque no oirá mas que absurdos 
y desaciertos que le muevan á impaciencia. Ten- 
drá precisamente que apartar de ella sus hijos, 
porque lejos de inspirarles sentimientos subli- 
mes y jenerbsos , guiada de la misma ignoran- 
cia ^con que se crió , llenará sus cerebros de 
estra vagantes ideas , de orgullo y vanidad, , d de 
fábulas ridiculas que los vuelvan tímidos, cobar- 
des y supersticiosos. 

Bien conocieron los griegos y los romanos lo 
que interesaba al Estado la sabia fíducacion de 
tas mugeres, y á este juicioso modo de pensar, 
debieron en gran parte aquellas repúblicas, la 
asombrosa multitud de varones doctos y que tan- 
to ilustraron al mundo con sus escritos. 

El divino Platón, hablando de la necesidad 
de instruir á las mugeres, se produce espresa- 
mente en estos términos: '*Si los hombres fuer- 
tes, robustos valeroso^ y sabios son la porción 
mas noble y preciosa del Estado, las mugeres 
que están igualmente dotadas de las mismas cua- 
lidades , ¿ contribuirán menos á la felicidad del 
propio Estado , siendo como en efecto, son miem- 
bros y vasallos de él, lo mismo que los hom- 



<70 
bres? ¿Que cosa mas útil y ventajosa para este 

Estado , qae poseer en igual número , multitud 
de cscelentes ciudadanos de uno y otro sexo? Ha- 
llándose los talentos distribuidos sin distinción 
entre los hombres y las mugeres, la natural in- 
clinación de los unos á los otros, ¿no conducirá 
á los sabios ciudadanos á buscar para esposas 
discretas ciudadanas? ¿No es asimismo cierto, 
que de igqiales uniones no podrán nacer por lo 
común, sino unos hijos semejantes á ellos, que 
desde que vengan al mundo, traigan consigo el 
germen de todas las virtudes y talentos que for- 
man el carácter de su padre y de su madre?'* 

Nada absolutamente ofrecen estos principios 
que no sea fácil de demostrar con la esperien- 
^ cia , sin mas trabajo que combinar bien los ob- 
jetos. 

Es constante , y asi lo asegura el mismo Pla- 
tón, ''que los niños en la primera edad, á nin- 
guna otra persona oyen con mas atención, amor 
y cuidado que á sus madres ; y que hs palabras 
de estas se reciben con una ciega credulidad por 
aquellos , como si fueran unos oráculos infali- 
bles." Luego si en este oportuno tiempo se ha- 
llasen con bastante capacidad para hablarles de 
todo lo que concierne á la virtud, al valor, á 
las buenas costumbres; si poseyesen aquel talen- 
to y dulce persuasión que se necesitan para in- 
flamar el corazón de un niño, e' inspirarle amor 
al estudio de las ciencias y de las bellas artes, 
¿no seria naturalmente de esperar de estas pri- 



( 73 ) 
mcrasT impresiones los mas felices y ventajosos 
efectos ; sobre todo , cuando la razón ilustrada y 
fortalecida con el socorro de la educación , aca- 
base de demostrar á estos niños la verdad y pro- 
vecho de los primeros principios , que por decír- 
selo asi , habian mamado con la leche de sus 
sabias y discretas madres? Tal sucedería en efec- 
to, luego que su juicio formado ya, los hiciese 
capaces de dicernir por sí mismo lo bello, lo ulil 
y lo honesto. Entonces ellos serian sensibles á 
la vergüenza y menosprecio que se concilla 
una viciosa y reprobada conducta. 

Ve aqui pues , el modo con que las ilustres 
madres de las antiguas naciones que hemos re- 
ferido, formaban vasallos útiles á sus repúbli- 
cas. Mientras que sus esposos se ocupaban en 
el duro y penoso trabajo de la guerra , ellas se 
entretenían en la sabia educación de sus hijos: ce- 
diendo ambas fatigas en bien y felicidad de lapa- 
tria. ¡Que gloria no era para el bello sexo ver mu-* 
chos varones doctos que en todos los trámites de 
sus estudios no habian conocido mas guia , di- 
rector ni maestro que sus mismas madres! iLos 
pueblos se honraban entonces en tributar elo- 
jios y repartir premios proporcionados al escla- 
recido mérito de estas célebres heroínas ; y los 
mas numerosos concursos eran testigos de su 
injenio en las academias y certámenes públicos. 
En este lisonjero instante , siento ocupada 
dulcemente mi memoria con el vasto catálo- 
go de las sabias y esclarecidas mugcres de la 



atilígííedad. Célebre Mirtila , tu que tuviste la 
gloria de haber formado con tus lecciones á Pín-^ 
daro y el mas grande de los Poetas Líricos de la 
Grecia: incomparable Lorina, tu que ganaste á 
éste mismo cinco veces la corona en publica 
competencia , y que por la suavidad de tus ver- 
sos, mereciste que tus doctos compatriotas te 
áiesen el nombre de Musa Lírica , y te erijíeseii 
estatua: sabia y esclarecida Sapho, honor de 
Mitilene ^ tú que no solo igualaste , sino que es- 
cediste á muchos de los mejores poetas de tu 
tiempo; que veías tu casa llena de hombres emí- 
íMíUtes que venían á consultarte sus obras , y de 
mugeres ilustres, (i) que diariamente llegaban 
3e Mileto,^ Colophon , Salamina , Lesbos , la Lo- 
erída, y demás partes de la Grecia á oír tuá 
lecciones y preceptos; y vosotras ornato y em-^ 
beleso de Roma , célebres Cornelias y Porcias, 
Octavias y Sulpicias, salid del triste sepulcro en 
que lastimosamente yacéis ^ y venid á instruir, 
o avergonzar á las frivolas é ignorantes dama^s 
de nuestro tiempo; venid, y veréis a aquellas 
fiaugeres á quienes sus padres prohibieron el es- 
tudio de las ciencias humanas por el necio te- 
mor de que se pervirtiesen con ellas, consumir 
lo mas precioso de su vida en el sutil estudio del 
tocador, de la baraja y del cortejo. ¡Tal ha sido 



(í) Entre las escelentes díscípulas de Síipba^ buba una tal 
Erinna, de un talento tan elevado para la poesía Lírica, que 
^0 obstante de baber muerto de diez y nueve años, liego á 
igualar en esté jénero de composición á su misma maestra. 



X75) 

d fruto de su grosera y bárbara educación! 

Ojalá que esta fatal esperiencia que á todos 
da en los ojos, abra finalmente los de algunos 
padres de familia, convenciéndoles del siniestro 
error con que hasta aqui se han conducido en 
la crianza de sus hijas; y que ya que no las 
permitan el estudio de ciencias mas sublimes, 
procuren á lo menos que se instruyan en hablar 
bien el castellano, y en escribirlo con pureza y 
buena ortografiar que aprendan las primeras re^ 
glas de aritmética: que entren en el conocimien- 
to de la historia y geografía: que lean los mejo- 
res libros de moral , de filosofia y de poesia : que 
tomen algunos preceptos de economia domésti-» 
ca: que se ejerciten en la música vocal é ins-» 
trumental; y que se apliquen á ratos, como por 
jénero de diversión, al arte del dibujó, <^ue les 
servirá de grande ausilio para perfeccionar el 
bordado. 

La constante aplicación á estas materias, y 
los documentos verbales de las doctas personas 
que deben dirijir su educación, las distraerán 
precisamente de la vida ignorante y disipada 
que hoy tienen, haciéndolas concebir un enorme 
aborrecimiento á las íruslerias, bagatelas y pue^ 
rilidades que degradan su mérito , y pensar en 
todo con el decoro , solidez y elevación que cor- 
responden á una alma racional bien cultivada. 

Ve aqui el verdadero rumbo que debe seguir- 
se para hacer á las mugeres casi tan útiles al 
Estado como los mismos hombres; á quienes 



ellas , según la esperiencia lo tiene acredítaáo^ 
no ceden ni en las luces , ni en la capacidad que 
necesitan para el logro y posesión de las ciencias 
y conocimientos mas profundos. 



Paralelo de la sabiduría y de la hermosura. 

Dos deidades han dividido siempre entre sí 
los homenages de los mortales. En otro tiempo 
se les incensaba bajo el nombre de Apolo y Ve- 
nus: ahora se les adora bajo el de sabiduria 
y hermosura. Aunque parecen diferentes sus 
atributos, sus perfecciones no brillan con todo 
su esplendor, sino cuando están reunidas en 
un mismo objeto. Se representaba á Apolo 
joven y hermoso como el amor, á Venus se le 
atribuía tanto entendimiento como á Minerva. 
El orgullo daña tanto al entendimiento como á 
la belleza. 

Apolo se presentó á Daphne alabando sus 
propias cualidades, y no pudo hacerla sensible á 
su amor. Juno y Minerva, aunque igualmente 
hermosas que Venus , perdieron el precio por 
s\x seriedad. Su rival tenia un aire mas hermoso 
y sensible: el pastor Paris la dio el premio. So- 
lo la sabiduria puede pintar bien la hermosura; 
y solo la hermosura puede inspirar bien la sa- 
biduria. Sin los inmortales versos de Homero, 
ignoraríamos que el encanto de Venus consistía 
en su maravilloso ceñidor. Sin las gracias y el 



atractivo de Della, Tibulo no huliiera compuesta 
sus Elegías, dignas de servir de modelo á todos 
ios poetas que quieran pintar los tiernos y ar- 
dientes sentimientos de un amante. 
< Lo^ celos persiguen igualmente á la sabiduría 
y á la hermosura; pero la hermosura triunfa 
con solo presentarse, y la presencia de la sabi- 
duría sirve por el contrario para aumentar los 
celos. Psiquis, cuya belleza habia seducido al 
amor , desarmó con su dulzura la cólera de Ve- 
nus, que estaba celosa de ella. Osiris , que habia 
enseñado á los hombres la agricultura, la mas 
útil de todas las artes, fue oprimida por las per^- 
^ecociones del celoso Typhon, y no tuvo los ho- 
nores que merecía hasta después de su muerte. 
El poder de la hermosura.es mas pronto; el de 
sabiduría mas durare. ¿Qu¿n no querría ver 
á Europa , cuya hermosura cautivaba todos los 
corazones, robada en las costas de Fenicia? Pe- 
ro siempre disfrutará el placer de leer á Ana- 
creonte, el poeta mas amable. Son innumerables 
los metamorfosis de Apolo y Venus. En otro 
tiempo se vio á este Dios aparecer bajo la figura 
de Homero, de Píndaro , de Virgilio y de Ho- 
racio. En siglos mas cercanos tomó sucesiva- 
mente la de Tasso, Áriosto, CorneíUe, Racine, 
Garcilaso, Herrera, Quevedo, Fr. Luís de 
León , y los Argensolas. Venus ha tenido tam- 
bién diferentes metamorfosis, antiguamente se 
presentó bajo la figura de Cleopatra y de Bere- 
nice: y en tiempos modernos bajo de muchas 



(78) 
Otras que cada naícion celebra. La iniaiorialidád 
que alcanzan la sabiduría y la hermosura, debe 
tener por base la virtud. ¡Cuántos males causó 
lahermosura.de Elena ! ¡ Cuántos daños la pro-* 
dujo á ella misma! Se vid despreciada después 
del incendio de Troya, y fue causa de su ruina. 
Los titanes enancharon su brillante reputación^ 
declarando la guerra á Júpiter Tonante que los 
abrasó con sus rayos. Las gracias gustan de 
acompañar á la sabiduria y á la hermosuras 
ellas inspiraron á la Fontairie suíá fébulas, que 
se tienen por ininiitables. ¡O vosotros á quienes 
la naturaleza se ha dignado conceder el don de 
la sabiduria, y que podéis aspirar á la inmor^ 
talidad de que goza la Fontainej no os separéis 
nunca de las gracias, y alcanzareis como él los 
aplausos de todos los mortiiles. 




HISTORIA NATURAL. 

La Zebra- 



Jif 



3te animal es tal vez el de mejores formas y 
^1 mas bien vestido de todos los cuadrúpedos; 
tíene la figura y las gracias del caballo^ y la li- 
gereza del cuervOvLa hermosura de su esterior 
e$ tp^avia' mas realzada por el brillo de su piel 
y^e por las bandas dispuestas tan regularmente 
en todas las partes de su cuerpo. La cabeza es 
fuerte, las orejas semejantes á las de la muía, el 
cuerpo carnoso, redondo y bien formado, la;^ 
piernas finas y delicadas, y la cola proporcior 
pada- j 

En el macho las rayas son parduscas, sobre 
un fondo amarillo brillante; y en la hembra son 
pegras sobre fondo azul Las Cjcbras habitan en 
las ix)inarcas meridionales del África ^ donde su;5 
vastos rebaños recrean al viajero y f-siendo el 
adorno de aquellas soledades por la h|ermosura 
de su piel. Es tal su desconfianza natural , qu^ 
1^ permiten que nadie se les acerque; y todos 
los esfuerzos hechos hasta el dia para domesticáis 
4 este animal y hacerle wtil al hombre han sidg 



(8o) 

infructuosos. Feraz, é inclinado á la indepen- 
dencia > no parece destinado á sufrir la esclavi- 
tud. Sin embargo , cuando son cogidas jóvenes, 
teniendo un cuidado particular de su educación, 
se conseguiria, sin duda alguna , vencer su anti- 
patía á la esclavitud. La que hay en la casa de 
fieras del retiro, hace poco dudosa esta posibi- 
lidad, en apoyo déla cual se pueden citar los 
hechos siguientes. 

Una hermosa Cebra que se enseñaba en' él 
Liceo de Londres, era tan mansa que se veia 
algunas veces al guarda montar chicos en ella, 
sin que se incomodase ni procurase desembara- 
zarse de ellos. Cierto dia uii sugeto fue á caballo 
en ella desde el Liceo hasta Pimlico. Está dóci-' 
lidad estraordinaria én un animal náturalnienté 
"vicioso, se ésplica fácilmente al saber que habia 
nacido en Portugal de padres domesticados. Esta 
Cebra que habia costado 3oo guineas, fué que- 
mada viva, por haberse prendido fuego en su 
establo. También habia en la torre de Londres 
tina Cebra hembra que permitia algún tiempo 
al guarda estar a caballo en ella; pero al instante 
se manifestaba quisquillosa y el guarda tema 
que apearse antes de escitar su irritabilidad, 
porque era muy difícil de gobernar, y tiraba co- 
ces en todas direcciones y á grande disíariéia. 
Los estrtójéros no podian acercarse sin li^i pe- 
ligro inminente. Un diá asió de la ropa X ^ii 
conductor, le arrojó al suelo, y si no hubiers^ 
estado pronto á levantarsie y ccW á corf-ef) te 



(8i) 
hubiera golpeado sin duda alguna. Esta Cebra 
murió en el mes de julio de i8o5. 

El alimento ordinario de las Cebras es el he- 
no. Su voz es de tan singular naturaleza que no 
puede describirse con precisión. El célebre via- 
gero LeVaillant la compara al ruido <jue hacen 
las piedras arrojadas fuertemente contra el hielo. 
Este cuadrúpedo deja oir su voz con mas frecuen- 
cia cuando está con otros animales de su especie 

liOS SORDO-MUDOS EN EUROPA. 

He aqui según Mr, Eduqrdo Skamalz de Dresde 
el cuadro de los Sardo-mudos existentes «/i 
Europa. 

Países. Población total. Sordo-mudo? 



Francia. ..... 82000000 . , . . . 20800 

Gran Bretaña. . . 21000000 i365o 

España 1 1 000000 7 1 5o 

Portugal Soooooo igSo 

.Italia. 20000000 ..... iSooo 

Suiza •. . 2000000 4ooo 

Alemania. .... -4ioooooo BiGSt 

Hungria c^l^l^l^ooo 6i3g 

Paises Bajos. . . . 6600000 3goo 

Dinamarca 1800000 1260 

Suecia y Noruega. 38ooooo 24.70 

Polonia 5700050 24.05 

Rvisia de Europa, i^l^ix^ooo' 28667 

6 



Comparando asi el náinero de Sordo-mudos 
de un pais al de la población total , se halla un 
resultado equivalente en todas partes con corta 
diferencia. Asi en Francia, Inglaterra, España, 
Portugal, Italia, Huhgria,Paises Bajos, Suecia 
y Noruega , Polonia y Rusia de Europa, se ha- 
lla igualmente un sordo-mudo por cada iSSg 
habitantes: en Dinamarca hay uno por 1420: en 
Alemania i por 1 897 : en Suiza i por 5oo. 

Pero si no existe una gran diferencia en el 
numero de sordo-mudos de Europa, no sucede 
lo mismo con el cuidado de su educación, por- 
gue hay para estos infelices 4^ colegios en la 
Confederación germánica: 26 en Francia: 11 en 
Inglaterra : 5 en Suiza, se cuentan á penas uno 
ó dos en los otros paises. Asi es que no hay mas 
que 2 en Rusia, siendo asi que existen 28000 
sordo -mudos. 

Continua la Blografia de los ciegos célebres en las 

artes. . 

José Pedro Carlos Anastassi , natural de Ro- 
ma, pintor de historia, uno dé los colaboradores 
de la gran colección de pinturas, bajos relieves 
y estatuas del museo, dirijida por Visconti, que 
compuso el catálogo. De resultas de una emiplc- 
gia se quedó ciego á los treinta y dos años de 
edad , dedicándose tanto al estudio de la mecá- 
nica, que por medio del tacto consiguió hacer 
dé relieve modelos de fortificaciones , tan regu- 



(83) 

lares como las del depósito de guerra de los in- 
válidos de Paris. Presentó á la sociedad de ííh- 
mentó de la industria nacional , y á la academia 
real de ciencias dos modelos de baños de va- 
por, seco y húmedo de un mecanismo iimy in- 
genioso. Estos baños se reconocieron tan supe- 
riores á los propuestos hasta el dia, que al ins- 
tante se empezaron á usar en el hospital de san 
Luis y en otros establecimientos públicos de 
Paris. Anastassi es pensionista de los quince 
veintes. 

Chauvety ciego de nacimiento, ha sido, du- 
rante muchos años, organista de Notre Dame 
de Paris. Su mérito hacia que le buscasen los 
aficionados la buena música. 

La señorita Paradis de Viena en Austria per- 
dió la vista de resultas de una apoplegia que !a 
sobrevino á los dos años de edad. Esta célebre 
cantarina hizo las delicias de un concierto en 
Paris año de 1784. Tenia tal talento para la 
composición , que inventó un medio de escribir 
por sí misma lo que componía, figurando los so- 
nidos. Empezó trazándolos en cartas picadas con 
agujas; pero reconocido infructuoso este primer 
ensayo, le ocurrió otro método, que sentimos 
mucho no conocer, porque era infalible y de fá- 
cil ejecución. 

Carulhi^ ciego de nacimiento, era muy céle- 
bre músico y organista de la colegiata de Nantes; 
notaba rápidamente la música por medio de un 
cilindra coa clavillos con una cabeza mas ó me- 



líos gruesa, colocados lo mismo que en los ci4 
lindros de las gaitas de Barbarie, padiendo im-^ 
primir la mdsica por sí mismo. Su método ha 
sido comunicado y descrito por el caballero de 
Vaudey, uno de sus mas distinguidos discípulos: 
Car ulhi murió en Nantes en 1789, en al mo-^ 
mentó en que iba á publicar un tratado de com^ 
posición. 

Un ciego de Gioef, celebre compositor, fue el 
primer maestro de música de MekuL^ste ciego 
desarrollo en pocos anos un ingenio, cuya pe'r- 
dida lloraremos por mucho tiempo , y puso á 
su discípulo, de doce anos de edad en estado de 
ser organista titular de la abadia de Valle Dieu, 
después de haberlo sido , durante dos años , del 
convento de recoletos de Givet. El sensible au- 
tor de Stratonice siempre hablaba con ternura 
de su buen maestro ciego. 

Entre los objetos curiosos del museo de Co- 
penhague se encuentran medallas acunadas por 
ciegos, y un sobervio bufete de ébano y marfil 
por un artista ciego de Noruega. • 

r Pocos años antes de la revolución se veía jun- 
to al pasadizo de los Feuillants de Paris, uu 
pobre ciego escultor en madera, con la que ha- 
cia unas figuritas por el estilo de las que vieneu 
de Suiza y Alemania. Pero sus obras predilec- 
tas eran de todas clases , de los que tenia llena 
la cabana. Estas mudas invitaciones á la genero- 
sidad pública, le eran útiles sin duda; porque 
muchos curioso3 que continuamente rodeaban 



(85) 
la caBaffa, ponían frecuentes ofrendas en los ees-' 
tiüos cuyo destino no era equívoco para nadie. 

En Italia se encuentran muchos ciegos que 
ofrecen á los viajeros lindas cestitas que hacen 
con paja de arroz, y rosarios de huesos de cere- 
za bonitamente trabajador. Hay de esta clase 
de ciegos en casi todas las villas; y los Cicerone, 
encargados de llevar á los estranjeros á recorrer 
todas las curiosidades, nunca dejan de llevarlos 
á ver al ciego del lugar (i). 

Mr. Guillié ha visto en París un obrador de 
costureras ciegas que hacian vestidos y otras 
obras de tela, dirijidas por una maestra de vista. 
En las efemérides de los curiosos de la naturale- 
za se encuentra la historia de un ciego de 
Wirtzbourg en Franconia , que enebraba per- 
fectamente una aguja; y la de otro ciego de 
Halberstad, llamado Lineman, que entre otras 
habilidades enebraba una aguja con mucha des- 
treza (2). 



(1) En las cercanías del Habré hay un pastor llamado Bru- 
Tiel, ciego de nacimiento, que mientras guarda las ovejas hila y 
hace calceta. 

Muchos viajeros han visto en Turinuna fondista que de re- 
sultas de unas viruelas se quedó ciega á los once años, y que 
hacia tan perfectamente los honores de la mesa , que muchas 
personas han comido con ella sin notar que estaba ciega, tanta 
era la facilidad con que servia á sus huéspedes. 

(2) Halsberstadii coecum quemdam fuisse Joannem Line^ 
man dlctum, qui peritus tam organis musicis rite utendi, 
quam conííciehdi, et quod praeterea admiratione non caret, 
lila íoraiiiuii acus curioi»e uou secu§ ac si cerneret iosererc no» 
víreiertur. 



MOSAICO. 



Sagacidad de un gato. TJn sabio puso bajo 
la campana de la máquina neumática á un ga- 
to para demostrar que el aire es necesario á la 
irida. El sabio habia dado ya algunos golpes de 
pistón para estraer el aire , cuando el animal 
que em.pezaba á sentir alguna incomodidad, 
adivinó la causa de ella. Entonces puso la pa- 
ta sobre el orificio por donde se escapaba el aire, 
siendo inútiles todos los esfuerzos que sé hacian 
para sacar el aire, porque el gato con su pata im- 
pedia el efecto, y siempre que el sabio volvia á 
empezar su maniobra el gato aplicaba su pa- 
ta al agujero con grande admiración de los es- 
pectadores. En fin dieron libertad al gato y pu- 
sieron otro en su lugar, que no siendo tan sagaz 
dio lugar á la fatal esperiencia. 



En la discusión aquel qae tiene razón se 
condena voluntariamente al silencio mientras 
que el que no la tiene procura hablar el últi- 
mo. Es un combate en que el vencido se cree 
dueño del campo de batalla porque queda en él. 



(8;) 

Habiendo caido un rayo en el camino de 
hierro de Nencastle en Inglaterra siguió los car- 
riles de metal , derribando dos viajeros y ma- 
tando á un obrero que componia el carril , que 
fue encontrado mutilado horriblemente. 



El esperar una desgracia es mas penoso que 
ella misma, porque todavía no podemos conso- 
larnos. 



Brindis de los chinos Los convidados se co^ 
locan en medio de la pieza con sus copas, y an- 
tes de llevarlas á la boca las bajan casi hasta 
tocar con el suelo. Esto se repite subiendo y ba- 
jando hasta seis ó nueve veces, al cabo de las 
cuales apuran las copas y las vuelven boca aba- 
jo , todos á una para demostrar que no ha que- 
dado gota. 



Seria fácil conocer nuestros defectos porque 
regularmente hablando, son los que mas pronto 
reconocemos en los demás. 



Se ha visto en Calcuta un ejemplar del Co- 
ran de una dimensión monstruosa, las letras 
tienen tres pulgadas de largo, el libro un pie de 
ancho, y cuatro de largo. La cubierta es de ma- 



(88-) 
Hera , y lo llevaban en un camello cubierto C(hI 
una gualdrapa de escarlata. 



Volver bien por mal es un cálculo en el que 
siempre se gana, porque se olvida el mal recibi- 
do para recordar el bien que se hace. 



Observaciones microscópicas han hecho ver 
que en lo interior de una ostra hay una multitud 
de vivientes, respecto de los cuales la ostra es un 
coloso. En el líquido nadan una porción de em- 
briones trasparentes que despiden una luz fos- 
fórica , y que aunque se reuniesen ciento y vein- 
te no cubrirían la superficie de una pulgada. 



Retribuid el bien que os hagan, y seréis honr 
vados. 

Haced bien sin esperar retribución , y seréis 
virtuosos. 

Tened en la sociedad una atención servicial 
para con todos, y seréis bien criados. 

Y por ultimo, reunid estas tres cosas, y seréis 
completos. 

La moda arruina á los fabricantes, sumergef 
en la miseria al obrero y empobre ce al estado; 
el consumo que ocasiona en impro ductivo. 




EFEMÉRIDES, 

ENERO. 

linero en latín Januariusy trae su. nombre de 
Jano el rey mas antiguo de Italia cuya me- 
moria se conserva. La tradición coloca su reina- 
do ciento cincuenta anos antes de la llegada de 
Eneas á este pais, y cerca de cuatrocientos años 
antes de nuestra era* Jano después de jsu muer- 
te fue colocada en el rango de los dioses, y la 
forma en que le representan nos indican el gé- 
nero de mérito que le hizo subir al Olimpo. Su 
doble rostro indica que conoce lo pasado, y pre-- 
vee el porvenir. Se atribuyen á Jano muchas 
cosas útiles entre ellas la;in vención de las puer-^ 
tas llamadas en IdXin janua de sui nombre, y por 



(9^) 
esto le veneran con unas llaves en la mano. Al- 
gunos autores han creído ver en Jano al sol due- 
ño de las puertas del cielo, que abre por la ma- 
ñana y cierra por la noche, y le dan no dos si- 
no cuatro caras á causa de las cuatro partes del 
mundo que recorre , y de las cuatro estaciones 
á que preside. 

En la astronomía moderna Enero es el 
mes próximo al isolsticio de invierno que se fija 
en 2 1 de Diciembre , época en que el sol baja 
mas , alejándose del ecuador cerca de veinte y 
tres grados y rhéáio; César conformándose á un 
uso antiguo, colocó el principio del año en el 
solsticio del invierno, queriendo que su reforma 
coincidiese con una luna nueva como el año 4-5 
antes de nuestra étá qué fué él primero de la 
era de Julio Cesar. La luna llena venia ochodias 
después, y de aqui la costumbre de comenzar eV 
aík) no en el solstiéio, sino obh($ días después. 
No siempre há principiado el añd por Enero ^ á 
veces prineipialm p6r Navidad por marxó ó por 
el sábado santb^ después de la bendición del 
cirio paáciiál 

Dia 2 ds Entro deií{¡Q2^ los reyes católicos 
don Fenaarido y doña Isabel se apoderaron del 
úhinio baluarte que habia quedado á les moros 
en España fcíi la famosa Granada. Los mofos 
habijendo roto la tregua que teniari cdft el rey 
católico, dieron justo nlotivo á que este convir- 
tiese sus armas contra ellos como lo estaban de- 
seando. Apoderóse primero dd los pueblos co- 



llftítfMflfisfyfitiáltneifite puso sitio i la éi«dáÁ 
Esta hubiera resistido largo tiempo si l¿s :fiio-^ 
ros hubieran apurado todos sus medios de defen- 
sa; pero fatigados cotí partido» y divididos^ ^tré 
el rey chiquito Boabdil y su padre Muley Jia-i 
Cén, dieron lugar á que los guerreros oristiánoá^ 
colocasen su estandarte síobfe la Alhatnbra y 
Boabdil^ y los suyos saliesen bajo capitulación y» 
pasasen desterrados al África, de donde habiaif 
venido sus abuelos áinvadií^ nuestra petíínsüla.^^ 

EL MANIQUÍ. 

Era ütia itiáSatía de uno de aquellos^dias deP 
ínvieriA) en que á pesar dé que el frío se hace 
mentir con rigor, el sol viene á herir con sus^ 
rayos los tejados y éhittieñeás cubiertos?dé hi0lo4 
Ya hacia tiempo que cii^cülabán muchas párso¿-t 
«as por las calles de Dublín, y alganos^ftiübha*^ 
chos corrían patinéis cójA pie atrevidqr soiítíe?í>te 
lustrosa y Iravada superficie de los arr^iycfigf^^a^^ 
lados. Por todas partes se notaba la ágít^ciOti> 
que reina en las grandes ciudades, todt>estlíblíí 
animado, sólo la iiK)licie no había dejado- ^^illl' 
las blandías plumas. í^kÍ oh 'jr/^ 

Eii uíta pieza eliegántémétíte amuetóaddf tffft í 
j6veii cubierta coíi titi peinador de batista^ flok yí 
bordada, (esperaba pacientemente qüfe sti donce-^ 
lia acabase de trenzar su largo cabellos Asi que- 
eista operación fue concluida, pasó á sentarse fen! 
un sofá para continuar su tarea de bordkl^i^ 



(9-) 

Éa j^b manejada por sas dedos bacia aparecer 

sobre el bastidor frescas y brillantes flores , que' 
se linian, se maltiplicaban igualando con Sa bri- 
llo y sus colores á las mas lozanas de nuestros 
jardinesl Mientras formaba margaritas y rosas, 
$e vino á la imaginación de la joven señora el 
bailcijle ,1a víspera, y todavía le parecia tener 
ante sus ojos aquellas numerosas arañas, que se 
reflejaban en los espaciosos espejos, las joyas de 
brillantes que lanzaban sus destellos sobre la^ 
graciosas cabezas de aquellas jóvenes ladis ó á 
quienes sin embargó ha tenido la gloria de eclip- 
sar. Mas de improviso una idea sombría borró 
estas risueñas imágenes , porque se acordó de sus 
hijos, aquéllas pobres criaturas que no ha podi- 
do conservar mas que hasta los . dos años,, y se 
preguntaba la causa de esta pérdida, de esta 
languidez que 'minaba sordamente su existencia, 
sietídoiasiquelos habiá confiado al celo de una 
^ódripiác vigilante, ája que por premio de sus 
fatigas^. eonser vaha en la casa. Todavia la queda 
un hijo' y se estremece al pensar que su fin está 
ilMJy; próximo... Ya los, colores de la salud se 
ill%s^hi|a|i,en su rostro, ya.,., pero la aguja se 
cae de las manos de la joven, las lágrimas se 
IlOTtabieiíiíbCamino por entre sus largos y ne- 
gros párpaidos , y hubiera permanecido mucho 
tiempo en esta profunda actitud sino hubiera 
sentido dos bracitos qne rodeaban su blanco y 
gracioso cuello. Levantó la cabeza y vio cerca 
de sí ala nodriza que tenia en brazos al niño; 



, #) _ 

lá madrele estrechó conlwi sil iorazo» 9 imprí^ 
miieiido mucíhos besds ra la'fréiile y cabello» tó 
amable niño qae se sonriía.» Comtemplaba tó 
rostro eti otro tiempo- tati alegre y encarttado 
ahora tan triste y pálido, sus fatigados párpadol 
q[ue ise cerraban porqae sas ¿jos no podíaiaAole- 
rar la claridad del dia. Ladí Omevil \ázó sfcSa S 
la nodriza para que lalie^, y se quedó sola con 
su querido Echvard de quienno apartaba los^ 
éjós; bañándole con sus lágriiñas y cubrie'ildole 
áé besos. Ya le cantaba tina alegré IcKkhzoneta^ 

Írarizabásusitublos cabellos, complaciéndose eH 
lámafle con lostwanbresí iiia|5 afnorososqvylador- 
nándote con sits^^femantes 'qu¿ triáa^m estaban 
sobre el tocador. Bien pronto otran Vez s^^eiñá á 
la suya para prodigar^ nuevas caricialsíil hiao. 
**Que interesante sais querida ;W 'dijo su 
maridOy y • '<?uánt# me coifiplaEco ?ál «^^os tan 
Ocupada de líuestro ííidWard! abora me parecéis 
mas bella que con esos brillíin tes adornos. ¡Cuán^ 
tb daría yo por Mber conservado el '■ niño y la 
niña que se nos han rnuei^to ! ahora vendrian con 
su hermanito enlazados sus brazitos á> rodearos 
como una guirnalda de' flores.'* 'Laáy Qmévil 
suspiro; y quitando los , cóllaíres y brarfelot^ .don 
que habiia adornado ai tíiñó , se los dejáien \^s 
manos como unos juguetes, que isacrificária de 
buena gana para volver > la soprisá á sub 'labios j 
y la vivacidad á sus ojos. 

Pocoís' dias después de esia escena , Lady Ome^ 
yil fue convidada á un brillante concitjjítxi qa(? 



séMhk en casa del iQrd Cb^ígl#or. Al salir de 
id casa, se llego a ella íin criado y la 4ij<^; Mi- 
lady;,'.si volvéis est% noche aiites de? la hora 
acostumbrada, veréis lo que causa la muerte de 
ToestraSi hijos, » 

! Asuntada vBO hizo mas que presjeí3itarse en. 
él c0«ciróo, y con fisonomía triste é inquietas 
miradas , escuchaba la nmsica melodiosa eon 
Biia indiíerencia, que indicaba algún pesar 
oculto que la oprimia.Ijady Omevil pensaba en 
^u queridd hijo Edward que sucumbid innmú 
descondcido como una planta rolda por Un gu- 
saaao devprador, y quwiendo tírlarar cuanto mas 
antes el sentido de las palabtó; del criado, uq 
eran todavía las once de la noche y ya atravesar 
há rápidamente en su coche lá$ calles de JC)ubIin, 
AlllegarásuícasaliadyOmevil^e precipito 
al cuarto de su hiJQ,?abrieitido lent^i^eíite 1^ 
puerta para nn despérifcarié. El terrear m appderá, 
de su. alma á vista: láeH aquel aposento solitario, 
alumbrado por la pálida luz de una lámpara que 
producia sombras vacilantes y fanáticasen las 
Colgaduras de la ventana, ,No pudienda mederai: 
áu impaciencia, corrió vivamente la cortina que 
cubría el lecho de su hijo» Este nb dormía í sus 
ojos estaban fijos y desencajados, w rostro est^-^- 
ba pálido y un sudor frió le corría por la freii- 
te. Le habla sin que escuche, le pone la mano 
sobre el corazón y le parece qué no. palpita, 1^ 
toma en sus brazos befándole y acariciándole, 
pero na Jíace nipgíia mováípienti?,, ©a,d% i^xi so-^ 



rece claví|4a 4 h típ^^a ; epffl 3ig»i^ lít ¿iuec€i<|i| 
de los ojos del pi$o q^ipskflíipFc esjilfeaij^jfijff f|i 
i|p misffifl^ panto I y al pjip 4p fa f af^jl Y<í Ur^ ]biopv 
rible maniquí eij^ ggijr^ 4p u» i}[ipíl$jrf^o ^ofláljlp 
^e murqíelagOjr l^mfmif ^ pWyQ» W^ YWí^es é 
iq^aiuad^s, y iftirada^ ^arriWe^ y a«íi#«^^a^ 
l^as eo ^cütgd de caef sobre el niño y j^^i^fj^ 

Al W^rpo^ tiempo 1^ iftjer 4* j^. íJ>ffl y.ftfp 
muger con el fdb snelu^ f:ap á, 1q^ pjip;!^ 4^ l^ff 
Ope^U gf it^ndow 'f I jP^rdoi? {. ¡ p^f^ml ft^Jí wa / 
púserable priatofa; yo I^jb si4^;}a p%n«^ 4(8i feí 
JWiePte de yn.e^ti^íOs hijqy^ ; p )e§ Jje y#f í^^ gill|i 
^ gota 4 yenepo qne íj# fafnia^Q ^sq. ^wkí^^^ 
yo he inv^t^dq» e^e inf/epii^l i|*api/pt p^f ^ ojilir 
garlos al silencio, diciéndoles: Si gritáis el dia- 
blo 05 llevará, si habláis os devorará, y todo á 
^n de emplear pn el dp^órden Ja^ IxQWf gup 4^- 
Ibia pasar al lado de ios niños durante vmestr'a 
ausencia. ¡ Ah! yo ignoraba al pronto el mal que 
les hacia; pero después encenagada en el vicio, 
no me ha sido posible contenerme. ¡Oh Dios 
mió, Dios mió, perdonadme que soy muy cri- 
minal ! y la infeliz se arrastraba por el suelo 
arrancándose los cabellos, mientras que la pobre 
madre cayó casi moribunda sobre el lecho de su 
hijo. 

«Levantaos dijo al fin á aquella miserable; 



(96) 

Vos no sois aquila jsola cálpada; yo había olvi- 
dado que el deber de una madre es velar sobré 
•^sué hijos, y no confiarlos á manos de mercena- 
rias ; este deber yó*e cumpliré de ahora en ade- 
lante con mas exactitudlpffánana saldréis de ca- 
sa abandonada á vuestros remordimientos que 
serán para vos el mas horrible de los suplicios/* 

Déápues , habiendo hecho encender el fuego 
que casi se apagaba en la chimenea, quemo eí 
^maniquí á vista de su Edward, al que reanimo 
á fuerza de besos y dulces palabras. ¡O Dios 
Hiio ! esclamaba vertiendo abundantes lágrimas, 
¡conservádmele y viviré solo para él! 

Jovencitas destinadas á cumplir una noble 
-misión en la tierra, yo deseo que esta historia 
hiera vivamente vuestra imaginación, y gravé 
en vuestros corazones con caracteres indelebles, 
que la providencia de un niño e^ su madre (i^ 



( 1 ) Este hecho ha sucedido hace algunos años en Irlanda: 
los nombres $on los únicos <[ue se han cambisido» 




RELIGIÓN. 

Influencia del cristianismo en la civilización. ' 



—♦••««♦>»»»»— 



-Cuando se considera el estado de las costutn-^ 
tres die los antiguos, de los griegos y los rorná- 
líos tan elogiadas en los colegios y por un gran 
número de publicistas del últinio siglo ; cuando 
se examinan de cerca las relaciones que existen 
entre los pueblos y las diferentes^ clases de un 
mismo pueblo , no se putedeii admirar como es 
debido las profundas y felices modificaciones qué 
el cristianismo ha introducido en un estado de 
cosas complétaínen te retrogado. Algunos puntos 
de comparación entre la época que ha precedi-^ 
do y la qüfe ha seguido al cristianismo, basta* 
rán para hacer conocer la ventaja que las mo^ 
dernas llevan á las antiguas. 

La esclavitud pesaba antiguamente sobre la 
mayor parte de la especie humana , el esclavo 
om. la propitídad y el mueble del amo. Él des-^ 



precio á esta clase inmensa de proletarios era 
llevado hasta tal /punto , qae los filósofos mas 
célebres • de la antigüedad habian gravemente 
establecido como axioma que habia dos nata- 
ralezas , la naturaleza libre y la naturaleza es- 
clava. Entre los romanos, los prisioneros cogi- 
dos con las armas en la mano , trabajaban ipon 
grillos en los pies , y el virtuoso Catón enviaba 
á sus esclavos á morir á una isla desierta cuan- 
do la debilidad de sus fuerzas no le permitia ser- 
virse de ellos. El envilecimiento y la explotación 
de ^sta clase de hombres están muy copaprol^a^ 
dos. Y no se crea quie esta clase fuese poco nu- 
merosa, pues era la que desempeñaba todas las 
labores del campo y llenaba las ciudades. Ba- 
bia patricios en ÍVpma que tenian hasta diez mil 
esclavos. Un célebre romano al discutirse en 
pl Senado la cuestión de dar un vestido particu* 
Jará los esclavos, esdamió: «Cuidado coi]i pro-» 
porcionarles medips de que ^e cuenteíi. » 

Jja esclavitud ^a sido desterradí^ de las sor? 
ciedades moderna^ ppr la influencia del cristia-r? 
jiismo. La emancipación del pueblo Sje debe real- 
mente 4 esta sublime religión en la que se ei)-í 
cuentra establecido como principio »|?n aquellas 
palabras del Evangelio: Todos los hombres son 
b^rmcfnosj y ante Dios no hfiy excepción de p^r-^ 
sonas. 

Cada progreso en la emancipación del pue- 
blo es debi4o á una simple traducción de estas 
palabrias , que los primeros confesores de la fé 



(99) , • . . 

difundieron ppr toda la tierra. El cristianismo 

era una obra pe oportunidad ^r ^e progresos y 
no una obra d« insurrección ííi rompimiento de 
todos los víncuíoé, por esto deM^ caminar con 
el tiempo y modificar Jos siglos sucesivamente. 
Esto es lo que ha hecho; se veja á los Aposto-^ 
les y á los Padres de la iglesia anuiíciar la igual- 
dad á los hombres, -y récomeigidar^á los prime- 
ros cristianos el respeto al poder temporal. San 
Pablar reftituyó á ^^ amo un esclayo que se le 
habia ido á refugiar , pidiéndole que le tratase 
mejor en lo 5jui(Uísiro. Se jpgied^ 4?cir flue el cle- 
ro nunca ha perdido de vista la suerte del es- 
clavo, y que le ha conducido á la libertad por 
W^ ^ie 4? e$t2|dps intermedias y progresiwis. 
^i . sp jcpnsultmi las cartas de Ubert|id dadas 
á Jos j^i^rvo^ por los señores de I4 edad meilia se 
yj^ qaes9n debjid^s 4o4a$ 4 un mAtivp feljgip^ 
^ jf ! Y' ^emprp por l^ ^\ uil de. su ,alfna Haciaiii. 
^queí,^^ ^ justicia. En fin , gram? a 1^ ija 
Qyiepc^f ^qie el prÍ3íiai?isn3tp ha e)erci4Q ,e;n ipjues- 
tr^vCf^stumbí^es, tpda^f .1^ seíl^les de la antigua 
ifigfs|fi,^CMft l^iui desaparecido de ng-e^fras co^tjjwi-; 







DESeUBWMIENTOS CÉLEBRES; 

Gusanos de seda* Moreras, 



Bajo el reinado de Jastmiano, dos monjes qa^ 
foeron de la Persia á predicar el Evangelio a 
l6s chiríos, qáedaron sorprendidos de sas trajes, 
y examinando las manufafctüfas y la seda em- 
pleada eri los vestidos, conocieron era debida a 
irnos insectos que pódian educarse dentro de «¿h^ 
sa ó en las arboledas. 'A su vuelta á Roma tra-« 
jeron huevecillos dentro de un bastón, y prote^ 
pdos por el Emperador, y valiéndose de sus re-: 
cuerdos consiguieron fomentar los huevecillo^ 
con calor del estiércol, y alimentar los gusani- 
llos con hojas de morera. La cosecha abundante 
que se obtuvo hizo que se multiplicasen las mo- 
reras, y se reservasen muchas crisálidas para 
propagar la especie. El arte de trabajar la seda 
fue inventado en la isla de Gos, por Pamphila^ 
hija de Platis, y Heliogabalo fue el primera gpie 



(lOl) 

se puso en Etiropa vestidos de seda. Desde en^ 
tonccs todos l0s monarcas han protf jido las ma- 
nufacturas dt la seda y el plantío de moreras. 
Enrique I hizo' plantar quince mil pies en el 
jardin de las Tulleríás. 

LA VACUNA. 

Jenner. 

El importante descubrimiento de la vacuna 
debe inmortalizar el nombre del doctor inglés 
Jenner al que la antigüedad hubiera erigido al- 
tares. Habia notado/que las personas que orde- 
fiaban las vacas atacadas del Cou-pox ( especie 
de pústula que se manifiesta en el pezón de la 
vaca) eran también atacadas siempre que sus 
manos presentasen la menor cortadura en la que^ 
el virus pudiese introducirse. Observó asimismo 
que ^\^& personas no eran susceptibles de con- 
traer las viruelas, y que la inoculación queda- 
ba sin efecto en ellas. Numerosas esperiencias 
fortificaron bien pronto la importante idea que 
habia concebido de librar de la muerte ó la mu- 
tilación, una multitud de personas que arreba- 
taban las viruelas. Publico el resultado en 1798, 
y un sin fin de contradicciones se levantaron con- 
tra el descubrimiento que no tardó en tener ca- 
bida enire las personas de buena fe' y sin pre- 
vención. Los gobiernos se esmeraron en propa- 
garle, y los mas felices resultados haq seguida; 
constantemente á su aplicación. 



EL GALVANISMO 

Vólta. 

Se sabe que el galvanismo es la acción eléc- 
trica que ejercen los metales en los mdscalos vi- 
vos d muertos. En 1789 un discípulo de Gal- 
vani, profesor de física en Bolonia, se ocupaba á 
éjémjpló de su maestro en haee¥ iñvcístigacioneS 
sobre escitabilidad de los órganos musculares por^ 
la electricidad. Al tiempo de disecar una ratá^ 
Tíéió uri ligero estremecimiento en las partes nér-^ 
tiosas cuando las tocaba , con dos scalpelos que- 
probablemente efan de metales difeí*entes. Este 
fenómeno sobré el cual el discípulo llamó la aten-^ 
cion del maestro , diÓ lugar al descubrimiento - 
del galvanismo. Pocos diás después aproximó un' 
scalpeld a los iiervioá internos de las ancas de* 
una ratla desollada qiie habiá sobre la mesa ¿er- 
ca de una niáquiná eléctrica, de lá que st sa- 
liaban chispas, al instante los múscillós de loS^ 
mietiibros de aquella rana , se agitaron con vio-^ 
lentas convulsiones. ' Después de esta ésperíénciá • 
repetida varias veces ^ se dejó la máquina éléé-^- 
trica erl reposo, y entonces cesaron las córíVul-^ 
sioiles. 

AlejándroVolta fiie él pHmero qué aáígrfó las 
causas del galvanismo, espliéó su tiáturaléza y^ 
dedujo las consecuencias. Coil riUíñeh)SaS espé- 
riencias y con la pila qtie inVeníd, llegó á pí-ó*--^ 



(,d3^) 

llar qtie él galvanismo era paifte de lá éléctrici- 
flád. Sacaba de tóia pila chispas brillantes que 
fañdian los metales , y por sa simple coritadtó 
cargaba de electricidad cien pies cuadrados. Con- 
mociones, relámpagos, atracciones, divergencia 
del electrómetro, denotación de la pistola, des- 
composición del agua, botella de Leiden , com- 
bustión del hilo metálico, y en fin, movimien-- 
tos comunicados por la acción del ílurdo galvá- 
nico á un animal privado de vida, he aqui todo 
\o qué Volta demostró. 



TELÉGRAFO. 

Abate Chappe. 

Al Abate Ghappe^ hombre lleno de instrucción, 
ingenio y buen gusto, aunque entregado á los es-* 
cesos de la bebida debemo;^ ésta invención por 
medio de la cual transmitimos nuestros pensa- 
mientos al trave's dé los aires , recorriendo por 
medio de comunicaciones recíprocas la náaál es- 
tensá comarca en algunas horas , y el murido to- 
do en un dia, si el Occeano no opusiese ün di- 
que insuperable. Tuvo guardado su sect-éto pór^ 
algún tiempo hasta que á instancias de Robert-^ 
son j se determinó á hacer el primer ensayo W 
un jardin de Belleville en 1792. Las ventajas que 
el descubrimiento proporcionaba, hicieron que 
fuese adoptado generalmente; pero el Abate 



(io4) 

Chappe no gozo mucho tiempo de su triunfov 
pues siguiendo dado á la intemperancia cayó en 
un pozo que no habia echado de ver por hallar- 
se borracho y pereció. 



LA IMPRENTA. 

úuttemj)erg^ Fusty Schíxffer. 

« 
Guttemberg, Fust y SchoeíFerson indudable^ 
mente los inventores de la imprenta en Europa* 
Pero se cree que la primera idea de este descu- 
brimiento sube á tiempos muy antiguos. En la 
China la impresión tabellaría se usa hace mas 
de 1600 años. Los griegos y romanos cono- 
cían los tipos móviles y se cree que los libros 
de imágenes que aparecieron en el siglo XV 
sirvieron de modelo á los ensayos intentados por 
Guttemberg. Este imaginó en i4.4o grabar en 
relieve sobre planchas de madera primero le- 
tras y luego páginas que se reprodacian cuantas 
veces quería, pero como esto exigia un trabajo 
inmenso esculpió en relieve letras móviles so- 
bre madera ó metal; colocándolas unas al lado 
de otras enfiladas por un cordón como los gra-fj 
nos de un rosario. Como, estas tentativas ago- 
tasen su caudal se osoció con un platero llama- 
do Fust el que facilitó los fondos para la conti-* 
nuacion de la empresa. Luego admiüeron en sa 
compafíia á SchoeíFcr , escritor de profesión y 



(io5) 

hombre industrioso que perfeccionó el descutri^ 
miento hallando el secreto de los punzones, 
abrir matrices, fabricar moldes y fundir los ca- 
racteres que hasta entonces se hacian uno á uno. 
Esta nueva invención que no deseaba mas que 
hallar su última aplicación, la tuvo en i4.52, y 
en una prensa inventada también por aquellos 
hombres ingeniosos empezaron á imprimir di- 
versas obras» 



^H i^ f» ^i 



*^W"W* 



LA CORRECCIÓN PATERNA. 



Quien bien te quiera. 
Te hará llorar. 

Eusebio era un joven de trece aSos y de 
grandes esperanzas pero de una conducta que 
desdecía de su buena educación. Su padre que 
ocupaba un destino de consideración, quería co- 
mo es natural que su hijo le sucediese en él ó 
dejarle colocado ventajosamente. Pretendía por 
esta razón darle una carrera brillante , pero el 
muchacho, como algunos de su edad, llevados de 
las distracciones que Madrid ofrece á cada paso, 
iba perdiendo cada dia la afición al estudio y no 
hacia en él los progresos que su padre deseaba. 
Dado á las diversiones y á la ociosidad se acom- 
pañaba de otros jóvenes que escitaban en él sus 
prematuras disposiciones para el vicio , pasaba 
el tiempo én los cafés y en los espectáculos, vol- 
vía á su casa á escondidas y á deshora de la no- 
che, disipando inútilmente cuanto dinero podía 
adquirir. Se hallaba estudiando matemáticas y 
en vez de asistir á la cátedra asistía á un villar 
y allí pasaba el rato; de modo que al fin del 
curso no sabia una palabra de cálculos y de 



ecuaciones ; pero en cambio ááma jugar una ca- 
rambola mejor que ninguno de sus condiscí- 
pulos. 

No dejaba de contribuir á la desarreglada 
conducta de Eusebio su madre que bajo pretes- 
to de que no la habia quedado mas que aquel 
liijo único, le daba cuantos gustos quería, mi-* 
mandóle y encubriendo sus faltas sin que lo su- 
piese su esposo. Este qué era hombre de carác- 
ter tenia las mejores intenciones del mundo; 
pero sus muchos negocios y las atenciones de su 
empleo no le permitían cuidar de su hijo tan- 
to como quisiera. Enterado de su conducta por 
los avisos que tuvo y por sus propias observa- 
ciones, resolvió someterle á un • plan curativo 
enteramente de su invención y que j.uzgaba 
capaz de atajar los daños que á toda la fa- 
milia pudieran sobrevenir si dejaba á su hijo 
precipitarse de aquel modo. Tomo las medidas 
necesarias para la ejecución de su plan, y ló lie-* 
vó á efecto precisamente cuando el joven menos 
lo pensaba. 

Era un lunes por la tarde y Ensebio qué 
tenia cita con sus amigos para ir á los toros, 
salia muy formal á la hora del estudio como si 
fuera á asistir á él con puntualidad* Al llegar á 
la misma puerta se le presenta su padre, y con 
voz grave le dice. "Espere usted caballero , que 
vamos á salir juntos. Este espere usted siendo 
asi que su padre siempre le llamaba de tú , fue 
de mah'simo agüero para Eusebio, que acordán- 



dose de su cita, dijo á su padre viéndole venir 
ya con el sombrero puesto. "Lo peor es que si 
voy con usted haré falta en el estudio.» No se- 
rá la primera ve¿, replico su padn; ya bajando 
la escalera. Ensebio le siguió todo el camino sin 
atreverse á chistar: tanto le imponia el aspecto 
serio de su padre. Caminaron pues en silencio^ 
atravesaron la plaza mayor y al llegar al borde 
de la escalerilla de piedra , el buen papá se de- 
tuvo lanzando abajo una mirada; pero de re- 
pente y como si ya hubiese fijado su resolución, 
bajó ligero seguido de Ensebio y á poco se ha- 
llaron en la calle de cuchilleros. No habían an- 
dado mucho en esta calle cuando se pararon ante 
una lóbrega y negra tienda aluinbrada mas bien 
que por la luz del dia, por la claridad de una 
llama que despidiendo luminosas chispas se ele- 
vaba en un rincón de aquella cobacha. Uu mu- 
chacho medio descalzo, tiraba acompasadamen- 
te del fuelle, y por todas partes se veían herra- 
mientas de calderero y cuchillero. 

«Buenastardes, señor maestro:» dijo el papá 
de Ensebio abriendo la trampilla\ Al oír estas 
palabras y á la entrada de los dos individuos 
cesó el estrepitoso ruido que hacían dos perilla- 
nes que armados cada uno con su martillo sa- 
cudían á cual mejor sobre la pieza que estaban 
adobando. --Buenas las tenga V. caballero, res- 
pondió con bronca voz un individuo bajo y re- 
gordete que se acercaba empuñando un poderoso 
martillo en su arremangado bra:&o» 



r~V-^edese V. con estos señores hasta que 
yo vuelva, le dijo á Eusebio su padre.-- -¿ Yo? 
— Sí señor; usted. Hasta la vista señor maestro, y 
sin esperar contestación partió. Eusebio hizo 
ademan de seguir á su padre; pero uno de aque- 
llos cíclopes estendid su mano para detenerle y 
retrocedió horrorizado antes que lo tiznase. 

«Siéntate aqui rapaz, dijo el señor maestro 
ofreciendo á Eusebio un medio tronco de árbol. 
—Muchas gracias, respondió lanzando una mi- 
rada desdeñosa sobre el nuevo asiento. — Pues 
harás mal de estarte en pie porque me presu- 
mo que tu padre tardará algo en venir. Lo me- 
jor seria que mientras le esperas tomases un 
martillo y te divirtieses aqui un rato con noso- 
tros, porque á mí no, me gusta qué este la gente 
de viga derecha. Estas crueles palabras empe- 
zaron á dar á conocer á Eusebio la suerte á que 
le destinaba su padre, y ya se asomaba á sus 
ojos una lágrima de despecho y de coraje cuan- 
do le distrajo la salida á la tienda de un raro 
personage en figura de muger. Era la señora 
maestra y traia en cada mano un pedazo de pan 
acompañado de un racimo de ubas. Presentó el 
primero al chico que tiraba del fuelle y llegán- 
dose adonde estaba Eusebio le alargó el otro 
con nn ademan de benevolencia. Viendo que lo 
rehusaba insistió para que lo tomase, pero el se- 
ñor maestro esclamó. — Vaya, pocas ceremonias, 
acoiTipajjíandf) estas palabr^ts de una $§ñ^ para 
que se retirase. Entonces ifue cuando Eusebio 



(no) 

acabó de conocer cuál era su posición , enten- 
diendo al mismo tieírípo que el señor maestro 
tenia instrucciones muy diferentes á las de su 
digna esposa. 

El tufo y humareda del carbón, el ruido de 
l^s limas y los martillos , y mas que todo 1^ agi^ 
tacion que Eusebio sentia le trastornaron de tal 
modo que se retiro á lo mas oculto de la tienda, 
y allí no retuvo mas las lagrimeas de su despea 
cho. La idea de que su padre quisiese hacer de 
él un calderero se presentaba á sa imaginación 
acompañada de cuanto podia hacerla desagrada* 
ble , y en medio de la lucha de afectos que le 
atormentaban , solo se abandonaba al fucor sin 
acordarse cuanto habia abusado de la paciencia 
de su buen padre. En fin , resuelto á escaparse 
en cuanto hallase coyuntura, paso la noche en 
aquella maldita tienda; pero se engañó en sus 
esperanzas. Al dia siguiente noto queejercian so- 
bre el la mas activa vigilancia; dos ó tres veces 
que intento recobrar su libertad, fae detenido, y 
la ultima le tiró el señor maestro de las orejas 
con tan rara habilidad que Ensebio por no es- 
perimentarla otra vez abandono la idea de su 
emancipación. Tuvo, pues , que acomodarse á 
aquella íiueva vida, asistiendo á la fragua, ti- 
rando del fuelle y desempeñando las tareas del 
aprendizaje, con su mandil de cuero y en man- 
gas de camisa , tan tiznado y sucio que es bien 
seguro no le hubieran conocido sus antiguos 



(lll) 

amígofes, si se huJbierani acercado á la puerta d^ 
la tienda. 

Asi pasaron dos semanas al cabo de las cua- 
les eran casualmente los dias de su madre. Esta 
señora que habia derramado algunas lágrimas 
por la posición en que tenian á su hijo idolatra- 
da, consiguió al fm que le trajesen aquel dia. En 
efecto , muy de mañana fue un criado á sacar á 
Eusebio de su taller , le llevó en seguida á una 
^asa de baños , donde verificado un lavatorio ge- 
neMl, se vistió la ropa nueva y pudo entrar en 
su casa completamente transformado. 
. Como aquel dia era fiesta de familia, hubo á 
la mesa varios convidados. Uno de ellos dirigién- 
dose á nuestro disimulado aprendiz , le dijo: 
«¿A dónde habeis^ estado todos estos dias ami- 
güito, que no os hemos visto por aquí? ¿Habéis 
estado fuera de Madrid?..." "Sí señor," res- 
pondió Eusebio tan turbado que no sabia lo que 
se decia; solo mirando á su padre (que aparen- 
taba no oir la conversación) estaba pendiente de 
sus labios por si revelaba el fatal secreto, Una 
pregunta que hizo otro de los comensales, hizo 
variar la conversación, y Eusebio empezó á res- 
pirar creyendo que no se ocuparian mas de él, 
cuando otro solícito convidado que estaba trin- 
chando, fingiendo lamentarse de su poco acier- 
to. — '* Maldito cuchillo esclama , no parece si- 
no que está embotado." — "Qué dice usted del 
cuchilloy* le preguntó el padre de Eusebio sa- 
liendo entonces de su distracción. ~ "Decia> ré-r 



(lis) 
plicó el otro que me alegrara tener aquí en la 
mesa algan inteligente en la fabricación de los 
cuchillos^ para que me dijese si tiene mas de hier- 
ro que de acero este cuchillo que tengo en las ma- 
nos, pues no se puede hacer cosa de provecho 
con él." — **Yono entiendo una palabra de com- 
posición de cuchillos , replicó el padre ; pero tal 
vez no falte en la mesa alguno que haya colki- 
pletado su educación en la calle Aq Cuchilleros,** 
Esta repetición de palabras hizo mas daño á 
Ensebio que si le hubieran dado de cuchilladas\ 
mucho mas cuando el recargo que dio su padre 
á sus ultimas espresiones, hizo que todos cuan- 
tos estaban a la mesa fijasen en él la vista. Fi- 
gurósele entonces que su padre se habia concer- 
tado con sus amigos para mortificarle publica- 
mente, y mas encarnado que la grana , pretesto 
una indisposición que efectivamente sentia para 
ausentarse de la mesa. Retirado á su cuarto se 
arrojó sobre el lecho, y con el sofoco que habia 
recibido durante la comida, ésta no le hizo pro- 
vecho, originándosele una indisposición que al 
pronto dio algún cuidado. La madre sentida en 
estremo reconvino á su esposo por querer llevar 
tan adelante la corrección ; pero él solo desisticí 
de su idea cuando vio en su hijo señales de arre- 
pentimiento. Efectivamente , Eusebio que habia 
tenido tiempo de recapitular cuanto habia pasa- 
do por él , reflexionó sobre su conducta, cono- 
ció cuáles e/an sus verdaderos intereses, y cuál 
el objeto de las correcciones de su padre, y al 



(ii3) 
fin obtuvo de éste la promesa de que no vol- 
vería á tirar del fuelle; pero que sabría tomar 
providencia aun mas enérgica sí volvía á las an- 
dadas. No ha sido necesario que se realizase es- 
ta promesa, Eusebío mudó. enteramente de con- 
ducta , y hoy día puede servir de modelo á los 
otros jóvenes por su juicio, por su amor á su 
padre, y por su aplicación al estudio. 

K F. Villabrille, 



SONETO. 

La Moderación, 



' No quiero por la gala en el vestido 
Por la opípara mesa y rico estrado 
Vivir con altivez, con propio enfado 
A la común censura sometido: 
' Quiero á honesto ropaje reducido, 
A frugal alimento acostumbrado, 
Entre sencillos muebles albergado 
Vivir , de poca gente bien servido ; 

No el empleo ; el bullicio , la asamblea 
Donde cubierto el artificio y dolo, 
Mayor que el gusto el sobresalto sea: 

iSolo busco tu lira, dulce Apolo 
Sola ta amable unión ; mí Galatea 
Solo quiero alternar comnigo solo. 

M. K E. 



EDUCACIÓN física. 

ARTÍCULO VI. 

Muchos maestros y padres de familia, pregan-^ 
tan cuál seria el método mas propio para des^ 
cubrir, desarrollar y escitar el gusto y el talen- 
to de los niños hacia las ciencias , las artes y los 
diferentes géneros de vida , divirtiéndolos y sin 
sujetarlos á un penoso trabajo. 

Aunque muchos padres querian de buena ga- 
na que todos los momentos de la edad tierna 
fuesen momentos de recreo y felicidad, no pre- 
tenden sin duda que se liberte á sus hijos hasta 
de la apariencia de tra^bajo, al que le és preciso 
acostumbrarlos desde los primeros años, ^a di-^ 
ficultad y la fatiga no deben venir muy ^n^enu- 
do; pero tampoco deben escluirse asi en lo fisi^- 
co como en lo moral Por el temor de criar á los 
jóvenes en la molicie es bueno exigir de tiempo 
en tiempo esfuerzos de espíritu y de cuerpo , y 
es fácil hacerles concebir con ejemplos que el 
trabajo comprendido por hacer cosas loables au- 
menta su mérito, que la posesión de una ven- 
taja es tanto mas dulce cuanto ha sido mas cos- 
tosa de adquirir. Dé la intención de los padres 
y del estado de la cuestión se Reduce que se quie- 
ren hallar los medios de hacer el trabajo intere- 
sante y atractivo, y que este apetecido resultado 



.^11 5) 
se olrtiene en gran parte cuando la Rteratura y 
las ciencias solo causan embarazo y fatiga á los 
que las ensenan y no á los que las aprenden. 

Resulta que si el naaestro tiene un placer en 
facilitar el trabajo , proporcionándole al alcance 
de los niños , si aparta todas las espinas y abro-* 
JOS allanando las mayores dificultades^ si quita 
toda idea de sujeción al estudio, hará en cierto 
modo desaparecer el trabajo, habrá casi siempre 
diversión para el discípulo , y se puede mirar co»^ 
mo» resuelta la cuestión. Pero es preciso decirlo con 
el estimable autor de cierto tratado de educación^ 
para que produzcan fruto estos desvelos que tie- 
nen por objeto la buena educación de la juven-*- 
tttd, es preciso que los encargados de esta ena-^ 
presa difícil y gloriosa se revistan de los pater-*- 
nales afectos de las personas que representan; 
Que procuren conocer las disposiciones del dis- 
cípulo y hacerle adopt-ar los sentimientos y las 
ideas mas propias al objeto que se desea. Con-^ 
fiultense los apetitos del alumno morigerando los 
mas peligrosos, y sobre todo, tener cuidado de 
acompañar las esplicaciones con el ejemplo, pues 
Im niños son grandes ob^rvadores. 

Para animar al discípak) debe guiarle en la 
adquisición de las artes y ciencias , obrando de 
tal modo que crea haber aprendido por sí sol© 
lo que únicamente ha descubierto con auxilio dei 
maestro; Si se aparenta diversión , el joven no 
dejará de picarse de emulación en lo que parez-" 
ca- no esceder á las fuerzas die ambos,, conoeien-* 



(ii6) 
ñú que está destinado á ser la que es el maestro 
y apropiarse todas las luces , virtudes y conoci- 
mientos que posee. Si calcula el tiempo es á fuer- 
za de su impaciencia y anhelo, y esto mismo le 
anima y sostiene. No se hable delante de él sino 
áe lo que puede comprender , ni se haga lo que 
BO puede hacer; en una palabra, es preciso pro- 
porcionarse á las disposiciones del discípulo, á sa 
inteligencia, á su posibilidad , tanto en lo moral 
como en lo físico, y asi se evitará desesperarle. 

Na quiero terminar este artículo sin hacer 
unas preguntas á las personas encargadas de ins- 
truir, y por ellas se vendrá en conocimiento del 
celo y talento que se necesitan para este impor- 
tanteencargo. Quisiera saber si antes se han exa- 
«pinada á sí mismos con imparcialidad , impo- 
Biendo silencio en el fondo del alma aquella va- 
xndad siempre pronta á disfrazar los defectos exa- 
jerando , los talentos , y si se han pedido cuenta 
rigorosa del uso que deben hacer de su esperien- 
cia. ¿Han reflexionado sobre la naturaleza del 
hombre , escudriñando las sinuosidades de su 
corazón? ¿Han estudiado la esencia de esta al- 
ma cuyos movimientos deben dirigir? ¿Se han 
familiarizado con la variedad de formas que to^ 
xna el amor propio para escapar á sus observa- 
láones? ¿Han analizado las pasiones humanas 
en términos de conocer exactamente los daños 
que pueden causar, y la utilidad que. se puede 
sacar por la elección de objetos en que han de 
ejercer su actividad? ¿Conocen la cadena de de- 



("7) 

beres generales á todos los hombres y las obli- 
gaciones de cada estado en particular? ¿Se sa- 
ben distinguir los diferentes cara ctiéres, y si las 
cosas que convienen á unos no convienen á otros 
sabiendo apreciar el grado de perfectibilidad de 
que es capaz el alma humana , y las virtudes coa 
que es preciso adornarlas? Y finalmente, ¿se sien- 
ten con bastante seguridad para emprender esta 
terrible operación? No hay que lisonjearse al 
educar un joven, no es una esperiencia la que 
se trata de hacer , es una obra maestra que se 
ha de entregar perfeccionada- 

( Se contimará ). 







EEAL MUSEO MILITAR. 

Departamento de Ingenieras. 

El Padre. ' Queridos ñiños ^ cuando estuví-- 
mos por primera vez en este edificio adrñiran- 
do algunas de sus preciosidades, os referí como 
existía otro departamento llamado de ingenieros, 
en el que habia cosas tan bonitas como las que 
entonces vimos. Os prometí que vendríamos á 
visitarle , y hoy trato de cumplir mi palabra 
con el mayor placer. Vosotros creo también par- 
ticipareis de él al contemplar los modelos de 
nuestras principales ciudades y de otras plazas 
celebres, asi cpmo las obras de fortificación que 
se emplean en su ataque y defensa. 

El primer modelo que se nos presenta es el 



de un redtiíCtd de campana, caleulada para ti^es- 
cientos liombre$ de defensa ; pero rodeado de su 
foso con su correspondíciíte puente levadizo, y 
ademas defendidos loi apnocke^J por caballos de 
frisa, estacadas, mantas y abr4o$ parainutiü^ 
zar las cargas de c^^ballería* 

El otro que tenéis alli representa el castillo 
de S Juan de UUua, céjíebre no solo por su si- 
tuación casi inexpugnable, sino por la defensa 
que en el hici^eron 1q$ españoles reducidos al úl- 
timo estrfiflito, antes qw resolverse á abandonar 
el continente aníjericano^ 

Eugenio. ¡Qué magnífico y grandísimo mo-? 
délo es este que tjpnaemQS aquí! 

El Padre. Magnífico es sin duda alguna , y 
representa el cagtillí), ó por decir mejor la her- 
mosa plagia de S. Fe rilando de Fíguera?s, baluar- 
te de España por la parte de Cataluña. Todo él 
está hecho de maderas finas , y podéis notar la 
entrada principal ^ los cuarteles á prueba de bom- 
ba, la Iglesia, la ca3a del gobernador que tiene 
comunicación xon el esterior de la plaza por una 
mina cuya entrada veis aquí. 

Enrique.. Diga V,, ¿y esta especie de puen-^ 
tecito que se ve aqui para qué es? 

El Padre. Es un acueducto para surtir de> 
aguas á la población ; pero no creáis que por es- 
ta circunstancia desmerece el valor de la plaza, 
pues aunque en un sitio cortasen el acueducto, 
todavia hay fuentes en lo interior. 

Aqui en esta otra pieza hay una obra defor- 



locación por el método de Montalembert; pero 
lo que sí habéis de examinar cuidadosamente, es 
este modelo de la plaza , y el peñón de Gibral- 
tar con su gran bahía, el Campo de S. Roque, 
su línea y los trabajos emprendidos en mil sete- 
cientos ochenta y uno. Esta plaza en el estado 
actual de cosas , se puede mirar como inexpug- 
nable porque el Peñón (antiguamente el monte 
Calpe) solo se comunica con el resto de la pe-^ 
nínsula por ésta estrecha legua de afena en la 
que no pueden formarse obras de consideración 
para resistir al fuego de la plaza y buques au- 
xiliares. 

Alejandro. ¿Y todos estos maderitos que hay 
alli , para que son ? 

El Padre. Es una colección de maderas de 
diez y seis provincias de lat islas Filipinas. Mi- 
radlas con cuidado , porque aunque hay algunas 
que parecen iguales , si ^e examinan con aten- 
ción no se encontrarán dos que sean idénticas. 
Lo demás de la pieza está ocupada por modelos 
de trincheras de sacos, faginas &c., y zapas cu- 
biertas dobles y sencillas , asi como los parapetos 
á cuyo abrigo trabajan los zapadores. 

Enrique. Venid por aqui chicos 5 subid por 
esta escalera, y veréis que ciudad tan bonita. 

El Padre. Es la lindísima ciudad de Gádií 
la que veis reproducida en ese soberbio modelo 
que costo al Sr. Donoso tres años de trabajo. 

Enrique. Mira, mira que navios tan monos^ 
andan por el mar. 



Eugenio. Es un gusto examinar al recorrer 
estas salas, las ciudades mas hermosas sin tener 
que sufrir las incomodidades de un viaje á ^Uas. 

El Padre. Si alguna cosa hay en el mun¿Íp 
que puMa daros una idea exacta de Cádiz sin ir 
alia, es sin duda alguna este modelo* en el qu^ 
parece se ha apurado á lo que puede llegar la 
imitación de la naturaleza. Desde aqai que se 
domina toda la población, es de lo mas agrada- 
ble ir observando los principales edificios^ igle- 
sias , hospitales &c. , y el célebre puerto y bahia 
adonde vienen á anclar buques de todas las pary- 
tes del mundo. Seguid dando vuelta á la baran- 
dilla y veréis todas las murallas , y por este la-- 
do el muraHon que habia para defenderlas del 
embate de lasólas. Aquel edificio blanco que hay 
alli es la Catedral conforme ha de quedar acar 
bada de nueva planta. 

Pasemos ahora á esta sala en la que y^vth 
muchos modelos, unos ideales, otros copiados dql 
natural, y otros de Montalembert. Alli los hay 
muy bonitos de fuerte circular, y podéis obser- 
var también las casamatas, caponeras, medis^s 
lunas , coronas , bastiones , cortinas , caminos 
cubiertos, terraplenes &c. &c. 

Alejandro, Aqui hay un modelo de un cas- 
tillo que parece no tiene entrada. 

El Padre. Es una torre de costa copiadla 
de la que construyeron los ingleses: la entrada 
eslá á cierta y determinada altura, para que re- 
cogiendo la escala por donde se sube, se evite ^l 

8 



(122) 
acceso- al enemigo. El canon que hay arriba gi- 
ra todo alrededor de la circanferencia. También 
podéis observar modelos muy curiosos sobre las 
mesas , orños de campana ^ galera que podemos 
llamar terrestre' y acuática, puentes demarcas y 
un pontón flotante coii su cortadura fácil de prac- 
^ticar. Telégrafos de campana j fijos y móviles de 
dia y de noche. 

Enrique. Ea ^ ya tenemos aqui otras ciu^ 
dades. 

El Padre, Sí: esta primera es Cartagena 
con su departamento j arsenal y almacenes de 
marina; pero que se resienten de la decadencia 
en que hoy se halla este ramo entre nosotros. El 
puerto que forma una herradura es muy hermo-^ 
so, solamente tiene un estorbo á la entrada^ y 
es ese peñasco que veis ahi indicado también. En 
él se fija una banderita para que cuando le cu- 
bren las olas sea reconocido, y los buques eviten 
ir á estrellarse con él. La segunda ciudad es Ceu- 
ta^ presidio español en la costa septentrional de 
África, fortificada y guarecida también por los 
montes de la Almina , de las incursiones de los 
Marroquíes. Aqui próximo tenéis el Peñón de 
Velez de la Gomera. 

Eügemo. Papá ,-¿ es esta ya la última sala? 

El Padre. Síhijo mió, y en ella solo nos 
quedan que admirar dos modelos, uno Steno- 
gráfieo y otro Topográfico de la inmortal'Gero- 
íia , plaza faerte de Cataluña. Ahi tenéis indica- 
dos los dos riós, el arrabal y el ameno contor-- 



(l23) 

iio de la plaza. Esta es célebre por los muchos 
sitios que ha sufrido en distintas épocas. Hasta 
el año de i6g4 sostuvo sin rendirse veinte y dos 
sitios; pero el que mas renombre la ha dado ha 
sido el de la guerra de la independencia. Sitio 
glorioso que puede rivalizar con d de la invicta 
Zaragoza. 

En fin hijos mios ^ vosotros aunque carecéis 
de los conocimientos facultativos que son los que 
hacen apreciar debidamente el mérito de estos 
modelos ^ no por eso habéis estado menos diverti- 
dos pagando el tributo de admiración que tan 
primorosas obras se merecen. 



2S^%S^ 




LOS PAJARILLOS Y EL MOCHUELO. 

FÁBULA. 



En el hueco de un ártol 
Un nocturno mochuelo, 
Después del Sol salido 
Treguas le daba al sueño. 
Lo cual habiendo visto 
Pajarillos diversos 
Que al rededor volaban, 
Se acercan altaneros, 
Y uno le da aletazos 
Otro le arroja al suelo; 
Ya le pican los ojos , 
Ya la cabeza y cuerpo. 
El mochuelo afligido 
De este mal tratamiento 
(que todos los mas dias 
estaba padeciendo ) 
Dijo: »Si con vosotros 
yeis que yo no me meto 



¿Parqué OS meteís conmigo?» 
Pero ya considero 
Que en el tiempo en que estamos 
Nq bQ^fael que los buenos 
Se oculten de los malos 
Sin que traten ^on ellos 
Pues los buscan ansiosos^ 
Con el fin (h-perderlos^ 



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inp. 



(126) 

DE IOS iVTÁRMOLES 



Sus caracteres Distmtwos,~pwersos métodos de 
clasificaciones. —Marmoles. — Griegos, -^-^ De 
Italia. — De Frahcia--De Inglaterra.—^ Espar-^ 
fia &c. 



Los mármoles $on carbonatoa calcáreos dq 
estructura compacta susceptible de pulimOTto, 
Sus principales caracteres distintiYOS consisten 
en dejarse rayar por el hierro, nq producir chis^ 
pas con el eslabón y hacer efervescencia^ con los 
ácidos ; pueden estar mas d menos puros o com-' 
binados con materias eterogéneas. Se encuen- 
tran en todos los terrenos en que abundan las 
capas caliz;as, y según la naturaleza de estas ca-^ 
pas se dividen en mármoles prinaitivos q secun^ 
darlos, 

Los mármoles primitivos no contienen con- 
chas ni producciones naairítimas ; son por 1q re-* 
guiar de un solo color y todas sus partes son 
manifiestamente granudas y cristalizadas, Los 
mármoles secundarios pertenecen á los terrenos 
de transición. Sus colores son muy diversos y 
provienen de los óxidos de hierro diversaniente 
modificados, la ausencia de estos óxidos coloca-* 
ria á los mármoles en el número de las piedras 
calizas ordinarias. Cuatro métodos principales 



se han inventado para clasificar los mármoles^ 
á saber: 

i.^ El método histórico y geográfico qiMB 
los divide en antiguos y modernos según el uso 
que se ha hecho ó hace de ellos. 
. 2.^ El método seguido según la estructuras 
y composición de los mármoles. 

3.** El fundado en la variedad y disposición 
mas d menos simétrica de los colores. Este á 
pesar de ser el mas malo de todos ha sido adoij^* 
tado mucho tiempo por los naturalistas. 
,4-^ El método geológico generalmente^ ad- 
mitido en el dia y el único cuyos resultados, 
sean verdaderamente racionales. 
^ Sin averiguar ahora el mérito de estos di-- 
ferentes métodos , vamos á indicar cuales son 
los márnxoles mas celebres. 

Todos los autores hablan del mármol de 
Paros. Es un mármol blanco-gris con granos 
gruesos y confusos. Los escultores griegos? se; 
servían mucho de él y aun. se conservan muchas 
estatuar como la Venus de Médicis; Diana ear- 
zadora. Venus en el baño , Ari^dna , Juno <S:Cy 
Despees del mármol de Pairos viene el Wármol 
griego de Liini del que est?l hecho €^ Apolo del 
Belvedere, el pentélico blanco del que está hiqf 
cIm) el Baco desjcansanda, el numídáco, el'cipore 
lino y el semesanto el mas rar<» de los mármo- 
les antiguos que han llegado 4 ntie^lrpsdiasf I, 
Los mármoles modernas son mi;y numiejrfirr 
$0S; los jnas célebres de Italia son el lilajiisQ>:ó 



(i3o) 
ESTATUAS ANTIGUAS. 

Mas de sesenta mil estatuas antiguas se han 
conservado hasta nuestros dias. Aquellas cuvo 
autor se conoce son el Hercules Farnesm de Gli- 
con; la Venus de Médicis de Gleomenes, el Tor- 
so del Belvedere por Apollonis, el Gladiator de 
Agasias, los Centauros del Capitolio por Aris- 
teas y Papias de Aphrodisias. Se ignora de que 
artista ;son el Apolo y Mercurio Aú Belvedere, 
la V^nus de Milo, la Amazona del Vaticano ^ la 
JDianaáe Versalles y Isl fan%üia de Niobe, Vero- 
similmente no se posee alguna obra original de 
lo§ grandes artistas de la antigüedad como Phi- 
días, Alcamei^es, Mirón, Polictete, CyssipOy 
Pra^Iteles &c. Trabajaban casi esclusivamente 
en el bronce, oro, marfil y madera ó en mez- 
clas de metales preciosos, y casi todas las están 
íuas conservadas p descubiertas basta el dia son 
de mármol y parecen copias, como lo son sin: 
duda alguna el Apolo ^ el Fauno j el Cupido de 
Praxiteles , el Discóbolo de Myron y la Amazona 
de Policletes pues se sabe q;ue los originales eran, 
de bronce. 




^ Entre todas las producciones del arte anti-*^ 
guo que han escapado á la ^destrucción del tiem-; 
po; la estátiía A^ Apolo del Belvedere es una 
de las mas célebres y mas suBUmes, Ha sido 
descubierta en Antium ciudad, llamada hoy Por- 
to d'Anmo; es el lugar 4Qnde nació Nerón que 
quiso embellecer su ciudad natal con los m^s 
bellos monumentos de la Grecia. En conse- 
cu^ñcis^ hizo despojar los templos griegos espe-^ 



(l32) 

cialmenté el de Delfos de sus mas bellas esta- 
tuas, y asi es según dicen como el Apolo vino á 
Antium. Se ignora el nombre del artista que le 
hizo y el templo en que figuraba. Se llama el 
Apolo dol Belvedere ]^orq\ie está colocado en el 
felvedere del Vaticano. 

Winkelmann en sa Historia del arte des^ 
eribe asi las bellezas de esta estatua. ^*La esta- 
tura del dios , dice, es superior á la del hombre 
y su actitud respira majestad. Una eterna pri- 
mavera como la que reina en los afortunados 
campos del Eliseo reviste de amable juventud 
las varoniles formas de su cuerpo y brilla con 
dulzura en la fiera estructura de sus miembros» 
Persiguiendo á la serpiente Phiton contra la 
cual ha tendido sxi arco por primera vez, en 
jne^dio de su rápida carrera la ha lanzado el 
golpe fetal. Suraugusta mirada partiendo de la 
escelsitud de sii^alegria , penetra a lo infinito y 
se estiende mas allá de su victoria. El desden se 
manifiesta en sus labios y la indignación que 
respira hace fruncir sus cejas ; pero al mismo 
tiempo la paz inalterable reina en su fi^Hte y 
sus ojos están llenos de dulzura como si estu-* 
viese en medio de las Musas que á porfía le 
prodigasen" caricias. 

El célebre grupo de Laoeonte es otra obr4 
maestra del arte antiguo. Su argumento és^ji 
\ descrito por Virgilio en él libro segundo de la 
£V«^/(í¿z donde el poeta cuenta cómo el gran sa- 
cerdote Laoconte que habia ofendido á MUier-j 



va,'ftie inmolado con sus hijos á la venganza áe 
la Diosa. Existen machos comentarios sobre este 
grupo y su autor. ¿En qué época se ejecutó? 
¿ Virgilio fue inspirado con la contemplación de 
la escultura ó el escultor fue inspirado con la 
poesía de Virgilio? Estas cuestiones y otras va- 
rias se han desvalido s^ibiamente en muchas de 
estética. El ilustre crítico alemán W^inkelmaii 
es de opinión que el Laoconte ha sido ejecuta^ 
do por Jjisipo en tiempo de Alejandro el Oran- 
de. Lessing poeta y filósofo alemán atribuye la 
obra á tres escultores de Rodas contemporáneos 
del emperador Tito, fundando su opinión en un 
pasage de la Historia natural de Plioio. 

De hecho el Laoconte que los siglos han res- 
petado y que ha sido encontrado detras de los 
baños de Tito no es de una sola pieza, y VV^in- 
kelirian dice acerca de él lo siguiente : 

« Así como la profundidad de la mar perma- 
nece tranquila por agitada que esté la super- 
ficie, así las figuras griegas anuncian una alma 
grande y tranquila aun en medio de las pasio- 
nes. 

Una alma semejante está pintada en el ros- 
tro de Laoconte, en medio de los padecimientos 
mas crueles ; el dolor que se descubre en todos 
los músculos y tendones , y del que la contrac- 
ción penosa de uiía parte de su cuerpo nos ha- 
ce participar, no lleva consigo espresiones de ra- 
bia ni en las facciones ni en la actitud entera. 
3No se oye aquel horrible grito del Laoconte de 



(í34) 
de Virgilio j la abertura de la boca no permi- 
te suponerlo, sino que indica mas bien un sus- 
piro de agonía sofocada. El dolor del cuerpo y 
la grandeza del alma , están espresados con igual 
fuerza y por decirlo así contrabalanceados en to- 
da la construcción de la figura. » 

Tanto del Apolo del Belvedere como del gru- 
po de Laooconte hay modelos de yeso en las sa- 
las de la Real Academia de S* Fernando de es- 
ta corte. 



PAQÜITO Y ROBERTO. 



JPaquito y Roberto eran dos niños , cuya edad 
no bajaba de ocho ni pasaba de diez anos. El 
primero reunia la prenda recomendable de de- 
cir siempre la verdad, y cuando cometiá alguna 
íalta iba inmediatamente a confesarla á su^ pa- 
dres^ Roberto al contrario j mentia siempre ^ sin 
decir nunca una palabra de verdad , de modo 
que íió Se le cteia jamás. El motivo de tener es- 
te ultimo lina propiedad tan mala, provenía de 
que era un holgazán ; temiá llevar acotes, ^y no 
podía sufrir el menor dolor. Paqaito que eran^ 
niño robusto y despejado j no temía el ser casti- 
gado cuando lo merecía; y su madre nunca le 
castigaba tanto por las faltas que el mismo con- 



(i35) 

fesaba, como lo hacia con sa hermano por sus 
embustes y mentiras cuando las descubria, lo 
que sucedia muy á menudo. 

Una tarde se estaban divirtiendo los dos nír* 
nos en la cocina mientras que su madre estaba 
ocupada repasando la ropa en una pieza inmer- 
diata. El perro, Favorito j estaba durmiendo, 
echado junto a la lumbre..* "Dispertémoslo á 
Favorito í ¿quieres?" dijo Robertoí *'jugarer- 
mos y nos divertiremos con él;" — "¡Ah^ sí! 
tienes razón ^ vamosí y dispertémoslo.'* Apenas 
hubieron pronunciado estas palabras cuando 
fueron á coger al perro por el rabo, sin reparar 
que á un lado de la lumbre habia ui)a cazuí li 
con leche que estaba cubierta por encíriíaí Co- 
mo empezaron á jugar con Favorito, pronto 
dieron con la cai^üela al suelo, la que se rom- 
pió, y la leche se fue desparrama tido por la 
cocina. Al ver los niñoá está catástrofe se que- 
daron como quien ve visiones, enteramente pa- 
rados y sin saber que decir í estuvieron miran- 
do correr la leche , y al cabo dijo Roberto sus- 
pirando : " ya podemos estar seguro;^ de que esr- 
ta noche no tendremos leche para cenar.'*-- "¿Y 
porqué?" dijoPaquito, "¿no hay acaso mas le- 
che en casa?" — ''oh, nada importa." replicó Ro- 
berto, « lo digo , porque el otro dia cuando ver- 
tí la leche, nos dijo mamá que otra vez; que su- 
cediese lo mismo no tendríamos para cenar, pa- 
ra enseñarnos á que en adelante tuviésemos mas 
cuidado." — «Pues bien," dijoPaquito, «pa- 



(i36) 

saremos sin ella y estamos despachados. Ahora 
lo que tenemos quehacer es ir á decirsélo á ma- 
má , porque ya sabes que nos tiene dicho que 
cuando rompamos alguna cosa , vayamos á con- 
társelo inmediatamente. j> — «Pero...» dijo Ro*- 
berto, «aguardemos todavía un rato mas, por^ 
*que temo nos ha de regañar. » i 

Niños y niñas que leéis esta historia poned 
en ella toda vues^a atención, y cuando cometáis 
alguna falta, id desde luego á confesarla ingé- - 
nuamente á vuestra mamá, porque cuando mas 
tardéis en hacerlo , tanto mas trabajo os costará, 
y quien sabe si al fin os quedareis sin confesarla 
absolutamente. 

Después de haberse quedado Rober- 
to pensativo por un rato, dijo por fin á Paquí- 
to: "bien puedes ir tú solo á contárselo á ma- 
má, porque yo no lo haré de modo alguno.» — 
Pues bien, yo iré' solo porque no tengo miedo 
alguno en decir la verdad , y tu deberias hacer 
lo mismo. 

»Yo también quiero decirla , tonto;» repli-*- 
có Roberto ; '^pero no necesito seguramente el ir 
á buscar á mamá para decirla que hemos come- 
tido una falta: ¿no lo verá ella bien acaso cuan-* 
do entre aqui en la cocina ?" 

Viendo Paquito que su hermano no quería 
acompañarle , se marchó solo en busca de su 
madre. Abrió la puerta del cuarto ch donde 
creia encontrarla, pero no estaba en el por ha- 
ber salido con el fin de ir por ropa. Creyéndola 



en él jardin , se encaminó á él en derechura. 
i En eáte intermedio Roberto no hacia ma¿ 
que discurrir y meditar en el modo como se 
disculparía con su madre, sintiendo en el alma 
que su hermano hubiese ido á contárselo todo; 
porque, decia entre sí , si la digésemos que na^ 
habiamos sido nosotros, mamá nos creeria, y: 
tendriámos igualmente leche para nuestra cena. 
Mientras estaba cavilando de este modo , oyó á su 
madre que bajaba por la escalera. Ah, ah, dijo 
en voz baja; mi hermano no la ha encontrado 
en el jardin, y asi no sabiendo ella lo que ha su- 
cedido, podré decirla lo que quiera. De este mo- 
do determinó el joven holgazán encajar una men- > 
tira á su madre. 

Luego que esta entró y vio la leche despar- 
ramada por el suelo , empezó á gritar, y pre- 
guntó á Roberto quién habia hecho aquello. 

•*Yo no sé, mama." Respondió Roberto con 
voz muy tímida. * 

"¡Cómo pues! ¿tú no lo sabes? Dime la ver- 
dad, Roberto, estoy pronta á perdonarte: en el 
caso que hayas sido tu: te pasarás sin leche en 
la cena, y se acabó. Mira, amigo mió, mas qui-- 
siera que hubieses roto todas las cazuelas que^ 
oirte una mentira; asi pues, dime francamente^ 
lo que ha sido: ¿eres tú quién la ha roto.?" 

ítNo, mamá, os lo aseguro;» y al decir esto 
se puso colorado *como la grana. 

«Entonces es preciso que sea Paquito: ¿en 
dónde está tu hermano ? 

9 



«No , tía «s mi he^mem^ qmen la ha roto,» 
El iispciraba per^wdir á li^ujio á qme díge^e lo 

«¿y Q^o $i4^ei$ilii que no es tu hermaBio?» 

<í^pr^ue...- poffíjue*....» Estaba bascando una 
4i?^«!lpfk i^^mo Í»2t(Ce9 las embüstefóá ; «porque 
y0 W mt )ie apa^Mdo de la eocitiá.» 

f<P;Ue$ si tu IÍ0 hi^ salido de ella debes saber 
{KT^iú^liienfle tsoiiw* y de qué modo bá succsdido.» 

Iui^i;íC^ íioberto 1 pasando de una menitira 
i otra ^ dijo : ^Mamá Favorito eá quien ha roto 
la €a3tnel|i^>T-rr¿Tu se la has visto r.oiiipe^?» — 
«•i^.m^má.» irAhf ah, señor Favorito^ inme- 
diatanve^ie y^i^ á ser castigado ^ yo os lo prome- 
to. Venid acá pronto*»— El perro que se estaba 
lamieitdo; por éstai* todo mojado de le€he> se 
acercó coo un aire de confianza. -** «Ya veis lo 
que hafeeis hecho, ¡ bribón 1 ¡picaro animal! ¡có- 
lmase éntiei^de ! romper la cazuel^ y verter la 
leche.» El perro tomo entoíices una actitud hu-- 
n»Ue y* c^u^able. ~» Vete Roberto a buscaírme 
uá^ .varita .en el jardin y tráemela que voy á 
ca^igar i Favoriíoí anda corriendo^» 

Roberto te fué corriendo á buscar la varita^ 
y eoc^mii^ }iKistamei?íe á ^u hermano en el jar- 
ddn: ie suplica por Dios que digese á su madre 
lo mismo qjie él la habia dichos p^ro Paquito le 
respondió: «líO, de ningún modo diré yo seme- 
jante cosa. ¡Como! tá quieren qne peguen al po- 
bre perro que ésta inociente; no, voy ahora mis-^ 
mo á decir la verdad á mamá.» 



Roberto fae el primei*() que suLio corriéndé 
amba COTÍ la vatá én k Mario ; pero tuvo la ma-^ 
licia de cerrar lá puerta <^on llave. ÍPresentó la 
vara á su madre, y áí cogerla está en ía mano 
conoció desde luego el perro <cjue iba á ser casti- 
gado^ por lo que se echó con éí vientre én eí 
suelo y se puso á mirar á sii ama con un airé 
de sumisión V y én actitud de pedir perdón ; pero 
el pobre animal no podia hablar. 

Iba ya a recibir el primer golpe cuando sé 
oyóla voz de Paquitó que estaba gritando :<tma-^ 
má , máiriá , no peguéis al perro qué él no tie-^ 
ne la culpa, que sdmos nosotros los que la teñe-- 
iÉióá.» Otra voz se oyó ál misnio tiempo^ y ésta 
era la de su padre que volvia del campó. «¿Que 
es eso, decia él^ á qué viene ahora él tener lá 
puerta cerrada? 

Cuando Oyó Roberto la voz de sú padre sé 
jpusó pálido como la cera, porqué sabia bien qué 
nuiicá déjábá de llevar una buena zurra cuándo 
hábia dichd alguna mentirá; La madre corrió á 
abrir la puerta ) y fue contando cómo estaba ya 
pronta para castigar ál perro, cuando Paquita 
habia ido á decirla la verdad. «¿Dónde está lá 
vara? dijo él padre: veíigá aqúi pues.» --Enton- 
ces Roberto qué cóijoéió én él semblante airado 
dé su padre ijiié íbá á ser castigado irremedia- 
blemente j sé echó á sus pies llorando, y dijo: «Pa- 
pá mio^ por esta vez sola os suplico mé perdo- 
néis, que os pirométo y aseguro él no mentir más 
de aqui adelante.» 



(i4o) 

Sá padre le cogió de un brazo y le dijo: «por 
ahora voy á principiar con darte una buena zur-^ 
ra para estar yo mas seguro.» En efecto, le diá 
tanto y tan fuerte , que el pobre Roberto grito 
misericordia; pero de tal modo que todos los ve- 
cinos acudieron inmediatamente para saber lo 
que era. 

Terminada la operación su padre entonces 
le dijo: «ahora vete á cenar: no tendrás leche, y 
ademas has sido castigado: de este modo es como 
trato á los embusteros.» Después tomando la mano 
á Paquito le dijo: «eres un buen muchacho; tú 
no tendrás leche para cenar; pero esto nada im- 
porta; tubas dicho la verdad, no te han casca- 
do y todo el mundo te quiere. ¿ Sabes ahora lo 
que voy á hacer? voy á regalarte el perro, él 
será tuyo y mandaré que graben tu nombre so- 
bre su collar. Y tá, dirigiéndose á su muger, 
cuando te pregunten por qué está el nombre de 
Paquito sobre el collar, y por qué le he dado el 
perro á este, contarás entonces la historia de la 
cazuela y de la leche. 



DESMEMBRAMIENTO 

DEL PODER ESPAÑOL. 



««•H<t>»*«*— 



Hubo un tiempo en que la España era la 
potencia dominante en Europa después de Gar- 
lo Magno Carlos I hijo de Felipe I , Archidu- 
que de Austria y de Juana de Castilla , hija de 
los reyes católicos, reunió el mas yasto imperio 
que ha dominado en Europa, pues fue el here- 
dero de los estados dé estas dos grandes casas. 
Por su padre tuvo el Austria, gran parte del 
Ducado deBorgóña, losPaises Bajos y el Franco 
condado. Por su madre Juana de Castilla tuvo 
los reinos de Ñapóles y de Sicilia con inmensas 
posesiones españolas en el Nuevo-mundo, aña- 
diendo á estas numerosas coronas la del impe- 
rio de Alemania. Con la muerte de su abuelo 
reunió áTsu vasto imperio conquistas importan- 
tes á los dominios de la casa de Borgona, í'eu- 
nió las provincias de Frisa Utrecht, Overyssel 
y el Ducado de Gueldres y el ducado de Milán á 
los dominios españoles. Asi tuvo entre sus ma- 
nos el destino de muchas naciones estranjeras 
separadas entre sí por sus costumbres, religión, 
lenguaje, clima y límites naturales. Con todo sa 
genio apenas pudo mantener obedientes tan vas- 
tos estados. ¿Sus sace^iores aunque tuvieseu sa 



(i42) 

fortuna y su talento, se verían farorecidos por 
circutistCncias tan propicias en el ejercicio de su 
dominación? Sin duda estos tristes pensamientos 
empozanaran sus últimos años , y le condujeron 
en part^ á aquella abdicación tan admirada de 
sus, contemporáneos, 

Intereses de familia habian contribuido sí 
formar este vasto imperio^ ^intereses de familia 
contribuyeron también a desmoronarle. Fer- 
«landó hermano de Carlos heredo la corona im-t- 
perial y sus dependencias que constítütyen la ra-^- 
ma llamada alemana. Felipe 11 hijo de Carlos 
sucedió á su padreen los^ demás estados,, y for-r 
mó la raza austríaca española, Ape^^r d^ este^ 
primer desmembramiento^ todavía la casa era 
poderosa, y Felipe supo contener á las. provin- 
cias que intentaba^ sacudir el yugo, y sin des-r 
membrar sus. estados conquistó el Portugal, Pe-- 
TQ los. esfuerzos que hizo pars^ mantener sii abe-^ 
diencía en los Países Bajos, contribuyeron á de-p 
bilitar la España, Eq los reinados de Felipe III 
Felipe I, y Carlos 11,, los obstsículos se presen- 
taron mas, terribles , y la España desprovista de 
recursos, avanzó rápidamente á su ruina. La 
lucha religiosa que tomó un carácter político hi- 
zo irreconciliables, á los pueblos de España y de 
los Países Ba¡o;s , debilitando considerablemente 
á la metrópoli por la eníiígracíon de muchas fa- 
milias españolas á la Anieríca y Europa , y por 
laespulsion de los moriscos. En fin, el grande 
impelió ;$& desmoronaba por todas partes cuanr 



do Carlos II murió sin hijos , dejando á la Eu- 
ropa el cuidado de distribuirse sus ricos despo- 
jos. Esto origino la guerra de sucesión que es- 
tuvo á pique de ser fatal á la Francia á fines del 
reinado de Luís XIV, y que diiá el último gol- 
pe al poder español desmembrándole completa-* 
mente. Por el tratado de ütrecht concluido en 
1 713, el duque de Anjou, nieto dé Luis XIV, 
fue reconocido rey de Espafla con d nomBreáe 
Felipe V, fundando sus der6chos^en «I 4éétcil- 
mentó de Garlos II, y en sii madí^ he^iíikWJ^ 
este príncipe. La casa auátriacs^aleinaM sé ^dé- 
do con los Paises Bajos, MihlAf^áú^^é^ 
derdeña, y la casa deSaboya^i^^lii^lk^ 
sion eveiíitualdeEs^aña^ 



»<^H^# ^ <4> Jiij %'^ 



(x44) 

biografía. 

El Abate Gauttier. 



Nació en Italia en 1755. Se llamaba Luis, 
Eduardo, Camilo, Gauttier. Recibió en Roma 
las órdenes sagradas, y á los treinta y cinco; años 
vino á establecerse en Francia, la patria de sus 
padres. Notando las dificultades que esperimen- 
taban los niños -al iniciarse en los primeros ele- 
mentos de la instrucción, y conmovido. con las 
lagrimas que los veia derramar, se ocupó con ar- 
dor de hallar los medios de perfeccionar los mé- 
todos de primera enseñanza despojando los estu- 
dios de toda aridez y desaliento para la infancia. 
Supo ponerse al alcance de los niños ganándose 
su confianza ; proéuró utilizar hasta sus juegos 
introduciendo con precaución nociones de gra- 
mática, historia y geografia. Hablando con ellos 
comprendió testa dónde alcanzaba sa inteli- 
gencia, diciendo— «que en el trato y conver- 
sación de los niños habia mas que aprender que 
lo que se creía: » y en efecto las conversaciones 
con los niños le dieron la idea de sus obras. 

Durante la revolución francesa vivió algún 
tiempo en Inglaterra y en Holanda. En Londres 
instituyó un Liceo para los hijos de los pobres 



( i45) 

emigrados, y les daba instracdongraiuila: des- 
pués de la revolución el abate Gaultier volviá 
á Francia , abrió curso de instrucción para j(}- 
,venes maestros que le han venerado como padre 
y amigo. Mucho tiempo antes que se hablase é^ 
enseñanza miítua ya el abate Gauttier haKb 
concebido la feliz idea de enseñar á los niños ui>os 
por medio de otros, y he aqui como hizo la pri- 
mera aplicación. Se cuenta que un dia unos pro- 
fesores fmnceses que habían iniciado en su meto- 
do descontentos por no tener retribueioiii alguiia 
por sus trabajos, le abandonaron un dia en me- 
dio de los ejercicios de la clase. El abate Gaut- 
tier, después de su partida, escogió para reem- 
plazarlos á los discípulos mas adelantados y con- 
tinuó su lección concluyéndose los ejercicios sin 
tumulto ni desorden , sin que el maestro necc- 
jsitase en lo sucesivo mas ayudantes que sas ni- 
ños. Ya se reconoce en esta inspiración provo-r 
4:ada por la necesidad, la creación de los moni-r 
tores que están á la cabeza de las clases de enseT 
nanza mutua. 

En un viaje que hizo á Londres en i8i4 es- 
tudió la aplicacitm que se habia hecho de la en- 
señanza mutua á la instrucción primaria. Volvió 
en i8i 5 con preciosos documentos que comuni- 
có al ministro Carnot, y empezó desde esta épo- 
ca á ser uno de los mas celosos fundadores y 
propagadores de este método tan favorable á los 
progresos de la instrucción. 

Su celo ardiente por la juventud sin ser en- 



tiviado por la edad , le indujo á reunir en su ca-* 
sa todos los jueves á los monitores de las clases 
de enseñanza miitua que mas sobresalían , y les 
daba una instrucción mas elevada , animándolos 
en la práctica de sus deberes. 

El abate Gauttier reunía á los dones mas 
amables de espíritu las mas afectuosas cualida-» 
des. Su conversacioq era alegre, aniniada é ins-* 
tructiva. El ilustre historiador de Bossuet y de 
Fenelon , el cardeiial de Bausset decia hablando 
del abate Gauttier— «es la vida mas respetable 
que CQao2;cQ.» Compuso hasta quince obras di- 
ferentes, habiéndose hecho de algnnas de ellas 
veinte edicciones. El 19 de setiembre de 1818 
fue cuando espiró este honabre ilustrado y be-^ 
néfico á la edad de 63 años. Algunos meses an- 
tes habia sido electo vice-presidente del consejo 
de administración de la sociedad de la instrac- 
cion elemental á la que es debido en gran parte 
el impulso que la educación pqpular ha recibido 
€n Francia hace unos^ quiíj^e aSos. 



HIGIENE. 

Del peligro de los corsés muy apretados. ' 

f%MJ\MW%l% 

Respiración embarazada y frecuente, pal- 
pitaciones de corazón j sangre mal aireada y por 



consiguiente debilidad de los órganos; inflexión 
de la espina dorsal y alteración del talle ^ diges- 
tión penosa, y por iílti;iio ^nfernie^ades pulmo- 
narias , he aqui algunos inconvenientes de los 
corse's ajustados. C¡Qíitra estos ultiinos es contra 
los que hablo, pues; el cqrstí en general es átil 
para dar al cuerpo una actitud conveniente cor- 
rigiéndolas defectuiosidades y slipliqxidq iui cier- 
to modo lo3 ejercicios gimnásticos que son raros 
entre las jdvenes. Pero séame perniitido declarar 
aqui que las mujeres se engañan cuando creen 
aumentar sus gracias naturales, reduciendo cuan- 
to pueden su talle.- Hermosura f salud soti dos 
cosas intima mente unidas. Un talle muy estre-» 
cho hace disonancia con lo restante del cuerpo 
el que pierde bajo la bárbara compipension del 
acero y la ballena, la movilidad que le da es- 
presión. JLa vida y el sentido están oprimidos 
¡bajo esas armaduras inanimadas y mecánica^ y 
no se manifiestan sino por un movimiento ma- 
quinal semejante al de un autóma^ta movido por, 
jel vapor. En fin, las madres son responsables 
con sus hijos de la frágil salud que les trasmiten. 
jEmplean sus inas bellos años e^ cuidarlos en la 
jcuna: pero si por estos sacrificios á que se con- 
denan cumplen el deber de madre, vlo pueden 
resarcir el vicio de constitución que las han de- 
jado como una triste y dalorosa herencia. 




LOS PERROS CÉLEBRES. 



Antiguamente y en otros países se descubría 
con la ayuda de los perros á los culpables de al- 
gún crimen : esta costumbre sé ha visto reno-^ 
rada últimamente en el condado de Orford. 

Habiéndose incendiado la quinta del duque de 
Malborough, el mayordomo fue uno de los pri- 
meros que acudieron seguido de un arrogante 
perro. Allí vid las huellas recientes que habla 
dejado un hombre al retirarse, y al instante 
escitó al animal á seguir la misma dirección» El 
animal siguiendo las huellas, recorrió con lama-* 
yor exactitud los numerosos Zig-zag que había 
descrito el futigivo á fin de evitar las sospechas. 
Llegaron á una casilla cuya puerta estaba abier- 
ta; pero no había nadie en lo interior. Enton-^ 
ees el infatigable perro se volvió corriendo al la-*- 
gar del incendio, cada vez mas inquieto, y se 
precipitó sobre un índividuq que parecía de los 
mas solícitos en apagarle. El mayordomo ijisis- 



tío en qtie le prendiesen, y la úédáráclori del 
culpable no tardó en justificar las sospechas fun- 
dadas en la sagacidad del perro revelador 

Al principio de lá revolución francesa de 
89, un perrito asistia todos los dias á la parada 
al frente del palacio de las Tullerías, se coloca- 
La entre la batida de música de la guardia Na- 
cional, y seguia todos sus movimientos hasta 
que concluida la parada desaparecia hasta el dia 
siguiente que volvia á su sitio acostumbrado. 
La aparición constante de aquel perro y el gusto 
que tenia en oir la música , hicieron que los mú« 
sicos le cobrasen afición, y no sabiendo su nom- 
bre le llamaron parada. Todos le acariciaban, y 
por turno le llevaban á comer á su casa* Bastar 
ba pasarle la mano por el lomo y decirle: '*Pa- 
rada , hoy vendrás á comer conmigo» pai^ que 
el perro siguiese al que le convidaba. Gomia ale- 
gremente y con buen apetito, pero después de 
comer tan constante en sus gustos como en su 
independencia el amigo Parada se despedía sin 
que nadie pudiese contenerle , y dirigiéndose á 
la ópera, á la comedia italiana, ó al teatro Fey- 
deau, se situaba sin ceremonias junto á la or- 
questa sin moverse, hasta que se concluia la 
función. La marcada afición de este perro á la 
Hiúsica militar , le hizo seguir á los músicos de 
un regimiento del ejército de Italia , cobrando 
tanto cariño al ilustre Desaix que pereció como 
él en la batalla de Marengo, herido de un fuego 
de obús al mismo tiempo que se precipitaba 



, 05o) 

ahullándó sotre el cuerpo de aquel valiente ge-^ 
neral que habia fcaido á tierra con una herida 
mortal 

Lady Mafc-Orthy viuda dé ün señor esco-^ 
césy habiendo llegado á Londres^ perdió el mis-» 
mo dia de sil llegada una niña de cuatro años, y 
después de haberla bascado inútilmente, napa4 
diéndó Soportar aquella terrible desgracia^ se 
precipitó en el Tamesis. Antes de verificar sii 
designio hizo varías di^poáidoneá dejando la 
cuarta parte de áu caudal al qué encontrase á 
;Su hija, una suma considerable para practicar 
íiue vas diligencias^ una penáiotí alimenticia á la 
áyá qué habia educado á la niña^ y adéríias vá-» 
rioS muebles y objetos que lá hábian perteileci-, 
do, entre ellos un perr'ito de casta íriglesáí Él 
aya liimada madaniá CoUope $ después dé haber 
practicado muchas diligencias infructtitísas se 
l^olvid á su páis^ y últimamente asuntos dé fa-^ 
tftília la hicieron volver a Londres. Un día que 
estaba parada delante de una tienda dé Orforde- 
Street acompañada de su perrito > este fue si-* 
guiérido á un individuo que pasaba^ llevando dé 
la niáind á tina niña dé g á ío años^ El perrito 
faltando ál í*«dedof de aquella nina ítianifeSta-> 
í)á lá tñas viva alegría, y después dé acariciar-» 
ía íbá a háéer íú mismo con M. Collope. Al mo-^ 
ttténto esta sé acordó de sü niña 5* y examinando 
lá que llevaba aquel hombre, éi*eyó reconocer 
las facciones de su joven Lady: Con la ma- 
yor resolución empezó a apostrofar áaquerhom-*^ 



.(«5i) 

bre que atacado asi de impmviso, balbuciente 
y atolondrado, abandonó la niña, y huyó vien- 
do que se reunia gente. Algunos testigos de esta 
escena acompañaron á M. Collope á casa del 
iíiagisti*ado j y en el diá se buscan los culpables 
y los medios de comprobar la identidad de la 
niñaj qué es según dicen heredera de mas de 
sesenta mil libras esterlina^* 

Guando leáis la historia amiguitos ^ leeréis 
el reinado de Enrique III de Erancia) príncipe 
sin energía ^ tói valor y 6Ín voluntad , y que §o- 
lo inspira un poco de intere's por el así^síñato que 
terminó sú^ dias. Entre los personages célebres 
del tiempo de Enrique 111 ^ la historia no os ha- 
blará de Litiné ni ¿e Ti ti ni de Mimi^ porque 
es demasiado grave para esto; yO voy á suplir 
este silencio diciéndoos quiénes eran estos tre;á 
personages. pues hien ^Ltline^ Títi y Mimiyerán 
tres lindos perritos que el Rey había hecho tr^er 
á mticha costa de Smirná porque era amante de 
perros y de caballos; Un cronista de aquel tiem-* 
po escribe que sólo en esto gastaba cien tilil es-^ 
cudos por año^ y cien mil escudos entonces eran 
una suma mas importante que lo es hoy dia. 
Enrique III estaba loco con sus perritos, y los 
llevaba por todas las salas del palacio en tina 
CCstita colgada del Cuello* 

Liline Titi j Mimi estaban ensenado^ á ha-^ 
cer la guardia por la noche junto al Rey^ y de- 
sempeñaban perfectamente este encargo. Hacian 
alternativamente la centinela á la cabecera de 



m eama tnetídos^ en una cesta. El qne le tocaba 
la guardia poxiia las patitas delanteras en el borde 
áe la cesta, sacaba afuera la cabeza y asi per- 
manecía con ojos listos y oido atento hasta que 
€ia dar la hora del releva en un relox inmedia- 
to^ cuyo sonido entendian perfectamente. En-- 
lonces el centinela tiraba de la oreja al cámara--- 
áa á quien tocaba la guardia , y este levantan- 
áose tomaba al instante posesión de su puesto. 
Asi continuaban hasta la mañana sin interrup-* 
cíon , y nunca el Rey tuvo guardias mas exac- 
tos ni mas atentos. 

Cuando Jacobo Clemente vino á S. Cloud 
para asesinar al Rey ZZ/Z/zg estaba dentro del 
cuarto. Asi que el asesino entró se puso á la- 
ilrar fuertemente y aun quena morder á pesar 
de que era muy mansito. El Rey, vista esta con- 
flucta, le arrojó fuera del cuarto, y á pocos ins- 
tantes Enrique III recibió dos puñaladas en el 
lia|o vientre, de las que murió. 

Sin duda la conducta de Liline era un pre- 
sentimiento, y si el Rey hubiera prestado un 
poco de atención no hubiera muerto asesinado. 
ün guarda del castillo de Holstein volvien- 
do un dia de caza encerró el producto de ella en 
tina sala baja y salió á desempeñar una comisión 
en la que tardó dos dias enteros. Cuando volvió 
el cocinero le preguntó si habia algo de caza pa- 
ra la comida , y dirigiéndose á la sala lo prime- * 
iTk que vi() fue al perro tendido y privado de la 
•vida. El pobre animal todavia estaba caliente,- 



(i53) 

señal que hacia poco que había muerto. Al ver 
la caza intacta conforme la habiá dejado, no 
dudó que el pobre perro había muerto de ina- 
nición, y antes que tocar a la caza que estaba^ 
acostumbrado á respetar se dejó morir de ham- 
bre. Esto prueba que cuando se han recibido 
buenos principios no se olvidan jamás aunque 
sea á costa de la vida. Hasta otra vez queridos 
niños que aun tengo muchas cosas que conta- 
ros, pero si el placer ha de durar mucho tiem-^ 
po na os lo debo contar todo en un día. 

\Se continuará.) 



10 



sobre leus lenguas por 4on Alfredo A. Cqmus^pro-^ 
, fesór de lengua francesa en el real colegio 4^, 
hutnafiidades de. Ic^^iud^ad de Córdf^a^ 

^ Ademas 4e una aln^a itimortal y de la razón, 
que le es pi*opi^ ^ soja niüchas las cali4ad^§ fíni- 
cas quie disiiíigaen á la noble raza del Cosmopó-^ 
lita (i) de los demás seres organizados que le 
están subordinados y que habitan con él la bas- 
ta periferia de nuestro globo. La mas admirable 
de ellas es la locución. En esta siendo el mas 
bello ornamento del hombre , es una función 
que denota la reciprocidad que hay entre su ser 
moral y físico. Sin la locución, ¿que' sería nues- 
tra especie sino una magnífica obra no acabada? 
Sin hablar, ¿cómo podría conocerse la línea de 
separación que existe entre el hombre y los de- 
mas anímales. Consideremos por un momento 
al hombre privado deí uso de los órganos voca- 
les, y veremos que su alma indestructible ape- 
nas se distingue de la corruptible de los brutos, 
que no siendo mas que unos autómatas (2) na- 
turales son tan poco duraderos, como la OKité- 

(1) El habitante Je todos los países, esto es , el hombre. 

(2) Resortes que se mueven por sí mismos como los relo- 
jes. (Vide grac.) 



055) 
na de qae se componen (c). Veremos qué su 
^ida no es mas que un prolongado tormento» 
Veremos anonadados j disueltos hasta los mas 
estrechos lazos de la sociedad , fuente inagotable 
de la felicidad sobre la tierra. 

Siendo los hombres todos individuos de una 
misma especie , es de inferir que no dííberia ha^ 
ber entre ellos mas de un solo idioma o colec-r 
cion de sonidos para manifestar los conceptos 
de la mente. En efecto, ,asi sucedió desde el 
principio déla población del mundo hasta el 
año de 1800 de su creación (2), en ciiiya época 
queriendo el Señor castigar la vanidad de los 
presuntuosos arquitectos de aquella famosa torre 
que debia precaverlos de una nueva inundación 
é inmortalizar sus nombres , estableció k plural- 
ridad de lenguas de que resultó su dispersión. 
Quedó f pues ^ desde entonces el hombre red uci-r 
do ó ¿limitar su sociedad entre los que hablaseis 
&a mismo idioma , sopeña de tenerse que ips-r 
truir en las demás lenguas j de cuyo estudio mo-r 
dificado poco a poco llegó á formarse uparte 
Hámado Grramátióa , de quien se ignora el anti-r 
guo origen , pero que debió precisamente seguir- 
se poco tiempo después de la pluralidad de len^ 
guas. 

Habiendo hecho ver ci^án útil y preciso 
ños es el uso de la palabra y el origen de la di-- 

' (1) Según Cartesio. (Vide psycholog.) 

(2) Erat autem térra labii unius , et sermonum eorum-* 
dem. (Vide Gen. Cap. HI.) 



(i56) 
versidad de lenguas, vamos á indicar cuáles son 
las mas principales y e^i qué paises suelen ha*- 
blarse cada una de ellas. 

Se pueden contar, dice el abate de la Croíx^ 
quince lenguas generales , á saber: la latina j la 
teutónica en los dos continentes conocidos ; la 
escla[>ona^ la griega^ la árabe , la tártara^ la 
china j Xsl africana ó berberisca^ la negra y etio^ 
pea que no se estiende mas allá de nuestro con-^ 
tinente. La mejicana , la peruana , la tapuya , la 
guyarana y la calybina , que se encuentra en 
América, pudiendo añadirse la ebrea que es la 
mas antigua de todas las lenguas , y la mas ve- 
nerable sin duda, pues que de ella se sirvió^ 
Dios tantas veces para comunicar con los hom- 
bres: en ella fue la que habló el primero de los 
mortales; en ella hablaron los profetas y I03 
apóstoles, y en ella en fin se halla escrito el 
precioso original de la santa Biblia. Sin embar- 
go, es lengua muerta; pues no se halla puebla 
alguno que la hable ya : lo mismo sucede á la 
latina^ pero esta ha dado origen á diferentes idio- 
mas que son el italiano , el español y el francés* 
En los estados de Italia, España, Francia y 
sus dominios , tiene el latin la ventaja de ser la 
lengua de que se sirve la iglesia romana , y ser 
como una lengua general á lo menos para la li- 
teratura* 

La teutónica es de Alemania , Escandinavia, 
é islas Británicas. Esta lengua habiéndose cor- 
f<wnpido ha producido otras varias j á saber; la 



alemana^ la flamenca, la inglesa , la siieda y la 
danesa. 

La esclaoona ha dado principio á los idiomas 
€n la Moscovia , la Ungria , Polonia^ Bohemia^ 
y la mayor parte de la Turqaía Europea. 

La lengua Griega moderna derivada de la 
antigua está en uso en la parte meridional de 
la Turquía de Europa ; esto es , la antigua Gre- 
cia é islas del Archipiélago: también se habla 
¿n la Natolia, 

La árabe se usa en gran parte del Asia, en 
Arabia ó en muchos pueblos de las dos Tur- 
quías europea y asiática, la Persia , la India , y 
también en África, en Berbería, Egipto, en 
Sahara, la Negrería, la Nuvia y el Zanguebar. 

La tártara se habla también en la Turquía, 
en una parte de la China, en la Gran Tartaria, 
y el Mogol 

La lengua china (i) ademas de usarse en el 
imperio de su nombre, lo está también en algu- 
nos parages de la India y en la mayor parte de 
las islas de la Australasia. 

La africana j la negra, la etiopea, no se ha- 



(1) Entre todas las lenguas la mas clifici] es la china: este 
idioma ademas de no tener analogía con ningún otro _, no tie- 
ne mas que unas 335 palabras todas monosílabas, pero que 
teniendo cinco entonaciones diferentes mediante las cuales un 
mismo término significa cinco cosas diversas , equivalen por 
consiguiente á 1675 dicciones. Los chinos se sirven con ellas 
de mas de 80,000 caracteres diíerentes. Lo que hace á esta 
lengua la ma« dificnltosa d« todas cuantas se hablan en el 



blan mas que en África; la primera en Berbe- 
ría, Biledalgerid,.Záh¿ira, y Nabia (este idio-^ 
ma está may mezclado dé árabe). La seglinda 
en todavía .Nigricía y lác Guinea; y la tercera ó 
etíopeajttn las regiones de este nombre. 

La mBpeanu' está en uso en Méjico. La pe^ 
ri/«to en él Perú. La /a/)i/ja en el Brasil. La 
gurhyana se asá en el* Paraguay hasta el rio dé 
las Amazonas. Yen ñn ,\2l caífóma es el idio- 
ma de los caribes habitantes de las islas del 
mismo íiombre , y de los pueblos de la Guaya- 
na y tierira finiie en la AmeVlca meridionaí. 

Los climas influyen en gran manera sobre 
la belleza ó imperfecciones de las lenguas, tenien- 
do estas regularmente las mismas cualidades de 
que aquellos gozan. Contribuye también mucho 
el jiíayor ó menor grado de civilización á sus 
adelantos ó decadencia. Y asi , ¡ qud diferencia 
entre el noble y agradable lenguaje de los jovia- 
les bebedores del Sena y el seco y frió de los que 
respiran la densa niebla del Támesis! ¡Y cuan- 
ta mayor no es la que existe entre el áspero y 
semiarticulado dialecto de los toscos pastores en 
los montes de Laponia y el dulce y armonioso 
idioma que modulan los finos y delicados la- 
bios de beldades de Ñapóles y Venecia! 




Modo de consers>ar las manzanas^ 



En América tienen un buen modo ¿le con*- 
servar las manzanas, y consiste ^n panerlaá en 
toneles entre arena. Para esté fin se elige arena 
fina Líen seca, y se cubre con ella el fondo del 
tonel , sobre ella se pone una capa de má^nzáiltáá, 
estas se cubren de arena, y asi sucesivameííte 
hasta que el tonel este' lleno. Este método tien^ 
la ventaja de preservar á las manzanas del con- 
tacto inmediato del aire, qué es la causa más 
activa de su corrupción. Igualmente las priva de 
la humedad superabundante qué las es muy per- 
judicial. La arena esparcida igualmente entre las 
manzanas absorve una parte de esta humedad, 
de suerte que solo conservan la necesaria para 
mantenerse en buen estado. Asi conservan la 
fragancia que les es propia y que se pierde cuan- 
do los frutos quedan espuestos al aire; "dispo- 
niendo asi las manzanas en toneles, cajas ó aun- 
que sea en el rincón de un aposento, estarán 



(i6o) 

menos espuestas al hielo, á la variación de tem- 
peratura ó á la humedad del sitio en que estén 
colocadas. Se puede por este medio prolongar 
la duración de esta fruta hasta últimos de mayo 
tS primeros de junio. 



Lámpara de seguridad de los mineros. 



En las galerías de minas se desprende un 
gas que combinado con el aire se inflama en las 
lampallas de los mineros, y produce una deto- 
nación funesta. Sir Davy después de visitar las 
minas con el conocimiento de las propiedades 
del hidrogeno y de los efectos que puede produ- 
cir en sus combinaciones con el aire atmosféri*- 
co, imaginó encerrar la lámpara de los mineros 
en una caja cilindrica de alambre de hierro. El 
gas que s^ desprende de la mina penetrando en 
la caja de la lámpara se quema lentamente sin 
hacer esplosion , y como la tela de hierro intcr^- 
cepta la llama esta no se comunica á lo restante 
de la atmósfera. 



EDUCACIÓN BE SORDOMUDOS. 

Teoría de las cifras de los elementos de la pro^ 
posición. 

Todos los elementos del lenguage que sirven 
para manifestar el pensamiento y que paedea 
formar la proposición se conocen ya y su uso 
está determinado. Los signos indicadores los ha- 
llamos, pero nuestro entendimiento estaba de- 
masiado ocupado en las primeras lecciones cuan- 
do dimos la de las cifras que distinguen el su- 
jeto de la cópula , el complemento de cualquiera 
otra palabra. Volvamos á la teoría de las ciiras; 
sin este medio no podemos dar un paso. Cuando 
nos servimos de ellas para caracterizar el sugeto, 
el artículo y el verbo , las mismas indican el papel 
de cada elemento de la proposición , son puros 
signos de que nosotros no señalamos mas que la 
forma ; el orden que los números cardinales es- 
tan destinados á designar por la naturaleza mis^ 
ma de su valor propio é individual, no entra 
para nada en el que ellos tenian para nosotros. 
Pero adquiridos los conocimientos de la nume- 
ración, cuya ciencia es tan fácir de conseguir 
para los sordo-mudos, nuestras ideas sobre las 
xifras destinadas á distinguir los cinco elementos 
de la frase , tomaron otro carácter , sobre todo 
cuando añadimos á la idea de cada numero prin- 
cipal la del rango y orden, y que en quinto no 
ven ya cinco sino uno tomado en el niímero 5 y 
1b1 último de los cinco, No es fácil hacerles eje^ 



Gutar esta distinción esencial, para conseguirlo 
es preciso qae marchen cinco discípulos delante 
de nosotros j y escribir en el encerado el nombre 
de cada uno en el orden de su lugar relativo; 
escribir primero encima de cada nomlxre y á 
iBcdida que cada uno comenzaba y continuaba sü 
marcha encima de la anidad, primera^ segundo, 
tercero, cuarto, quinto &c., y añadir encima laá 
cifras 1,2, 3, 4^ S^ 

Asi es como debe dafse á los mudos lá idea 
¿e orden y de rango de que hay necesidad para 
la lección que se les quiere dar. Se recurre de 
nuevo á los procedimieiítos que nps habían ser- 
vido para formar de una maneta sucesiva la 
primera proposición, y les enseño que para es- 
presar el pensamiento del modo que se concibe 
es necesario tener una sda que pueda presentar 
á la vez un objeto y una de sus modificaciones. 
Esto es lo que ofrece uií nombre en el cuál ven 
nn adjetivo escrito en el intervalo que se puede 
dejar entre las letras que componen el mismo 
nombre como el cuadro siguiente: 

L a I z B u R I O 

Esto á la vista de los niños es ün solo cua- 
dro, y en algún modo una simple imagen , pe^ 
sada, reflejada, una cualidad vista en un sujeto, 
afirmada de él; el resultado de le-; comparacioil 
de utia cualidad y de un sugeto y por consiguieñ-^ 
te un juicio d una afirmación; un juicio mani^ 
fcstadd, comunicado, puesto ó sentado á la vista 



(i63) 

de Otro ; en fin una proposicfofi ^ tiiílá proposición 
manifestada en tina sola palabra con que cifra| 
j seria necesario señalar esta imagen manifésla-' 
da? Sin duda con la cifra i: ¿y de que' dfra si sé 
la puede desfconiponer por mas simple (jiie sé^ 
y por quitarla ál menos por el entendimiento iá^ 
cualidad que de ella se afirma ? Auft de la mis^ 
ma cifra i porque no «e multiplica la imagen 
descomponiéndola. ¿Pero está í escrita por en-» 
cima del objeto es otra cifra diferente dé la def 
la cualidad? de nifigun modo, pues la cualidad 
que no puede existir fuera del objeto, no hace? 
dos con el objeto. Por el procedimiento siguien- 
te se les hace entender mejor. 

t 

li a I z B u R 1 O 

' La cifra i que cae perpendicular sobré la 
palabra libro se divide en el procedimiento si-» 
guieiite partiéndose entre el objetó y la éualidai 

LIBRO AZUL 



4 '••«•• é 



(i64) 

tsta separacian demuestra á los niños qae 
estas dos qae confunden reunidas una cifra úni- 
ca para no hacer de ella mas que una sola no 
forman mas que un todo, que un solo pensa- 
miento para cuya espresion no falta mas que un 
signo simple como ella misma, y desde este mo- 
mento se acostumbran á no ver jamás la cuali- 
dad separada del objeto, y por consiguiente el 
adjetivo separado del nombre en el entendimien- 
to como lo está en el cuadro. 

Por este procediniiento que no presenta para 
dos palabras escritas la una en la otra mas que 
una sola cifra, se preservan para siempre del la- 
zo que les tendería en lo sucesivo la separación 
del sugeto de la cualidad, y desde esté momen- 
to aprenden á no contar nunca sino por uno el 
nombre y eradjetivo, como el entendimiento an- 
tes de la práctica tan dichosa de la abstracción 
no contaba mas que por Uno el objeto y todas 
sus maneras de ser. 

A todas las líneas que se refieren ¿ sus va- 
cios que dejaron las letras que formaban el ad- 
jetivo hago suceder en otro procedimiento una 
sola línea que se reemplaza en sí misma por una 
palabra Copula ya conocida, y á esta palabra se 
le da la cifra 2 como característica , que es la 
que se presenta á consecuencia de la que acaba- 
mos de emplear poco antes y que repito de 
^tievo. 



J (i65) 

LIBRO AZUL 

LIBRO es AZUL 

La frase pasiva tiene las mismas cifras, jmji* 
consiguiente la cifra 3 cuando se reduce á una 
sola palabra es complemento de la proposición 
activa y el objeto de su verbo. 

El verbo formado de una cualidad activa y 
del verbo ser, tiene dos cifras como que sirve pa-- 
ra dos fines ^ para enunciar una cualidad en la 
primera , y para esta tiene la cifra del sugeto, 
como azul tiene la cifra de la palabra libro; y la 
cifra 2 en la segunda parte^ porque esta termi- 
nación es el verbo. Por consiguiente la frase ac- 
tiva con su complemento tiene encima de sus 
elementos componentes las cifras siguientes: 
I 2 3* Estas cifras d números indican. El i.^ 
el sugeto; el 2.*^ la cualidad que es la primera 
parte del verbo activo; el 3.^ la terminación del 
Yerbo activo; el i^P el complemento del verbo, d 
como dicen los latinos y algunos modernos , el 
régimen d el caso del verbo. 

No resta mas que la preposición sobre la cual 
escribimos 4 y su complemento d régimen mar- 
cado con la cifra 5 ; el adverbio que Sustituye á 
la preposición y á su complemento debe pues 
tomar las cifras de ellas. Tales la ventajosa teo- 



lía de las cifras, con cuyo auxilio no puede ha- 
llar la menor dificultad «Isordo-mtrio en la cons- 
trucción mas embarazosa. A esta invención tan 
simple se deben los mejores resultados. Sin lateo- 
ría de las cifras no solamente noí adquirían la 
perfecta inteligencia del mecanismo de la frase 
en tan poco tiempo, sino que tampoco conseguid 
mn la facilidad de manifestarse algunos de ellos 
tan exactamente como los que habían. Esta teo^ 
ría es la que asigna á cada palabra su valor re-f 
laíívo en la proposición ; la que enseña á distin-r 
guír el sugeto del objeto de la acción y cual sea 
su lugar en la frase. Ensena ademas á no cón-r 
fundir el complemento indirecto con el directo, 
y no señalando nunca las palabras sino cuandq 
tienen un valor y representan las ideas, no per^ 
miien confundir con ellas las simples conjuncio-> 
nes pues que no hay cifras para ninguna de ellasi 
La teoría de las cifras es la que hace marchait 
j^iempre la lógica al lado de la gramática, ha-^ 
ciendo considerar las palabras menos que las co^ 
sas; las partes constitutivas de la frase menos 
que los elementos de la proposición, la proposi-^ 
cipn y su régimen menos que una proposición 
secundaria dependiente de una proposición prin-» 
cipal. A favor, pues^ de esta teoría, es como el 
sordo-mudo adquiere el hábito de considerar 
mas bien los pensamientos que las espresiones, 
antes las ideas que las palabras, considerando 
por seguro tacto distinguir lo que es esencia de 
lo accesorio , y que la* construcción podrá algij^ 



»as veces ser irregular, sin qae las transposl-i 
piones se^n jamás la ocasión de un desprecio. La 
gramática siempre estará subordinada á la 16^ 
gica, ó mejor diré el sordo-mudo Sí^rá gramá- 
tico porque la teoría de laü cifras le harán Id-» 
gieó. Los bellos ekcios qiie produce esta teoría 
me convencen mas y mas de la in^uíjci^ncia de 
los antiguos métodos de commiicaciomí d^ que 
con el mayor disgusto he siiio testigo tantas 
Teces* 

El SOr40-mudo llega con est« método á escri- 
bir bajó el dictado de signos todo lo que se pro- 
pone. SüL meiijória i*etiene cop una estrema fa-^^ 
ciudad todos los ohpio^ de instrucción, las pr^-^ 
guntas y respuestas. Pero puando es necesario 
responder á una pregunta nueva , ó cuando es 
preciso 4ar una respuesta, que no hubiese sid<> 
comunicada. El sordo-mudo no tiene para es^^ 
cribirla mas que palabras desunidas^ y forma 
una reunión estraña de espresiones incoherentes. 
Se necesita hacerle alguna pregunta á un sugé- 
to que no ha escrito nunca mas que la palabra 
principal, y jamás podré olvidar que recibiendo 
una carta de un Sordo-mudo ^ cuyos progresos 
hablan sido adniirados muchas veces en una es- 
cuela donde la teoría de las cifras se desconoce, 
preguntándole yo sí su viaje había sido feliz, 
me contestó lo que á la letra sígueí 

Cádiz <S:c- »Mtiy dueño amigo. Yo antes ca- 
mino buenos ladrones nada cinco días en Sevi- 
lla muy hermosa, mucho fuentes cagas jardín 



#. . («68) 

líiuy Bonito me gusta Catedral grande Semanas 
Santa mucho procesión, yo visto nada en Cádiz 
mucho france's Puerto Santa María contra Jo-?* 
sé María Velaustegui &c. &c. Tal como se pre- 
senta la carta se podrá asegurar que pocos la en- 
tenderán , y es necesario adivinar lo que quiere 
decir partiendo del conocimiento de sus relacio- 
nes, de lo que motivó su viaje de esfa á Cádiz, 
su permanencia en Sevilla , el encuentro de un^ 
compañero en desgracia en el Puerto de Santa 
María , la circunstancia de haber muchos fran- 
ceses en Cádiz á donde este infeliz habia ida 
con su familia después de diez años de instruc- 
ción- Yo desearía que mirando á estos desgracia- 
dos con mas intere's , se cuidase con mayor es- 
mero de ordenar un me'todo fijo, no desprecian-^ 
do bajo ningún concepto el de la teoría de la 
cifras. 



geografía de POLONIA 



i?/ Padre. Hoy nos toéa hablar de la Polo- 
nia en nuestra lección de Geografía. Antigua- 
itiente la Polonia fae un gran país de Europa; 
pero posteriormente y en tres distintas ocasiones 
ha sido dividido entre la Rusia , el Austria j la 
Prusia. Los polacos han hecho varias íentatiyas 
para recobrar su independencia , señaladamente- 
en el alzamiento verificado contra la Rusia en 
i83o; pero después de haber hecho prodigios de 
valor han tenido que sucumbir al colosal poder 
de la Rusia. Estos sucesos han producido va- 
rias alteraciones en este pais que tenemos que 
considerar en su ultimo estado. Eugenio , di- 
nos primeramente cuáles son los límites de la 
Polonia. 

Eugenio. Linda al N. E. y al E. con la Ru- 
sia propiamente dicha, de donde está separada 
po?- varios rios; al S. con la repúiílica de Cra- 
covia y la Galiízia; al O. con las provincias pru- 
sianas de Silesia y de Posen; al N. con las pro- 
vincias de la Prusia Oriental y Occidental. La 
figura del terreno comprendido en estos límites 
seria circular á no ser por el palatinado de Au- 
gustowo, Tiene io8 leguas de largo y 68 de 
ancho. 



11 



El Padre. Alejandro , ¿ cuál es el clima y 
suelo de Polonia? 

Alejandro El clima es incómodo porque los 
inviernos son muy frios y retardan la vejetacion. 
El suelo es llano y fértil , interrumpido sola- 
mente por algunos lagos, bosques y laudas are- 
niscas. El rio principal que le baña es el Vis- 
tulá engrosado con otros varios. 

El Padre. ¿Cuáles son las riquezas natura^ 
ks de la Polonia? 

Enrique. Se han esplotado y existen toda- 
\^ia minas de plata, hierro , plomo, cobre, y 
zin babiendo a^demas mármoles , azjafre y aguas 
minerales. Hay mucha caza y pesca , y anima- 
les domésticos, y vola,teria muy estimada. Es 
Bpjuy celebrada la raza de caballos polacos asi 
como la de unos pingües cerdos que vienen de 
Ungría. Las bosques están llenos de colmenares 
dfi los que se saca mi¡Lcha miel y cera. 

El Padre. Eugenio , ¿cuál es la división de 
Polonia? 

Eugenio. Polonia cuya capital es Varsovia 
s^ diyide en ocho palatinados subdivididos en 3^ 
cíf^culos. 

Palatínadfos^. teguas. Capitales* 



Augustowo . 552 Suwalki 

Cracovia. . 38o. Kielce. 

Kalisch 569 . Kalisch. 

Lublin 663 Lublin» 



(^70 

Masovia, 576 : . Vársovia. 

Plock. .. . 5íS. Ploek. 

Sandoífíir 5oi. ...... Radoni. 

Podlaquiá. . 4^o5. ...... 



4.161. 



El Padíre, Isabel , ¿ cuál es la población éd 
Polonia? 

IsadeL Sobíie Unos 4.808,289 indi viáb. os. La 
capital Varsovia, tiene 120^000 almas y es fci 
mas populosa del reino. 

El Padre. Eugenio^ ¿cuál es la religión áe 
los Polacos? 

Eugenio, Hay 1997 P^^^^ católicas, reparti- 
das en 7 obispados dependientes del Arzobispal 
do di^arsovia. Los detriá^ habitantes scrü grie- 
gos, luteranos, cáUinistas, judíos^ &c: 

El Padre. Alejandró , ¿tüál es lá riqueza in- 
dustrial de Poloíiia? 

Alejandro. Hay fábrieás de páñ^s de téjidoÉ, 
indianas, medias^ chales, &e. ,háy herréHas, 
fundiciones , fábricas de papel , curtidor ^ pieléá, 
tafiletes y Utensilios de varios metales. 

El Padre, Enrique, ¿cuál es el eOmefdd de 
Polonia ? 

Enrique. El principal consiste en níiel cera, 
metales, ganados y pieles fina;^ y ordinarias de 
varias clases. 



(172) 

El Padre. Isabel, ¿cuál es el carácter de los 
polacos? 

Isabel Los polacos son afables y sinceros, 
pero la nobleza es orgallosa, sobervia y dará coa 
el pueblo que vive en la esclavitud. Se juzga el 
poder de los señores por el número de siervos 
que tienen. Algunos de estos disfrutan mas con- 
sideración y se les permite sentarse á la mesa de 
sus señores con la cabeza descubierta. Se les tie- 
ne á los polacos por muy comedores y bebe- 
dores. 

El Padre. Eugenio, ¿cuáles son las princi- 
pales ciudades de Polonia? 

Eugenio. Varsovia, ciudad grande, capital 
de todo el reino, con buenos edificios públicos, 
establecimientos científicos y bibliotecas , y her- 
mosos arrabales de quienes la separe el Vístula, 
Kalisch es plaza fuerte, y Radom ciudad consi- 
derable con algún comercio en tabacos. Lublin 
es buena ciudad p de mucho comercio y ferias 
muy concurridas. También son buenas ciudades 
Luck , Laminick y Braklau , y en la Lituania, 
Wilna , Rosiena y Mitau. 

El Padre. Enrique, ¿cuáles son los principa- 
les ríos de Polonia? 

Enrique. El Vístula, el Niester, el Nieper 
y el Duino. 

El Padre. Isabel , ¿ hay muchas montanas 
en Polonia? 

Isabel No señor , no hay ninguna conside- 
rable. Las únicas que merecen contarse so» los 



montes Larpacios que separan la Ungría de la 
Polonia. 

El Padre. Antes la Polonia era monar- 
quía electiva, y los nobles verificaban la elección, 
pero esta costumbre cesó con el desmembra- 
miento del territorio entre rusos, prusianos y 
alemanes, y en el dia que el reino de Polonia 
está agregado al Imperio Ruso , los polacos no 
hacen mas que embiar sus diputados á Moscow 
donde se verifica Ja coronacioii de los Czares de 
Rusia y Reyes de Polonia. Por lo demás este 
pais ha quedado ahora mas sujeto que nunca, la 
imprenta con muchas restricciones, y el ejército 
incorporado con el de Rusia, 



MOSAICO. 



-'■' A ' m) »»»~- 



Parece que el gusto á las publicaciones perió- 
dicas se propaga hasta en el inmóvil imperio de 
la China. Las últimas noticias de Pekin anun- 
cian la fundación de un periódico literario y de 
una revista mensaál. 



El número de Ómnibus que recorren la ciu- 
dad de Londres y sus cercanías en todas direc- 
ciones, es tan considerable que hacen subir el 
impuesto sobre ruedas á cerca de 200,000 libras 
esterlinas. 



Nada puede disminuir mejor la satisfacción 
que tenemos de nosotros mismos que el ver que 
en un tiempo reprobamos lo que en otro hemos 
dado por bueno. 



En América se ha inventado una máquina 
anfivia que por tierra camina sobre cuatro rue- 
das , y al llegar á un rio ó laguna pasa sin difi- 
cultad por medio de otra rueda que se pone en 
movimiento bajo de la máquina, mientras que 
las otras se paran. Es invención de Mr. Whis- 
ton, de construcción sencilla y fácil de desarmar. 



Anuncio. 

Tratado general de carnes etc. 

No se censuraría á la nación española de servil 
imitadora de las estrañas, si todas las obras nues- 
tras tuviesen el carácter de originalidad nacional 
que este tratado general de carnes de consumo im- 
preso en Madrid, en casa de D. Miguel de Bur- 
gos, el año de i832: obra que hará siempre ho- 
nor al que la ha compuesto, porque no puede de- 
jar de ser calificada como única en España, y tal 
vez en Europa , original y enteramente española. 
Por nuestra parte damos gracias con mucho gus- 
to á su infatigable autor que ha sabido reunir, 
por espacio de muchos años , todo lo mas intere- 
sante que ha hallado escrito respecto de las carnes 
en general, pero consideradas bajo tod(Wsus aspec- 
tos , y manifestarse al mismo tiempo no como mei^o 
compilador sino como creador de ideas , reflexiones 
y consecuencias nuevas sobre un punto, que aun- 
que á primera vista parece tan trivial como exento 
de interés, es demasiado complicado en realidad y 
de la mayoi* consecuencia por el enlace que tiene 
con la salud, con la recta administración ó buen 
gobierno , y con el aumento y prosperidad de la 
industria rural de España. 

Así es que esta obra tiene un carácter particu- 
lar de que no se puede formar idea sino leyendo 
todo el tratado; pues que si bien parece que esclu- 
sivamente va á versarse acerca de carnes, sorprende 
ya desde sus primeros artículos , al ver enlazadas 
con ellas máximas sublimes de moral y de erudición 
científica , que asi hacen útil como agradable é ins- 
tructiva su lectura: causando admiración cómo ha 
podido practicar y dar reglas hasta para los menores 



( »78 ) 

28 de febrero de 1S12 yimtn^acíon de las mi-^ 
ñas de carbón de tierra de Lieja. — Huberto y 
Mateo Goffin, 

Muchas veces queridos niños os hemos he- 
cho admirar rasgos de valor de Otros niños de 
vuestra edad ; pero á veces la ignorancia del pe- 
ligro ó el amor propio eran la causa principal; 
el deseo precoz de ilustrarse los estimulaban 
sin duda ó habia testigos cuyo ejemplo les ani- 
mase ; pero en la historia de Mateo Goffin, ni- 
iio de 12 añosf que os vamos á contar no habia 
nada de esto, la muerte cara á cara, una muer- 
te inevitable con todos sus horrores y á 5oo 
pies bajo'*de tierra era lo líníco que se le pre- 
sentaba , la muerte sin esperanza de gloria en- 
tre gentes desesperadas y á las que era precisa 
s<)stener con exhortaciones para salvarlos. 

En 181^ habia en Ans, pequeña aldea cerca 
4e Líefa , un valiente minero llamado Huberto 
•>Crpffin. Su capacidad y esperíencia le habiaa 
hecho nombrar contramaestre y con 126 obre- 
ros 'bajo sus ordenes dirijia los trabajos de la 
mina de Qarbon de tierra de Beaujon* Tenia sie- 
te hijos; pero solo podia ayudarle en sus tra- 
bajos el mayorcito llamado Mateo que ya em- 
pezaba á ser un buéti obrero. El viernes 28 de 
febrero de 181 2 á las diez y media de la ma- 
ñana las aguas que habian inundado, sin que 
se supiese, unos cortes antiguos se abrieron ca- 



mino por ti oure ó pozo de Be^joTl y guapeza- 
ron á inundarle. Los obreros a visiaroñ á Hu- 
berto que trabajaba en otra parte, y al llegar co- 
nociendo lo inrtiinente del peligro envió á bps- 
car á su hijo que estaba entre los trabajadores 
y empezó á dar órdenes con la mayor serenidad. 
Viendo que el agua iba subiendo un obrero se 
precipitó en ella hasta el cuello y logró tocar 
la compana de alarma. Al instante bajó el ces- 
to; pero en él cavia muy poca gente y Huberto, 
á pesar de quepodia salvarse , esclamó. *'Si su- 
bo mis obreros perecerán ; no, yo debo subir el 
último ó perecer con ellos." —Dio orden á su 
hijo para que entrase en el cesto; pero Mateo 
abrazando á su padre, esclamó: — *^adre mió 
con usted he bajado á la naina y solo con usted 
saldré de ella*" 

Los trabajadores procuraban á porfía meter- 
se ep el cesto; pero era tal la confusión que mu- 
chos caían al íigua y perecían sin poder salvar- 
los. El agua subiá ya hasta el techo de los cor- 
redores bajos y Goffm viendo que no había mas 
esperanza que en el valor les propuso abrirs- 
paso para salir por el pozo de Manoster, dicien- 
do que los de arriba no tardarían en socorrer- 
les. Todos se pusieron á la obra con ardor; pe- 
ro la vena era tan duras que tuvieron que em- 
plear la pólvora y los jpetardos, y aun así ade- 
lantaban muy poco. Al otro día por la mañana 
creyerop oír un ruido lejano en la dirección que 
ellos cavaban por abrirse salida ; pero el ruido 



(i8o) 

cesó dejándoles mas desconsolados. Mateo sólo 
conservaba su valor, animaba á los unos, con- 
solaba á los otros y dándoles ejemplo de trabajo 
tenia sus manilas poco acostumbradas al duro 
manejo de la piqueta todas ensangrentadas. Ani- 
mados con este ejemplo vuelven de nuevo á la ta- 
rea y cuando al oir que las piquetas producen so- 
nido hueco creen que van á romper los muros 
de su prisión, se oyó el grito terrible de \crouin\ El 
crouin hijos mios es un gas funesto que pone ea 
peligro inminente la vida de los mineros. Al mo- 
mento Huberto cerro el boquete por donde el 
gas se exhalaba, aunque con grande oposición 
de parte de los obreros desesperados que prefe- 
rían urfá muerte pronta á los suplicios horri- 
bles que les amenazaban. Algunos se arrojaban 
al suelo lanzando gritos desesperados. Viendo es- 
to Goffin, esclamó: --«Cobardes, sino queréis 
trabajar os abandono» y agarrando á su hijo iba 
á precipitarse con él eri elpozo. Le detuvieron y 
Mateo conservando su serenidad exhortó á los 
obreros a trabajar y á seguir las órdenes de sa 
padre dicie'ndoles que el propietario de la mina 
LambertoColron no les abandonaría. 

¡Figuraos amiguitos que estas escenas de hor- 
ror pasaban á 5oo pies bajo de tierra! que ha- 
cia 36 horas que aquellos infelices luchaban con- 
tra la desesperación y la muerte privados de ali- 
mento y de aire vital. Para colmo de desgracia 
el aire se iba estinguiendo sensiblemente : dos 
lamparas se habían apagado y la tercera y ühi- 



('80 

caque quedaba, habiéndose volcada por casua-¿ 
lidad se apago. La oscuridad vino á aumentar 
el horror de su situación y destruir el poco va- 
lor que les quedaba. Desde entonces no se oye- 
ron mas que sollozos, gemidos y gritos de rabia. 
En estos momentos solemnes Mateo aniniaba 
á su padre y le decia: — «Valor padre mió, so- 
lo, usted y yo podemos ganar el pan; si falta- 
mos , ¿que' será de mi madre y hermanos? Ten- 
drán que pedir limosna. Yo bien se que usted 
ha escondido dinero en el establo de las vacas; 
pero madre no lo sabe, y ¿como lo ha de encon- 
trar? — ¿Y tu Mateo adonde has escondido el 
tuyo? ~ Yo habia podido ahorrar muy poco; 
pero esto felizmente lo tiene mi hermana.» ~ 
En aquel momento terrible Huberto Groffin se 
considero feliz por tener un hijo semejante. 

Pero el tiempo transcurría con una lentitud 
insuperable y aquellos infelices sufrían tanto que 
habiéndose armado una quimera entre dos de 
ellos, los (Jemas obreros los animaban á batir- 
se diciendo con alegría. — «Tanto mejor si uno 
muere con eso tendremos que comer. » -— Una 
escena no menos horrible se pasaba arriba á la 
boca del pozo. A la noticia del desastre todas 
las familias habian acudido, mujeres y niños 
daban gritos lamentables con señales de la mas 
angustiosa desesperación. Esto duró cinco días 
con sus noches, y si supieseis hijos mios que 
largo se hace el tiempo cuando se padece de es- 
te modo. En la mina no se esperaba mas que 



la intierte, la deseaban; la llamaban cuando de 
repente se oyó un ruido lejano; pero que iba 
acercándose. Entonces aquellos espectros vivien- 
tes se animaron entregándose á la alegría mas 
frene'tica al oir los golpes de los picos de los que 
venian á socorrerlos.— «Ya estamos salvos, es- 
clama Huberto Goffin, y este acento májico 
vuelve la vida á todos aquellos que á manera de 
cadáveres estaban tendidos por elsaelo. Empie- 
zan á trabajar con enerjía, al fin una sonda pe- 
netra y bien pronto se abré brecha en el pozo 
de Manoster. Ya estaba un cesto en espera pa- 
ra sacarlos del abismo; pero Goffin y su hijo fie- 
les á su palabra salieron los últimos, por aquel 
estrecho boquete, Gofíin por no abandonar á 
sus obreros , y Mateo por no abandonar á 
su padre. Napoleón que sabia apreciar á los 
hombres de valor concedió 5 Huberto Goffin la 
cruz de honor y una pensión de 600 francos. 
El valiente Mateo fue colocado en el Liceo de 
Lieja á espensas del gobierno , pero murió tres 
anos después, y su padre que jsontinuába en su 
profesión murió en la esplosion de una mina. 

Ahora hijos mios cuando veáis el carbón de 
tierra y el fuego que produce acordaros de Ma- 
teo, y su historia os probará que el abatimien- 
to no conduce á nada y que solo el valor y. san- 
gre fria nos puedea ayudar á salir de las posi^ 
ciones mas crueles y terribles de la vida. 



(«83) 

Las minas de carbón de tierra. 

Parece indispensable dar en este Itigarídlga- 
nas esplicacíones de las minas de cacboKphde 
tierra, las que tendrán el doble mérito de ins^ 
truif y facilitar lia inteligencia de la historia qae 
os acabamos de cojitar. 

Sé caenta en Lieja qué en tiempo de Alber- 
to de Cuick, un ancianoí^e ba^^rba y cabellos 
blancos , pasando un dia por la calle de Goché 
encontró á un herrero quejándose de que á pen- 
sar de su continuo trabajo ño podia atender á 
las neee^ád^éS de su femilia con rntotivo^ de 4a 
subido de precio del carbón yejetal, á lo que el 
buen viejo le dijo. --«Amiga nodo vete *á la inón- 
tana y en ella encontrarás vetró de una tierra 
negra escelente para cakn*ar el hierro.» -^ y 
desapareció según las crdhici^ antiguas: esto su^ 
cedió en 1 200* 

liO cierto es qiie Lieja fue la >prknera ciudad 
de Europa qjue conoció y usó el carboá de tíer^ 
ra que abunda en todas sus cercanías, y á pesar 
del müclioí conisumo parece que no hab empe- 
zado á sacar. 

Los poizios ó ¿ures por donde los obreros ba- 
jan en cestos á la mina tieneníde ab á 28 pies 
de diámetro , y de 4.00 á 2oao de profundidad* 
Asi que encuentran la primera vena ó- capa de 
carbón de tierra se abren corredores ó gateriasl 
transversales dé tres á cuatro pies de alta, que 



(|80 

cuando se terminan suelen tener media legua 

de largo. "^ 

La población de los países donde hay minas 
de caibon de' tierra no tiene mas ocupación qíte 
la;^dffi mineros. Esta profesión es hereditaria y 
apenásíflos muchachos pueden trabajar cuando ii 
sus padres' los lie van. á ejercitarse á aquellos som- r 
brios subterráneos. Cuandd los obreros y sus v 
hijos ^circulan en' aquellas iproflindidades lle- 
van en la cabezaiunlpedazo de tierra arcillosa ', 
doííde' ta fija la ivfela^^que Josj alumbra. Cuan- 
do suben traen sobre sí una capá de tizne tan r 
gruesa que parecen ? di ablos que deser t aai del in— 
fiernd. Nuestros icarWherosá su lado parece-;; 
rían Terdáderós i elegantes. r 

- Asi amiguitosymiehtras^que elegantemente i 
vestidos. corréis Jiap.dFrdes€as arboledas respiran- 
do el aire puro íqueBénttetiene vue^strá: salud y ; 
alegría^ > hay» Qtra« mufehosjjovencitos tan4ebi- i 
les como vosotros condenados á daros trabajos, > 
píksándo dias enteres sin ver la luz^ del sol, sin 
respirar el aire perfumado del camjw), y lo que ^ 
es mas cruel todavía sin abrazar á sus madres. 

- Erntre los peligros que de continuo amena- ; 
zan de muerte á los obreros hay tres , sobre to- : 
do inuy principales. El primero Ses el hundi- 
miento del terreno sobre un gran número de 
trabajadores. El segundo la esplosíon del<7roM//ii 
ó gas n[K)rtífero , cuyo vapor emponzoñado ais-/ 
fixia con la rapidez del rayo , ó cuandí> lasema- 
naqiopes subterráneas condensándos^t^or no ha-? 



(i85) 

llar salida , encontrando en sa dirección algtma 
vela^encendida se inflaman con suma prontitud 
y resulta una humareda hedionda y azufrosa 
capaz de sofocar á cuantos están espuestos á ella. 
El tercero es cuando un golpe dado imprudente- 
mente hace brotar un torrente de agua capaz de 
inundar la mina antes que los trabajadores pue- 
dan ser socorridos. Para evitar esto, cuando han 
de emprender un corte nuevo , se sondea al ins- 
tante con un taladro de muchos pies de largo y 
un hombre está alli cerca con estopas prepara- 
das. Si se manifiesta agua se retira la sonda al 
instante, se atasca biea el orificio y se abando- 
na la vena, trabajando por otra parte previas 
las dichas precauciones. 





GRJSEL COCHRANE. 



Cuando los vasallos del líltimo rey JacoLo de 
Inglaterra tomaron las armas contra el , el mas 
terrible de los que levantaroxi el estandarte de 
la rebelión fue Sir John Cochirane , abuelo del 
conde de Dündonal, que vive hoy dia. La fata- 
lidad que por muchos siglos persiguió á la casa 
de Campbell , y envolvió en su ruina á cuantos 
t&maron su partido, no perdonó á Sir John 
Cochrane. Rodeado por las tropas reales hizo 
una resistencia larga, terrible y desesperada; 
pero al fin vencido por el numero fue hecho 
prisionero, juzgado y condenado á morir en un 
cadalso. Ya no le quedaban mas que pocos dias de 
vida y solo se esperaba la orden escrita para 



conducirle ál lagar de las sentencias. Sa farái- 
liá y amigos habían venido á la prisión á reci- 
bir sa último adiós: pero una persona de la 
familia no habia venido á recibir sa bendición. 
Eáta persona era la esperanza de la casa , la ale- 
gría de sa corazón, era Grisel, sahija querida. 

Las sombras del crepúsculo se percibían ya 
pol* entre los hierros de la prisión, y el infeliz 
preso con la cabeza reclinada en la fria pared se 
abandonaba al dolor por no haber podido dar 
el, último beso á su hija predilecta, cuando la 
puerta dé hierro giró lentamente sobre sus mo- 
hosos goznes, y el carcelero entró seguido de 
una hermosa jóveó. Su estatura erguida y sn 
paíso con altivo; pero sus brillantes y negros ojos 
aunque no vertían lágrimas dejaban traslucir 
una pena demasiado profunda para permitirlas. 
Las trenzas de sus negros cabellos se separa- 
ban sobre su frente blanca y lisa como el puli- 
mentado mármol. El prisionero levantó la ca- 
beza en el momento en que entró. 

-— «¡Mi hija! ¡mi Grisel! esclamó al tiem- 
po que ella cayendo en sus brazos decía: ¡ Mi 
padre! ¡mi amado padre!» enjugando una lá- 
grima que habla acompañado á estas últimas 
pálabrais. 

— «La visita será corta, muy corta,'* —di- 
jo el carcelero al retirarse. 

r- " Que el cielo te proteja y consuele hija 
mía, áñáá^ió Sir John besándola y estrechan- 
dola contra ¿ü corazón. Había temido morir sin 



(,88) 

darte mi bendición, y este temor era mas croel 

que el de la muerte pero has venido amor 

mió... ¡has venido!... ¡eres tá! y la última ben- 
dición de tn desgraciado padre 

— "No, no, deteneos interrumpió ella.... ¡no 
es vuestra última bendición! eso no puede ser 
¡ mi padre no morirá ! " 

-r- "Cálmate, cálmate hija mia ¡ ojalá pu- 
diera consolarte!.», ¡bien mió! ¡mi vida!.:., pe- 
ro no hay esperanza deptro de tres dias, tú y tus 
hermanitos quedareis " 

Huérfanos iba á decir; pero la palabra espiró 
en sus labios. 

r— "Tres dias repitió ella levantando la ca- 
beza precipitadamente y estrechando la mano 
de su padre. ¡Tres dias!... Todavía queda es- 
peranza, mi padre vivirá. ¿Mi abuelo? ¿no es 
amigo del confesor del rey? ¿Pedirá la vida de 
su hijo y mi padre no morirá ? " 

— **No, no, Grisel mia desvanece esa ilu- 
sión, no hay esperanza... Ya mi condenacioa 
está firmtada por el rey y está para llegar de un 
momento á otro el mensajero con la orden de 
mi suplicio. 

— ¡Qué importa, mi padre no morirá! ¡no 
morirá! repitió la joven con fuerza, y levantán- 
dose vuelta hacia su padre le dijo. Que el cielo 
nos proteja : vamos á separarnos ; perp dent|*o 
dq poco nos volveremos á ver. 

--¿Qué quieres decir hija mia? pre^^utíló Sic 
jQhn mirando á su hija coa in(juietuclv 

¡f., -IV. V'.*;-. «' ,■';.. i-i 4 

il^¥¡:~ÍÉÍ.\¡Íi.Í',^:;¿i2{^áUÍÍ 



('89') 

--No me lo preguntéis padre mió, repliccí 

ella.... no me lo preguntéis ahora: rogad por mí 
y bendecidme, mas no por la última vez." 

La estrecho de nuevo en sus brazos llorando 
á tiempo que entró el carcelero y tuvieron que 
separarse. 

— Al otro dia por la mañana un viajero 
atravesaba el puente levadizo de Bervvick y des- 
pués de haber recorrido la calle de Marigate se 
sentó á descansar en un banco que había á la 
puerta de una posada sin atreverse á entrar den- 
tro porque era superior á sxt condición. Pocos 
años antes habia servido de cuartel general á 
Olivier Cromvvel, y últimamente de residencia 
á Jacobo VI, rey de Escocia. El viajero lleva- 
ba un vestido de lana sujeto al cuerpo por un 
cinturon de cuero y por encima una capa cor- 
ta también de paño común. Era evidentemente 
un joven, mas traia un sombrero tan alicaído 
que casi encubría sus facciones. En una maíio 
llevaba un pequeño fardo , y en la otra un bá- 
culo de peregrino. Después de haber pedido un 
vaso de vino y haber descansado un rato se le- 
vantó para echar á andar cuando ya la noche 
se acercaba anunciando una tempestad. Esten- 
sas y negras nubes venían del lado del mar; el 
viento silvaba y levantaba remolinos, las hondas 
del Tueed corrían agitadas y empezaba á caer 
lina lluvia fría. 

•*Que el cielo te proteja si caminas en seme^ 



jante noche" — dijo el centinela de la puerta de 
Inglaterra al ver salir al joven viajero. Estecen 
pocos minutos ya estaba en las vastas y tristes 
llanuras del Tweedmouth , inmenso desierto en 
el que solp hay esparcidos aquí y allá , arbus- 
tos silvestres y maleza; subió lentamente la coli- 
na á pesar de la tempestad cuyo furor se agravaba 
á cada instante. La lluvia caía a torrentes y el 
ruido del viento era horroroso ; el viajero conti- 
nuó su camino hasta que estuvo á tres millas de 
Berwick, y alli como sí le fuese imposible ar- 
rostrar por mas tiempo la tempestad buscó un 
abrigo bajo los arbustos que habia al lado del 
camino. Entre tanto la noche se hacía cada vez 
mas sombría, el huracán mas terrible, y el via- 
jero hacia una hora que estaba acurrucado bajo 
aquel débil refugio cuando se oyó el ruido de un 
caballo que llegaba al galope- El individuo que 
le montaba traía la cabeza inclinada contra el 
viento , cuando el viajero arrojándose á la bp- 
da del caballo le detuvo , y al tiempo que el gi- 
nete levantaba la cabeza le grito poniéndole una 
pistola al pecho. --** Apéate ó mueres." 

El gínete transido de frío y helado del su;sto 
hizo un movimiento para tomar las armas; pe- 
ro antes fue precipitado á tierra por el viajero. 

Aturdido déla caída estuvo algunos minutos 
siyí volver en sí durante los cuales el ladrón se 
apoderó de la balija de cuero que con tenia los 
despachos para el porte de Inglaterra , y coló- 



candóla sobre su espalda desapareció bien pron-» 
to por el bosque. Al otro dia Ips habitantes de 
Berwick acudieron al sitio en que habia sido eje- 
cutado el roba, mas no pudieron descubrir in- 
dicio alguno del ladrón. 

Sir John Cochrane aun vivia : los despachos 
que contenian su, sentencia de muerte habiau 
sido robados y antes que se espidiese otra orden 
para la ejecución podia revocarse la sentencia 
por el influjo que su padre el conde de Dundo- 
nal , tenia con el confesor del rey. Grisel acom- 
pañaba á su padre en la prisión diciéndole es- 
presipnes de consuelo. Ya habían pasado cator- 
ce dias desde el robo de los despachos, y la es- 
peranza empezaba á alentar al prisionero cuan- 
do se supo que todos los empeños habian sido 
inútiles, y el rey habia firmado de nuevo la sen- 
tencia de muerte , la que debia llegar al dia si- 
guiente. 

— ** Cúmplase la voluntad de Dios, esclamo 
el preso." 

— "Asi sea, respondió Grisel; pero mi padre 



no morirá." 



El correo de gabinete quetraia los despa- 
chos de la condenación de Sir John Cochrane 
al entrar en el desierto de Tweedmouth metió 
espuelas al caballo, caminando á todo galope 
mirando á todos lados del camino y llevando en 
la mano una pistola preparada. La vaporosa 
claridad de la luna daba apariencias fantásticas 



(192) 

á los matorrales del camino: Al revolver tin 
ángulo de este, el caballo hizo una corbeta asus- 
tado del ruido de un pistoletazo, cuyo fogonazo 
brilló casi delante de sus ojos ; el ginete dis- 
paró sus pistolas al mismo tiempo j y el caba- 
llo aun mas asustado se volvió á encaramar con 
tal violencia que arrojó á su amo al suelo* Al 
instante el ladrón le puso un pie sobre el pe- 
cho y acercándole un puñal al corazón le gri- 
taba. — *' Entrégame tus armas ó mueres."— Al 
instante obedeció el correo , y entonces conti- 
nuó diciéndole , ahora levántate y vete que yo 
me quedo con tu caballo y la balija.'* — El hom- 
bre se levantó temblando y tomó el camino de 
Berwick mientras que el ladrón montando á ca- 
ballo desapareció con él bien prontamente. 

Todo esto estaba pronto para la ejecución 
de Sir John Cochrane , y los oficiales de justi- 
cia para conducirle al patíbulo no esperaban 
mas que llegasen los despachos, cuando se su- 
po que habian sido robados de nuevo. Esto ¿i^a 
para el prisionero una prolongación de catorce 
dias de vida. Al ver á su hija cayó en sns brai- 
zos, y sollozando la dijo.--*' La mano de Dios 
se revela aquí." — **No os lo habia dicho, repli- 
có la joven que mi padre no moriria."-- Ño 
se habian aun cumplido los catorce dias cuatido 
el conde de Dandonal hizo abrir las puer^s 
déla prisión y precipitándose á abrazar á su 
bijo le anunció que sus instancias y valimieiífa 



'93) 

con el confesor del rey habían surtido efecto ^ y 

que su magestad al fin apiadado le había conce- 
dido el perdón. 

Ya el preso había vuelto á sus hogares y 
estaba rodeado de su familia; pero Grisel que 
én la prisión tanto le había visitado, su hija 
Grisel aun estaba ausente. Daban gracias á la 
misteriosa Providencia que por dos veces había 
permitido se estravíasen los despachos, cuando 
un estranjero pidió le dejasen verle. Sir John 
mandó que entrase y al punto se presentó el jó-^ 
vén y atrevido viajero que ya hemos descrito cóñ 
su vestido de lana y capíta corta. Al entrar lle- 
vó la mano á su sombrero alicaído saludando á 
lo militar sin descubrirse. Sacó üiíds papeles y 
alargándoselos á Sir John , le dijo: — ''Cuando 
hayáis leído esos pliegos , arrojadlos al fuego. " 
*— Sir John al mirarlos se estremeció y se pu- 
so pálido porque eran los dos decretos de su 
muerte. — "¡Salvador mío! esclamó como pa- 
dre recompensaros cuando os debo la vida. ¡Pa- 
dre mió! hijos míos dadle las gracias por mí." 
-**El anciano conde y sus ijíétecilloá abraza-- 
iron las rodillas del desconocido que cubriéndose 
los ojos con la mano empezó á derramar lá-^ 
grimas. 

--«¡Vuestro nombre! decidnos vuestro nom- 
bre en nombre del cíelo, ¿quién sois?** 

El estranjero se quitó el sombrero y enton-. 
ees las hermosas trenzas de pelo de la Grise 
Cochrane se desprendieron airosamente sobrt 

1 3 



( 190 . 
SU tosco vestido. — ¡Gran Dios ! esclamo el di- 
choso padre es mi hija, ¡es mi Grisel la que 

me salva í ¡ que' amable me va á ser la vida de 
hoy en adelante! 

No añadimos mas por no** debilitar esta e^-» 
cena interesante, decimos solamente que esta 
Grisel Cochrane es la abuela de Sir John He- 
wart, y la esposa de Mr. Coust el célebre ban- 
quero. 



,»= 



EDUCACIÓN DE LA JUVENTUD. 

ARTÍCULO VIL 



El profundo conocimiento del corazón hu- 
mano es sin contradicion una parte muy ese^i^f 
cial de lo que debe saber el maestro; asi po^^ 
drá mover á su arbitrio todos los resortes de 
las pasiones y afectos en el joven que tenga que 
dirijir ; podrá hacer un sabio adorador de la vir- 
tud, de la verdad y de la razón ; pero está pro- 
bado que esto no basta en el mundo. El hom- 
bre de bien que no tiene mas que este mérito 



. ., («95) 

en la sociedad encaentra pocos partidarios; sa 
conducta y la pureza de sus acéiones son á la 
verdad un modelo constante para los buenos; 
pero importunan á los malos y son respecto de 
unos y de otros como las imágenes de los san-r- 
los que son respetadas de los primeros ; pero 
cuya presencia lanza secretas reconvenciones al 
corazón del perverso. 

Vuestro proyecto es hacer un ciudadano útil 
á su patria; para esto son necesarios talentos, 
luces, habilidad , esperiencia y el maestro es 
quien debe hacerle adquirir todo esto: su en-^ 
hendimiento y corazón está en sus manos como 
tabla rasa en la que nada hay pintado. Es sus- 
ceptible de toda clase de impresiones ; pero mu- 
chas le son inútiles , otras pueden perjudicarle y 
otras se borrarán á medida que se impriman, 
solo las de una especie convienen á su temple, 
necesidades y perfección: ¿sé sabrán grabar estos 
caracteres y apartar todos los demás? Es preciso 
para esto un estudio continuo que haciendo co- 
nocer distintamente el orden y el alcance de las 
facultades intelectuales pueda desde la mas tief;^ 
na infancia colocar sucesivamente las ideas ma^ 
propias para concurrir al objeto observando con 
atención su naturaleza y la disposición mayor 
ó menor con que se reciben. Este primer des- 
cubrimiento «eguido sin distracción conducirá 
infaliblemente al mejor resultado. 

En cuanto á los medios de hacer cuanto se 
«[uiera de un joven ya^^ respecto de las cosr 



tambres , cultura ñel eníendimiéoto y pcrfec- 
»eioft de Sil corazón , los hay de un ésito infaJi- 
ble y qae pueden aplicarse en la infancia de los 
hombres, Son muy scnciHos, y lo qae importa 
es saberse valer ele ellos. Helos aquí* 

Estáis encargados de la educación de un ni^ 
ño, pues desde aquel momento adoptadle por 
hijo. Su inocencia, su ternura, sii debilidad, 
su candor torio indica la necesidad que tiene 
del cariño de un padre. ; Qué alma sensible no 
se conmoverá á vista de tina interesante cria- 
tura de la que cada gesto es una súplica ó ca- 
ricia ! Considérese por otra parte que de aque»* 
lia corta porción de materia organizada e^ de 
la que hay que formar un hombre, desarrollar 
su entendimiento y formar su corazón; del maes- 
ftro depende hacer de él un genio sublime, es 
obra de su habilidad. ¿Y qué artista no mira 
con complacencia la obra maestra salida de sus 
manos? Si se le ama bien pronto lo echará dé 
ver; los niños no se engañaíi jamás, amará él á 
sil vez y el maestro será su refugio volando á 
sus brazDs á la menor señal. Sépanse dirigir 
bien estas primicias de su afecto , felices indi- 
cios de una confianza que es preciso fomentar; 
¡Feliz el maestro á quien el discípulo mira co- 
mo su proctector y su mejor amigo! Se descu- 
brirá íágénuamente todo loque piensa; se acos- 
tumbrará á hablar y obrar delante de él comd 
si estuviese solo; el cuidado, la amistad y el 
afepto le cautivarán de tal modo que se cree in^^ 



feliz al perderle de yísu un soto instante- 

Cualquiera conocerá que iin hombre iluslra- 
do y atento á los.meooi'es mo vinolentos de un 
niño puede sacar muchas veiilajas de un resorte 
tan poderoso y cuantas dificultades evita si- 
guiendo sabiamente este oaniino. Desde luego se 
pone en estado dé leer todo cuaiíto pasa en el 
interior del discípulo, estudiando sin esfuerzo 
sus disposiciones y gustos porque si ama no 
querrá disimular. Se notará qué clase de ideas 
le chocan mas y hasta qiie punto es capaz de 
compararlas y reunirías: preséntesele una re- 
flexión bajo diferentes punüos de vista obser- 
vando los objetos que le agradan ó los qtie le 
son indiferentes ; sondéese el carácter de las 
personas con quien trata, sépase de que ha- 
blan y con que se entretienen, en fin no hay 
cosa hasta el examen de sus pueriles diversio- 
nes que no pueda ser'iifih 

Si tantas educaciones quedan imperfectas es 
porque algunos maestros desprecian estos me- 
dios como minuciosos sin ver sus resaltados^ o 
poique ipio quieren sujetarse á la esclavitud que 
resulta de tan continuo cuidado y atención. 

(& coniínuará). 




UNA APARICIÓN, 



En las cercanías de Ghambery, ciudad de 
Saboya , estaba situado el antiguo castillo de 
Albertina Un jí5ven llamado Barbaroja tuvo que 
pasar en e'l algunos dias; le recibieron cordial- 
mente destinándole una habitación cómoda y 
elegante. 

La familia Albertini y su huésped después 
de haber pasado un dia muy agradable, esta- 
ban por la noche sentados alrededor del fuego, 
contando historias , unas sentimentales , otras 
románticas, melancólicas ó llenas de aconteci- 
mientos sobrenaturales. 

La tertulia se concluyó á las doce y Barba- 
roja se retiró á su aposento. Era una pieza en 
el entresuelo con tres puertas ; la primera per- 
tenecía á un gabinetito á la derecha que tenia 
una ventana que daba al corral de la granja: 
la otra aun gabinetillo á la izquierda cuya ven- 
tana daba á un bosque pintoresco, y la tercera 
por la que se entraba al aposento atravesando 
un largo corredor. 



(^99) , 
Barbaroja puso la luz sobre lá mesa , mini al-* 

rededor vio buena lumbre en la chimenea Junio 
á la cual habia un gran sitial , y como no tenia 
ganas de dormir y sí la imaginación poseida d^ 
las historias que acababa de oir se sentó en e'^ 
para meditar sobre ellas. En las unas encontra- 
ba grandes inverosimilitudes y en otras no me- 
nos absurdos. El relox del castillo dio las dos 
sin que Barbaroja hiciese caso , tan embebido 
estaba en sus meditaciones. De repente le llama 
la atenciotí un* ruido estraño que salia del ga bi- 
llete de la derecha. Escuchó atentamente y sin- 
tió pasos. Entonces se levantó silencioísa mente 
sacó las pistolas de debajo de la almohada, las pu-^ 
so sobre la mesa y se volvió á seútár á la lum- 
bre quedándose todo tranqüiío^áin oír nías que 

él ruido del viento. Barbai^roj^ fljálUdó los ojos 
en la puerta del gabinete , uotó con sobresalto 
que estaba entreabierta cuando se acabó de abrir 
dando un portazo furioso, la luz se puso azul 
y próxima á estinguirse. Espantado Barbaroja 
se levantó pronunciando mentalmente una fer-- 
viente oración y echó mano á sus pistolas. Ua 
sudor frió corria por todo su rostro y ya empe- 
zaba á tranquilizarse viendo que no oia nada 
cuando el ruido y los pasos se volvieron á sen- 
tir. Desesperado Barbaroja imploró la protec- 
ción del cielo y ya iba á disparar sus pistolas 
hacia el fatal gabinete cuando se oyó un gran 
trueno que conmovió el castillo , se oyeron las 
prolongadas vibraciones de la campana del relox 



( 200 ) 

que daba las tres y el espectro se adelantó fiera- 
mente al medio de la pieza. Estaba; vestido de ne- 
gro y sobre su cimera hondeaba una pluma negra 
en lugar de lazo, banda u otro favor de las da- 
mas, llevaba al cuello una corbata de color de 
sangre y sobre la frente una especie de llama 
del mismo color. No tenia arma ofensiva ; pero 
á los lados tenia como dos escudos de pluma. La 
fantasma traia botas y espuelas y mirando á Bar- 
baroja con ojos ardientes agitaba sus escudo^, 
laterales de pluma y prorrumpia en las mas 
enérgicas esclamaciones. 

Barbaroja que contemplaba al espectro aten- 
ta y convulsivamente se acordó que por la ma- 
ñana no habia cerrado la ventana que daba al 
corral; y á consecuencia de este olvido, un gran- 
de gallo negro habia saltado dentro del gabine- 
te y habia causado tan inesplícable confusión. 



»''»»^>^<H< »C "i i ' ■■ 



m JUEVES POR LA TARDE. 



COMEDIA 



en un acto, fácil de representarse. 




ACTORES. 



Federico. 1 

Carlos. } Col^&íes. 

Enrique. ' 

El tio Antonio (portero). 

Andrés ( mozo del Colegio ). 



La escena es en Madrid en el jardín de un 
Colegio. 




ESCENA I. 

Federico ^ so\o. 

Nos hallamos en Jueves y por la tarde , to- 
dos los condiscípulos se valen de la licencia que 
hoy se disfruta para irse a divertir, y es preci- 
so que yo trate de pasarla alegremente. ETari- 
que quiere llevarme á casa de un amigo de ^u 
padre; ¡hum! yo no pienso en eso, es una casa 
tan silenciosa y ademas hay que salir á pasco 
con el Señor mayor, y yo me fastidiaria infali- 
blemente. No, no, mejor quiero ir a casa del 
tio de Garcia , han prometido que enviarán por 
mí, y allí me divertiré' mejor. El tio de Garcia 
es el mejor hombre del mundo, maldito el 
caso que hace de lo que pasa en su casa; así es 
que entre su sobrino y yo no dejamos cosa á 
vida, hacemos desesperar a la criada y somos 
los amos de todo. Alli si que me divertiré com- 
pletamente, ahora solo falta que vengan pronto 

por mí. Pero que desmemoriado soy ahora 

me acuerdo que van de campo los de casa del 
Señor Pereda , y es precisa ser de la partida. En 
primer lagar no esperaré aquí tanto, y en se-* 
gundo una diversión campestre no es cosa de 
jíerden Voy á ponerle cuatro letras para que 
haga el favor de enviar á buscarme para que 



acompañe a su hijo. ¡Hala! Añares.... l^IoBta 
muy bien imaginada. Pero voy á escribir al ins- 
tante. Vase. 

ESCENA. IL 

Jtndres. ¿Quién me llanca? Pero no veo á 
nadie* Me vuelvo á acabar de comer. Vase* 

ESCENA. III. 

Federica. Pues i^enor, esto es hecho: *Qaé 
tarde tan divertida vamos á tener | Andrés.,... 
Andres...* Pero se me ha olvidado poner ob^a á 
la caria. Vase^ 

ESCENA. IV. 

Andrés. Otra vez. Mas yo no veo á nadie. 
Si será que me zumben á ríií los oidos* Juraría 
que me habían llamado. Vase. 

ESCENA. V. 

Federico, Vamos, ahora nada falta hxk^ 
dres Andrés.... ¿Vienes hoy ó mañana? 

ESCENA, VI. 

Federico y Andrés. 
Andrés, f^üesde el bastidor.) Vaya, ¿siten^ 
dráíi gana de divertirse conmigo? 



(205) 

Federico, ¡GJiiio miserable! Hace una- hora 
qae te estoy llamando. 

Andrés, {sale) Paes ya hace una iiora que 
os ^stoy respondiendo. ¿Qaé se ofrece? 

Federico, Toma esta carta. 
_ ^$dres* Está bien. Venga. (P'^ase). 

Federico, ¿Adonde vas i" 
V Andrés. A llevar la carta 

Federico. ¿Pero adonde? mentecato. 

Andrés. Pues ¿que' nova aquí el sobral? 

Federico. Y si tu no sabes leer. 

Andrés. Yo no tengo la culpa. Si no me feaii 
|>U6Sto á la escuela , como queréis que sepa. 
I Federic<k Pues dame siquiera tiempo para 
que te le esplique. ¡ Ah! que paciencia es pr^^ciso 
leiier, 

Andrés^ Vaya señorito no se enfade usted* 
Si yo no puedo leer ^1 sobre, esplicáudomele 
es lo mismo. 

Federico. Pero hombre^ ¿me dejarás ba- 
ilar una vez siquiera? 

Andrés^ Cíiantas V. quiera, yo np soy suge- 
tfíí para imponerle á V. silencio* 

Federico. Está bien. ¿Sabes á casa del padr^ 
de Pereda ? 

Andrés. ¿De su compañero de V. de clase? 
Bb señor. 

Federico. Pues escucha.... 

Andrés. Sí señor ya escucho# 
_ Federico Irás.... 



(íoG) 

Andrés, Si señor por donde V. quiera al 
instante. 

Federico, Preguntarás.... 

Andrés, No hay necesidad. Ya le buscaré 
yo solo, no tenga V. miedo. 

Federico, ¡Que hombre tan original! me 
quieres escuchar ó no. 

Andrés Sí señor, y ya verá V. si yo sirvo de 
algo en este mundo 

Federico. Digo que preguntarás 

Andrés, Sí señor cuanto V. guste. 

Federico, La carrera de.... 

yíndres. De S. Gerónimo. 

Federico. No hombre; la carrera de San 
Francisco. 

Andrés. Y ¿qué le diré á la carrera de San 
Francisco ? 

Federico. Nada. ¿Qué diablos quieres de^ 
cirla ? 

Andrés. Pues sino hay que decirla nada, es 
en valde el ir allá. 

Federico. Te digo que vayas a la carrera 
de San Francisco. AUi verás un alquilador dé 
coches. 

Andrés. ¡ Ah! vamos está bien. {Vase.) 

Federico. Adonde va« ahora. 

Andrés. A la carrera de S. Francisco á al- 
quilar un birlocho. 

Federico, ¡Maldito seas! ¿quién te habla de 
eso ahora? Te digo que entres en el portal que 
hay junto al alquilador. 



. - pudres. Sí seBor. 

Federico. Que subas al cuarto tercero. 

Andrés. Sí señor. 

Federico, Allí verás una puerta verde. 

Andrés. Sí señor. 

Federico, Tiras de la campanilla. 

Andrés. Sí seB#r. 

Federico. Pregunta por el señor Pereda. 

Andrés. Sí señor. 

Federico. Y entrégale esa carta de mi parte. 
¿En tiende$ ahora? 

Andrés. Sí señor. Está muy bien. 

Federico. ¿Muy bien? Yo lo dudo. Vamos 
repíteme Ip que te acabo de decir. 

Andrés. ¡ Ah! eso es muy fácil, iré á la car- 
rera de de cáspita )2i se me ha olvidado^ 

acababa en o.... pues de.... de Antón Martin. 

Federico. ¡Ga balito!.... ¡que' pedazo de ani- 
inal! La carrera de S.Francisco. 

Andrés. ¡Ah! sí la carrera de S.Francisco. 
Allí encontrare un alquilador de coches , haré 
Ifubir al tercero hasta una puerta verde de vues- 
tra parte y esperaré la respuesta llamando á la 
campanilla. 

Federico. Vete, vete y con dos mil diablos. 

./^Aiár^^. Es que yo hago los recados muy 
bien. 

Federico. Bien se conoce (fl/?ar/e) , es im- 
posible hacer carrera de él. La fortuna que en 
preguntando allí por el señor Pereda todos te 
darán razón. 



'Andrés. Yo no necesito preguntar. Ya lo 
verá V. 

Federico, Sí, sí, vete. 

Andrés, ¿Es preciso volver al instante? 

Federico. Sin duda pues esperóla respuesta. 

Andrés. (Se va muy despacio^ Es que no es- 
perareis mucho , porque en tomando yo las de 
Villadiego, doy vuelta á Madrid en cuatro mi- 
nutos. 
* Federico. Pues vamos á ver. 

Andrés. Diga V. ¿y si ese caballero no está 
en casa le dejaré la carta ? ( Vuelve!) 
^ Federico. Sí estará en casa, ahora estará 
acabando de comer. Pero ves á prisa: 

Andrés. Por supuesto; yo no soy de aquellos 
que se paran á hablar con cualquiera en el ca-¿ 
mino. (T^uelve.) 

Federico. Bueno, anda con Dios. 

Andrés. Que digan desde que estoy en él 
Colegio si no sirvo bien. (Vuelve). 

J^ederico. ¿Te vas hombre? 

-Andrés. Ni siquiera á beber un baso de vino 
en una taberna. ( Volviendo. ) 

Federico. Ya no puedo mas. ¿Te marchas tí 
te rompo la cabeza? 

Andrés. No se enfade Y. que vuelvo en un 
abrir y cerrar de ojos , y si tiene V. algún otroí 
recada que hacer yo le despachare' éiri un mi- 
nuto. No hay que enfadarse: cabalmente vie-- 
tóe aquí Garlitos que le hará á V. compañía. VaM 



ESCENA VII 

Federico y Cárlm. 

Carlos, ¿Sales hojr Federico^ 

Federico. ¡Baena pregiinta! ¿acostamLro yo 
estarme en el colegio los jueves por la tarde? 

Carlos: ¿Y adonde vas? 

Federico, No se positivamente á quién dar 
la prefencia. 

Carlos. Venia á convidarte para que ven- 
gas a mi casa. 

Federico, Te lo agradezco mucho amigo 
mió, pero en tu casa no me divertiría nada. 

Carlos. Gomo que nada. Allí hay un gran 
patio y un járdin , mis primos están siempre 
dispuestos á hacer lo que agrada á los deinas, 
y aunque haga mal tiempo siemj^e hay en ca- 
sa con que divertirse. 

Federico. Libros de estampas , cosmoramas, 
linternas májicas , en una palabra juegos de ni- 
ños , mas querria quedarme aquí. 

Carlos. Pues como si no hubiese dicho nada: 
yo creia que no tenias adonde ir esta tarde. 

Federico. Si á mí me sobran proporciones, 
lo único que me da que hacer es cual elegiré. 
Pero de todos modos saldré antes que tú. 

Carlos. Hoy no tengo prisa y á la hora 
que quieras podrás acompañarme; pero en fin 
mañana me contarás cuanto te has divertido. 

(J^áse) 
i4 



(2Io) 

ESCENA yin. 

I 

Federico. Pobre Carlos, siento mucho no 
poder ir con él; pero esto sería sacrificarme. 
Yo no digo que no se pueda pasar un buen ra- 
to en su casa allí no faltan diversiones, pero es- 
to fuera bueno cuando yo no tuviera otra par- 
te mejor adonde ir. Andrés va á venir y me 
trairá una respuesta satisfactoria del señor Pe- 
reda, y nos vamos á divertir como unos reyes. 
Aquí viene Enrique, cuenta conmigo y se vá 
á llevar un chasco muy grande. 

ESCENA IX. 

Federico y EnriquCr 

Enrique Vamos amigo despáchate que van 
á dar las cuatro , vamonos al instante. 

Federico, Ola querido Enrique ¿cómo estas? 

Enrique. Déjate ahora de ceremonias y sal- 
gamos pronto que nos esperan. 

Federico. Pero tengo que decirte. 

Enrique. Ya me lo dirás por el camino. 

Federico. Que no puedo ir hoy contigo. 

Enricjue. Qué es lo que dices, ¿no puedes 
venir? ¿Acaso estas castigado? 

Federico. ¡Ah! tu me injurias. 

Enrique. ¿Pues qué es esto? te has vuelto 
loco. Ya tienes dada tu palabra, todo está pre- 



(211 ) 

lirado , lo3 amigos esperando y ahora sales coo 
eso. 

Fe^detko. Otra vez será. Tú ^r^^ un buen 
muchacho y no querrás que yo pierda ana es-f 
célente ocasión. 

Enrique. No ciertamente. ¿Y caál es? 

Federico. Una partida de campo con una 
Opípara merienda. 

Enrique, ¿Y estás seguro que te divertirás 
mas que conmigo? 

Federico, Qué duda tiene. ¿ Sabes íu lo que 
es una broma en el campo? Una vez he ido y 
volví estropeado, molido y calado hasta los hue-r 
sos; pero te digo que no hay placer que le 
iguale. 

Enrique, ¿Y cómo es que no has ido .ya? 
Se vá haciendo tarde. 

Federico. Todavia no han venido á bus- 
carme, 

Enrique, A la verdad que son algo descui-f 
dados. 

Fíiderico, No tienen ellos la culpa pues aca- 
to de escribir para que envíen por mí. 

Enrique \ Como escribir! ¿ pues que' no es. 
eosa concertada de antemano? 

Federico, ¡Oh! yo no tengo miedo ningunq 
pues á quien acabo de escribir tendrá gusto en 
que acompañe á su hijo á pesar de que no es- 
toy convidado. 

Enrique^ ¿Ahora salimos con eso? ¡Querido 
Federico ! ya sabes el refrán que dice mas va- 



(212) 
le pájaro cu maso que buitre volando. Crée- 
me , vente conmigo. 

Federico, Es imposible, van á venir ábus^ 
carme. Siento darte ese di;Sgusto. 

Enrique, Lo que es por mi parte no ; solo 
^sto que te diviertas. Vaya adiós. 

ESCENA X. 

Federico. Sí , sí , he hecho muy bien en no 
dejarme llevar de sus suplicas, mas me diver^ 
tire' en el campo. Pero este Andrés cuanto tar- 
da entraerme la respuesta Ya creo qiee vie- 
ne No es el tio Antonio. 

ESCENA XI. 

Federico y el tio Antonio. 

El tio Antonio. Señorito, que van á repartit 
la merienda á la clase , antes de salir á paseo. 
¿No sube usted? 

Federico. No, que voy á salir al momento. 

El tio Antonio. Sin embargo , naientras que 
vienen por usted. 

Federico. Gracias; no puedo detenerme. Sí 
acaso vienen á buscarme de parte del tio de 
García dirá usted que no puedo ir hoy. 

El tio Antonio, Está muy bien. {J^áse). 



(ii3) 

ESCENA XII 

Federico. No veo venir á este bruto de An-^ 
dres ; y va siendo cada vez mas tarde..., VaíBOs 
ya viene... Vamos hombre....- Vamos... Mas de 
dos horas me has hecho esperar. 

ESCENA XDi 

Federico y Andrés. 

Andrés. Paes yo vengo sudando, ni ui3i ins- 
tante he parado de correr. 

Federico. ¿Y por donde has corrido? 

Andrés. Por donde usted me ha dicho. He 
subido hasta la puerta verde de la campanilla y 
he llamado por mí mismo y ha salido un cria- 
do á abrir. 

Federico. Y bien, ¿qué te ha dicho? 

Andrés. Me ha dicho que..... aprdposito, sa- 
be usted que yo le conozco al tal criado. Es de 
lili tierra. 

Federico. Déjame ahora de tu tierra y ha- 
bíame de la carta. 

Andrés Vuestra carta era para el señor Pe- 
reda: ¿no es verdad? 

Federico. Sin duda alguna. 

Andrés, Pues bien: el señof Pereda no es- 
taba eii casa. 



Federico. ¿ ¥ cómo no has tenido á decir- 
melo en seguida? 

Andrés. \ Ah! no señor. Yo cuando hago un 
recado lo hago todavía mejor que eso. Pregunté 
donde estaba, y el criado me respondió que en 

cJasa de doña doña..... ¡ya no me acuerdo del 

nombre! Esto es io que á mí me embrolla en 
Madrid: los nombres. 

Federico. Que importa el nombre, ¿Has ido 
allá? 

Andrés. Sí señor , como que vive en la pla- 
zuela de Aflijidos, y he ido allá desde la carrera 
de san Francisco. Vive junto á una iglesia...» sí, 
me parece que era iglesia, 

Federico. Vamos prosigue ; la iglesia no 
hace al caso. 

Andrés. Pues señor, subí hasta el cuarto 
tercero j no tuve que llamar á la campanilla 
porque estaba abierta la puerta de par en par. 
Salió una vieja y me dijo que el señor Pereda 
acababa de salir, 

Federico. ¡Cómo! ¿también habiá salido ? 

Andrés. Sí señor, pero la viieja me dijo que 
le encoHtraria en el café que hay á la entrada de 
la calle de Alcalá, y yo no lo he echado en sa- 
co roto porque volsÉíd^ he corrido á la calle de 
Alcalá, 

Federico. ¡Ah! ¡ya respiro! 
Andrés. No le he dicho á usted que cuando 
yo me encargo de un recado 



Federico. Y bien, ¿qué hiciste en la calle 
de Alcalá? 

Andrés. A la entrada he visto un cafe' como 
la vieja me habia dicho ; pero señor me he vis- 
to en un apuro terrible. No habia un solo café, 
como la vieja me habia dicho, sino dos , tres 
cuatro cafés unos junto á otros; figúrese usted 
que yo no sabia en cual entrar y asi antes de 
equivocarme he vuelto corriendo á la plazuela 
de Aflijidos á preguntar á la vieja puál de ellos 
era. 

Federico. í Ah ! ¡ misericordia ! 

Andrés. La vieja me dijo que era el segundo 
á la derecha, que no podia equivocarme. Vuel-^ 
vo siempre galopando y entro de seguido en el 
segundo café á la derecha preguntando por el 
señor Pereda. Un mozo vino hacia mi sonrién- 
dose y me dijo ahora mismo acaba de salir...... 

Federico. \ Maldito paseo ! si quisiera Dicg 
que acabaras pronto. 

Andrés, Espere usted: que salió conmgoel 
mozo hasta la puerta y me dijo : " mírele usted 
alli va :'* — y yo corrí hasta alcanzarle. 

Federico. ¡Gracias a Dios! En fin; le al- 
canzaste ; le diste la carta , ¿ qué te respondió? 

Andrés. Me respondió que sentiá infinito no 
poder complacer á usted porque su hijo ya ha- 
cia dos horas que se habia marchado al campó 
con sus amigos. 

Federico. {Colérico) ¡Bestia ! ¿por qué no me 
has dicho eso en cuanto has llegado, y no que^ 



me tienes aqui una hora haciéndome perder la 
paciencia? 

Andrés. Poca á poco señorito, no todos son 
tan vivos como usteA Era preciso contar las co- 
sas por sa orden. Si hay alguna otra cosa mas 
que hac€r, la har#5en seguida. 

Federico. Sí, no hay duda que desempeñas 
bien los encargos. Será el primero y el ultimo 
que yo haga a un animal semejante que me ha 
hecho perder la tarde esperando la respuesta. 

Andrés. Pues entonces me voy a descansar 
que estoy todo molido. 

Federico. Sí, sí, cuanto antes déjame en 
paz. 

ESCP^NA XIV. 

Federico. Vamos será preciso contentarme 
con ir á pasar lo que resta de tarde a casa de 
Gfircía. He aquí el portero, voy á darle contra- 
TO-den. 

j Eh ! tio Antonio. 

ESCENA XV. 

Federico y el tio Antonio. 

El tio Antonio. Señor. 

Federico. Cuando vengan a buscar me da 
casa de Garcia , llámeme usted. 

El tio Antonio. No tenga usted cuidado, yít 
han venido y les di el recado que usted me en- 
cargó. 



(217) 

Federico. ¡Cdmo! les habéis dicho...,. 

El tío Antonio. Que no podiais ir. 

Federico. Si puedo. Era preciso haberme 
avisado, ya he cambiado de idea. 
. El tío Amonio. Yo no tengo la culpa, ade- 
mas que no tuve tiempo |fara nada, pues lós 
señoritos venian en coche y muy deprisa porque 
iban a ia fonda y en seguida al Circo Olímpi- 
co. Cuanto sentían que usted no fuese con ellos. 

Federico. ¿Carlos no habrá salido aun? 

El tío Antonio. Perdone usted, ya hace mu- 
cho tiempo que se fue con sus primos al Retiro. 
. Federico. Vamos esto ya está visto por hoy,.. 
I y yo que he despreciado tan buenas proporción 

pes! si al menos hubiera merendado no me 

seria tan sensible. Vaya usted á pedir mi me- 
rienda al despensero. 

El tío Antonio. ¿Al despensero, señor? Ya 
ha salido, bien sabe usted que en cuanto^ 
alumnos salen á paseo, ya no le queda qol 
hacer. 

Federico. ¡A peseoí ¡á paseo-* si: siquiera me 
hubiera usted avisado á tiempo , hubiera toma- 
do mi resolución y salido con los otros. 

El fio Antonio. Vaya no tenga usted pesa- 
dumbre por eso. Asi como asi parece que va á 
llover y usted se mojaria. 

Federico. No importa , se entra en alguna 
casilla y se divierte uno mas,... Pero ya caen go- 
tas de agua ; entraré á la clase y jugare á la 
pelota en tanto que vuelven de paseo. 



El tío Antonio. ¿En la clase? no es posible, 
el maestro se ha llevado la llave. 

Federico. Pero adonde he de ir. La lluvia 
aumenta. 

El tío Antonio, Cáspita; no hallo otro reme- 
dio que el que se entre usted en la sala de re- 
tención que ha quedado abierta de par en par. 
Alli se puede usted estar cuanto le de ía gana 
con tal que no meta usted ruido. 

Federico. ¡ Eseelente placer á fe mia ! Pero 
en fin mas vale esto que calarse hasta los hue- 
sos..... Vjamos yo me acordaré toda mi vida del 
suceso de esta tarde y otra vez no seré tan es- 
crupuloso. 

FIN. 





COSTUMBRES. 



Las Mugeres españolas. 



Las mugeres están consideradas bajo dos 
puntos de vista muy diferentes en Us diversas 
Ilaciones de Europa. En unas no son absolu- 
tamente mas que objetos de diversión y de pla- 
cer. Cesan de agradar y divertir , y desde en- 
tonces son abandonadas á olvidadas. Se las col- 
ína de cumplimientos y de agasajos mientras 
que prolongan la ilusión y recreo de los senti- 
dos ; pero desde que la ilusión cesa ya no per- 
fenecen á la sociedad. 

En otros pueblos que se pretenden dotados 
de la razón mas perfeccionada y de costumbres 
mas puras ^ las mugeres son los primeros fun- 



(220) 

cionarios de la casa, y como íalés^ es forzoso que 
;»ir\£an y obedezcan. Cierta hipocresía fundada 
en^ un egoísmo concentrado las escluye de la 
sociedad de los hombres con el pretesto de na 
alarmar su pudor. El mérito de una muger no 
se calcula sino por el numero de libras ester- 
linas que ha economizado á su marido en el 
eursK)^ del afíoi Que ella sea dulce , complacien- 
te^ pura en sus afectos, irrepreasible en su con- 
ducta, todo esto es mas Ó menos bueno segua 
el gusto del marido ; pero éste siempre está 
de acuerdo respecto de su autoridad absoluta. 
En las reuniones, asambleas y espectáculos el 
marido es igual á los que le rodean; pero en la 
casa y enfrente de su muger siempre es el gefe, 
siempre Íle.Ya la yoz de marido. 

En España se trata á las mugeres de un 
modo mas diferente. Si se las ama como en lía- 
lia y se las respeta como en Inglaterra , de es- 
te respeto y este amor resulta un sentimiento 
misto , al que casi se puede dar el nombre de 
adoración. Entre todos los rasgos caballerescos 
que formaban el antiguo carácter españolantes. 
de la época en que las dinastías estrangeras 
^corrompiesen cuanto habia de bueno en la cons-» 
titucion moral y política de la España, éste se 
ha conservado en toda su pureza. Cervantes des- 
truyo la vasta familia de los don Quijotes; pe^ 
ro la de las Dulcineas conserva su prestigio, y 
son consideradas por sus amantes como dama$ 
adornadas de toda clase de mérito; 



(22l) 

Esta especie de culto tierno y respetuoso 
€s tanto mas agradable al hombre cuanto ^ue 
lisonjea su amor propio y le da á conocer sa 
verdadera superioridad. Sabe que es €l protec- 
tor de la muger, pero se esfuerza en mitigar la 
humillación que lleva consigo el título de pro- 
tegido. Én su ardiente y poética imaginación 
se complace en llamarse esclavo de un ser dé- 
bil y víctima de un ser tan apacible* Aun en 
sus mismas reconvenciones y en la esplosion de 
sus celos reina cierta cosa que indica vinferiori- 
dad. El epíteto técnico que se aplica á una 
muger cruel ó pérfida es el de tirana^ y esta pa- 
labra dice mas que todas las insulseces de la 
galantería francesa* Este género de adulación 
noble é ingeniosa ha pasado del lenguage del 
amoral ordinario de la sociedad. No se pre- 
gunta secamente á una señora cómo está , co- 
mo hacen los ingleses, ni se la dice como en 
Francia : S ai V honneur de vous présetiter mes 
respects^ sino que se la saluda asegurándola 
siempre de" su imperio: Señora^ á los pies de V^ 
Todas las demás ofertas y demostraciones cor- 
teses llevan impreso el mismo carácter. En In- 
glaterra se da la mano á una muger; pero se 
aleja de la mesa á la hora de placer. En Fran- 
cia se la abraza y besa en la mejilla; pero no 
se la cede la preferencia en los espectáculos. En 
España no hay ni tanto egoismo ni tanta fami- 
liaridad. El caballero solo se aproxima á su da- 
ma cuando pueda serta útil. Si quiere baja c 



(222) 
tina escalera la ofrece su mano: si entra en la 
iglesia la presenta el agua bendita: si la acom-t 
paña á paseo, lleva la sombrilla* En todas par-^ 
tes la muger disfruta el primer lugar, los pri- 
meros honores y todos los privilegias. 

El español vive mucho dentro de su casa: 
no necesita espectáculos, clubs, reuniones ni 
viajes. Es preciso que todas las acciones de su 
vida sean vivificadas por las miradas de sa 
muger como las plantas por los rayos del soL 
El marido né desdeña las ocupaciones mas hu-^ 
mildes con tal que pueda ayudar á la compa- 
ñera de su vida. El lava, viste á sus hijos^ 
guisa , va á la compra y toma á su. cargo gran 
parte de las faenas domésticas. No hay diver-i 
sion publica , inclusos los toros , que sea esclu- 
sivamente dedicada al placer del hombre. En 
tiempo de las pasadas Cortes las mugeres se 
ofendieron de verse escluidas de la galería del 
cuerpo legislativo, y viendo que no se hacia ca- 
so de sxis reclamaciones , forzaron la entrada 
vestidas de hombre, y los centinelas las dejaban 
pasar sonriy endose. 

De esta condescendencia que hay con laá 
mugeres en todas las clases de la sociedad pro-^ 
vienen las cualidades de la muger española, cu-^ 
ya escelencia han reconocido no solo los natu- 
rales y viajeros, sino cuantos estranjeros han 
invadido la península, y ya amigos ó enemigos 
han tenido que rendirlas sus armas. Es en efec-* 
to imposible resistir al género de gracia indi-* 



(223) 

gena de la Península, y que no tiene nada de 
coman con la que se titula asi en lo restante 
de Europa; gracia que se compone de la viva- 
cidad de la imaginación, de la sal epigramáti- 
ca de las palabras , del fuego de las miradas, 
de la molicie de las actitudes y de la elegancia 
de los movimientos : ^r¿z¿?/a animada por aquel 
inesplicable poder sin el cual no hay nada es- 
presivo en la naturaleza y en el arte, la espre-- 
sion» 

La mirada amorosa de una muger españo- 
la no es el lenguaje del deseo ni la lánguida 
espresion de una melancolía apasionada : es una 
mezcla de ternura y magestad , de orgullo y re- 
signación, es el espejo de su alma; su alma to- 
da entera que se exhala de aquellas negras ór- 
bitas por entre los negros párpados que las ador- 
nan. Nada hay calculado, nada hay estudiado 
en aquel idioma mudo y elocuente. Se lee en 
sus ojos lo que está escrito en su corazón. 
El género de hermosura mas común en Espa- 
ña no es el que se puede llamar artísticamen- 
te hablando. Las formas no son muy grandio- 
sas, pero son estremadamente correctas. Suele 
faltar regularidad a las facciones; pero enme- 
dio del capricho irregular del conjunto hay un 
no se que' que no se puede definir , pero que 
no se puede menos de amar. 



geología. 



••«*«*>»•'*>»* 



Molimiento y elevación de los continentes^ 



Todo el mundo saBe qne existen en mucIio¿ 
paises densas capas de conchas marinas , lo qne 
indica qne el mar ha cubierto aquellos paises? 
durante un tiempo suficiente para que aquellas 
conchas hayan vivido y muerto en aquel sitio 
aglomeradas las unas sobre las otras. Estas ca-^ 
pas de conchas son verdaderos cementerios , en 
los que están depositados ios restos de müchasr 
generaciones que se han sucedido, apoyándose 
las nuevas en la base formada por sus prede- 
cesores, como se nota claramente en los bancos 
de ostras. 

Es constante que los mares han permane- 
cido algún tiempo sobre nuestro continente; pe- 
ro ¿tómo et nivel de estas aguasha podido ba- 
jar de un modo tan considerable? ¿Acaso la 
masa de las aguas habrá disminuido , como su- 
cede en un estanque que va dejando á descu- 
bierto los bordes? Pero entonces no se puede 



(225) 

comprender adonde se retira esa gran cantidad 
de agua, porque el ag^%^que se evapora vuel-^ 
ve á caer en lluvia, y .4§ta por abundante que 
sea lo mas que llega á;cubrir la tierra en al- 
gunos puntos es medio pie. ¿No se puede pen- 
sar también que la masa de las aguas sin dis- 
minuir haya únicamente cambiado de lugar, 
como sucede v. gr. cuando se ladea un vaso con 
agua? ¿Esta se inclina a una de las paredes au- 
mentando su profundidad y dejando descubierto 
parte del fondo? Esta esplicacion parece la mas 
probable, y cuando se examina actualmente la 
estructura de los continentes, sobre todo en 
pais montañoso, se encuentran muchas prue- 
bas que la apoyan: tales son la diversa incli- 
nación de las capas que habiendo estado pri- 
mitivamente en situación horizontal, como lo 
están los sedimentos que el agua deposita , aho- 
ra se hallan inclinadas en diversos sentidos; ta- 
les son las dislocaciones y grandes quiebras que 
atestiguan que el suelo ha estado sujeto á mo- 
vimientos capaces de alterarle. Para que los 
continentes se hayan levantado en masa y po- 
co a poco sobre la superficie del mar, han si- 
do precisos muchísimos siglos. Se puede seguir 
el movimiento si^cesivo estudiando atentamente 
el terreno desde lo interior de los continentes 
hasta la orilla actual de la mar, y se recono- 
ce de distancia en distancia los límites de las 
antiguas costas en que la mar se ha sucesiva- 
mente detenido, permanecido algún tiempo, d 

i5 



donde se ha visto forzada á tóíitiñiiár áñ íñaír- 
cha ha;Sta lós h'mltcs q%^ ho;f lá edil tienen. 

Semejante ífenpntólí^ parece bien soi^prerí- 
dénte, y en efecto á jpHínera vista cuesta tra- 
bajo iinaginar que los tiempos antiguos hayan 
sido táñ diversos del nuestro para que sucedie- 
sen tales cosas. Habitar sobre un terreno que 
lió e§ fijo y que puede á cada instante subir o 
bajar ^ es una idea á lá que cuesta trabajó 
acostumbrarle. Sin embargo, esté mistño suelo 
está animado de un iiíovimiento de rotación 
muy rápida alrededor del centró de lá tierra 
sin que lóS hecheirios de ver , y lo mismo suce- 
de con el móvirñiehto de rótacíóíl todavía maá 
rápido alrededor del sbl. Hay mórímneiitos qué 
prueban dé uíí modo idcontestáblé qiie alrede- 
dor de Ñapóles, él áuelo ha bajado y subido al^ 
ternatívamente. Cerca de Poiii&íiolas se enciiérí-^ 
tra un templo cuyas Cóluitírias están talááráda^ 
á siete u ochó píes dé altura por los ihóltiscoá 
<q[ué viven á flor dé agua, por lo que es precisa 
<|ue el Mediterráneo háyá subido hasta aquel 
nivel. Verdad es qiíe no se encuentran muchos^ 
terrenos cómo aquél ^ tan sujetos á alteraciones 
ipór la proximidad de los volcanes; pero en fin 
éste ejemplo manifiesta de un modo áuteríticcr 
^ue el nivel del terreno puede moverse sin (|ué 
se altere él de lá mar. Hay algunas campiñas 
Cubiertas dé lin limo semejante al del Óccéano, 
y aiín sé distinguen conchas semejantes á las 
que hay én ñliéistrás costas. En j^ráges que an- 



tígnamcnte esicrvieron cmipadbs por graeáes k- 
gos ú eBleumones áe agoa se eucaenf oíi huesos 
de caslor y actn piraguas ác oísa pieza como las 
délos saíváges de Afsficrica, y qoe aíesfígoan 
caál era la nataraleza áe aqoíeííos paragcss; ferti- 
lidades hoy por tsm haenn cellara. ^ 
Pero SI íiosotros estamos inmoYÜes y si naes-^ 
iras froBíeras no hacen en el imperio del mar 
e^tas conquistas y estas invasiones pacíficas, hay 
otros palias eil los qne no sacede esto ibísoio. 
. El suelo de la Sdecia y la Noroega se v3l 
rievando cotitínna é insensiblemente sobre las 
ágaas del Báltico* Como se paede imaginar esta 
maniobra natcral es semameíate lenta ; pero se 
Va <!ontíiíiiando en cada hora y en cada minaíOy 
y dentro de cien años no será indadabíemente 
lo qae es en el dia asi como hoy dia no es Ip 
que era en tiempo de los romanos que la con- 
«ideraban como mi mar mny grande. 

H<? liiqai lo qae esíablece la verdad de este 
fenómeno tan singular que no se podía creer 
sino estuviese apoyado en pruebas que cada uno 
puede tocan En primer lugar á grande distan-* 
cia de las cosías y á una altura considerable 
Éie encuentran conchas tan bien conservadas co?- 
iiíio las que se acaban de coger en la costa. Es-¿ 
to es tocante á la antigüedad mas remota , q^ie 
tocante á los tiempos históricos existen cancio- 
Ifees de los antigaos bardos que celebraban las 
l^roezas de sus mayores cuando iban á la pesca, 
y contienan los noinbres de l&s peñascos en qn^ 



(228) 

iban á pescar á las focas dormidas , para esta 
es preciso que sea poca sa elevación sobre el 
agaa para que las focas puedan subir , bajar y 
tenderse al sol ; pues ios peñascos citados en las 
canciones de los bardos y cuyos nombres se 
conservan tradicionalmente en el pais, están en 
el dia tan elevados sobre el nivel del mar y ro- 
deados de tales escabrosidades que es imposible 
puedan subir las focas. Resulta que estos peñas- 
cos se han ido elevando desde el tiempo en que 
los antiguos Scandinavos navegaban alrededor 
de ellos para lanzar sus flechas á los animales 
marinos. En el dia esto es todavia mas claro 
y evidente si se quiere. En Cádiz aun se con- 
servan bajo de las aguas los restos de edificios 
y un antiguo templo que han sido cubiertos 
por el maral paso, que este va bajando cada vez 
mas en las playas de Cartagena. Se han hecho 
en diversos peñascos señales á flor de agua , y 
yendo á visitarlas á los años siguientes se ha 
visto que iban estando cada vez mas elevadas 
sobre el nivel del mar. Parece que esto proven- 
ga mas del levantamiento del terreno que de la 
bajada de las aguas, pues si fuese esto ultimo 
bajaria en todas partes por igual , lo mismo ea 
las costas de Alemania y Dinamarca que en 
las de Suecia , lo que no sucede asi. En el fon- 
do del golfo de Bothinia el terreno va quedan- 
do en seco á razón de cuatro pies por siglo , y 
en el mar Báltico junto á Stocholmo á razQU 
de un pie , al paso que en las provincias meri-^ 



(2^9) 
¿íionales al frente de Dinamarca no es aprecia-^ 
ble. De todo esto se debe inferir que para for- 
marse una idea de estos fenómenos no es pre- 
ciso recurrir á teorías ridiculas ó hipótesis fan- 
tásticas, sino observar lo que la naturaleza 
produce hoy dia con apariencias diferentes , aun- 
que en el fondo son causas semejantes. Para 
esplicar de un modo sencillo y verdadero mu- 
chos fenómenos basta comprender que la forma 
de la tierra ya tan lejana de un esferoide per- 
fecto cambia de posición en algunos puntos , y 
de aqui los volcanes tal vez , las cadenas de 
montañas, y de aqui también la elevación y 
engrandecimiento de los continentes y las islas. 




FÁBULA. 



El labrador f la Procidencia^ 



Un lahradorr cansado 
En el ardienl^ estió, 
Debajo de una encina 
Reposaba pacífico y tranquilo; 

Desde sa dulce estancia 
Miraba agradecido 
El bien con que la tierra 
Premiaba sus penosos ejercicios. 

Entre mil producciones 
Hijas de su cultivo. 
Veía calabazas, 
Melones por los suelos esparcidos, 

«¿Por qué la Providencia , 
Decia entre sí mismo, 
Puso á la ruin bellota 
En elevado preeminente sitio? 

¿Cuánto mejor seria 
Que trocando el destino, 
Pendiesen de las ramas 
Calabazas, melones y pepinos ?'* 

Bien oportunamente, 
Al tiempo que esto dijo, 



(23l) 

Cayendo una bellota 

Le pegó en las narices de improviso. 

Pardicz prorrumpió entonces 
El labrador sencillo, 
Silo que fue bellota 
Algún gordo melón hubiera sido. 

Desde luego pudiera 
Tomar á buen partido 
En caso semejante , 
Quedar de^narigado pero vivo.» 

Aqui la Providencia 
Manifestarle quiso 
Que supo á cada cosa 
Señalar sabiamente su destino- 

A mayor bien del hombre 
Todo está repartido^ 
Preso el pez en su concha^ 
Y libre por el Q^ire el pajaYiUo. 




EL IIÜERFANITO. 



Era una noche del mes de Enero, la nieve 
cubría la tierra ; el viento norte soplaba con vio- 
lencia, produciendo un ruido continuado pasan- 
do al través de los sauces que sombreaban los 
túmulos del cementerio. Jorge eV sepulturero 
terminaba su ronda de noche acompañado de su 
fiel perro Dragón; la luna en aquel momento 
reflejaba su pálida luz en aquella parte del ter- 
reno donde estaba el hoyo común. El sepultu- 
rero crej'ó distinguir una sombra que se movía 
y al punto hizo a Dragón la señal acostumbrada; 
el animal ladrando con fuerza corrió á la des- 
cubierta, su amo le sigue y a poco le encontró 
acariciando á un bonito niño que inclinado há- 



(233) 

cia la tierra pareeia que la escarbaba con sus 
manilas. Es Pablo que había quedado huérfano 
hacía dos dias, y el niño que Dragón prefiere á 
todos los del lugar. — ¿Qué haces aquí amigo 
mió? le pregunta Jorge. Pablo levantó la cabe- 
za y enjugando las lágrimas que corrían por sus 
mejillas respondió.-- ¡Busco á mi madre! 

Jorge comovido estrechó al niño en sus 
brazos y le llevó lejos de aquel lugar de dolor. 
Durante algunos dias cuidaron mucho de él, y 
viendo que ya no lloraba creyeron que el tiem- 
po había mitigado su pena. Al cabo de un mes 
y una noche aun mas oscura y fría que aque- 
lla en que el huerfanito había sido hallado en el 
cementerio, el sepulturero oyó fuertes y lamen- 
tables ahullidos de su perro , acudió ligero y al 
resplandor de su linterna vio á Dragón sentado 
junto á un niño que casi desnudo y arrodillado 
junto al hoyo común tenia la frente apoyada ea 
un suntuoso monumento. Jorge se acercó para 
reprender á Pablo por haberse levantado así de 
noche, pero al tocarle vio que su cuerpo estaba 
helado. 

El huerfanito había encontrado á su madre 
y al otro día descansó á su lado. 



La gran Mezquita de Córdoba. 

Córdoba patria de los dos Sénecas, de los 
poetas Luciano, Mena y Góngora de Ávicena 



(.34) 

A vermes , Morales Gonzalo de Córdoba, y otros 
hombres célebres, aunque ha decaído de su an- 
ticuo esplendor, todavía presenta monumentos 
curiosos, entre ellos las ruinas de un palacio de 
los moros y sobre todo la gran mezquita. En el 
ano 692 Abderramen I, el líltimo de los Om- 
níades, errante en los desiertos de Egipto, fue 
llamado á España por los moros, y acudiendo 
triunfó de José II, y apoderándose de Córdoba, 
fue el primer Califa y Rey de las Españas. Este 
príncipe árabe llamado el Justa que pasaba por 
el hombre mas elocuente de su siglo embelleció 
y fortificó á Córdoba haciéndola residencia de 
su gobierno. Entre los monumentos que recuer- 
dan su nombre, es preciso citar la gran mez- 
quita que él empezó y que se acabó en tiempo 
del Cs^lifa Haccham su hijo y suceson 

Tiene 620 pies de largo por 44o de an- 
cho; 44o columnas de alabastro, mármol á 
jaspe sostienen las 38 naves. Antiguamente se 
entraba por 24 puertas de bronce cubiertas de 
esculturas de oro, y 4700 lámparas alumbra- 
ban todas las noches aquel magnífico recinto. De 
los 600 pies que ocupa su longitud 210 han sido 
reservados al norte para construir una torre que 
comunica todavía con el esterior por una puer- 
ta moderna llamada del Perdón. 

A la izquierda entrando en la nave princi- 
pal, hay un pequeño edificio que forma un cua- 
drado oblongo enfrente del trono de los reyes 
de Córdoba y no lejos de la capilla del Coran. 



E4 MUl^ trlWii^ Ae rica M(;ovsmBu y graciosas 
laí]>Qti?€!S qpe pr^dace el ekclp mas n^yp 1^ pin- 
toresco. Eac^ta l^ella tribaiia^e siti^aba el Muí--- 
Ü para app^íH^ar la xj^racion al jp^ebíp poríjae tOr 
dos ios jmi^iiloíiaaes concu^rrian |á p^B. j^^ezqui-r 
ta en peregrinación. Se celebraba coij gran so-- 
Jemnid^ii |a fiesta 4el igmade y rpequefio BairaHí 
qjie resfm^ i l?t pascí^ de los jiidipp , la fiesla 
de la renovadoo del ano, la de ^ilpad y ejL 
aivi^ersanio del p?iql|niónto de I^^bprna. Cada 
liesía dur2i% c><¿bo dias doi-ante lo^coales cesfa- 
l^a lo^ trabajos , se fe^cian visitas , enyiahan re- 
galos, y reupidas las familias olvidando sps di- 
^^íísbnes se ja raba» ¡concordia .^qrpa , entre- 
^iidose á las diversiones. «Por la ^ocbe la ciiir 
4^|. estaba ilujiilnada , las entiles ,€5irbie.rt^s4e»Í0r 
re¿ , los paseos llenos de músicas y la fiesta se 
«lerminabíi diSitrib^yeí^Pílimo^ Esta cc}ebre 
finezqaita, nno4e*íos inoripíi^eníos de la arqiiir 
declara árabe, ep hoy día l^ iglesia caíedraLd^ 
^ÓTíldba , y los viajerps np ,p|iedeíi visitarla ^ia 
sl^ mas ,proíanda adnairatc ion. 



Prodigios ^delj^lfafú, 

Spurzeiiíi eiiQftt^ qiie un joven escocés llama- 
do Jacobo Miguel nacido en Naiin el ii de 
/noviembre de i/.gS; sordo .j <?%o, olfateaba á 
Ja^ personas .qqejsp^prp^imabap lleva n.do sus 
manos á su nariz y aspirando el^^iire. §p afecto 



236) 

ó su adversión se determinaban por este olor 
como en las personas de vista sirve la impre- 
sión del rostro. Se valia mas á los 20 anos del 
olfacto qae del tacto para juzgar de los objeten 
csteriores los qae manejaba con estrema celeri- 
dad. Era muy diestro en los ejercicios corpora- ^ 
ks , y pasaba un pontón de madera colocado 
sobre un riachuelo hasta que un dia para asus- 
tarle mando su padre que íe precipitaran sa- 
cándole al instante. Esta lección le impidió que 
volviese á pasar por el puente, y acordándose de 
la desagradable impresión que babia esperi men- 
tada la empleo una vez como medio de castigo 
con el chico cjue le acompañaba de ordinario, 
al que chapuzó en el agua al pasar una barca; 
pero sin soltarle, pues no tenia gusto en ha- 
cer daño. 

Cuando su padre murió tocó &u. cuerpo y se 
retiró con espanto, después hizo lo mismo con 
otros muertos sin esperimentar emoción. La ca- 
ja en que su padre estaba espueslo se hallaba á 
la entrada y se vio á Miguel dirigirse hacia 
aquel lugar aspirando el aire arrojarse sobre la 
caja, estrecharla en sus brazos manifestando en 
sus facciones la mayor pena teniendo que sepa- 
rarle por fuerza. 

Desde entonces tuvo miedo de morir, ni que- 
ría estar tendido sobre la cama aunque estuvie- 
se enfermó, sobresaltándose cuando calentaban 
lienzos blancos sabiendo que los muertos se cu- 
bren con ellos- 



; ( 



(227) 

Miguel era vanidoso y no queria comer en la 
cocina- Daba lá preferencia á las personas bien 
vestidas j conocia sus vestidos por el olfato y 
cuando le entregaban unos nuevos ya no queria 
ponerse los viejos , arrojando al rio ropas y za- 
patos para no volvérselos á poner. Sus padres 
quisieron ocuparle én hacer cestas de mimbres; 
pero como esto le fastidiaba arrojó al fuego ins- 
trumentos y materiales para impedir que se los 
presentasen de nuevo. 

Miguel, gustaba de fumar y de montar á ca- 
ballo, indicando este ultimo placer colocando el 
pie sobre sus dos manos en forma de estrivo. 
Reconoció en un camino un caballo que había 
sido de su madre, se acercó, y asegurándose 
por el tacto de que era él, hizo seña al ginete 
que se bajase. Este obedeció y vio con sorpresa 
que Miguel condujo el caballo á la cuadra , le 
echó pienso de avena y cerró cuidadosamen- 
te la puerta quedándose con la llave en el bol- 
sillo* 



HISTOPdA 



fRAi. 



ESTABíSTJGA BEI* RElUO ÁMIMAÍi. 



Anímales vertebrados 



ESPECIAS, 



Mmhi fetos. Segun Iriunéo. . . 
— — — Eíiiion. . , 
— - — Lesoo. : . 
NóiHero presumí ÍTOÍiííy 
- SeguQ Liiieea . . * 

BaíFoD. . . . 

Ciivien 

Numero presaíitÍTO. . - 
liles* . . Seraii Liniieo. . . ^ 



Aves, . 



^T^. 



imnero presantiTO. . . 
Peces, ^ . . Segan Cavíer. . . . 
Numera presíiBtivo. . ^ 



35o 

3o6 

IjOOO 

ijSoo 
i,3oo 

1^700 

7,00a 
8,00a 



Total de animaks vertebrados. 34,35a 



Anímales ini>ertehrados* 

Arííeulados, ., .Cmsiáceos. , . , , i,5oa 

Arácnidos. , . \ . 2,5oa 

Insectos. . . . . 5o,ooo 



No articulados. Moluscos 20,000 

Zodphitas 8,000 

Total de animales invertebrados. . 82,000 

Total general del reino animal. . 1 26,35o 

Estadística del reino vegetal 

Segan Linneo ^ \ 8,000 

— ~ — Decandolle 4.0,000 

ÍNumero presuntivo 80,000 




(aSo) 

GEOGRAPIA DE ALEMANIA. 

El padre. Hoy vamos á tratar de la Ale- 
mania. Eugenio , empieza tú la descripción de 
este pais. . 

Eugenio, La Alemania es un estensd país 
de la Europa central que ocupa una superficie 
como de 20-898 leguas cuadradas españolas. Lin-- 
da al N. con el mar del Norte la Dinamarca y 
el mar Báltico; al E. con la parte occidental 
de la Prusía el territorio de Cracovia , la Ga- 
Uitria^ la üngria y la Croacia militar 5 al S. 
con la Italia el mar adriático y la Suiza, y al O. 
con la Francia y los Paises Bajos tiene 192 le- 
guas de largo y 180 de ancho. 

El padre. Alejandro ¿cuáles el territorio de 
Alemania? 

Alejandro. Hacia el N. es muy llano, hacia 
el centro hay varios bosques y valles fértiles, 
pero hacia la parte del S. está Heno de montes 
que se suceden sin interrupción. Estas cordi- 
Iteras se forman principalmente de ramifica- 
ciones de los Alpes que toman diversos nom- 
bres según el sitio que atraviesan y ademas las 
montanas de los Gigantes Sudestes, Cárpatos &c. 

El padre. Enrique, entre estos montes 
¿cuáles son los mas elevados? 

Enrique. Los- de los Alpes del Tirol , de 
Salzburgo y de Estiria , pues algunas de suscum- 
bres se elevan 7000 pies sobre el nivel clel mar» 



(24r) 

El padre, Isabel ¿cuál es la temperatura 
de estas montañas v valles? 

Isabel En los llanos y: en los valles la tem- 
peratura es moderada ; pero en las altas cordi- 
lleras y la parte septentrional es fria y húmeda, 
y las nieves y escardillas solí frecuentes. 

El padre. Eugenia ¿ cuáles son los princi- 
pales rios de Alemania? 

Eugenia. El Danubio, el Rim, el Weser, 
el Elba y el Oder , estos rios son de los mas 
celebres y caudalosos de Europa, aumentan su 
caudal con el de otros rios , no taii considera- 
bles y no riegan esclusivamente la Alemania 
sino que recorren otras provincias. 

El padre. ¿Y cuáles son los principales lagQs? 

Eugenia. El de Constancia que también 
pertenece á la Suiza, los de Wurm , Fraun y 
Halsíad, Sttetin y Batezbourg, &c. 

El padre Eugenia dinos tú cuál es la rique- 
za mineral de Alemania. 

Eugenia. La Alemania es muy rica en mi- 
nerales. En ella se encuentran todas las varie- 
dades del cristal de roca , ágatas , silex , jaspe, 
granito, mármol, alabastro. Hay minas de oro, 
plata, plomo, estaño, hierro , mercurio , cina- 
brio, cobalto, arsénico, bismuto, antimonio, &c. 
Se encuentran ademas muchas fuentes y aguas 
minerales como las de Badenclix la Chapelle, 
Carlsbad , Toeplitz , Seltes , &c. 

El padre. Alejandro ¿cuál es la riqueza ani-. 
mal y vegetal de este pais? 

1-6 



Alejandro, Hay a Iganos animales carnívo- 
ros -f otros monteses como venados, corzos, qa-^ 
mos, por lo qae no deja de abundar la caza. Hay 
maclios corderos y cerdos; el ganado mayor 
abunda en el dacado de Oldemburgo y los mejo- 
res caballos son los de Holsteiii. Tocante á vejeta- 
Íes, las frutas son escasas; pero se dan todos los 
cereales de los climas templados y ademas sé 
crian el cáñamo, lino, tabaco, lúpulo, azafrán 
rubia, &c. Han adquirido celebridad los vinos 
del Rim , Mosela , Danubio y del Adigio. 

El padre. Isabel habíanos tá algo de la in- 
dustria alemana. 

Isabel, En Alemania hay fábricas de pa-^ 
ños, tejidos, sedas y casimires. 

Hay manufacturas de quincallería , hierro, 
acero , bronce y platería. La cristalería de Bo- 
hemia y Baviera merece mucha aceptación; pe- 
ro sobre todo la esplotacion de minas y la per- 
fección ron que se trabajan y acrisolan los me- 
tales, ha llegado á un grado estraordinario de 
perfección. 

El Padre, Enrique, dinos tu ahora ¿cuál es 
el comercio de Alemania? 

Enrique. Es muy considerable. Tocante á 
esportacion se estraen granos, maderas, lien- 
zos, metales, ganados, cristalería, pieles, miel, 
cera y cal, yeso , drogas, vinos. 

Los artículos de importación son seda, algo- 
don, café , te , cacao, rom, vinos del njedio- 
dia, aceite, tabaco fino, &c. El comercio de li- 



I 




bros es muy copioso y el de espcd icíeii y trán- 
sito produce sumas cuantiosas. 

El Padt-e, A pesar de que el comercio de 
Alemania es Last^snte considerable lo seria aun 
mucho mas si favoreciese interiormente por ca- 
nales que pusiesen en comunicación los rios 
mas caüdáloísos , y si el país no se hallase di- 
vidido en otros estados parciales ^ con distintos 
intereses/* 



Voy á leeros el número de estados confederados 
que componen la Alemania, 

COlMFEDEÍiACIOK GERMÁNICA. 

iVeino de Bavierá. 
ídem de Wutemberg. 
ídem de Hannover. 
idein de Sajoíiia. 
Oran ducado de Badeíi. 
-Graii ducado de Hc^sse* 
Electorato de Hesse. 
XJrárí düqadb de Ss^onia Weimar^ 
Oran duc. de Meckkniberg Sterlitz. 
■Gran due. de Holsteim Oldemburg. 
Ducado de Nasau. 
Dac. de Brunsvyick. 
Duc. ide Sajonia Cobourg Gottia. 
Duc. de Sajonia Meiningen. 
i)úe. de rSajoma Altpmbpurg. 
Duc. de Anhalt Desau. 



(244) 

Dac. de Anhalt Bernebarg. 

Dac. de Anhalt Koethen. 

Principado de Schvvartz Rudolstad. 

Princ. de Schwartz Sonderhausen. 

Princ. de Reass Greitz, 

Prin. de Reuss Schleite. 

Princ. de Reuss Lobents-ebesdorf. 

Princ. de Lippe Detniold. 

Princ. de Lippe Scauhembourg. 

Princ. de Waldeck. 

Princ. de Hohenzollern Sigmaringen- 

Princ. de Hohenz-Hechingen. 

Princ. de Liechtensein. 

Landgraviato de Hesse Homburg. 

República de Franfort. 

Repáb. de Bremen. 

Repxib de Hambargo. 

Repub. de Lubeck. 

Señorío de Kniphausen* 

La población de Alemania asciende á 
3o. 163,488 habitantes. Én este pais se encuen- 
tran 2433 ciudades, 3,075 villas y 88,110 la- 
gares o aldeas.^ 

Eugenia, Son graves, tranquilos, indolen- 
tes reflexivos j perseverantes , francos y sencillos 
Están dotadas de un genio observador é inven- 
tivo por lo que han profundizado las ciencias 
exactas y hecho notables adelantos en las artes. 
Los alemanes han inventado la pólvora , la im- 
prenta y la relojería. 

El Padre, Alejandro ^ ¿cuál es la religión 
délos alexuaues? 



(^45) 

'^Alejandro. Mediante á que la libertad de 
cultos ha sido establecida como una de las prin- 
cipales disposiciones de la coofcderacion se han 
introducido varias sectas , por lo que los alema- 
nes según su religión se pueden dividir del mo- 
do siguiente : 

Cat()licos 17.906,4.88 

Protestantes. . . i2.o3 2,000 
Sectarios. .... 28,000 

Griegos i4^,OQO 

Indios.. ...... i83,ooo 

El Padre. Isabel , ¿cuáles son los dialectos 
usados en Alemania ? 

Isabel. Son dos principales, el alemán y el 

esclavón; el alemán se divide en alto y bajo, y 

el esclavón tiene seis subdivisionc s También se 

hablan idiomas estranjeros especialmente el 

france's. 

El Padre. Enrique, ¿cuál es el numero de 
tropas alemanas? 

Enrique. El ejército de la Confederación 
Germánica consta de 801,687 hombres pro- 
porcionados por los estados á razón de un hom^- 
bré por cada cien hombres individuos. 

El Padre. ¿En qué estado se halla la ins- 
trucción y literatura alemana? Eugenia. 

Eugenia. Hay mucho amor á la instrucción 
y se cuentan muchas escuelas, ntuseos, biblio^ 
tecas, y sociedades literarias. Solo de universi^ 
dades se cuentan veinte que han producido mu^ 
chos hombrea célebres. 



INSTRUCCIÓN PRIMARIA. 



_«.««(*»»«' 



La instraGcioñ primafia es el medio mas po- 
deroso de mejorar la condición de los libmbres 
si por medio de una con veiiiiente dirección les 
instruye e indica cuáles son sus deberes y el 
recto camiíio que deben seguir. Nada mas aprb- 
pósilo para que nuestra patria llegase en poco r 
tiempo á aquel grado de ilustración y prosperi- 
dad á que está destinada á llegar y que le es al 
mismo tienjpo tan necesario. La importancia de? 
la instrucción primaria se ha consignado ya en 
bastantes páginas de la Minerva en la que se han 
indicado asimismo algunos medios de mejorar- 
la y dar la conveniente dirección para que se: 
generalÍ2ia58 todo lo posible hasta en^ las ínfimas 
aldeas, hasta en las clases mas pobres de la so- 
ciedad^ y que por lo mismo necesitan mas de es- 
te iuiportaüte beneficio. Siendo esto asi nos ha 
llenado de la mas agradable satisfacción, el que 
S. M. la Reina Gobernadora hien penetrí]ída de¿ 
lo qué puede contribuir á la felicidad de la ju- 
ventud española la Í0StraGGÍon primaria , y en- 
terada de su decadeacia entre nosotros , se ba- 
ya servido pon^r ren^edio á tantos males espi- 
diendo la Real orden del tenor siguiente. 



(247) 

REAL ORDEN. 

MINISTERIO DE XO INTETIOR. 

S. M. la Rema Gobernadora se ha servido di- 
rigirme con fecha 3i de agosto último el Real 
decreto siguiente: 

Intimamente persuadida de que la enseñanza 
primaria es uno de los mas importantes benefi- 
cios que pueden disponerse á los pueblos , y de 
que ningún otro puede contribuir mas eficaz- 
mente á la felicidad de las familias , á la mejo- 
ra de las costumbres públicas, al conocimiento 
y reforma de los abusos y á la consolidación de 
las buenas instituciones políticas; y enterada del 
estado deplorable en que se halla este impor- 
tante ramo de algunas provincias de la monar- 
quía á consecuencia de las desgracias que por 
tan largo tiempo la han aflijido; he tenido a 
bien resolver, en nombre de la Reina mi au- 
gusta Hija, que una comisión compuesta de su- 
getos ilustrados y celosos que me propondréis, 
se ocupe, con presencia de los reglamentos ac- 
tuales y de las noticias que habéis reunido en el 
Ministerio de vuestro cargo , en la formacioíi 
de un plan general de instrucción primaria, 
aplicable á todos los pueblos de la monarquía, 
según permitan sus respectivas circunstancia^, 
y en el que sin perjuicio de atender á la econo- 
mía que exije el estado de los fondos públicos, 



(248) 
se asegure la subsistencia de los profesores y el 
decoro que les es debido , estableciéndose la cor- 
respondiente vigilancia en su régimen moral y 
administrativo, á íin de que se corten los abu- 
sos que han impedido hasta ahora los progresos 
de la enseñanza primaria. Y es mi voluntad qué 
la comisión se ocupe con preferencia , como el 
objeto mas interesante y urgente de sus tareas, 
de todo lo que convenga para restablecer en la 
corte las escuelas de enseñanza mutua lancas- 
teriana , y sobre todo una normal en la que se 
instruyan los profesores de las provincias que 
deben generalizaren ellas tan benéfico método 
los medios que me propondréis con este objeto. 
Tendréislo entendido, y dispondréis lo necesa- 
rio a su cumplimiento. = Está rubricado de la 
Real mano, &c. 

Eii consecuencia de este soberano mandato se 
ha reunido la coínísion central para llevar á efec- 
to las imíportantes miras de S. M. Nosotros cree- 
mos será interesante á nuestros lectores les ten- 
gamos al corriente de la marcha que siga esta 
comisión en sus importantes trabajos y de la 
cooperación que la presten las juntas de provin- 
cia y aun las de pueblo , pues esta subdivisioU 
es la que está acordada como la mas convenien- 
te para el éxito feliz de sus tareas. 

La comisión central de instrucción primaria 
tanto, para excitar el celo de las comisiones de 
provincia como para dar las instrucciones, las 
ha dirigido la siguiente circular que transcribí- 



mos integra por los laminosos principios y má- 
ximas fandameatales de educación que encierra. 



CIRCULAR. 

Comisión central de instrucción primaria. 

La comisión central creada por S. M. la 
Reina Gobernadora en 3i de agosto de este 
año para estender los beneficios de la instmc-^ 
€Íon primaria á todos los pueblos de la monar-* 
quía, según lo permitan sus circunstancias ; de- 
seosa de llevar á efecto tan generosas é impor- 
tantes miras , se halla en el caso de dirigirse á 
V. S, como presidente de la comisión estable- 
cida en esa provincia, requiriendo su ilustrada 
celo y eficaz cooperación. El único medio de 
^ue la maternal solicitud de S. M. y los bue- 
nos deseos de la comisión central puedan pro- 
ducir el efecto apetecido en mejora de las cos-^ 
tutnbres páblicaá , reforma de los abusos y fo- 
mento de los pueblos consiste en que la comi-^ 
sion provincial presidida por V^ S. correspon- 
diendo á la confianza que merece al gobierno, 
transmita alas comisiones de partido y estas á 
las de pueblo^ el noble y patriótico impulso que 
debe animar sus tareas. 

La comisión central no se propone des- 
truir loque he existe, sino mejorarlo y comple- 
tarlo: ni será la generación naciente la única 



(25o) 
qdé se aproveche de sas modestos trabajos, smq 
que se atreve á esperar que la ya crecida parti- 
cipe también de su ventajosa influencia. De to-^ 
dos m^^odos á V. S. y sus dignos colaboradores 
en esta misión de benevolencia y pública utili- 
dad , áerán debidos los frutos que Sucesivamen- 
te deben praducir á la nación la mejora geiíeral 
de la instrucción primaria , y aunque para ha- 
cer el bien no necesitan de estímulo ageno los 
pechos generosos todavia , será grato á su ima-^ 
giriacion contemplar el aprecio que sus coro pa- 
triotas les reservan en digna correspondencia á 



sus esñierzos. 



Esta comisión central para cumplir lo dis-- 
puesto por S. M. en la instrucción circulada en 
Real orden de 21 de octubre ultimo , necesita 
conocer el numero de individuos de ambos se-^ 
xas que saben leer y escribir en toda la monar- 
quía, el de escuelas de primeras letras existentes, 
el de niños y niñas que á ellas concurren , y la 
calidad de los fondos destinados á sostenerlas. 
A fin de conseguir estos datos importantes que 
deben servir de base para sns operaciones suc- 
cesivas , nos dirigimos á V. S. al tenor del ar- 
tículo 1 3 de la mencionada ii:istruccion , con la 
esperanza de que esa comisión provincial , des- 
plegando toda su actividad y celo, no solamen- 
te facilitará las noticias que por su parte le 
corresponden, sino que escitará á las comisiones 
de partido y pueblo para que de mancomún se 
ocupen con ardor en el mas breve y exacto des- 



(^5i ) 
cim^eSo del importa ti te encargo que igualmen- 
te ;se les encomienda. 

. A este efecto tenemos el honor de acompa- , 
^ar á V. S, señalados con el numero i .^ los 
adjtiialós modelos de estados particulares , de los 
cuales arbitrará la celosa autoridad á V. S. que, 
S€ impriman en esa capital tantos ejemplares 
csantas poblaciones existan en la provincia. La 
comiisioíi provincial remitirá á cada una dé 
las de partido el numero de estados correspon- 
diente á las poblaciones comprendidas en su 
respectiva demarcación , con encargo de que 
los distribuya en ellas, exigiendo de las comi- 
siones de pueblo la mayor verdad y precisión 
al llenar cada una de sus casillas. Al de cada 
estado pondrán las comisiones de pueblo las ob- 
servajCiones que les ocurran acerca de sus ac- 
tuales escuelas, fruto que producen, facilidad de 
hater efectiva la dotación de los maestros ó 
líiaesíras, conveniencia de establecer otras nuevas 
y arbitrios acomodados para dotarlas. De aqui 
es que se remitirán estados; aun á los pueblos 
que no tieaen ni lian tenido escuela , pues ademas* 
díC que siempre ban de llenarse las restantes casi- 
llas en que se piden otros datos las comisiones 
de instrucción primaria que precisamente de- 
ben establecerse en todos ellos, propondrán al 
respaldo de los estados la creación de escuelas, 
yia para un solo pueblo ó aldea ^ ya para va- 
rias aldeas d caseríos diseminados , cuyos ni- 
ños, puedan oportunamente reunirse. 



(252) 

^ 'ToSo lor qne no quepa en las cabillas rei^pecti- 
vas y convenga decir, lo pondrán las comisiona 
áepiiebro al respaldo del estado , teniendo pre- 
sente que acerca de edificios, m^nage de escue- 
la, j libros^ testará manifestar cuantos edificios 
áe propiedad pública,, íegado ó donación es- 
pacial hay destinados á escuela y cuantos arren-^ 
dados , con esrpecifi:cacion d^ su estado y conve- 
niencia d defectos. Por regla general deben ca- 
lificarse de defectuosos todos los qué no estén si- 
tuados en tugar saludable , y cuya pieza ó pie- 
zascarézcan de suficiente estension y ventilación^ 
d no se Itallen bien enladrilladas ó entabladas. 
Se espi^esaró si están ó ñolas escuelas provistas 
áe mesas y bancos, y si escasean y hasta que 
punto, las cartillas y silabarios y libros elemen- 
tales de doctrina cristiana y lectura para ios 
niños. 

Nada mas interesante á la prosperidad pu- 
Kica y particular de una nación que el estable- 
cimiento de escuelas en las aldeas y poblacio- 
nes rurales; lo cual no es decir que sea de me- 
nos importancia la instrucción primaria en ciu- 
dades y villas de considerable vecindario, sino 
que en estas ofrece menos dificultades su pro- 
pagación que en aquellas. Y como la observa-^ 
cion de todos los países ofrezca el comprobante 
de ésta verdad, es del mayor interés inculcarla 
á las comisiones de pueblo y de partido, para 
que tanto una como otra se dediquen con par-* 
ticular eftcacia y esmero á promover el esta-^ 



Meclmienta de escuelas en las aldeas : alguiiosi 
pasos progresivos daáí^s al ano en cada partido, 
producirán un resultado visible e importante 
€n toda la estension de la monarquía. Por lo 
tanto esta comisión central se anticipa á con- 
45ignar algunas de sus ideas sobre la materia, 
^ue las comisiones de provincia , de partido y 
de pueblo, podrán aplicar y probablemente am- 
pliar y mejorar. 

En primer lugar es evidente que sin dota- 
ción no es posible que haya maestros propia- 
mente tales en los pueblos pequeños, y que sin 
maestros no hay escuelas. De aqui la necesidad 
de asegurar á aquellos un sueldo fijo , el míni- 
mo posible; perp independiente de las retribu- 
ciones de los niños que puedan pagar algo, j 
de toda otra obvención eventual. 

Este\Sueldo, el menor que puede asignarse á 
las escuelas, y que viene á ser en rigor una re- 
tribución por la enseñanza de los niños pobres, 
no bajará de 800 rs. vn. anuales para los maes- 
tros, y 600 para las maestras, á que será pre- 
ciso agregar alguna suma para alquiler de edi- 
ficios , adquisición de muehjes y provisión de 
cartillas y libros para los pobres. 

Otro principio que puede servir de gobier- 
no es, que asi como los gastos necesarios para 
el establecimiento y conservación de una escue- 
la normal primaria que provea de maestros á la 
provincia, han de grabar necesariamente sobre 
€3ia^ asi también el sosten de las escuelas ele- 



niéñtales deLen ser á cargo de los lagares en 
cuyo beneficio se establecen. De consigaiente las 
escuelas se habrán de sostener en los pueblos 
de los fondos pdblitos destinados ó que se des- 
tinen á ellas por la aaforidad competente ; de 
las fundaciones ó donaciones piadosas que tu- 
"vieren este objeto : de otras fundaciones cari- 
ta tivais , cofradías y obras pias que por haber 
faltado ó variado su primitivo y verdadero des- 
tino, o por nó alcanzar á cubrirlo en ra2:on de 
ía decadencia de sus valores no son ya de co^ 
nocida utilidad , sino que abusivamente desf- 
cuidadas aprovechan solo á los adniinistrad^f- 
res d patronos ; y en fin, de aquellas que por 
otras razones creyere oportuno él gobierno de 
S. M. dedicar al importante ramo de la educa*- 
cion popular. Donde se careciere ¿e estos medío5, 
ó no bastaren á lá dptacicHi mínima ^ pero fija, 
de los maestros^ alquiler y menaje de la es^ 
cuela , será preciso ocurrir á los gastos indí^ss^ 
pensables por medio de repartimientos d de ra-* 
mas vecinales en la forma que disponga el gor- 
bierno , nias siempre comunes á todos los que 
pueden pagar, tengan ó no hijos qué conc urraca 
á la escuela ; porque el benefició de la educación 
no se limita , como parece á los que están en 
<^1 acto de educarse, sino que la instrucción 
del pueblo viene á ser una medida de policía 
sabia, oportnna y eficaz para prevenir los crí^ 
nienes, conservar la paz, y asegurar la pro^ 
piedad y la vida de los individuos ^ en cuyo .con^ 



(255) 
-depto estamos todos obligados á los sacrificios 
que exigiere, pues disfratamos sus ventajas. 
•Aquellos cuyos hijos reciben instrucción con- 
traen ciertamente una obligación especial, y es 
justo y conveniente en varios sentidos que pa- 
guen aunque sea poco por lo que adquieren; 
pero íio pudiendo todos pagar y siendo un de- 
ber público el contribuir á la educación de los 
pobres, resultará que no está esceptuado ningu^ 
TÍO de los pudientes de acudir con retribuciones 
reguladas por la competente autoridad, á la for- 
mación de una renta mayor ó menor, aunque 
siempre decente, con destino á los maestros- 
Tomando en consideración estas bases, y 
-procurando en su consecuencia facilitar recur^ 
sos que proponer á la superioridad todos los ar^ 
bitrios y toda la variedad de medios que ofrecen 
los lugares y las circunstancias para dolar esta« 
escuelas, deberán la¡§ mismas comisiones de 
partido, auxiliadas de las de los pueblos, dedi- 
carse á proporcionar una escuela elemental á 
toda aldea que con los caserios inmediatos pue^ 
dan sostenerla^ y cuando para esto no hubiese 
arbitrio 6 no lo alcan:&ase , prepararán y forma- 
rán distritos de escuela en que se comprendan, 
si es posible , los caseríos de toda clase sepa- 
rados por los campos, cuidando de que el 
espacio que ocupen estos distritos no sea de- 
demasiado estenso, ni tampoco que anden los 
niños para llegar á la escuela mas de media Ic- 
gna en las tierras llanas, y un cuarto de legua 



(256) 
en las montañosas y quebradas, pantanos ó pa- 
sos peligrosos que atravesar. 

Contando con que un maestro pueda cui- 
dar e' instruir aun por el método común hasta 
et número de 70 ú 80 niños y por el sistema 
Xiancasteriano dos ó trescientos, no debe haber 
inconveniente en reunir por distritos el número 
mayor de vecinos que permitan la posición y 
circunstancias del pais, con el fin de aumentar 
los recursos y proporcionar mejor maestro. 
Cuando no sea absolutamente posible reunir un 
número de habitantes vcapaz de subvenir á los 
dispendios de una escuela por limitada que sea, 
se procurará alo mends formar dos reuniones 
o pe€{ueños distritos, que encontrándose en las 
mismas circunstancias, puedan convenirse en 
mantener y pagar un maestro que ahernativa- 
iiif nte por anos, medios años ó con mayor fre- , 
cuéncia, pase de uno á otro punto á ensañar á 
los niños. 

No deberá ser obstáculo para el arreglo de los 
distritos la diferente jurisdicción, parroquia <S:c. 
pues siendo un objeto de entidad común y de- 
hiendo tener cada escuela su respectiva Comi- 
sión de gobierno é inspección, compuesta de pa- 
dres de familias residentes en el distrito, bien 
podrá remover las pequeñas dificultades que se 
presenten, y reclamar la mediación de las au- 
toridades superiores en casos mas graves. * 

Seria de desear que se proporcionase á los 
maestros en las poblaciones cortas^ ya fuera de 



(257) 

terreTio comuii ya arrendado, un huerto coali- 
guo á la escuela, en que pudiesen cultivar ver- 
duras y semillas de toda especie, criar é injer- 
tar árboles frutales &c., lo cual ademas de con- 
tribuir á la subsistencia de sus familias , sumi- 
nlstraria un medio eficaz de aficionar é insj 
truir con tiempo á los niños en este cultivo de- 
masiadamente descuidado, iníluiria en sus cost 
tumbres, y vendria á ser algún dia con maesr 
tros mas aventajados de utilidad trascendental 
á la agricultura. 

Siempre que en los lugares de que se trata 
^Igun eclesiástico , y particularmente el párror- 
co , guste y pueda tomar a su cargo la enseñan- 
5sa elemental de los niños, deberá recibirse co^ 
mo un servicio señalado de que puede resultar 
gran beneficio á los habitantes. El corto sueldo 
de maestro agregado á la pobre 'dotación de 
inuchos curas, vicarios, ecónomos &c. , la dis^ 
traccion nacional que les proporciona este ejerf 
cicio, ó mas bien el placer paro que han de 
sentir en los progresos religiosos , morales é inf- 
•telectuales de su grey ; el aplauso que merece-^ 
rán á todos los hombres de bien ; el favor y re- 
compensa de su$ prelados, y la poderosa pro- 
tección de S. M. , los moverán sin duda á presr 
tarnos su auxilio eficaz en esta buena obra , tai^ 
acomodada al Espíritu del Evangelio. 

Puestas las comisiones de pueblo , por me- 
dio de lasl ndicaciones que preceden , en c^mi- 
^xo de estudiar sus propios recursos, y propo- 

^7 



(258) 

ner, tanto la mejora que quepa en sus actuales 
escuelas , como el establecimiento de otras nue- 
vas, espera la Comisión Central que V. S, in- 
terpondrá todo su influjo j autoridad para que 
pongan mano á la obra sin dilación, de modo 
que antes de i.^ de febrero de i835 devuelvan 
á la comisión respectiva de partido los estados 
con todas las casillas llenas al tenor de sus en- 
cabezamientos 5 y con las observaciones que su 
buen celo les sugiriere , puestas al respaldo. 

Cada comisión de partido, después de reci- 
bidos los estados parciales de los pueblos , pro- 
cederá á llenar uno de los generales que acom- 
pañamos á V. S. señalados con el numero 2.^ y 
lo hará empezando por la población de su pro- 
pia residencia, y continuando con todos los de- 
toas pueblos del partido , tengan ó no escuelas 
según el tenor de las esplicaciones que hayan 
dado. Las observaciones que relativamente al 
fomento de la instrucción primaria en la cabe- 
za de partido hiciere la comisión respectiva, y 
las que le haya dirigido al respaldo de su esta- 
do cada uno de los pueblos, la hará escribir 
la comisión de partido en pliegos que acompa- 
ñarán á su estado general. Esta comisión cen- 
tral se lisonjea de que las de partido tendrán 
completos los trabajos que acaba de meilcionar 
para el i5 de febrero. 

Finalmente, esa comisión de provincia, des- 
pués de formar su estado general por lo respec-' 
tivo al partido 4^ la capital; y recibir los cor- 



respondientes á los demás partidos que le re- 
mitan sus comisiones hacia el i5 de febrero, 
se servirá dirigir en lo que quedase del mismo 
mes todos los estados originales de partido, y 
las observaciones que los acompañen, á esta 
comisión central bajo cubierta al Excmo. se- 
ñor secretario de estado y del despacho de lo 
interior. Las comisiones de provincia, al paso 
que se quedarán con copia de todo lo que diri- 
gieren para continuar sobre estos datos sus tra- 
bajos, podrán hacer las observaciones genera- 
les que tengan por oportunas, á fin de ilustrar 
completamente la materia 

Esta comisión central anhela presentar á 
S. M. en todo el mes de marzo próximo veni- 
dero el resumen general de los estados que en 
este momento dirige á todos los puntos de la 
península , y aunque está lejos de imaginar que 
necesite estimular el celo de V. S. y de esa 
coimsion provincial, recordándoles lo que S. M. 
se promete en la citada circular de 21 de 
octubre de su activa cooperación á esta im- 
portante empíresa cuando debe mediar sa pro- 
pio convencimiento , no puede menos de hacer- 
les presente, qae si al formar su resumen ge- 
neral se echasen menos los estados de algunas 
, provincias ó partidos, le será imposible /evitar 
que aparezcan en descubierto á los ojos de la 
superioridad las comisiones qne hubiesen deja- 
do de remitirlos en la época .señalada. 

Dios guarde á V. 3. muchos años. Madrid 20 



(26o) 

de diciembre de i834. = El daqde de Gor, 
Presidente.=ALlejandro Olivan , Secretario. 

Los modelos de estados qae se citan en la 
anterior circular deben indicar en las diferen- 
tes casillas el número de almas de cada pueblo, 
los hombres, mugeres, niños y niñas que sa- 
ben leer, escribir, ó ambas cosas á un tiem- 
po. El numero de escuelas de ambos sexos , asi 
publicas como particulares , espresando ademas 
el número de niños y de niñas que concurren 
á ellas , y la edad que tienen , divididos en dos 
secciones, á saber, desde los tres años á los diezy 
y desde los diez arriba. Los maestros examina^ 
dos ó no, y si tienen algún otro oficio ó desti- 
no. Estas disposiciones son generales , y su eje- 
cución ha de verificarse simultáneamente en 
todas las provincias de la monarquía. Contra- 
yéndonos ya á nuestra provincia úe Madrid asi 
que se ha instalado la comisión titada , há di- 
rigido á las de partido su correspondiente or- 
den para su reunión y la circular del tenor si*< 
guiente : 

CIRCULAR 

De la Comisión de la provincia de Madrid á las 
de su partidon 

Para que tengan puntual cumplimiento las 
soberanas resoluciones de S. M. acerca del im- 
portante objeto de la instrucción primaria que 
es necesario establecer sobre sólidos principios, 



(26r) 

y generalizando sa estensioná iodos los españo- 
les como S. M. la Reina ^Gobernadora desea y 
la nación necesita, va inclusa en este dia en el 
Boletia oficial á todos los pueblos de ese partido 
la circular dispuesta '^ara que .se instalen las 
juntas particulares de pueblo que manda el ar-p 
tícalo II de la instrucción de 21 de octubre 
próximo pasado, y también les remitiníios el 
estado que deben llenar y devolver á esa de par^ 
tido , Ue^o en s.u$ casillas y cpn las observacio- 
nes que tengan por conveniente , guardando ea 
todo el orden que en dicha circular se les pre- 
viene, y á la que tambiea se arreglarán VV, 
en la parte que les toca. 

Inmediatamente qq.e esa comisión de par- 
tido reciba los estados número i.^ devueltos por 
las de los pueblos, procederá por sí á llenar el 
estado general que acompaña con el número 2.% 
y lo hará empezando por la población de sqi 
propia residencia, mediante á desempeñar en 
ella el doble carácter de j anta de partido y de 
su puebío, y luego continqiará su informe con 
todos los demás de su jurisdicción tenga ó no 
escuelas, y ateniéadose alas esplicaciones que, 
ellos hayan dado. 

También debe tener presente esa comisión 
que las observaciones que era necesario hacer 
acerca de la iastraccion primaria, ya sean res- 
pectivas al pueblo de su residencia d ya á I03 
demás de su jarisdiccÍDn, deberá estenderlas en 
pliego separado. 



Y por ultimo, que es urgente que se dedi^ 
que esa comisión investigar y proponer ciian-^ 
to crea necesario para el establecimiento de 
la escuela elemental en donde no exista , indi- 
cando el punto en que deba situarse, ó la m^ 
|ora de las que ya existan j los medios ó arbi- 
trios para su dotación, espresando si hubiera 
fundaciones, memorias ó caalquier otro fondo 
y el estado en que se halle, como si hay al- 
gún eclesiástico que se preste á hacer este gran 
servicio. 

Esta Comisión de provincia espera del celo 
de YV. que no omitirán medio ni diligencia al- 
guna para que tengan efecto tan importantes 
medidas procurando cslender del modo másela- 
ro sas observaciones y remitiendo el todo de su 
trabajo con estados despachados por los pueblos 
de sa distrito antes del i5 del pnSximo febrero, 
como está mandado y es indispensable para te- 
ner reunidos á un tiempo todos los datos que 
son necesarios á fin de poderse tomar las reso- 
luciones que tanta urgencia la importancia y 
utilidad de la enseñanza primaria, única prin- 
cipal base de la ilustración. Madrid.= El Mar- 
ques de Viluma.= López de Olavarrieta. 

En consecuencia las comisiones de partido 
han dirigido á las de pueblo otra circular y re^ 
mitido los estados para que inmediatamente 
evacúen lo que se les pide, y ademas de llenar 
los estados con arreglo á las casillas, espresen 
al respaldo sus observaciones locales respecta 



(a63) 

de la dotación ó la creación de las escuelas, asi 
como de su situación, menage, defectos ó ven- 
tajas, &c. &c. Lo que resulte de estos estados 
y de las comunicaciones que hagan las comi- 
siones de partido, asi como las providencias 
que se acordaren, tendremos lugar de mani- 
festárselo á nuestros lectores en los siguientes 
números de la Minerva. 



mosaico: 



Segon una espériencía hecha en el hospital áé 
la Caridad de ntieva Orleans se caran maspron^ 
%úhs viruelas y aun se evita dejen impresionen, 
alejando toda luz de los^ individuos acometidos- 



Gattí que reunía el genio de Hipócrates á 
la incredulidad de Montaigne solo reconocia dos 
clases de enfermedades , la enfermedad de la 
muerte y la que no lo es. 



En la Lusíaná se ha inventado un instru- 
mento movido por él vapor que remueve la tier- 
ra, la levanta y la arroja a un lado. Asi las gen- 
tes que viven como máquinas podrán hacerse 
enterrar á la mecánica. 



En una casa de campo cerca de Coimtra en 
Portogal se ve una vasta cocina por medio de 
la cual pasa un rio en el que los cocineros pue- 
den sacar peces cuando les hacen falta. 




EFEMÉRIDES 

MES DE MARZO» 

l^omulofae el primero que dividió el áfilo 
en diez meses, dando el primer lugar al mes de 
Mafizó, qiie llamaba asi del nombre de su par 
dre {Mars)* 

Numa reformó el caleíidario cuanto pudo 
permitirlo la ignorancia de la íiitrottomía en 
aquella época , arreglando su año á doce meses 
según el eurs^ y laá ■ pha«es de la luna ; pero es- 
te calendario tuvo que reformarse después á 
causa de no haberse^ observado la diferencia del 
ano lunar al año solar* 

Julio Cesar reformó el ano irregular de Nu- 
ma con arreglo á las observaciones del astróno- 
mo Sosigenes que habia hecho venir de Alejan- 

^7 



(266) 
dria. El calendario se dispuso con arreglo á las 
revoluciones solares , añadiendo once días y seis 
horas al año lunar de Numa , de suerte que el 
año Juliano se compuso de trescientos sesenta 
y cinco dia^ y seis horas. Como al cabo de cua- 
tro años estas seis horas formaban un dia , Ju- 
lio Cesar mandó que de cuatro en cuatro años 
hubiese uno compuesto de trescientos sesenta y 
seis dias. Se iíit^rcaítf pues un dia en cada cuar- 
to año, que se Ihmó óísksto ; porque el dia in- 
tercalado después del sexto de las calendas de 
Marzo se llamaba ¿/W^x/m^.. El año que no tie- 
ne mas que trescientos sesenta y cinco dias se 
llama año común. 

En Francia solo se empieza á contar el año 
por Enero desde un decreto de Carlos IX dado 
en 1 564: antes se empezaba por Pascuas. Asi 
sucedia que un mismo año tenia dos meses de 
Marzo cuando las Piáscuas jcaian en dicho mes 
ysedecia, Marzo anles d¿ Pascuas , y Marzo 
después de Pascuas. 





1 8 efe Marzo de i3o4í muerte de los Templarios. 



Uno de los mas importantes hechos de nues- 
tra historia es la estíncion del orden de los 
templarios. El gran maestre Jacobo de Molay 
fue quemado vivo en la plaza Dauphine de Pa- 
rís. Felipe el Hermoso llevado de las denuncias 
de un vecino de Beziers y de un templario apos- 
tata, hizo arrestar en un mismo dia a los ca- 
balleros del templo, apoderándose de este y de 
todos sus títulos. 

Las acusaciones que se hacian á los templa- 
rios eran tan absurdas como atroces. Como 
creer en efecto que unos religiosos fuesen á la 
vez ateos y encantadores, que se burlasen de 
ias sagradas imágenes y adorasen una cabeza de 
madera, dorada y plateada, y con grandes bar- 
bas. Cuando tales declaraciones se escapan en 
la tortura prueban solamente cuan bárbaro era 
el uso que se hacia de ella. 



(268) 

^ En efecto, sus mayores crímenes fueron sus 
riquezas, su poder, su independencia de toda 
gobierno, y algunas sediciones que habian esci- 
tado en Francia con motivo de una alteración 
de moneda que les habia hecho perder mucho; 
les acusaban también de haber proporcionado 
dinero á Bonifacio VIH durante sus disensio- 
nes con Felipe el Hermoso, y este rey era im- 
placable en sus venganzas. 

Cincuenta y nueve caballeros fueron quema- 
dos vivos en París en la puerta de San Antonio, 
todos protestando su inocencia y retractando 
las declaraciones que los tormentos les habian ar- 
rancado. El gran maestre Jacobo de Molay, igual 
á los soberanos por su dignidad; Guy, hermano 
del Delfín de Auvernia, fueron quemados en la 
plaza Dauphine; pusieron á Dios por testigo en 
lo que pudieron hablar, y aun el gran maestre 
emplazó ante el tribunal de Dios al papa den- 
tro de cuarenta dias , y al rey dentro de un ano, 
sin que ninguno de los dos llegase á vivir hasta 
este tiempo. 

No se sabe dice Bossuet si hubo mas de ava- 
ricia y venganza que de justicia en la muerte 
de los templarios, otros muchos autores han 
pensado del mismo modo. 

Los despojos de los caballeros templarios fue- 
ron destinados á los caballeros de San Juan de 
Jerusalen ( los caballeros de Malta ) ; pero el 
rey se llevo todo el dinero que ascendió á dos- 
cientas xnil libras, suma entonces inmensa 



(:i69) 
Luis Hutin, su hijo, pidió ademas sesenta mil. 
Se convinieron en que tendria las dos terceras 
partes del dinero de los templarios , asi como 
sus muebles y alhajas de las iglesias , y todas 
las rentas vencidas desde el i3 de octubre 
de 1 307, época de su detención, hasta el año 
de i3i4-5 época del suplicio de los últimos tem- 
plarios. Esta orden militar había durado desde 
1 1 18 hasta i3i2 que fue abolida por el conci- 
lio da Viena, La conservación de los santos lu- 
gares, de que se habían hecho dueños los cru- 
zados, y la necesidad de proteger á los peregri- 
nos que de todas parles acudían á Jerusalen, 
dieron lugar á este establecimiento que fue fun- 
dado por nueve caballeros franceses que habían 
acompañado á Godofredo de Bullón á la con- 
quista de la tierra santa.^ 




jardín artificial de S. m. 

llIUl/llll%l%Jl/\ 

Aquellos que disfratan de las delicias del 
campo, y están habituados á contemplar los 
inmensos cuadros en que la naturaleza despliega 
toda su lozanía; compadecen á los que sumer- 
gidos en el bullicio de la corte y embarazados 
con la misma pompa de los palacios , no pue- 
den espaciar su imaginación en las festivas cam- 
piñas. Los que el deber compele á vivir en re- 
gios salones, hay momentos en que envidian 
la soledad y descanso de las moradas campes- 
tres, y desearían respirar con libertad en un 
ameno jardin ; cubiertos en vez de dorados ar- 
tesones y lujosas colgaduras , por la azul y des- 
pejada bdbeda celeste. Disfrutar á un tiempo de 
esta doble ventaja en todo tiempo y estación 
del año, parecia cosa imposible de verificar; pe- 
ro que conseguida ya no dejaba nada que ape- 



cer. Las áridas cercanías del palacio de Madrid 
y su actual estado no han impedido que nues- 
tra Soberana goce en todo tiempo de una con- 
tinua primavera ; pues sin salir del edificio , y 
lo que és mas sin salir de su habitación , con 
solo pasar de una sala á otra, se encuentra 
trasladada desde los aposentos regios én que; 
brillan todos los primores del arte á nna sose- 
gada mansión en la que están reproducidas las 
bellezas de la naturaleza. Tal es el jardin arti- 
ficial construido de orden de S. M. , y para su 
recreo por el coronel de artitleria D. León Gil 
del Palacio, cuya habilidad en este génfero de 
obras ya hemos tenido el placer de elogiar en 
otra ocasión. Al entrar en esta morada deliciosa 
la vista agradablemente sorprendida por el pin- 
toresco efecto de todo el conjunto pasa a recor- 
rer y examinar los objetos en particular, y de 
este examen resulta la mas completa admira- 
ción al ver la minuciosa exactitud y reproduc- 
tora imaginación del artista que lo ha dirigido. 
A pesar de haberse tenido que sujetar al local 
que se le habia designado contiguo á la habita- 
ción de S. M., todavia ha sabido disimular con 
maestria la imperfección que éste local ofrecía, 
y en su reducido espacio aglomerar muchos 
primores. 

La idea del autor ha sido manifestar á un 
tiempo la naturaleza en dos diferentes estados: 
conforme ella se manifiesta espontáneamente 
en lugares incultos y solitarios , y el giro que 



(272) 

después toma modificada por la mai)o del culti- 
vador en los jardines. Asi es que al entrar ppr 
la poterna del torreón de una antigua fortaleza 
se halla el espectador en el patio del edificio, 
que abandonado al parecer desde machos siglos 
y espuesto á las inclemencias del tiempo está 
todo arruinado y cubierto de musgo. A la dere- 
cha todavia se conserva un ángulo del antigua 
castillo feudal, con sus laboreadas ventanas gó- 
ticas y otros adornos, muchos de los cuales han 
venido abajo con la piedra que los sostenia y 
yacen amontonados sobre la colina que sirve de 
base al edificio. En las ruinas y en los peñas- 
cos crecen diversas plantas análogas al terreno, 
los musgos tapizan las sinuosidades y eminen- 
cias, y las yedras se muestran por todas partes 
codiciosas de subir á laís elevadas almenas. A 
la izquierda hay una escavacion en las peñas: á 
manera de las que con tanta frecuencia se ob- 
servan en algunas montañas, y se ve caer gota 
á gota el agua cristalina con aquella pausa é 
intermitencia que caracteriza á esta clase de 
filtraciones. Del continuo gotear de la peña se 
ha formado á su base una charca en cuya mar- 
gen crecen diversas cañas, juncos y otras plan- 
tas acuáticas. La senda que corre paralela á esta 
filtración guia á una retirada caverna, dentro 
de la cual hay un banquillo; todo practicado en 
la roca. Por un arco antiguo que forma tam- 
bién parte de la ruinas se entra al verdadero 
jardia, porque alU ya se revela la mano del 



(^73) . 
hombre, en la estudiada elección de los vegeta- 
les, arreglo de las platabandas y disposición de 
los cuadros. Estos están cubiertos de tierra ve- 
getal, cuyo color oscuro contrasta con el de la 
arena que cubre la senda de alrededor. Se ven 
diseminadas graciosamente varias plantas, y en 
el centro hay dos piloncitos con dos surtidores 
verticales que saliendo de un g^upo de conchas, 
caracoles y guijarros se elevan graciosamente 
en los aires. Tanto el agua de las fuentes como 
la de la filtración procede de un mismo depo- 
sito oculto disimuladamente, con la circunstan- 
cia de que en poco tiempo se la puede hacer 
volver á él por medio de una bomba aspirante; 
todo alrededor del jardin y siguiendo el friso de 
la pared corre una platabanda d^ cañas entre- 
tegidas, en las que se enlazan graciosamente los 
sarmientos de unas parras , descollando los api- 
ñados racimos por entre la multitud de hojas y 
de pámpanos que los abrigan. Se ven ademas 
las lilas mas ó menos abiertas, jazmines, pa- 
sionarias y otras flores y enredaderas. En todo 
ello no hay simetria ni monotonía, sino aquella 
variedad y arbitraria colocación que distingue 
á las verdaderas producciones naturales. Inter- 
rumpen la platabanda de trecho en trecho pe- 
(lestalitos sobre cada uno de los cuales hay gra- 
ciosos jarroncillos de flores. Un espejo colocado 
en el marco de una puerta gótica situada en uno 
de los ángulos de la pieza ofrece al espectador 
la imagen de todo el ámbito del jardin que tie- 



(v4) 

m á su espalda. Aqai y allá hay varios árboles 
frutales , y bajo un grupo de ellos se halla co- 
locado un rustico lecho sin mas cubierta que 
la que le proporciona lo espeso del ramage. 
Alli próximo se ve también un rustico velador 
sobre el cual hay como olvidado un ramillete 
de flores y frutas. Las ventanas están. disimula- 
das con cortinas transparentes , y los techos y 
paredes pintadoá en armonía con el total de la 
obra. Entre los paises que hay pintados en las 
paredes se distinguen dos ; el uno que represen- 
ta el lago de Genova , y el otro toda la campi- 
ña de las inmediaciones de Madrid por la par- 
te del mediodia , tomada la visual por encima 
de las alturas del Retiro, distinguiéndose el 
observatorio astronómico que hay dentro de es- 
te Real Sitio. Estas lontananzas que van á per- 
derse en el celage están combinadas con tal dis- 
posición que parecen continuación de la obra 
cuyos límites parece que ensanchan hasta el 
horizonte. Para que la ilusión sea mas completa 
en los pilones de las fuentes se mueven peces 
de diversos colores y algunos pajarillos volando 
de rama en rama interrumpen la calma de 
aquel sitio haciendo resonar sus gorgeos y sus 
trinos. Esto anima sobremanera el paisage; 
pues por bien ejecutado que estuviese siempre 
permanecería frió y silencioso sin algunos seres 
animados que en él discurriesen. Reúne ademas 
el local otra comodidad propia del sitio, tal es 
un baño situado en uno de los ángulos ,^ desde 



MORAL. 

Del robo. 

Si se pregunta á los ladrones célebres el ori- 
gen de sus crímenes, apenas habrá uno que no 
convenga en que empezó en su infancia por pe- 
queñas raterías , de donde proviene esta peli- 
grosa inclinación de los niños al robo. Proviene 
x^. de la falta de educación que les impide co- 
nocer el respeto que deben tener á la propiedad 
de o^ro, los deberes á que están obligados con 
sus semejantes, y las funestas consecuencias del 
robo. 2*^. Una educación viciosa , es decir , des- 
provista de las inspiraciones de la Religión y de 
la moral que los deja sin socorros contra la se- 
ducción de los deseos y la tentación del crimen. 
3.^ El deseo de procurar sin trabajo ni com- 
pensación algún dinero u otra cosa equivalente 
para satisfacer vergonzosas pasiones. Resulta 
que esta inclinación es casi siempre producto 
de la negligencia que se ha puesto en la direc- 
ción de los niños y de la tolerancia de sus de- 
fectos nacientes. Para obtener un resultado con- 
trario es preciso estar atentos á la marcha inte- 
lectual y moral de los niños, dándoles buena 
educación en ambos sentidos, vigilar sus pro- 



( ^77 ) 
pensiones ní^urales, precaverlos de la avaricia, 

glotonería y lujo escesivo ; indicarles los debe- 
res que la sociedad impone añadiendo á los pre- 
ceptos ejemplos contra el deseo de alentar á la 
propiedad de los demás : mostrarles las desgra- 
cias que origina el robo > esforzándose á con- 
vencerlos por todos los medios posibles de que 
su interés bien entendido es obrar siempre con 
honradez. 

Paseándose Adolfo con su padre vieron que 
los salvaguardias llevaban preso á un chico por 
haber robado un relox y al momento entabla- 
ron el diálogo siguiente. 

Adolfo. Papa^ ¿ por qué llevan preso á aquel 
muchacho? 

El padre. Porque ha cometido un robo o 
sustracción fraudulenta de lo que á otro perte- 
Bece. Como ha adquirido aquel relox por un 
medio que la ley no indica , se ha hecho culpa- 
ble de robo. 

Adolfo. ¿Si yo fuere á coger agua al rio me 
haría culpable de robo? 

El padre. No porque el agua de los rios es 
así como el aire una cosa que pertenece á todo 
el mundo. 

Adolfo, ¿Y si yo me encontrase ahora un 
pañuelo debería ser mió? 

El padre Ese pañuelo annque perdido pue- 
de terier su dueño y si se presenta hay que res- 
tituírselo. Si no le tiene o no se presenta cuan- 
do tú hayas anunciado al público que estás dis- 



puesto á ^volver el pañuelo a qulm pertenezca 
puedes apropiártele sin cometer un robo y sin 
que te puedan acusar de habértelo guardado 
fraudulentamente. 

Adolfo, ¿El robo de un pañuelo no puede 
ser cosa de consideración? 

El padre. Hijo mió, no es la importancia 
del objeto robado lo que constituye la malicia 
de la acción, pues pertenece al crimen en sí 
mismo. Por otra parte el que hoy roba un pa- 
ñuelo, mañana robará un objeto mas precioso 
si la ocasión se le presenta. De un robo pequeño 
se pasa á uno grande y de aqui al asesinato y al 
patíbulo no hay mas que un paso. 

Adolfo. ¿Que' dispone la religión acerca 
del robo? 

El padre. La voz poderosa de Dios prohi- 
bió el hurtar y codiciarla hacienda agena al 
pueblo congregado al pie del monte Sinaí en el 
mismo dia en que prometió larga vida á los hi- 
jos que honrasen á su padre y madre. La reli- 
gión que nos enseña á servir á Dios y que quie- 
re no se haga daño á nadie , condena á todos los 
que cometen el crimen de robo. No perdona á 
los que han robado hasta que han restituido el 
objeto del robo, que se han arrepentido since- 
ramente prometiendo no incurrir en la misma 
falta y que han cumplido esta promfesa. 

Adolfo. ¿ Y las leyes qué disponen respecto 
del robo? 
' JEl padre. Quieren que el ladrón sea perse- 



(^79) 

guido, arrestado, juzgado y condenado. Propor- 
cionan la pena á las circunstancias que agravan 
ó disminuyen el crimen. Multas, prisiones, tra- 
bajos forzados , deshonor , infamia y la muerte 
es á lo que se esponen los que son tan desgra- 
ciados que cometen un robo. 

Adolfo, ¿Porque' el robo es tan severamen- 
te castigado por las leyes? ^ 

El padre. Porque encierra una gran injus- 
ticia que consiste en querer apropiarse por as- 
tucia d por fuerza sin trabajo ni molestia un 
objeto que ha costado á otro dinero, tareas y cui- 
dados, y porque el robo sería causa continua 
de querellas y desórdenes de toda especie. 

Adolfo. Conozco ahora que tenemos un 
^án interés en abstenernos del robo. 

El padre. Tanto mayor que si quitas á tu 
prójimo el pan que le alimenta, mañana hará 
lo mismo contigo; de suerte que no habiendo 
seguridad de conservar lo que nos pertenece 
ni se trabajará mas, ni 5e adquirirá mas, ni se 
l^f^seerá mas, y entonces no habiendo medios de 
^tisfacer nuestras necesidades nos veremos es- 
puestos á morirnos de hambre y de miseria. 



«y®' 




DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO. 



Colon arrebatado 
Da un numen celestial , busca atreViÜé 
El Nuevo Mundo revelado á él solo. 
(Quintana.) 

I 

Tres buques con bandera española favore^ 
cidos del prospero viento, surcaban ks olas Sel 
Atlántico. La calma mas apacible reinaba eti 
toda la vasta, estensioíi de aquel Occéano sin lí^ 
mites y la proa de las embarcaciones dejaba 
abierto en pos de sí un ángulo que al paso que 
se ensanchaba se iba perdiendo también en 
la inmensidad d%la líquida llanura. Pro- 
fundo silencio reinaba en las naves , cual si 
la tripulación confiada en el bonancible aspecto 
del temporal, hubiese olvidado lo precaria que 



(a8i) 

ser podía esta situación. Sin embargo, este si- 
lencio era precursor de 4a agitación mas espan- 
tosa y de que se acercaba el momento en que 
iba á estallar la ira comprimida en los pechos. 

Los rayos del sol templados por la brisa de 
la región etérea , penetraban por una de las 
ventanas de la cámara de popa de la nave Ca- 
pitana y dejaban percibir cierto desorden en la 
estancia. Veíanse los muebles fuera de su sitio, 
libros, mapas, e' instrumentos geográficos y as- 
tronómicos , sobre las sillas y la mesa. Un solo 
personage que se hallaba en la estancia, parecia 
abismado en la mas profunda reflexión. Senta- 
do y apoyada la cabeza sobre una de sus manos 
contemplaba lánguidamente los científicos obje- 
tos que le rodeaban, pero aveces sus miradas se 
reanimaban, las fijaba en el lejano horizonte y 
en sus ojos brillaba el fuego del entusiasmo. No 
salió de su enagenacion hasta que sintiendo 
pasos volvió la cabeza, y vio entrar apresura- 
do al teniente de la nave. 

— ¿Que' me quieres? le dijo; tu rostro páli^ 
4o me indica alguna infausta nueva. 

— ¡Ah! Colon ( respondió el teniente) sino 
descubrimos pronto la tierra apetecida, vais á 
ser víctima del furor de estos hombres. Todo, 
todo está perdido. 

— ¿Ha mudado el agua de color? ¿Ha veni- 
do alguna ave desconocida á reposar en lo alto 
de los mástiles? 

— Nada Colon ; algunos trozos de madera y 

i8 



(28a) 
yerbas flotantes han venido á dividirse contra 
la proa del navio, algutios pajarillos han veni- 
do á descansar en lo alto de las jarcias, mas 
esto nada sirve. Veinte dias hace que se repiten 
las mismas señales que no bastan á calmar la 
efervescencia de la tripulación» Somos perdidos. 
Éstos hombres creen que ya no podrán volver 
á España, y no descubrie'ndose la tierra que se 
busca, piden á gritos la muerte del traidor que 
dicen ha burlado sus esperanzas 

Aun estaba hablando y ya el estrépito que 
sonaba en la embarcación les anuncia la llegada 
de los amotinados. La rabia y la desesperación 
estaban pintadas en sus rostros consumidos por 
el hambre y las fatigas de tan largo viaje. Agi- 
tando convulsivamente sus flacos y nervudos 
brazos le gritaban a Colon. — Traidor, ¿dónde 
está la felicidad que nos has prometido? Nos 
has sacado de nuestra patria para que nunca 
la volvamos á ver ; para traernos á perecer en 
medio del abismo. Ya carecemos de agua para 
beber, pues bien queremos tu sangre.'* 

**Sangre, sangre:** grita la turba desen- 
frenada. 

El almirante levantándose majestuosamente 
opone su presencia de ánimo á aquellos furiosos. 

— Si para vivir, les dice, necesitáis sangre, 
aquí está la mia , saciaos hasta la última gota 
y vivid. Sin embargo os pido por última gracia 
me permitáis ver salir otra vez el sol sobre 
este horizonte. Si mañana al romper el dia no 



d6$a2brifYiOi& nna playa libertadora ^ ya me ofrz-- 
CQ gustoso á la muerte. Acordaos, acordaos qde 
sois españoles: sigamos nuestra empresa y ten- 
gamos confian:?» en Dios." — La tranquilidad 
del heVoe y lu sereno aspecto le hacen triunfar 
de los amotinados. Concediéndole este ultimd 
plazo, se retiran con sordo murmullo y por esta 
vez su sangre es conservada. 

1 11. 

Las estrellas brillaban silenciosas en el fir- 
mamento, y la luna con tre'mula luz pareeia 
esparcir la calma y el silencio eo la vasta su- 
perficie del Atlántico, cuyas olas venían á cho- 
tor mancamente contra los costados de la em- 
l^rcacion* Tan ííublime espectáculo no produ- 
cía en Cristóbal Colon la impresión profunda 
4^ otras veceSv Preocupado con la idea del pac- 
to terrible en que se hallaba comprometido^ 
buscaba algún alivio á su ánimo fatigado y no 
lo hallaba. En ninguna parte un rayo de espe- 
ranza, en ninguna parte un punto en que la 
^ista pudiese descaaisair en aquel miiiído' de agua. 
Su pecho estaba opirimi-do , y sus miradas diri- 
giéndose al occidente pareeian querer penetrar 
al través) d^ la oscuri<lad* Paseábale agitado y 
contemplando su embarcación decia : ** Apresu- 
}?a tu cuCi^o ¡oh , na ve 1 que no muera yo antes 
de saludar á la tierra que Dios ha prometido á 
mis desvelos." Y la nave cuaI si obedeciese á 



la voz dé su capitán volaba favorecida dé tttí 
viento impetuoso. Consideraba después el he'roé 
la fama eterna que le resultaría por la conse- 
cución de üná empresa que solo había servido 
de espanto á los hombres mas animo^ds. La in^ 
fluencia que ejerceria en la política, comérdo 
é ilustración dé todas las naciones del globo; 
señaladamente de la España que se hallaba en- 
tonces en el apogeo de su gloria por las céle- 
bres victorias de los reyes católicos. Represen- 
tábasele también la incertumbre en que se ha- 
llaba de dar glorioso fin á aquella empresa que 
tantas fatigas le habia costado, y qiie él sol qué 
iba á presentarse en el horizonte seria tal vez 
el último que viese. Entonces olvidado de sí 
mismo, incada en el suelo la rodilla esclamd al 
Ser eterno: «¡Dios poderoso! dirigid una dé 
vuestras miradas piadosas sobré estos marine- 
ros que me acompañan ! No permitáis que müé^ 
ran sin consuelo en este inmenso sepulcro.'^ 

III 

Amaneció el memorable dia 12 de octubre 
de 1492 , y al primer crepúsculo ya el teniente 
Sé despedia de Colon creyendo su fin cercano. 
— Tranquilízate amigo, respondió el almirante. 
Dios cuya protección se hace sentir en todo él 
inundo me libertará de la muerte, ó- me hará 
tnas suave su éamino " 

—¡Adiós , Colón, adiós ! héhs aqui estos íu^ 



<285) 
riosos que ya llegan: y la turba desenfrenada 
iaundaba la cámara del almirante. — Ya sé á 
lo que venis; les dijo éste: pronto estoy. La 
iiluerte no me es sensible: solo sí que no que- 
ráis coadyuvar á mi empresa, cuando ya esta- 
mos próximos á llevarla á cabo'* ; pero las pala- 
labras del héroe no son oidas: las espadas re- 
suenan amenazadoras, horrendos gritos de muer- 
te atraviesan los aires y Colon se prepara tran- 
quilo á la suerte que le espera. —Lancémosle 
al agua" , gritan, y conviniéndose en tan cruel 
resolución, perdido el respetoíy la subordina- 
ción, lo asen, lo empajan, lo llevah arrastran- 
do sobre cubierta, y al tiempo de precipitarlo 
en el abismo.... ¡í/^rra!... gritaron de lo alto de 
las gabias....j¡ tórral \ tierral 

En efecto, los rayos del sol doraban una 
banda de territorio que' empezaba á mostrarse 
por la parte del occidente, aquella era la tierra 
adivinada por Colon. Viérase al panto conver- 
tirse en mansedumbre y humillación la furia y 
rencor de aquella gente. -Las espadas se les caen 
de las manos, y avergonzados no les queda mas 
resolución que para implorar su perdón á los 
pies del almirante. Este que habia visto con 
ánimo sereno las espadas dirigidas contra su 
pecho , no puede entonces contener su emoción 
y las lágrimas corren abundantemente por sus 
mejillas. Olvidando todo cuanto acababa de pa- 
sar esclama.:-— «Compañeros: á Dios solo son 
debidas las gracias por tan insigue beneficio y 



(286) 
habernos guiado á esta tierra de salvación. Ssí^ 
ludémosla con cánticos de agradecimiento y ale- 
gria.'* Entonces toda la tripulación descubierta 
la cabeza entonó en fervoroso coro ün cántico 
sagrado. Sus versículos eran repetidos desde la 
cubierta de las otras dos carabelas , la Pinta f 
la Niña^ que navegaban de conserva con la Ca^ 
pitaña^ y el eco de las voces de los marineros 
iba resonando por el piélago salado á perderse 
en las costas lejátías. 

^ Entretanto la nueva tierra se ofrecía en má- 
gico aspecto á los españoles, que habituados 
por tantos dias á no ver mas que agua y cieb 
no apartaban sus ojos de aquel tan risueño co- 
mo magnífico cuadro. Las llanuras estaban cu- 
biertas de la vejetacion mas abundante , y *el 
pendiente de las colinas ocupado por oscuros y 
majestuosos bosques, formados de tan altísimos 
y corpulentos árboles que escedián en mucho á 
los conocidos en Europa. Veíanse los habitantes 
desnudos correr y reunirse al aspecto de aqué- 
llas estraordinarias máquinas que venían por el 
agua, y aves de nueva especie discurriendo por 
la arboleda animaban este paísage encantador^ 
cou la armonía de su cántico y la belleza de su 
plumage. 

Los españoles bajaron á tomar posesión de 
aquella tierra á la que Colon llamó de S. Sal- 
vador, por haber sido su áncora de salvación 
en aquel día. Desde entonces se fijó en el Nue- 
vo Mundo el estandarte de la cruz y empezó 



(287) 

una nueva serie de glorias y laureles. Entonces 
fue cuando en las playas americanas resonaron 
las voces de los españoles , que saludaban al pa- 
bellón de Iberia tremolado por el almirante y 
aclamaban á su reina Isabel la Católica. 

F. Fernandez Villabrille. 




EDUCACIÓN física. 



..««♦»»••' 



Conclusión, 

¡ 
Preciso es considerar también que asi como 
hay machos maestros que reúnen á unos cono- 
cimientos variados y buenas costumbres, la 
sencillez, la modestia, la serenidad, el buen 
humor, la amenidad y paciencia afectuosa tan 
necesarias en todas edades, y sobretodo con los 
niños. También hay otros que ó están absolu- 
tamente desprovistos de talentos, ó que su ins- 
trucción es tan llena de orgullo que solo con re- 
pugnancia es como se humillan á ponerse al al- 
cance de los niños, y que en fin por demasiado 
delicadeza ó susceptibilidad habiendo perdido 
para siempre lá^ facultad de estar contentos se 
enfadan y se desesperan al menor contratiempo 
creyéndolo ya todo perdido. Asi como es preciso 
confesar esto, también lo es que hay muchas 
familias envanecidas sin saber por que' , que no 
tienen con un preceptor de un verdadero méri- 
to las atenciones y miramientos que debia es- 
perar. Esta negligencia es tan insultante como 
perjudicial á la educación y disgusto, y retrae 
á machas personas del cargo de instruir. Todos 



tos días se pierde dé vista que un preceptor in- 
teligente y sensible debe ser mirado como el 
primer amigo de la casa, y respetado como á un 
padre al que reemplaza bajo todos aspectos. No 
se tiene presente que aquel á quien se confia el 
heredero de un nombre respetable é ilustre en 
la familia para que forme un digno ciudadano 
que dé honor á su clase, se olvida, digo, que 
este hombre que será la gloria de su pais, gocq 
de una consideración prc^orcionada á la im- 
portancia de su destino, y las mas veces es mi-^ 
rado como un objeto insignificante , desdeñado,* 
y lo que es mas sensible, condenado á morir de 
necesidad después de haber pasado su ^ vida en 
las tareas de la educación. Al hablar de los 
maestros no puedo menos de recordar á la sen-- 
sibilidad nacional la suerte de muchos ancianos 
j desgraciados que se ven desprovistos de todo 
Ten los últimos momentos de una existencia con- 
-sagrada enteramente á formar el corazón y em- 
beílecerel entendimiento de una juventud que 
ha olvidado hasta su nombre. ¡Ah! si estas lí- 
Tieas pudieran mitigar ^ miseria de algunos dé 
ellos, toda mi vida quedaría satisfecho de este 
movimiento inspirado por el reconocimiento 
más vivo. 

Mas volviendo á las familias es raro que unas 
dignas y honradas gentes no encuentren precep- 
tores sabios y sensibles para sus hijos. Sin em- 
bargo si se equivocasen en la elección, cosa que 
puede suceder, constantes adoradores de la vir- 



(290) 

tu4 y de la razón, la dulzura y encanto de sii 
íntima sociedad, obligarían bien pronto á vol- 
yer al bien al menos inclinado. Desde luego se 
entenderian, cosa que es muy esencial porque 
nada hay mas funesto á los progresos del discí- 
pulo que el diferente modo de ver las cosas en- 
tre los padres y el maestro. 

Tocante á las familias que tienen en su com^ 
pañia al preceptor, y en donde hay intere's en 
descubrír hasta los mas pequeños defectos y 
hacer justicia á las buenas y estimables cuali- 
dades , no tieneii mas que desear que aquella 
suave indulgencia de que todo el mundo nece- 
sita para que introduzca su balsámica influen- 
cia en las penas y contrariedades ocasionadas 
por ligeros motivos. Puesto que han de vivir 
juntos deben hacer todo lo posible por llevarse 
bien, acordándose que en los cuadros de un 
jardin hay flores de diversas especies, y que 
de estas las mas delicadas ofrecen visos y con- 
trastes mas marcados, colorido mas gracioso y 
perfume mas agradable , cuya variedad se halla 
bajo diverso aspecto entre las personas que com- 
ponen una familia. La naturaleza nunca uni- 
forme en su marcha hace nacer la modesta vio- 
leta al lado de la rosa y del clavel , y el humil- 
de pensamiento al lado de la sobérvia flor de 
lis; en una parte la menuda yerba de los pra- 
dos brillantes^de frescor y de verdura y en otra 
la frágil cana/ á! la sombra de U robusta enci- 
»a. No se nota que en tanta div€;rsidad de oh- 



(^90. 
jetos el mas favorecido perjudique al que no lo 
es tanto. Del mismo modo en la sociedad los 
que han adquirido una cierta superioridad por 
suá virtudes^ su talento su mérito 6 su opulen- 
cia nunca debieran perder de vista que la Pro- 
videncia se los ha distribuido tan pródigamen-r 
te para que protejan y no para que humillen á 
los demás. 



^BVpP 



La calumnia castigada y la inocencia 
reconocida. 



— *P«J<>Í0ÍM*{*5=**— 



Dionisio , rey de Portugal , al casarse con 
Isabel hija de Pedro, rey de Aragón, habia 
Lascado en ella mas la hermosura y ventajas 
del nacimiento que su virtud y su piedad ; sin 
embargo la dejó en libertad de satisfacer todo 
lo que su devoción la dictaba , porque aunque 
él por su parte no hacia gala de una gran vir- 
tud , no pudo menos de respetar y admirar la 
de su esposa, 

Isabel tuvo muchas pesadumbres que sufrir 
por parte del rey. Dio oidosá un calumniador 
que acuso á la piadosa reina de mantener un 
trato ilícito con un page , de quien se servia pa- 
ra enviar limosna á los pobrer vergonzantes y 
para otras obras de piedad. I^ra un joven vir- 
tuoso que se alegraba en el alma le empleasen 
en semejantes comisiones. El acusador era un 
page del rey que por envidia era enemigo de- 
clarado del de la reina, y su impostura halla 
fácil acogida en el rey porque juzgaba del co- 
razón de la reina por el suyo. 

Un dia en paseo pasó por delante de un hor- 
no de cal; llamó al dueño de la calera y le diá 



(^93) 
larden secreta para que al dllsigüíélité arrojase 
al horno á un page que le enviaría muy de ma- 
liana como á saher, el resultado de algún encar- 
go que tuviese íiecho: Al otro día por la maña- 
na el rey no faltó ep enviar á la calera al page 
de1á reina para qtíé preguntase si hábian Se- 
cutado su mandato. El page partió al instante, 
mas al pasar por delante de una iglesia entró 
según su costumbre para oir misa; pero cómo 
la qiie^estaban diciendo se hallaba ya bastante 
adelantada, esperó á oir otra en cuanto se aca-t- 
bó la primera. 

El page; acusador que sabia adonde habiaú 
enviado al de la reina y por que le habían ext^ 
viado, impaciéíite por saber en lo que había 
parado, fue al mismo horno á adquirir noticias. 
El dueño al verle creyó que aquel era el que el 
Tey mandaba , y echándole mano le arrojaron a 
las llamas que le consumieron en poco tiem- 
po. El page de la reina , concluida su misa, fué 
tranquilamente á la calera á preguntar si está-^ 
han cumpfUas las órdenes que el rey había dado 
la víspera. Decid á S. M. , respondió el dueño 
de la calera, que ya está ejecutado lo que sé 
sirvió mandan Al dar él mismo á su vuelta es-^ 
tó recado al rey, le dejó atónito y confiaso coa 
tab singular equivocación. Este suéeso en el qué 
se vio precisado á reconocer la mano de Dios, 
sirvió á hacerle entrar dentro de sí mismo J y 
qtie no se dejase llevar masen lo sucesivo de las 
falsas palabms de los mal intencionados. 



t 8 



ijM <./jr;; Sg: 



!5I 



UN PASEO 

7?or /(OS cercanías de la Hodz y.. Son Frutos. 

Paseábase un dia de verano por las riberas 
del Dttraton cierto padre de fami lias á quien no 
una vana curiosidad había conducido alli, sino 
el designio días antes formado de que sus dos 
hijos que llevaba en sxx compañia registrasen 
con él ciertos monumentos antiguos que des* 
pues de muchos siglos subsisten aun sobre el 
tortuoso y escarpado camino que conduce: á 
ellos. En su tránsito tuvieron ocasión de obser- 
var las altas é informes rocas que siguen para- 
lelamente el curso del rio á corta distancia ide 
él formando un continuado valle j en cuyo fondo, 
por ciertos trechos mas señalados de él jamás pu- 
do penetrar el rayo del sol^ sí solo su radiante 
luz reflejada por los riscos ^ que presentando sn. 
faz al mediodía un alumbrado por el astro be- 
néfico que anima tod^ la naturaleza. En medid 
de aquella, soledad que solo ofrecía áski vista los 
portentos de la creación ^ d bien las obras irre^ 
guiares que sobre aquellos ha podido transfor^- 
mar^ según ciertas leyes, el transcurso de los 
siglos I no era lo que menos llamaba su ateia-^ 



cíon la alternativa serié de dos climas, por de- 
cirlo asi, que sacesivamente esperimentaba sí- 
gaiendo el contorno de los diferentes ángulos 
que iba formando el terreno. En efecto , mar- 
chando en tal dirección, les llenaba de admira- 
ción la diversa configuración de aquellas infor- 
mes masas de peñascos , que sin guardar nin- 
guna forma constante y regular, sino la de su 
propia deformidad y dirección horizontal, se le- 
vantaban amenazando á las nubes, y haciendo 
sombra á los transeúntes, que sobrecoj idos del 
avance que algunas veces hacen en el aire, ani- 
dan presurosos para salir de aquel á sa parecer 
inminente peligro : ¿ mas qué digo a su parecer 
inminente peligro? apenas habían vencido un 
paso semejante son detenidos repetinamente por 
masas enormes de peñascos que en tiempos se 
han desprendido del alto de las rocas , los cua- 
les les obligaban á buscar el paso por sendas 
estrechas y tortuosas que hay formadas por en- 
tre estas peñas desgajadas. De cuando en cuando 
observan ciertos riscos qne á manera de pirá- 
mides se levantan á considerable altura sobre 
el nivel común dé los demás , y otros todavía 
que imitando una forma mas cuadrada repre- 
sentan las almenas y castilletes de una formi^ 
dable muralla. En los cóncavos ó bien banco;? 
inaccesibles formados aqui y alíi por toda la 
superficie perpendicular de la peña veian al 
buitre y otras aves carníboras que hablan es- 
cogido aquella mansión para hacer la cria de 



(^96) 
süS hijuelos faera del alcance de la pólvora. A 
su lado la inocente paloma arrallaba también 
á sus pichones libremente, como si aquel asilo 
fwse respetado de común acuerdo por tantas 
ayes de rapiña que han escogido con las demás 
de otra clase aquel solitario sitio para su repror 
duccion. Aqui ven una disforme grieta ó aber- 
tura que sin conocer la causa como ha desunido 
una de otra la masa peñascal: mas allá advierten 
los canales que en la viva peña ha socavado 
perpendicularmente un chorro de agua llovedi- 
za, que envuelta en arenillas se ha deslizado 
por alli desde lo alto (i), acaso desde Ja época 
de su creación. 

En medio de tantos objetos de la naturaleza 
como se ofrecian á su vista , que llenaban sa 
imaginación de un silencioso respeto hacia el 
^autor de aquellas maravillas, es fijada la aten- 
ción del padre sobre los seres puramente veje- 
tales en que la vista de sus hijos se iba recreaur 
Aq rato había, atraida por el verdor y diversi- 
dad de flores de que estaba sembrada á trechos 
aquella prolongada fachada. En efecto, uno de 
sus hijos , llamado Isidro , preguntó á su padre: 
¿por qué, padre mió, tantas Atares , tantas plan- 
tas por esta fachada que no podemos alcanzar 
y el otro lado que tenemos al frente apenas 



(l) Debe advertirse que la cúspide de los referidos pe- 
ñascos forma comunmente un mismo planct con la inmensa 
llanura <jue se estiende ya desde allí por toda la Castilla. * 



ofrece a nuestros ojos una sola yerba. — Esto, 
hijos mios, respondió el padre, no me pasma 
tanto , aunque maravilloso y digno de toda 
nuestra atención, como tantos otros objetos que 
hemos ido recorriendo con la vista , el sol con 
su influjo, y la diversa posición de estos ángu- 
los que figuran las peñas son las causas que 
producen esa diferencia , ¡ que' contraste , hijos 
mios! Alli el calor del mismo sol que en otros 
puntos hace vejetar lozanamente las plantas, 
reflejado y aumentado por tantas diferentes su- 
perficies como ofrece la escarpada roca ha disipado 
todo el jugo y humedad á cuyo favor crecen y 
se sustentan las plantas que por esta causa , ó 
no han nacido, ó se han tostado al nacer con 
los rayos abrasadores del sol, al paso que en es- 
ta superficie donde acaso jamás pegan los rayos 
del sol y donde por consiguiente reina siempre 
cna perpetua sombra veis á pesar dé la aridez 
de las peñas , una asombrosa vegetación que 
adornando abundantemente de flores y ramos 
éste ángulo á beneficio del moderado calor que 
refleja hacia él la parte opuesta, embellece y bus- 
can vuestros ojos con usura, y como espec- 
táculo que ofrece el ángulo de enfrente tan es- 
puesto á los ardores del sol. 

En efecto papá , yo advierto un temple muy 
distinto aquí del que hemos sufrido en el ángu- 
lo que acabamos de pasar. Allí un calor escesi- 
vo me sacaba el sudor haciéndome insoporta- 
l)le la marcha; y aquí esperimento con placer 

19 



(298) 
una frescura que recrea todos mis miembros. Asi 
es hijos mios,aqui podéis notar como dos climas 
diferentes que en un corto espacio se suceden 
alternativamentev En el ángalo de atrás quq 
daba frente al sol, apenas nos dejaba respirar 
el sumo calor que por la causa que os acabo de 
esplicar, reconcentra el reflejo de los rayos so- 
lares sobre las peñas, y aqui por el contrario 
donde el influjo de ellos es menor por su misma 
distancia y reflexión, reina un ambiente tem-^ 
piado muy á propósito para el crecimiento de 
las plantas que veis esparcidas por todas esas 
alturas. Esta diversidad de temple que puede 
apreciarse por medio de instrumentos físicos 
inventados para esto, proporcionaria un gran 
recurso para la conservación de muchas plan- 
tas y arbustos que traidos de países cálidos, 
solo se logra hacerlos vegetar á favor de las es- 
tufas, y otros medios dispendiosos; pero hijos 
míos, todo no se puede lograr enlodas partes. 
Pero papa, le interrumpió, porqué llamáis án- 
gulos á estos recodos que hacen las peñas? por 
valerme, le contestó el padre, del propio tér- 
mino que usan generalmente los naturalistas 
para esplicar una localidad semejante á ^sta; 
mas como esto hace parte de la ciencia natural 
me reservo daros una esplicacion sobre la for- 
mación de estos ángulos, y leyes constantes á 
que están sujetos, en otra ocasión por ser una 
parte curiosa é interesante de la Geología que 
no debéis ignorar. 



(>99) 
En ei^lo diviso un pequeño^ bosque á lo largo 
del rio, cuyos árboles eran de los que suelen 
anunciar la próxima habitación de racionales; 
y ciertamente no hablan andado largo trecho, 
cuando él mismo replicó con viveza. Ved aquí 
un religioso que viene hacia nosotros. Este en- 
cuentro que verdaderamente no era casual por 
hallarse muy próximo un convento á que 
pertenecía el dicho religioso, les proporcionó el 
medio de reconocer mejor aquel raro sitio en 
que se hallaba fundado el único convento que 
seencuentra en la jurisdicción de la villa de Se- 
pálveda. Divertíase el padre en pescar con una 
caña en el rio Duraton que baña el con vento, cuya 
sabrosa pesca es famosa en muchas leguas , y ha- 
biéndole saludado cortesmente,á lo que él contes- 
tó con afabilidad , le dijo el padre de familia : =: 
Pareceme este un sitio que por su singular es- 
traordinaria situación debe inspirar á sus mora- 
dores un cierto respetuoso recogimiento que ele- 
vará sus almas hacia el Todo Poderoso, que ha 
fundado este valle estrecho circundado de esas al- 
tas murallas. = El religioso le contestó; la vida 
contemplativa á que nos dedicamos los mora- 
dores de ese edificio que tenéis al frente, cuan- 
do nuestro ministerio no nos llama fuera, solo 
es distraída á \eces por el fragoso ruido de la 
rápida corriente de este rio, por el graznido de 
las águilas y buitres , ó por el trueno redupli- 
plieado por el eco y viento de estas peñas. :=:Sien- 
do mi objeto examinar este pequeño monasterio 



(3oo) 
seria muy gustoso en tener que agradecer á su 
bondad ana sucinta relación de sa localidad y 
caalquiera otra circunstancia. = Daremos una 
vuelta por esta arboleda siguiendo la margen 
del rio, y advertiréis con vuestros ojos la ver- 
dad de cuanto acerca de su local voy á deciros. 
Ya damos frente al convento: bien veis ese le- 
cho de peña, cuya altura podrá ser la tercera 
parte de la de las demás sobre cuya plani- 
cie descansa perpendicularmente todo el edifi- 
cio siguiendo el del peñasco. Esta meseta cu- 
ya mayor longitud podrá ser de sesenta á se- 
tenta pasos y algunos menos su latitud , es una 
prolongación que forma hacia el rio la base ó ci- 
miento de ese enorme peñascal que formando 
ángulo, está amenazando al convento. Acabáis 
de ver la fachada que dá al mediodia, y aquí 
tenéis la del norte, que como la otra reposa 
sobre el mismo cimiento ; mas concluida esta 
tenemos precisión de volver atrás, porque por 
este punto no es accesible para nmotros el edi- 
ficio. Volvieron en efecto en sentido opuesto, y 
habiendo subido al convento por una pendiente 
que sin peligro conduce á él por la parte del 
mediodia, admiraron diversos torreones ó pirá- 
mides naturales que forma la misma roca á la 
parte occidental del convento que en parte apo- 
ya en ellos mediando por otra un pequeño pa- 
tio: al llegar á ellos, dijo el buen religioso , este 
largo peñasco que veis inclinado descansando su 
cabeza sobre este otro de nuestra derecha , na^ 



(3ox) 
hace muchos anos que se recostó sohre él , arrui- 
nando con su movimiento una casa contigua al 
convento que servia de hospedería , de que aun 
veis señales alli arriba. Olro torreón que en 
tiempos mas remotos habia próximo á este se 
arruinó por sí mismo demoliendo esta parte del 
convento , cuya fábrica veis ser mas moderna 
que la iglesia y resto del edificio. El Señor Feli-- 
pe Vfue el generoso bienhechor que proporcionó 
á esta comunidad la reedificación del convento 
que en up local tan estrecho aun proporciona 
habitación para cuarenta personas , aunque solo 
lo sea hoy por ocho ó diez. 

Este santuario , cuyo origen se ignora , en el 
que se ha dado culto á nuestra Señora de los An- 
geles , bajo el título de la Hoz , fue donación que 
los hijos de Sto. Domingo de Silos hicieron s^los 
de nuestro padre san Francisco, quienes desde 
aquella e'pocahan formado aquiuna comunidad 
regular aunque compuesta de pocos individuos. 
Este sitio por su pobreza y por lo raro de su 
situación ha servido en tiempos calamitosos de 
guerras é invasiones estranjeras de un asilo se- 
guro á los habitantes de estas cercanías. — Se- 
gún iba diciendo esto se acercaron á un peque- 
ño pórtico que daba entrada á la iglesia , la cual 
siendo estrecha y de una fábrica antigua no 
ofreció á su vista ninguna cosa notable ñias que 
su misma situación á la parte boreal del ángu- 
lo, sobre la misma meseta para entrar á la que 
sigue perpendicularmente. Salieron de ella por 



(302) 

lo interior del convento donde solo tuvieron que 
admirar las diversas oficinas que son indispen-* 
sables á un establecimiento de esta especie prac- 
ticadas en un local tan estrecho. 

Trataron en esto de salir del convento por 
una corraliza que apoyaba en aquél alto ángulo 
cuya vista, que desde alli registraban de frente, 
les llenó de asombro por su grande altura per- 
pendicular y diversa configuración que ofrecía, 
tanto que en todo su tránsito no observaron 
otro igual. Se despidieron del religioso que has- 
ta aqui les habia acompañado dándole repetidas 
gracias por su atención , y prosiguieron su ca-» 
mino siguiendo el curso del rio. 

Las rnismas escenas con corta diferencia vol-» 
vieron á presentarse á sus ojos en los diversos 
ángulos que recorrían; cuevas naturalmente 
abiertas en la fachada de las peñas, riscos de 
configuración caprichosa , pirámides que sobre* 
sa'iande la altura de las mismas rocas, bancales 
que formaban estas horizontalmente á ciertas al- 
turas y trechos, y arbustos desconocidos en la par- 
te que miraba al norte, no espuesta á los rayos 
directos, uno singularmente les llevo mas la 
atención , tanto que hubieron de tomar un 
rodeo considerable por una quebrada para su- 
bir á registrarle á su gusto. Era este una espe- 
cie de sima (qne asi le llaman algunos solita- 
rios habitantes del contorno) abierta al través 
de la peña de arriba á bajo, á manera de un 
pozo , en la parte superior. {Se continuará.) 




geología. 

De la temperatura de Europa.-T-Influencia de 

los mares y continentes» — -De los vientos reinan-^ 

tes, — De la superficie del terreno,~De los s^ege- 

tales. —De la elevación del suelo. 



La latitud 6 la distancia al ecuador ha sido 
por mucho tiempo y es todavía en algunas lo- 
calidades la única indicación para conocer la 
temperatura reinante: Pero esta estimación es 
demasiado grosera , porque la temperatura no 
depende únicamente de la cantidad de rayos so- 
lares que caen sobre la tierra , sino que es mo- 
dificada por otras muchas causas. Asi se ha pro- 
bado que la Europa goza de un clima mas tem- 
plado que las comarcas de Asia y America si- 
tuadas á igual distancia de la zona tórrida , y 
sometidas á la misma influencia solar. 

Este resultado proviene en gr^n parte déla 



■(3o4) 

posición que ocapan los continentes respecto de 
los mares que los rodean, Su desigual distribu- 
ción sobre el globo , contribuye mucho á la di- 
versidad de los climas ; estas dos masas de di- 
ferente materia se calientan desigualmente; la 
que «es sólida y opaca no constituye en su esten- 
sion la cuarta parte de la líquida y diáfana , la 
luz penetra menos profundamente , y el calor se 
acumula en la capa mas próxima á la superfi- 
cie, y resulta que la temperatura está sujeta á 
grandes variaciones. 

Los continentes absorven rápidamente la 
calor y la pierden lo mismo, los mares por el 
contrario , retienen mejor la que les ha penetra- 
do, ademas las moléculas mas frias van siera- 
p^'e al hondo y del lado de acá del grado 70.*^ de 
latitud ya no se hielan, por lo que forman un 
vasto receptáculo de una temperatura casi cons- 
tante, y durante el invierno devuelven ana par- 
te del calor que han absorvido durante el vera- 
no. Por esta causa ejercen una influencia mode- 
radora en las tierras vecinas, y asi una isla si- 
tuada en el occéano disfrutará clima mas tem- 
plado qne una extensión igual de terreno eu- 
medio del continente. La Grecia, que presenta 
una superficie cortada y atravesada por los ma- 
res ha podida ser uno de los primeros y mas im- 
portantes ceñiros de civilización, lo mismo que 
la Europa que bañada por las aguas en casi todo 
su circuito , cortada por golfos y penetrada por 
masas líquidas , goza m virtud de esta disposi- 



(3o5) 
cion de un clima mas templado que el Asia eom- 
pacta de la que en cierto modo es una península. 
Los vientos reinantes ejercen grande influen- 
cia en la temperatura: el viento de mar que so- 
pla en las costas occidentales de Europa , miti- 
ga en el iqvierno el rigor del frió, y cuando lle- 
ga al Asia ya ha perdido gran parte de su caW 
al pasar sobre las aguas. Los vientos del norte 
para llegar á Europa han tenido que atravesar 
una grande planicie de agua en la que han mo- 
derado su frialdad , y ademas han quebrantado 
su ímpetu en las montañas de Suecia y Norue- 
ga ; pero en Asia, cuya estremidad avanza mas 
hacia el polo , no hay diques que los contengan 
ni templen, y se pasean por las llanuras carga- 
dos de hielo. Los vientos del sur nos traen parte 
de la calor que han adquirido al atravesar el 
África compacta y sometida al sol ecuatorial 
casi en toda su estension , mientras que al Asia 
llegan de la mar de las Indias, puesto que la su- 
perficie comprendida entre los trópicos es prin- 
cipalmente líquida, y ya se ha dicho que el aire 
marítimo es mucho menos ardiente que el qué 
pasa sobre un suelo en el que se concentran Jos 
rayos del sol. Aun cuando los vientos del sur 
fuesen tan ardientes en la zona tórrida asiática 
como en la zona tórrida africana , no podrían 
contrarestar el efecto de los vientos del norte en 
las llanuras de Asia , porque serian detenidos por 
las cordilleras de montañas qué se estienden pa- 
ralelamente al ecuador. 



La superficie del terreno ejerce grande in-* 
fluencia en la temperatura. En los desiertos de 
arena ó de rocas peladas el aire se calienta coa 
el contacto del terreno, y levantándose vertical- 
mente se esparce en las próximas capas de aire 
hacia las partes mas frias. Por el contrario, las 
llanuras cubiertas de vegetales, céspedes ó árho- 
les, rebajan considerablemente la temperatura- 
Los céspedes durante el dia se calientan menos 
que la arena con los rayos solares, y por la no- 
che emiten fácilmente el calor que habian abri- 
gado. Las selvas obran como causa de frió de 
tres modos diferentes , por el abrigo que prestan 
al suelo contra los rayos del sol , por la evapo- 
ración délos líquidos que contienen , y por el en- 
friamiento que resulta de la radiación nocturna. 
Las hojas multiplicando las superficies influyen 
en alto grado en la evaporación y la radiación, 
en este último caso se calcula que un árbol pue- 
de estender su influencia atmosférica á mucha 
mas estension que la del suelo que abriga. 

El influjo frigorífico de los vegetales es de 
grande importancia en el nuevo continente. Las 
inmensas selvas de América en la zona ecuato- 
rial esíán rodeadas por el norte y sur por gra- 
míneas que se estienden hasta el occéano bo- 
real. De aqui se deduce que la naturaleza del 
terreno en el Nuevo-Mundo ejerce una acción 
frigorífica muy activa y poderosa. Un hecho aná- 
logo se presenta en las grandes llanuras del Asia 
septentrional casi enteramente revestidas de ve- 



(3o7) 
getales, que aunque distintos á los de AmeViea, 
producen efectos semejantes. En fin , la elevación 
del terreno produce generalmente disminución 
en la temperatura. Basta recordar que en la mis- 
ma zona tórrida existen nieves perpetuas en la 
cima délas alias montanas. Estas consideracio- 
nes dan cuenta de la temperatura moderada de 
que goza la Europa en general. Para estudiar la 
grande división de los continentes , ha sido precisa 
averiguar las causas refrigerantes , lo que se con- 
seguirá también respecto de localidades mas cir- 
cunscriptas , y una vez el hombre en posesión de 
esta ciencia podrá por su acción en la naturale- 
ta, esterior modificar algunos efectos. 




LOS PERROS CELEBRES. 

Los perros de Terranova constituyen una 
raza de las mas interesantes por sus bellas cua- 
lidades, que la caracterizan de tal i^odo, que 
apenas hay individuo qne no las manifieste de 
un modo notable. Tal vez existen ^1 norte del 
antiguo continente perros de mayor talla ; tam- 
bién se podia ensayar el regenerar la raza gi- 
gantesca de los perros de Epiro, de los que 
Plinio hace una descripción tan poética; pero lo 
que es verdaderamente precioso para el hom- 
bre, es hallar un compañero qué le sea ente- 
ramente afecto , que le defienda de los ladrones, 
que le saque del fondo del agua cuando ha cal- 
do , participe sus fatigas y sus peligros y con- 
siga salvarle la vida. El perro de Terranova es 
mejor que ninguno de su especie; este compa- 
ñero, este amigo en las circunstancias mas difí- 
ciles , se puede contar cori su valor y su inte- 
ligencia de las que dá á veces pruebas no es- 
peradas , citemos algún hecho que escite á la 
vez el interés y la curiosidad. 



(3o9) 
El Durham paquebot de Sünderland , habla 
naufragado en las costas de la provincia de 
ISíorfolh cerca de Clay. El equipage y los pasa- 
deros no podian salvarse sino estableciendo una 
amarra entre la embarcación y la costa ; pero 
esta estaba muy lejos para poder arrojar una 
cuerda , y la. tempestad muy furiosa para que 
ninguno de los marineros se atreviese á hacer 
á sus compañeros de infortunio tan arriesgado 
servicio. Por una feliz casualidad había á bor- 
do un perro de Terranova; y á este animal fue 
á quien confiaron la arriesgada espedicion. Le 
pusieron en la boca la estremidad de la cuerda 
de la salvación y se arrojó en medio de las olas 
agitadas. Ya habia hecho gran parte de la tra- 
vesía, cuando empezaron á faltarle las fuerzas, 
sin que por eso abandonase el cabo de la cuer- 
da. Dos intrépidos marinos que habia en la cos- 
ta, admirando los perseverantes esfuerzos del 
perro al ver su destreza , no tituvearon en es- 
ponerse ellos mismos por salvarle. Llegaron á 
él, en efecto, en el momento en^que iba á su- 
cumbir, cogieron la cuerda que tenia entre los 
dientes ayudándole á salir á tierra. Asi se pu- 
dieron salvar nueve personas que durante to- 
da esta maniobra habían desesperado de su vi- 
da. Si el perro no hubiera ahorrado á los dos 
marinos gran parte del camino les hubiera si- 
do imposible hacerle dos veces de ida y vuelta 
y el equipaje hubiera perecido. 

No parecerá inoportuno que aprovechemos 



(3io) 

eSf a ocasión de eitar aquí algunos ejemplbs de 
fidelidad dados por los perros en los calamito- 
sos dias de la revolución francesa. En un libro 
publicado en 1796, se dice lo siguiente acerca 
del último de estos animalillos que habia per*- 
tenecido á la Reina. 

»La desventurada María Antonia conserva^ 
ba en su prisión del Temple un perrillo que ha^ 
hia criado de chiquito, el cual la siguió cuan-i- 
do la trasladaron á la Consergeria; pero los car-r 
celeros no le dejaron pasar de la puerta del 
calabozo. Allí espero en vano ; gimió, rogó , si 
asi puede decirse, á todo el que abria la puer^ 
ta; y al fin estableció alli para siempre su re-^ 
sidencia, á pesar de la persecución, amenazas 
y aun golpes de los gendarmes ; permaneciendo 
asi fiel y á la mayor inmediación posible de su 
señora, superior á los influjos del miedo y aun 
del castigo. A las horas en que el hambre ó la 
sed lo apremiaban se dirigía á las casas mas in^ 
mediatas, en las cuales hallaba siempre reme- 
dio á su necesidad; y en seguida se volvia á !a 
puerta de la prisión , de donde no faltó jamás 
dia y noche. Muerta después en un cadalso la 
ilustre María Antonia, su pobre perrillo (que 
ha vivido hasta i/gS) conservó inalterable su 
costumbre sin l^er querido nunca darse á otro 
amo, como W testificaron los vecinos inmedia* 
tos de la Consergería que lo socorrían, y no le 
daban otro nombre que el del perro de la 
Reina, n 



(3") 

A un vendedor de carnes condenado á mner- 

te le siguió su perro hasta la plaza de las eje- 
cuciones (llamada entonces de la concordia)^ 
donde permaneció ál pie de la guillotina mirán- 
dolo de hito en hito hasta que ¥Íó caer la ca- 
beza. Buscándola entonces desatinado , y no pu- 
diendo hallarla, viendo que se retiraba el carro 
que le habia conducido lo siguió hasta la puer- 
ta de la Consergería; y desde entonces durante 
mucho tiempo no dejó un solo dia de venir al 
mismo sitio y en la misma hora para acompa- 
ñarle ida y vuelta á la plaza el carro de las 
víctimas. 

Dos niños, hijos de M. D... iban diariamen- 
te á verlo a la puerta de la misma prisión, don- 
de no llevaban otro guia que el perro de su ca- 
sa, que les servia de Mentor. Este cuidaba de 
su seguridad , alejaba todo animal que pudiera 
aniedrentarlos , los mantenia unidos , los em- 
pujaba para apartarlos de los carruages, se ade- 
lantaba y les abria paso, á embarazaba á los 
que pudieran estrecharlos, y finalmente los vol- 
via á su casa del mismo modo , sin que en tan- 
tas repeticiones de peligros y dificultades les su- 
cediera nunca el mas leve contratiempo. (Tén- 
gase presente que la industria y arte de cultivar 
el instinto de los perros, ó llámese, de educar- 
los , ha llegado en algunos paises á un grado de 
perfección que no exige menos que verlo para 
poderlo creer.) 

Pudiéramos citar otros muchos rasgos de fi- 



.(3i.) 

delidad é inteligencia de los perros. Ya se ha 
pensado en componer una historia moral de lc« 
animales durante la revolución francesa; pero 
quizá hubiera sido demasiado injuriosa para él 
ge'nero humano. Por lo que hace á la historia 
particular del perro, ya se ha mezclado mu- 
chas veces con la de los hombres. El mismo 
Homero que canto á los dioses , y celebró las 
proezas de Aquiles, no se desdeño de hablar en 
la Odisea del perro de Ulises , que fue el pri- 
mer viviente que reconoció á su amo. La Sa^ 
grada Escritura hace también mención del pef« 
ro de Tobías, (i. id. cap. &j i>. i.) ; : 



biografía. 

Berqmn. 

Los hombres hacen y deshacen tantas repu- 
taciones que es curioso el ver una hecha y per- 
petuada por los niños. A ellos , en efecto , debe 
Berquin la suya y este puro origen le hacia 
apreciar mas una ilustración que su modestia 
no habia ambicionado. Escribiendo sus nume- 
rosas obras no habia pensado en la celebridad, 
sino que habia querido ser útil. Por otra parte 
esto era una necesidad y un placer para él ocu- 
parse de los niños, y no podemos presentarle 
de mejor modo que rodeado de sus amíguitos, 
á quienes se complacía en distraer con histo- 
rietas destinadais á perfeccionar el entendimien- 
to y el corazón. 

í Árnaud Berquin nació en Burdeos en 17 5o; 
ya en 1774 se dio á conocer en el orbe litera- 
rio con idilios llenos de gracia y de sensibilidad. 
El mismo año puso en verso el Pigmalíon de 
Rousseau, y después de haber publicado en 
I ij 3 los cuadros ingleses en 8.^ traducidos de 
muchos fragmentos de aquella nación , publico 
muchos romances entre ellos el D^sgraciadito, 
El ermitaño y la Madre abandonada. A estas 



composidonéi iífaSió otra may^^ciada en las 
aldeas, aunque un poco larga, y es la trágica sa- 
tisfacción de la inocencia reconocida en la des- 
graciada Genoveba de Brabante, El mas lindo de 
sus romances es el que tiene el siguiente estri- 
villo. "Duerme mi niño, cierra tus párpados." 
Por meiiio de tan agradables ensayos pasó Ber- 
quin á trabajos mas importantes, publicando 
sucesivamente las obras siguientes: El amigo de 
los niños:, el más estimado de todos sus libros 
(obtuvo en 1784 el premio decretado por la 
academia francesa, á la obra mas útil que se 
presentase en el año.) Lectura de los niños: El 
Amigo de la adolescencia: Introducción farwMor 
al conocitnientú de la naturaleza (traducción li- 
bre del ingles de Mr. Tvxm^v) Sandfor y Mer- 
ton-, el pequeño GYandisson \ La Biblioteca de lús 
aldeas^ y el libro de familia, IjSl mepr edición 
de estas obras reunidas bajo el título dé obras 
completas, es la de Mr. Renouard en París ano 
de i8o3 , en 20 volúmenes eü 180 solo 17 
en 1 2.** no comprendidas las historietas para los 
niños. Los cuadros ingleses sin saber por qué no 
figuran ni en la una ni en ja otra edición. Par 
ra componer todas estas obras Berquin, puso á 
contribución todos los autores y las recopi- 
laciones que podián enriquecerla, principal- 
mente los de la Alemania, Inglaterra é Italia. 
También se valió mucho de Richaí-dson , Weis 
y Stephanie, a quiénes imitó. Berquin fue da- 
tante algún tiempo redactor del Monitor y trít- 



(3i5) 

bajó también en el periódico de la Aldea, Le 
propusieron en 1791 como candidato á la pla- 
za de preceptor 4el príncipe real. Murió en Pa- 
rís el 21 de diciembre del mismo año, enve- 
jecido antes de tiempo por las tareas que ha- 
bían debilitado su espíritu. 




JERUSALEN. 



Su estado actual. 

El viajero que del panto ínas elevado con- 
templa esta ciudad célebre, se ve rodeado de un 
anfiteatro de peñascos de grande estension. Al E. 
de la ciud^id está el monte Olivete, y entre este 
y la ciudad corrían antiguamente las aguas del 
Cedrón, y en el dia solo corren en tiempo de 
lluvias ó de nieves. Al oeste se descubre la tris- 
te y sombría montaña del Calvario, y al medio- 
día la llamada de la Corrupción , en señal de la 
iniquidad del pueblo de Israel. Desde el monte 
Olívete es desde donde se descubre completa- 
mente la ciudad y la colina de Sion, que dio 
nombre á todo el pueblo. Sion ha perdido la 



sania magnificencia que la decoraba en tiempo 
de Salomón y sus sucesores. En el sitio del tem- 
plóse eleva actualmente una mezquita consagra- 
da al culto de Ornar, y no lejos de este templo 
mahometano se halla la iglesia del santo Sepul- 
cro, el espacioso convento de Armenios y las nu- 
merosas columnas ó pilares que fueron dedica- 
das á san Esteban , cuyo nombre conservan. 

Jerusalen vista desde lo alto y á cierta dis- 
tancia, tiene un aspecto imponente aun sin con- 
tar con los recuerdos de aquellos sitios que se 
miran. Mas al entrar en la ciudad no se puede 
menos de vituperar la mala disposición y con- 
servación de los edificios. Las calles son estre- 
chas y ofrecen indicios a cada paso de la triste 
condición de los habitantes. Por lo demás, no 
es solo la misma ciudad la que mueve al viaje- 
ro á visitarla, pues éste al llegar , lo primero que 
hace es visitar la iglesia del santo Sepulcro. Allí 
es donde han venido sucesivamente en peregri- 
nación tantos siglos y tantas naciones. El edificio 
es de mucha antigüedad, y algunos historiado- 
res opinan que cuarenta y seis años después de 
la destrucción de Jerusalen se construyó en 
aquel sitio la primera iglesia; pero la opinión 
más geríeral es que al principio del siglo IV, es 
decir, en tiempo de Constantino ^ la piedad de la 
emperatriz Elena , madre del monarca , hizo 
^construir el santo edificio de que hablamos. A 
pesar de los reiterados ataques de los infieles, se 
há conservada completamente ; y aun los viaje- 



(3i8) 
ros dicen qué conserva mucho de su forma y 
apariencia primitiva. 

Fundado en la montaña del Calvario en la 
escasa estension dé cien pasos de largo y sesenta 
de ancho , tiene sin embargo una distribución tan 
ingeniosa que á favor suyo se han establecido 
trece santuarios o lugares diferentes de adora- 
ción. Cada una de las capillas está consagrada á 
uno de los misterios de la pasión , muerte d re- 
surrección de nuestro Salvador, Galerías y pe- 
queños edificios se han construido alrededor de 
la iglesia para asilo de los peregrinos de todas 
naciones que vienen á visitarla. 

Religiosos griegos y latinos habitan aquel 
sagrado recinto, donde se ocupan en celebrar las 
ceremonias del culto, esplicar á los recien llega- 
dos el verdadero sentido de las escrituras , y 
mantener constantemente encendidas las lámpa- 
ras que arden en diferentes puntos de la iglesia. 
Conducen al viajero á ver una ancha piedra ro- 
deada de un enverjado, en el que hay colgadas 
muchas lámparas. Los peregrinos se acercan de 
rodillas, se prosternan delante de ella y la besan 
con devoción , paes sobre aquella piedra dicen 
fue embalsamado el cuerpo del Señor antes de. 
ponerle en el sepulcro. Un poco mas á la iz-. 
quierda hay un espacio circular colocado exac- 
tamente bajo la cápala de la iglesia y rodeada 
de diez y seis columnas que sostienen la galería 
superior. En el centro de este espacio está el se- 
pulcro de nuestro señor Jesucristo, rodeado es-^ 



(3i9) 
feriormente de arcos ó capillas para los cristia- 
nos que no son del rito romano, griego ó arme- 
nio, pues para estos están reservadas las mejo- 
res capillas de lo interior de la iglesia. En el 
fondo del edificio y sobre una plataforma á la 
que se sube por algunos escalones, se encuentra 
una piedra de pie y medio en cuadro, la que di- 
cen sirvió de pedestal al áugel que vino á anun- 
ciar á la virgen María la resurrección de su Hi- 
jo divino. 



ENFERMEDADES DE NIÑOS. 

Dentición. 

La dentíciotí cuesta mucho á los niños, y 
algunos suelen sucumbir á los males que ocasio- 
na. En esta época , si es dolorosa , se debe hacer: 

I.** Que los niños tengan el vientre libre, 
para lo cual son conducentes lavativas de una 
simple decocción de malvas; pero no son nece- 
sarias si el niño tiene diarrea. 

2.** Disminuir un poco la cantidad de ali- 
mentos por dos razones : primera , que el esto- 
mago está mas débil que en otras ocasiones, y 
segunda , que suele haber también un poco de 
calentura. 

3.^ Aumentarles un poco la cantidad de be* 
bida; la mejor sin duda para ellos es la infusión 
de tila con un poco de leche. 

4..** Se les bañarán y frotarán las encías con 
una mezcla de miel y mucílago de pepitas de 
membrillo, y se les hará que tengan en la boca 
una raicita de altea d de regaliz. 



Los sordo-^mudos en la oscuridad. 

No se leerán sin interés algunos detalles 
acerca del modo tan natural como ingenioso con 
que los sordo-mudos, aun desde |1 origen de sa 
reunión , han logrado comunicarse entre sí , en 
tnedio de las tinieblas. 

Ademas de los gestos inspirados por la na-^ 
turaleza de los que hacen un uso habitual , se 
sirven de un alfabeto manual de pura invención 
humana , que consiste en dar á la mano derecha 
la forma de las letras: tres dedos hacia abajo fi- 
guran una M, el pulgar y el índice en ángulo 
recto una L, es íácil dar á la mano la figura de 
la C, y asi de las demás letras, calcándolas en 
cierto modo con la mano. Estos medios que pa- 
rece no pueden practicarse sino con luz, se ve-^ 
rifican sin obstáculo enmedio de las tinieblas 
•más profundas. El aislamiento en que se suelen 
encontrar los sordo-mudos durante las largas 
noches de invierno, les ha inducido natural- 
mente á suplir la vista por el tacto, dando la 
íorma de letras á su mano colocada en la de su 
interlocutor, y de este modo el alfabeto manual 
en lugar de dirigirse á la vista, les hace impri- 
mir sus pensamientos en la mano de aquel con 
quien hablan. 



i^:-m.i¿KtM,^&á'l 



(322) 

^i€fien otro medio de comunicarse en la oi-- 
caridad mas sencillo todavía, y es escribir con 
el dedo apoyando un poco en la espalda áel que 
se entretiene con ellos. Esta eseritura fugitiva y 
sin color , muere en su nacimiento y se lee por 
impresión. 

¿Quieren hablar á oscuras con aígunos com- 
pañeros sin instraccion ? Entonces , limitados á 
30I0Í03 signos, ^tárales, redahlan.su industria^ 
y lo que no puaden decirle por la escritura ni 
por el alfabeto visual ó manual, se lo baceneje^ 
ciítar en aceion. ¿Como, se preguntará? Se colo- 
ean (fetras de este nueva discípulo , e^stienden sus 
bráiíos 4 lo largo de los del otro, y asie'ndole 
las manos le hacen: ejecutar y ejecutan ellos al 
mismo tiempo los signos naturales que le harian 
5Í hubiese claridad. 

E^sta invencioa es mucho^ mas útil cuando 
alguno de estos desgraciados llega á serlo aun 
mucho mas con la pérdida de la vista. No se crea 
que esto es ^^Iguna falsa suposición. Ya hemos 
citado en el námero 4- de la Minerva el ejemplo 
de una sorda-^muda-ciega, y no es estraño en?- 
contraren el m^undo ua sordo-mudo hasta tal 
punta desgraeiasdo.. 

Tal vez se creerá que estos cuerpos ambu- 
lantes, que estasi sombras de la humanidad se 
hallan en un aislamienta completo , sin tener 
mas sociedad que ellos mismos, sin mas recuer- 
dos que aqueHosque el tiempo lionucida va bor-- 
landa poco á poco de su imaginación , pero esta 



(323) 
Iseka de la humanidad reducida casi 
rabie situación de una planta , es un nuefb triun- 
fo para el genio del hombre mas desprovisto de 
medios de comunicación. Gracias á la Providen- 
cia , estos desgraciados, ó mas bien estos indus- 
triosos e' infatigables inventores, saben siempre 
hacerse entender, Sin duda que ld$ gej^tos y toda 
la naturaleza están cubiertos de un velo inape- 
Hetrable para un sordo-mudo-ciego , mas siem- 
pre le queda el recurso de hacer ejecutar sus ges- 
tos á su interlocutor. Ademas, le queda laescri^ 
tura sensible en la palma de la mano d en la 
espalda, aunque sin rasgos visibles, y en fin,, 
aquel alfabeto manual que usaba tan pasagera- 
mente en sus dias prósperos y que tiene que usar 
precisamente al verse privado de la luz del dia, 
pues no le queda mas que este único punto de 
contacto para comunicarse con los demás. 



HÜBER Y SU CRIADO. 



Haber, sabio distinguido á qaien se deben 
las investigaciones mas curiosas que hasta el dia 
se han hecho sobre las hormigas , tuvo la des- 
gracia de quedarse ciego. Esta calamidad le fue 
mas sensible que la muerte, porque un poeta, un 
filósofo y un matemático pueden pasarse sin vis- 
ta hallando inspiraciones en el mundo invisible 
del alma y de la inteligencia, pero no sucede 
asi al naturalista, historiador escrupuloso de las 
costumbres, instinto y caracte'res de todo el 
mundo visible de la creación que se mueve en 
la superficie de la tierra. P. Huber, desconsola- 
do, reflexionó, y al fin un dia eselamó: "Yo me 
buscaré ojos y veré', y llamando al joven que le 
servia, le dijo, tu tienes buen sentido, vista 
exacta y honrada curiosidad , ayúdame , te rue- 
go, á continuar mis esperiencias , tu serás mis 
ojos y yo seré' tu entendimiento." 

El pobre joven , avergonzado por su igno- 
rancia y desconfiando de sí mismo, tardaba en 
responder; pero movido de las súplicas de su 
amo y escitado por un secreto ardor de saber, 
cedió dedicándose enteramente desde entonces á 
su nuevo deber. Haber le enseñó á observar bien 
y á referir exactamente lo que habia observado, 



(325) 
fe escacliaba atentamente, meditaba ^ campara- 
Ba y deducía sus consecuencias. «Veo mejor de 
dia en dia, esclamaba algunas veces; mi vista 
se perfecciona, y llegó á no echar de menos sa 
falta de vista. Del maestro y el discípulo no re-* 
sultaba mas que un todo, una misma voluntad, 
una misma existencia y observaciones muy pre- 
ciosas han sido fruto de esta notable asociación. 
Cuando Huber murió, su criado lo sintió 
infinito ; y aunque no se atrevió á continuar sus 
estudios de historia natural, con todo, no po- 
dia permanecer en su antigua condición. Sa 
entendimiento se habia desarrollado y había he- 
cho un curso natural de filosofía. Siguió la car- 
rera de leyes y ocupó una magistratura en uno 
de los cantones de Suiza. 




NAVEGACIÓN. 

És casi imposible formarse una idea exacta 
de la magnitud de las eífíbarcaciones, sin haber- 
las visto; parece increible que muchos cente- 
nares de hombres puedan existir largo tiempo 
dentro de estas fortalezas flotantes j sin que les 
falten las cosas necesarias á la vida j y aun á 
veces disfrutan de un lujo de que se verían pri-- 
vados en^ tierra. 

La corbeta es el navio que sigue á ía fragata, 
y como ella tiene tres palos y una batería in- 
terior cubierta- Eií las embarcaciones de guerra 
se pinta de blanco el contorno esterior de la 
galería y de negro los manteletes. El largo cor- 
don negro y blanco que resulta forma la prin- 
cipal decoración del navio- Los corsarios cam- 
bian frecuentemente de colores para no ser re- 



conocidos, y á veces pintan de diferente modo 
los costados del buque para engañar mejor á los 
craceros. El palo que se inclina hacia adelante 
casi horizontalmente es el bauprés que suele su^ 
mergirse á cada instante cuando hay mal tem- 
poral, y salir de las olas despidiendo por todos 
lados agua espumosa; en los aliordages sáele 
servir de puente volante, y entonces es temi- 
ble á ambas partes esta posición. 
* Después del bauprés viene el ^úo mesañd^ y 
después e\ palo mayor que eleva sobre sus cola-r 
terales su cabeza llena de orgullo. En fin f el 
último palo se llama de arZ/mm que es el que se 
encuentra en el cuarto de los oficiales. 

El Brick es el mayor de los buques de dos 
palos. Nunca tiene batería interior cubierta cor 
mo la fragata y la corbeta. La artilleria que va 
situada en el puente superior se compone de 
carroñadas j algunos cañones. Hay Bricks ét 
guerra que llevan hasta 20 carroñadas de á 
24, y en el comercio se construyen algunos qiié 
pueden llevar ha$ta trescientos toneles de mer^ 
caderías. La primera batería baja, va en los 
i)uques debajo del falso puente. La segunda ba- 
tería presenta ea la parte posterior la sala co^ 
murij donde comen los oficiales y al frente la co^ 
ciña. Sobre el puente y detrás del palo de arti- 
mon se encuentra la pieza del comandante y la 
Sala del consejo, y encima la duneta donde es- 
tán los timoneros. Todo lo dernas del puente 
está descubierto. 



geografía. 



Descripción de las grandes dmsiones del- 

Globo» 

Abracemos desde luego con el pensamiento 
el globo en toda sa estension, y contemplemos 
las grandes masas de tierra que se elevan so- 
bre las aguas delOccéano* La mas considerable 
y la que mas llama nuestra atención bajo to-*- 
¿ós aspectos, es el antiguo Mundo ^ que se es- 
tiende desde Gabo- verde al oeste, frente á las 
islas de este nombre (i), hasta el cabo oriental 
€n el estrecho de Bhchering, á la altura del cír^- 
culo polar ártico (2) , y desde el cabo de Bue-^ 
3Qa--Esperanza al mediodía (3), hasta el cabo 
Severo- Vostochnoi ó Taimura(4)-Ésta inmen- 
sa estension de tierra, que comprende unos dos 



(1) A los 14 grados 44 metros de latitud norte, y á ío» 
19 grados 51 metros de^ longitud oeste. 

(2) A los 172 grados de longitud occidental* 

(3) A los 33 grados 55 metros de latitud siwí, y á los 1^ 
grados 4 metros de longitud oriental. 

- (4) A los 78 grados de latitud septentrional , y á los 99 
grados^ 4 metros de longitud oriental. Adviértase que en to- 
da esta descripción los grados de longitud ^stán calculados 
con arreglo al meridiano de París. 



(329) . 

millones qamientas veinte mil leguas geográfi- 
cas cuadradas , llega i3 grados mas al sur del 
trópico de Capricornio, y 12 grados mas al nor- 
te del círculo polar ártico. 

Asi, pues, dejando á parte las diferencias lo- 
cales producidas por la forma y la elevación de 
las diversas partes de su suelo , presenta todas 
las variedades posiÍ3les en la duración de las es- 
taciones y en la longitud de los dias, desde las 
abrasadas llanuras del Senegal , donde el ateza- 
do negro ve sucederse con regularidad cada do- 
ce horas la uniforme vicisitud de la luz y de 
las tinieblas, hasta los helados desiertos, don- 
de el samoyedo bronceado goza durante dos me- 
ses consecutivos del aspecto del sol , y se en- 
cuentra alternativamente privado de sus rayos 
por igual espacio de tiempo. 

El mar Mediterráneo baña las tres partes del 
antiguo Mundo, y es su dominio común : este 
mar tiene comunicación con el Occéano por el 
estrecho de Gibraltar, á la entfada del cual ha- 
cia el norte está el peñón ó punta del mismo 
nombre, y al sur la de Ceuta, que ambas for- 
man lo que los antiguos llamaban las colum- 
ms de Hércules. Hacia el sudeste el Mediter- 
ráneo solo está separado del golfo arábigo (for- 
mado por el Occéano-Indio ) por el istmo de 
Suez|que|divide el África del Asia , y cuyo an- 
cho es de 59,350 toesas. De aqui resulta, que 
el antiguo Mundo se encuentra dividido por el 
nial Mediterráneo y por el golfo arábigo en dos 



(33o) 
continentes , el uno al mediodía , que es el Áfri- 
ca ó el continente austral , y eK otro al norte 
formado por el Asia y la Europa reunidas que 
es continente boreal. 

Este ultimo se estiende de occidente á orien- 
te desde el estrecho de Gibraltar que le separa 
del África por un intervalo de menos de nueve 
millas geográficas, hasta el estrecho de Bhering, 
cuya travesía sobre la costa opuesta de Amé- 
rica ó del Nuevo-Mundo, es solo de Sg millas, 
y aun en este corto espacio se hallan los islotes 
nombrados Inillin y Okevaki. Ninguna de las 
estremidades del continente boreal llega al ecua- 
dor, estendie'ndose desde el cabo Severo- Vos- 
tochnoi al norte , hasta el de Romanía al 
sur (i), á la entrada del estrecho de Sinca- 
pour, que divide el antiguo Mundo del Mun- 
do marítimo por un espacio de mar de mas de 
diez millas de ancho. Se ve, pues, que los di- 
ferentes mundos de nuestro globo, y por con- 
siguiente los continentes y las islas que los 
componen , se aproximan por ciertos puntos, 
estando solo separados por pequeños estrechos 
de fácil travesía. 

El continente boreal del antiguo Mundo tie- 
ne cerca de 1.600,000 leguas geográficas cua- 
dradas, y se divide en dos partes, la Europa 



(1) A un grado de latitud , y á 102 grados de longitud 



oriental. 



I 



el Asia. Los límites de ambas han sido |)or 
argo tiempo muy inciertos , hasta que poco há 
síB han adquirido nociones exactas sobre los pai- 
res en que se hallan; y una vez conseguido es- 
to, no debe ya dudarse en dar á la Europa (la 
mas pequeña de las tres partes del antiguo 
Mundo) toda la estension que debe tener, se^ 
gúti los confines que la naíutáleza misma pa- 
rece haberle asignado. Es indudable que sus 
xosftas al nordeste deben comenzar en el estre-r 
cíio de Waygatz, que dá entrada al golfo de 
Ciarskoie ó Kama, perteneciente al Asia: el pe^ 
quéño rio de Oia que desemboca en este estreT- 
cha ( I ), forma por esta parte el límite, que 
inás al mediodía se encuentra muy distintamen^ 
té demarcado por las empinadas cumbres de los 
TOontes Urales , cuya cordillera sé dirige de 
norte á sur y tuerce después hacía el oriente , j 
separando las fuentes del Wolga de las del Oby, 
se inclina hacia el nacimiento del i-io Ural , que 
en las llanuras que riega , foriíia la separación 
del Asia y ée U Eiiropa hasta su embocadujck 
en el mar Caspio. Las costas de este mar desde 
dicho pu»to hasta el estrecho dé Derbent, con- 
tinúan ellímite , qué mas adelante es muy no- 
table al mediodía por las elevadas cimas del 
Caucaso entre I)erbent é Iskouriah, ó la anti- 



(1) A los 68 grados , 10 metros de latitud norte , y á los 
57 grados de latitud oriental. 



(332) 

gua Dioscuras.:Asi los mares Negro y Gas- 
pío son comuríes al Asia y á la Europa, y el 
golfo de Akof pertenece á ésta enteramente. E«.t 
te modo de considerar los límites de las dos 
partes que componen el continente del antiguo 
Mundo, es conforme á las ideas dé Herodoto, 
y las de la ma5 remota antigüedad. Los escitals 
y los sár matas de la antigua Europa, se en- 
cuentran aun hoy con las mismas costumbres 
entre los cosacos del Don y del Tañáis, y ejir 
tre los kalmucoá del Ural De esta suefte; I|i 
Europa se/esticaáide de occidenl^e á oriente, d^ 
de el estrecho de Gibraltar hasta el deWayrr 
gatz, ó bien desde el cabo de^ Sa^ Mceñte- (.^) 
hasta la embocadura del Ural ein Gourief (3 )^ 
y desde el cabo.de Matapan (3) hasta el cabo 
Norte en la salváge Laponia {i)y ó si se quie- 
re hasta la esíremidad de Nuera-J&mbla , ea 
donde el cabo Gelania proye<íta bácia el pojo 
boreal urla barrera helada que separa los mar- 
tres de Europa de los del Asia (5). Ninguna de 
las partes de Europa está cercana al trópico, y 



(^) A los 37 grados 3 metros de latitud nortCj y 11 gra- 
dos 19 metros de tongitüd oeste. í 

(2) A los 47 grados^ 7 metros de .latitud, y 49 grados 
.39 metros de longitud oriental. 

(3) A los 36 grados Í3 metros de latitud, y 20 grados 
de longitud oriental. 

(4) ^ A los 71 grados 10 metros de latitud, y 23 grados 
40 metros de longitud oriental. 

(5) A los 77, grados de. latitud septentrional^ y á los 68 
gradoá 40 metros de longitud oriental 



C 333 ) 

cT cal)0 cíe Mótala en la i&la ide Candía !^ la nías 
íríeridional de todas las que se encuentran en su 
dependencia disla de aquel once prados: por 
otra parte; si «eeseeptúan las» pequeñas porcio- 
nes de tierra que forman los horribles y estéri- 
les diesiertos d^láLaponia y de la Nueva-Zem- 
Wa, se puede decir que la Europa en lo gene-? 
tól no pasa del círculo polar; asi que esta par-^ 
te del globb se encuentra enteramente situada etl 
la zona templada ; beneficio, que: no goza nin-* 
gqna otra, y qué-tal vez será una de las causas 
de la superidridad de las naciones que la habi- 
tan sobre los demás pueblos de la tierra. 

i Si sepai amos la Europa, según la hemos de- 
finido del continente boreal del antiguo Mundo^ 
el Asia , laLniayor de las dos;|)arte& que le com- 
ponen , se estiende entonces desde el estrecho 
de los Dardanelos (i) hasta los de Waygatz y 
y deiBhering al norte, y haáta los de Malaca 
y Saincapour al.sur. El estrecho deBabel-Man- 
del V que á lá entrada del goTfd> arábigo separa 
elAsia del África (2), solo tiene 1 5 millas de 
ancho, y aun se halla interrumpido por la isli- 
ta de Périn. En el istmo de Suez el límite en- 
tre los dos continentes está naturalmente seña- 
lado por I03 lagos amargos, el lago Temsah, que 



^ (t) A los 40 grados 9 metros de latitud , y 23 grados 
5<) metros de longitud oriental. 

(2) Háela los 13 grados de latitxid norte , y 41 grados d« 
lougitud orienlaU 



cierra al oriente, el Valle de Sabba-Biac, y IS» 
laguiía de Ballah , que es la contínaacion de la 
de Menzaleh. 

La mayor estension del África de occidente 
á oriente, se mide por una línea tirada entre el 
Cabo-Verde y el de Guardafar-(i)^ esta línea 
es algo menor que la que pudiera dirigirse deá4 
de el cabo de Büeíia^Esperanza á el cabo Bon (2^)^ 
línea que señala la mayor dimensión deesteconr^ 
tinente de sur á norte» Su supeMcie.es de unaá 
920,000 leguas cdadradas: es el único continen- 
te que se estiende de un trapico al otro , el que 
presenta al fuego devóradór de la zona tórrida 
la mayor porción de tierra, y aquel cuyos paí- 
ses calientan con mas igualdad los rayos del sol| 
puesto que se halla dividido * en dos porciones 
casi iguales por el ecuador; esto esplicasuficien-i- 
temente la causa de sus desiertos este'riles y el 
origen de la rázá de hombres negros que forma 
una gran parte de su población. 

Los límites del Nuevo-Mundo hacia el nor^* 
te no están bien determinados ; mas por la cori**^ 
formidad que se encuentra entre los descubrid 
mientos recientes de Hearne y de Mackencie y 
la relación de Ferrer Maldonado, creemos que 
dichos límites deben llegar al canal de Lancas-*» 



(1) A los 11 grados i 50 metros de latitud y 48 grados^ 15 
metros de longitud oriental. 

(2) A los 37 grados , 5. metros de latitud norte , y 9 gra- 
dos, 10 metros de longitud oriental. 



(335) 
ter, cuya entrada está á los 74. grados de lati- 
tud y á los 88 de longitud occidental : desde este 
punto el Nuevo-Mundo se prolonga de norte á 
sur hasta el cabo de Hornos (i). Para medir la 
mayor dimensión del antiguo Mundo en el sen- 
tido de longitud , hemos tenido que tirar una 
línea desde el nordeste al sueste; y para obtener 
la mayor longitud del Nuevo-Mundo entre sus 
dos meridianos estreñios, es preciso dirigir otra 
línea del oeste al este desde el cabo del Príncipe 
de Gales en el estrecho de Behring (2) hasta el 
cabo de San Roque (3). Es, pues, de notar que 
esta línea está en dirección contraria á la que se 
ha tirado por el antiguo Blundo, y que prolon- 
gadas ambas sobre el ecuador , forman dos án- 
gulos opuestos por sus vértices. Las noches y 
los dias mas largos en los paises meridionales 
del Nuevo- Mundo son de 17 á 18 horas, mien- 
tras que en la latitud mas elevada de la parte 
boreal llega su duración á dos meses. Las dos e?- 
tremidades de esta gran división del globo son 
igualmente notables por el riguroso frío que en 
ellas se esperimenta; pero la hermosa raza de 
los patagones es una prueba de que la luz y el 



(1) A los 5^ grados , 58 metros , 30 segundos de latitud 
y 69 grados ^ 41 y medio metros de longitud oriental. 

(2) A los 70 grados de latitud y 170 grados de longitud 
occidental. 

(3) A los 5 grados de latitud sur y 37 y medio de longitud 
occideatal. 



(336) 
calor están en la parte meridional repartidas eri 
cantidad suficiente para el acrecentamiento y el 
bienestar del hombre, al paso que la raza pe- 
queña y horrible de los esquimales, que habita 
la estremidad boreal , demuestra suficientemen- 
te que la larga ausencia de los rayos del sol per- 
judica en estos parages al desarrollo de la espe- 
cie humana. Por lo general en el Nuevo~Mun- 
do las temperaturas de los diversos países situa- 
dos á una misma distancia del ecuador, son mas 
iguales entre sí que en los del antiguo Mundo, 
porque la dirección longitudinal de las princi- 
pales cordilleras de montañas, no se opone á 
los efectos de los vientos que soplan desde los 
polos ; los cambios de temperatura en el prime- 
ro, son por la misma razón mas ásperos y vio- 
lentos, esperiméntándose también un frío mas 
riguroso que en los parages situados en la mis- 
ma latitud del antiguo Mundo y del mundo ma- 
rítimo. Muchas causas contribuyen también 
á que en América sea el calor mas moderado 
entre los trópicos que en las otras dos grandes 
divisionjes del globo. Tales son el crecido nume- 
ro de ríos y lagos de aquel hemisferio ; los in- 
mensos bosques que cubren parte de su suelo 
fe'rtil que jamas ha recibido cultivo; las monta- 
ñas de desmesurada altura próximas al ecuador, 
y cuyas elevadas cimas cubiertas de perpetua 
nieve neutralizan los efectos del sol en los para- 
ges mismos en donde su influencia es mas po- 
derosa; en fin, el Nuevo-Mundo presenta una 



uriana menos considerable que el antiguo, y piíft 
su forma mas {Prolongada y estrecha de norte á 
I5ur , esperimenta mejor que este áltímo los bé-^ 
iiéficos efectos dé la atmósfera occeánica que tem* 
plael esceso del calor y del frió: de aqui resul- 
ta que la especie hiiitiana podria eii ambas Amé* 
ricas estenderse con mas igualdad y multiplicar^ 
se con mas rapidez que en las otras partes del 
globo. Al nordeste el Nuevo--Mundo se aproxi-¿ 
ma al antiguo por las costas que forman el es-¿ 
trecho de Berhing , como también por la penfií^ 
süla de Alaska y las islas de los Zorros , de An-* 
drianouskie y de Aleoutskie , que en cierto mo-r 
do la continúan hasta cerca del cabo de Kamt- 
chatha, y casi reúne el Asia á la America sep-* 
tentrional Por la parte del este el Nüevo-Mun^ 
do está mas separado del antiguo , á pesar de 
que las tierras que se hallan en el fondo de lá 
bahia de Baffin , parece una continuación de is^ 
las que se aproximan á la Groelándia, si, como 
creemos, esta última tierra es una isla. La tra- 
Vesia desde lá Groenlandia al cabo Norte de lá 
Irlanda es de 70 leguas: desde la Irlanda á la¿ 
islas de Foeroer, de 100; desde estas islas á las 
de Schetlan, de 55 ; dichas islas casi tocan a las 
Orcades, y estas a la Gran-Bretáñá, que soló 
separa del continente de Europa un pequeño es- 
trecho. Parece que aun hay menos proximidad 
entre el Nuevo-Mündo y el África; no obstan- 
te, este último continente y el de la América 
meridional tuercen sus costas el uno hacia el 



<338) 
otro, y el intervalo que los separa entre el cabo 
de S, Roque y el cabo Rojo (i), no es mas que 
de Soo leguas, y en este espacio se encuentra 
lipa serie de islas é islotes que indican que en 
el fondo del mar en esta dirección hay una cor- 
dillera de montanas submarinas que reúnen los 
dos mundos. Fijando por límite al Nuevo-Mun- 
áq el gradq 70 de latitud , tiene 1.220,000 leguas 
cuadradas; se dividide lo mismo que el antiguo 
en dos continentes , el uno boreal y el otro aus- 
tral ; pero ajpguno de ellos se subdivide , antes 
al eoptrarip , cada uno forma una de las ocho 
parles del globo. 

El continente boreal del JNuevo-Mundo, á 
sea la America septentrional, termina al sur 
por un gran brazo de tierra, cuya estremidad 
forma el istmo de Panamá: el parage masestre- 
cho de este istmo no es por donde se atraviesa 
ordinariamente entre Porto-Belo y Panamá, si- 
no entre el fondo de la bahía de Mandinga , al 
sur de la punta de San Blas y el rio de Che^ 
po (^); este intervalo solo tiene de ancho cinco 
leguas marítimas. El riachuelo ; Chepo hasta el 
fuerte Terable , señala el límite de Jos dos con^ 
tinentes , que puede luego continuarse dirigien- 
do una línea desde dicho fuerte hasta la plp^ya 



(1) A los 12 ^r^dos, 15 metros de latitud y I9 grados 5 
metros de longitud occidental. 

' (2) A los 61 grados de longitud occidental y 9 grados d« 
latitud norte. 



( 339)) 
4e^la bahía ¿!^ S. Blas, Si en este^corto espaaiií* 
4e tierra se practicase un canal qae a^riesQ,,!^ 
^qniunicacioí|> des^e el Occéano Atlántico al 
grande Occeano.(i.) , se realiz^ria el proyiBctpde 
Cristóbal CJolon., y se podria ir de Europa á la 
líidia, navegáni^Q abacia el Occid^pte ; las isl^^ 
de la Polinesia q,u§ se hallan hoy desterradas á 
las estreniidades del mundo respectQ de los pue- 
blas civilizados , se convertirían en escalaseis- 
|l|rqsantes depósitos iiiercantil^s ; e§tableceríap§^ 
ijgipcierosas c^lpnia^^ europeas en estos parage§;(ier< 
liciosos , y, sfjesperimentariai^jíépMas va.riagií)^ 
pjes en el comerpp y en los deistinps de las j^ar^ 
clones. La ejeGuqiopde este prpye<>to parece fácií,t 
pues esta comunicación enjre los do§ Occéanos 
^ste ya en tiempo de lluvias para lais barcM 
pequeñas por medio del canal Ikinado d^ la 
Kaspadura, abierto en 1^8,8 en la América sep- 
tentrional entre el rip A trato y el rio S. Juan.^ 



; j^í) Ya hace uincbps años que se h^ndis^w^cidp varios pr^-, 
yéctos para abrir esta comunicación en el istmo de Panamá, 
ptó D. Isidro Antilíon al tratar de este' punto en sus Leccío- 
]^e§ de Geiografía , hace mencií^n de una mjsmoria publicada en 
ÍTqI por Mr. Martin de la Bastide , en la que este examina y 
apoya el proyecto de la reunión de ambds'mares , y cita un 
plano muy detallado que levantó un ingeniero español para 
probar el modo mas-iá«¡l de verificar dieha eoraunieaeíon. €1 
gobierno actual de aquella parte de América se ha ocupado en 
estos últimos años de tan importante asunto^ y parece que ya 
están aprobadas las bases de un contrató , mediante elcuai 
una compañía de accionistas tomará á su cargo el realizai* la 
grande é interesante empresa de abrir la referida comnnica-* 
cion entre los mares Atlántico y Pacificó. (N. del T.) 



lia mayor dimeiisioh de e^té^ bestfe de la reíe^ 
rida parfó de Amérka, se mide -p^r una Iniéaí 
tirada desde el cabo del t^iínci|fe dé* Gales é'n él 
atrecho de Behi^ing, al cabb- dé'S Juan en íá 
feia de Terra-Nava (i); y sti mayor esteiísióil 
de norte a sur és desde el e¿#eghó de JjáiKkstév 
feastá él istmo de Panamá. Esté Continente . "á 
escepcion del gran brazo de tieri^a qiie le réuhe 
á lá otra porción del Nuevo-Mundc/ y uiiá ^¿ 
ifuéñá parte hacia él norte , está situada éii la 
z#Éá teMplada ; mas conio utia gr^ti porción d^ 
él sé baila prífíci|)alinenté en ta védíidad del cír- 
culo polar ártico j y ademas por ésta parte láá 
tierras que le ¿bmpótien estáíi cortadas por gran- 
dea golfois j ínárés > mediterráneos é interiores, 
Vastos lagos y tíos caudalosos^ resulta que élílrié 
es éscesiv() en las partes boreales. 

-Entre los cabos €e Sari Roque y Blanco(2^ 
está la mayor anchura del continente austral 
del Nuevo-Mundo ó de la América meridional, 
y su^ mayor longitud de norte á sur, se mide 
dirigiendo ü^á línea entre el itsmode Panatñá 
y el cabo de Hornos: su superficie es de 570. ¿(K) 
leguas cuadradas , cuya mayor parte situada e^ 
la zona tórrida , presenta las riioritañas mas élé- 



(1) A los 47 grailps 34 metros de latitud y 55 grados d^ 
longitud oeste. 

¿2) A los i grados 18 Hu'tros de latitud sur > y 83 grj^doi 
¿^ metros de loiigitud oeste, /' 




md ^miuiHj iwiiiii Jiiiiiii -nmín- m^A 



(«40 

-y los rím mas grandes del^tnandb^ráfl% 
pues, están los Andes, las llanuras de Quito, 
el inmenso Amazonas, el tortuoso Orinoco y 
los dilatados bosques donde apenas penetran los 
abrasadores rayos del sóL 

•*Para inteligencia de este artículo véase el 
mapa inserto jen este cuaderno f y el que acom- 
pañó al número 6 de la Minerva.'* 



Mk 



FÁBULA. 



La perra f la pulga. 

Una perra sin dientes 
tendida al sol estaba , 
no se si era podenca 
ó cuatera su. casta ; 
la verdadera historia 
no dice una palabra , 
con nadie se metia , 
á nadie chistaba; 
¿ mas de qué le ha servido 
vivir tan sosegada 
si hay vichos que la piquen 
y la muerdan con rabia ? 
En efecto , una pulga 
que atenta la observaba 
se prometió gozosa 
un rato de sanfrancia: 
«La perra está indefensa , 
duerme con mucha gana, 
ella no tiene dientes.... 
¡ Qué ocasión tan salada ! 
(la pulga se decia), 
¡ gran bureo me aguarda T* 
con él loco deseo 



: l: 



f* 



(143) 
de gloría imaginada, 
sale de su retiro 
muy soberbia y ufana; 
(¡Con qué dolor te miro y 
oh pulga desgraciada!): 
ya se pone en la cola, 
ya le brinca á una pata , 
ya en el lomo se pega, 
ya en un ojo se zampa: 
aqui le tira un tajo, 
alli dá una picada , 
mas allá mete el diente 
y un pedazo 1q saca : 
\\C¡m qué dolor te mirOj 
oh pulga desgraciada!): 
¿Qué contenta , qué alegre, 
que' llena, que' soplada 
se pone doña pulga 
con la sallare que mana? 
Por mal de su fortuna 
de un salto va á la panza: 
(¡CoTí qué dolor te miro, 
oh pulga desgraciada!): 
La perra no dormía 
haciendo la añagaza; 
pero de la paciencia 
sintiéndose ya falta, 
con su lengua espaciosa 
le dá una lametada, 
y entre las dos encías 
al punto la remata. 



Ya dona pulga ha muerto ^ 
¡Qué nueva tan amarga! 
Ella tuv() la culpa , 
la perra quieta estaba , 
pues sin temer su lengua 
se atrevió á maltratarla^ 
que padezca la pena 
que tuvo tan ganada. 
Aquel que es (atrevido 
medite esta desgracia; 
y á los que son mayores 
Y de fuerzas mas vastas y 
aunque sueño aparenten ^ 
que toleran y callan y 
no les insulte , haciendo 
del San Be/iito gala. 




economía domestica. 

• 

Nueva mezcla para el alumbrado. Esta mez- 
cla propuesta por el americano Mr. Fennings, 
se compone de alcohol y esencia de tremen- 
tioa. Se mezclan los dos líquidos en canti- 
dades iguales , se agitan y se dejan repo- 
sar. Una octava parte de la esencia se combi- 
na asi con el alcohol ; se decanta el alcohol supe- 
rabundante y la mezcla que queda es la que se 
introduce en la lámpara. Resulta una llama 
clara , densa, brillante, mejor que la del acei- 
te, y que no exhala humo ni olor de trementi- 
na. La mecha, si la hay, apenas se ennegrece 
por la combustión , y la lámpara tampoco exi- 
ge frecuente limpieza. En fin , esta mezcla no 
es mas costosa que los oíros líquidos que se 
usan en el alumbrado. 



Modo de utilizar las malas yerbas. En la Lus- 
siana (Estados Unidos) los labradores utili- 
zan todas las malas yerbas que abundan en sus 
campos, convirtiéndolas en cenizas del modo 
siguiente. Con las malas yerbas forman una ca- 
pa de un pie de espesor , sobre la cual estien- 
den otra capa de cal viva no muy pulveriza- 
da , y asi alternativamente hasta concluir con 



22 



(3^6) 
todas las yerbas que haya en el campó. El con- 
tacto de la cal con las yerbas verdes no tarda 
en producir una fuerte fermentación que lle- 
garía hasta inflamarse si no se impidiera cu- 
briendo con césped el montón. Cuando la des- 
composición es completa , las cenizas que resul- 
tan poseen todas las cualidades de un escelen- 
te abono que contendrá tantas mas partes nu- 
tritivas , cuanto mas verdes sean las yerbas y 
la cal mas frescamente preparada porque asi se 
aumenta la fermentación. 



Modo de producir líneas de colores en las 
ágatas^ cornalinas j etc. La ágata ofrece mu- 
chas variedades dividas á sus principios cons- 
titutivos. Las que están formadas alternativa-* 
mente de láminas blancas y negras que vie- 
nen de Alemania, están teñidas artificialmente 
por un proceder que los lapidarios de aquel 
pais tienen secreto, y que según toda probabi^ 
íidad es elprocedimiento.de que se sirven en 
la India. Consiste en hacer hervir las ágatas en 
aceite, sacarlas de este baño y sumergirlas en 
un vaso lleno de ácido sulfúrico hirviendo. 
Entonces unas láminas se vuelven negras, 
mientras que otras conservan su color natu- 
ral ó se ponen mas blancas, y de aqui resul- 
tan los contrastes que aumentan tanto el va- 
lor de estas gemmas. Las cornalinas se bañan 
en carbonato de sosa y se esponen luego al 
calor de un horno. 



MOSAICO. 



El primer gobierno que ha abolido el co"" 
mercio de negros, ha sido el de Dinamarca en 
16 de marzo de 1792. 



A veces se echa de ver que aquella persona 
de la que mas inal se habla , es la que tiene 
mejor carácter, asi como la fruta mas esquisita 
es la que los pájaros pican con mas frecuencia. 



Los trabajadores de una mina de oro de Geor- 
gia , han descubierto cavando en Nacoochez- 
Valley un pueblo indio bajo de tierra. Aun se 
conservaban* 34 casas y dentro algunos mue- 
bles y utensilios. Las murallas que tienen de 
tres á seis pies de alto forman una línea conr- 
tinua de 3 00 pies. 



Un hombre nunca debe avergonzarse por 
confesar sus defectos ; porque esto solo indica 
que aquel dia es mas sabio que lo fue en los 
anteriores. 



Trescientos toneles llenos de huesos tle hom- 
bres y de caballos han llegado á Grymsby. Son 
los restos de aquellos infelices que , según dice 
la historia, murieron helados en una sola no- 
che al principio de la célebre retirada de Mos- 
cow. 

: Se ha vendido en Amsterdan la biblioteca 
de un médico famoso, en la cual solo de medi*-i 
ciña y ciencias naturales se contaban diez y 
ocho mil volúmenes. 



El egoismo ^s una especie de vampiro que> 
sostiene su existencia á costa de la de los de- 
mas. 



Unos muchachos que jugaban en unas rui- 
nas, cerca de Orleans, han descubierto un se- 
pulcro perfectamente conservado que contenia 
un esqueleto y tres vasos de tierra al estilo ro^ 
mano. 



Los rios son caminos que andan y que llevan 
adonde se quiere ir. 



Se ha inventado en Boston, en AmeVica, una 



máquina para barrer las calles ; un hombre y 
un caballo con esta máquina pueden barrer una 
ciudad en poco tiempo. 



Hay en el Canadá una especie de falenas ó 
mariposas de noche que con las* alas estendidas 
tienen un pie de largo , y de colores muy ele- 
gantes. 



En el siglo xvii uri monge benedictino com- 
puso el anagrama del nombre de JrJJucristo de 
veinte y siete maneras diferentes. 



-El cura de Thourette ( Ain) exigía que á ca- 
da niño que se presentase á bautizar plantasen 
siis padres un árbol frutal. Esta costumbre en- 
riqueció el pueblo que antes estaba muy po- 



En Woodstock ', en Oxfordshire , hay un eco 
que repite cincuenta veces la palabra pronun- 
ciada. 



Mundo. 



3Estadística de la historia natural. 
Geografía de Alemania. . 
Instrucción pública. . . 
Mosaico. . . . . 

Efemérides. • . . . 
Muerte de los Templarios 
Jardin artificial. . • • 
Del robo: diálogo. ., . 
Descubrimienl^ del Nuevo- 
Educación física. . . . 

Xia calum ■ ía castigada. . 

Ün paseo por las cercaniasde san Frutos 

Geologia , artículo 2.^. . 

Los perros célebres. . . 

Biografía. .... 

Jerusalen y su actual estado. 
Enfermedades de niños. ,. . 
Los sordo-mudos en la psci^ridad. 
Huber y su criado. . . . 

iNavegacion. . . . . • 

Geografía. . . . . . 

La perra y la pulga: fábula, 
Economía doméstica. . . . 

Mosaico. . . . . . . 



25o 
24.6 

264: 
266 
267 
270 
276 
280 
289 
292 
294 
3o3 
3o8 
3i3 
3i6 
320 

321 

324 
326 
328 
342 
345 
347 



.Jar-